1 Corintios 9:16-17

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Hay la historia de un misionero anciano que volvía a su país desde África. Iba en el mismo barco en el que viajaba el Presidente Teddy Roosevelt, que había estado en África de cacería. Cuando atracó el barco en Nueva York, las multitudes saludaban al presidente, pero el anciano misionero y su esposa bajaron del barco sin que nadie los notara.

“Eso no parece justo”, le dijo el misionero a su esposa en un tono más bien amargado. “Entregamos nuestra vida en África a fin de ganar almas para Cristo, y cuando llegamos a nuestro país, no hay recompensa alguna ni nadie va a recibirnos. El presidente mató algunos animales y recibe la bienvenida de un rey”. Mientras oraban antes de acostarse, el misionero sintió que el Señor le estaba diciendo: “¿Sabes por qué no has recibido todavía tu recompensa? Porque no estás en el cielo”.

Eso es lo que Pablo tenía en mente en su servicio espiritual. No quería recibir aclamación superficial o temporal. Estuvo dispuesto a esperar hasta llegar al cielo, su hogar definitivo, para recibir lo que Dios le había prometido. ¿Está usted dispuesto a esperar?

«Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.»(Santiago 5:7-8)

Lee, Medita y Aplica!

Apuntes a Mateo 5:5

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5“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Los mansos. Ummm…

¿En qué consiste ser manso, mansa? 

Solemos ver esa característica como una debilidad. Tomas Watson escribe que se trata de la “gracia que nos capacita por el Espíritu Santo para moderar nuestras pasiones.” Constituye una fortaleza de carácter, poder bajo control. Alguien que sabe dominarse y se somete voluntariamente bajo el gobierno de otro. Voluntariamente coloca las necesidades ajenas por encima de las propias, hace a un lado su agenda y su voluntad. 

Ahora bien, no se trata de cobardía, tampoco es indolencia (insensibilidad, que no se afecta o conmueve). Y tampoco confundir con “buena educación.”

Mansedumbre es parte del fruto del Espíritu. Observen que en las bienaventuranzas hay una progresión: alguien con pobreza de espíritu se lamentará de su pecado y lo expresará siendo mansa. No se trata de algo aprendido, ni es natural. Ser mansas es el producto de un nuevo entendimiento, una visión adecuada de lo que somos delante de Dios (Mateo 7:26-30 …Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora).

Somos llamadas a ser mansas delante de Dios y delante de los hombres.

Mansedumbre hacia otros significa que somos enseñables, que sobrellevamos insultos, ofensas y malos tratos (Mateo 11:29 llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas). Porque recordamos quiénes somos delante de Dios, y porque sabemos que no se devuelve mal por mal.

La mansedumbre hace el bien incluso a quienes lo aborrecen (Mateo 5:43-48 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.) Pero además, porque entendemos que hemos pecado contra el Dios santo, ¡no tenemos derechos! Este concepto es difícil de aceptar, pues somos ciudadanas de los cielos porque somos hijas de Dios a causa del evangelio, ¿no es así?

Es decir que una persona mansa no se victimiza, no cae en la autocompasión o autoconmiseración [compasión que se tiene del mal de alguien]. 

¿Acaso no tengo derecho a ser libre, gozar la vida, acumular cosas, perseguir la felicidad?

Mmm, ¿perseguir felicidad? La felicidad suele estar ligada a las circunstancias, que cambian a cada momento.  Muy diferente al contentamiento, el cual se encuentra ligado a Dios, y Dios no cambia.

¿Se dan cuenta que tener derechos nos hace sentir bien?

Luchamos contra el tema de mansedumbre porque lo sentimos extraño a nuestra naturaleza, sin embargo, hay una realidad presente: los mansos heredarán la tierra en tiempo futuro, pero ahora, quien niega sus derechos hereda la tierra ahora. ¿Por qué? ¡Porque es la única persona con real contentamiento! 

Porque mi fe está anclada en el carácter de Dios, no en mis circunstancias. Mientras el resto del mundo anda persiguiendo felicidad, la mujer mansa está en paz, contenta cualquiera sea su situación (Salmo 37:16 Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores.; Proverbios 15:16 Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación).

Tener carácter es negarse a uno mismo. Es ser sumisas a la voluntad de Dios (Salmo 39:9 Enmudecí, no abrí mi boca, porque tú lo hiciste) y a las necesidades de otros. Ser mansas es ser flexibles a las enseñanzas de la Escritura, una mujer que procura conformar su mente a la mente de Dios (Santiago 1:21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas).

Está dispuesta a perdonar y a pedir perdón cuando el caso lo requiere. 

Perdón real, no un simulacro, o sea no volver a tocar el tema ni de chiste, rechazar incluso la tentación de re-pensar el asunto. El perdón que otorga es total y es constante (Salmo 103:1-5; Santiago 3:2 …Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo).

Nuevamente la progresión, características del carácter: 

Carácter confiesa necesidad. Forma profunda de arrepentimiento.

Carácter es dolerse del pecado propio.

Ahora agregamos carácter es negarse a una misma. El producto de un nuevo entendimiento: al conocer a Cristo y su salvación, nos vaciamos de nosotras mismas, vemos nuestra pobreza espiritual y lloramos por lo terrible de nuestro pecado, de donde se desprende que amemos la voluntad de nuestro Dios. 

¿Ven por qué Mateo presenta el reino de los cielos como quien encuentra una perla de gran precio? 

La mansedumbre es una joya que completa nuestra vestimenta real (Colosenses 3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia), un verdadero adorno que atrae a los demás. Considera la tranquilidad de un espíritu afable y apacible, de gran estima delante de Dios! 

Mateo 11:29 llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 

¿Como aprender mansedumbre?

Meditando a menudo en la persona de Cristo y aprender de ello (Mateo 11:28-30 …Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga). (Jeremias 6:16 Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos). 

¿Por qué algunos son mansos mientras que otros no? Sencillamente porque los unos están más cerca de Cristo (Filipenses 2:5 haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo), continuamente transformados. Dice Sugel Michelén que meditar es el aparato digestivo del alma.

Orando a diario que el Espíritu Santo nos supla de la gracia necesaria para controlar nuestras pasiones.

Considerando a menudo quiénes somos delante de Dios. La raíz de la mansedumbre empieza en la pobreza de espíritu.

Cultivando contentamiento cristiano. Ser mansas y estar contentas son gracias paralelas (Filipenses4:11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación). El árbol de la mansedumbre crece en el terreno del contentamiento.

Ponte en guardia ante las primeras manifestaciones de ira (un pequeño fuego en la cocina). Aplica de inmediato principios escriturales (Efesios 4:26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo. Proverbios 17:14 El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas;Deja, pues, la contienda, antes que se enrede).

En adversidad u oposición, que sean pocas tus palabras. Prudencia es pensar antes de hablar (Proverbios 10:19 en las muchas palabras no falta pecado, mas el que refrena sus labios es prudente. Amós 5:13 por tanto, el prudente en el mal tiempo calla, porque el tiempo es malo).

¡Es obvio que lo vital es contar con un corazón regenerado para aplicar tales principios!

El proceso no termina aquí, pues se repite en nuestra santificación: hacer lo que es justo.

Romanos 5:8

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Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Dios es el único que ofrece amor incondicional. Ninguna otra persona en la tierra puede dar amor libremente, es decir, un amor que no es una respuesta a lo que percibe, sino que funciona independientemente del objeto al que otorga su amor. 

Piénsalo por un momento, ¿cuál es la “elección de amor” menos egoísta que has hecho (o harás) en tu vida? Si lo piensas un poco, notarás que es el mismo para todos: elegir con quién te quieres casar. No hay otra decisión de amar que exija más “libertad” para elegir que ésta. Sin embargo, ni siquiera el acto de elegir a quién amar fue (o será) hecho enteramente por amor desenfrenado. ¿Por qué? Porque al elegir seguías esclavizado por tus deseos. Porque al tomar tu decisión lo hiciste en base a lo que percibiste. Porque cuando elegiste a la persona, lo hiciste a la luz de lo que tenía para ofrecer. 

¿Quién en su sano juicio elige pasar el resto de su vida con una persona que considera poco atractiva, orgullosa, egoísta, caprichosa, terca, infiel y egocéntrica? ¡Nadie! Tú y yo elegimos a la persona con la que queríamos casarnos a la luz de lo que podía ofrecer. Tú y yo elegimos a nuestro cónyuge filtrando nuestra decisión en base a aquellas cualidades que consideramos valiosas (belleza, carácter, madurez espiritual, etc.).

 ¿Puedes verlo? La elección no se hizo libremente; fue hecha “en esclavitud” a tus ambiciones. Fuiste incapaz de escapar de ti mismo, de tus esperanzas, de tus pasiones, de tus anhelos más profundos; en fin, fuiste incapaz de acabar con tu amor egoísta. 

Ahora, medita en esta verdad: ¡Dios no es así! Como alguien dijo una vez, él es “completamente otro”; él es “totalmente distinto”; él es el polo opuesto a mí. En una palabra, es santo. (Es decir, “apartado”.) Después de todo, ¿qué significa ser santo sino ser diferente de TODOS LOS DEMÁS? El amor incondicional de Dios se basa eternamente en dos grandes pilares; por un lado, se basa en su carácter inmutable y, por otro lado, se basa en su obra inmutable: la cruz. 

El pasaje que consideramos hoy hace una declaración que verifica y confirma el concepto: cuando Dios busca derramar su amor “único”, no se acerca a personas “únicas.” Va tras los «pecadores», los «enfermos», los «pobres de espíritu» y los «leprosos». Más aún, como dice Romanos 5:10, se acerca a los “enemigos”; es decir, va tras aquellos a quienes tú y yo nunca buscaríamos amar. 

De hecho, ¡nuestros enemigos son personas a las que nunca podríamos amar! ¡Ese es el punto! Dios tiene una habilidad que a nosotros nos falta. ¡Él es libre para amar porque puede amar según su propio carácter! 

Ahora vuelve a leer Romanos 5:8. ¿Cómo se “demuestra” (muestra) que el amor de Dios es “distinto”, “santo” e “inigualable”? “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” ¿Viste eso? La evidencia de que el amor de Dios es distinto de todos los demás tipos de amor es que Cristo no murió por personas atractivas, buenas o espirituales; ¡La evidencia de que el amor de Dios es distinto es que Él, en su plena libertad, decidió morir por aquellos que no lo merecían! ¡Por sus enemigos! ¡Por los pecadores! Ese amor, el amor “santo” y “distinto” de Dios, es el único amor en el universo que es capaz de darse sin tener en cuenta las virtudes del otro.

 ¿Por qué? Porque no es la persona que recibe amor la que es virtuosa, sino el carácter de la Persona que lo da. 

Orar y meditar a lo largo del día: 

La cruz es la máxima expresión de un amor distinto y diferente de todos los demás, es la entrega voluntaria del “mayor tesoro del universo” (Cristo) por el menos merecedor de tal acto. (a mí). 

UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios. Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.

Síndrome

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Todavía tengo casi todos mis dientes

casi todos mis cabellos y poquísimas canas,

puedo hacer y deshacer el amor

trepar una escalera de dos en dos

y correr cuarenta metros detrás del ómnibus,

o sea que no debería sentirme viejo

pero el grave problema es que antes

no me fijaba en esos detalles.

Mario Benedetti. Uruguay (1920-2009)

Jueces 14:3

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Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada. 

El libro de los Jueces habla de un hombre llamado Sansón, tan fuerte que podía matar a un león con sus manos, «Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano…» (Jueces 14:6). Tenía una fuerza física como ningún otro ser humano. Pero esto no pudo compensar su debilidad interior.

Todos tenemos puntos débiles. Dios quiere que estos defectos del carácter nos muestren lo dependientes que somos de Él. Cuando los manejamos bien, nos llevan a tener una relación más profunda con el Señor, pero cuando no, hacen estragos en nuestra vida.

La debilidad de Sansón era su incontrolable sensualidad. Aunque había sido criado en un hogar consagrado al Señor y tenía un claro llamamiento, cedió a sus deseos y violó la verdad que conocía muy bien. 

Antes de morir, Sansón lo perdió todo: sus fuerzas, su vista y su dignidad. El hombre que una vez lideró poderosamente a su nación, se convirtió en un esclavo de sus enemigos, «Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel.  (Jueces 16:21).

¿Cuál es su debilidad? ¿Es la sensualidad, la inseguridad, el temor, la codicia, el chisme, el orgullo u otros males? Los defectos de personalidad pueden servir para bien o para mal, dependiendo de nuestra reacción. La propensión al pecado puede arruinar su vida —como pasó con Sansón— o llevarle a una total dependencia de Dios. El resultado dependerá de usted.

«Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.»  (Romanos 13:14).

Lee, Medita y Aplica!

Romanos 1:8

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Doy gracias a Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo.

Una cosa sabemos del apóstol Pablo: Tenía un corazón agradecido. En casi cada una de sus epístolas, Pablo expresó gratitud por las personas que recibían su mensaje. Aunque sabía que cada iglesia necesitaba corrección, no solo envió instrucción; también envió un mensaje de gratitud. Siempre pudo ver que se cumplían los propósitos de Dios. Pablo expresó lo que está en el corazón de todos los verdaderos siervos de Dios: “Una actitud agradecida”.

Lamentablemente, algunos van por la vida destacando lo negativo. Se niegan a ser agradecidos por lo bueno que Dios está haciendo en la vida de otra persona. Si no les está sucediendo a ellos, entonces piensan que es malo. Pablo no expresó su gratitud diciendo: “Estoy muy agradecido por lo que Dios ha hecho por mí”. Más bien dijo: “Doy gracias a Dios por ustedes”. Él sentía tanto gozo por el éxito de otra persona como del suyo propio. Que lo mismo pueda decirse también de usted. 

«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.» (Filipenses 2:3-4).

Lee, Medita y Aplica!

Las cosas

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El bastón, las monedas, el llavero,

la dócil cerradura, las tardías

notas que no leerán los pocos días

que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada

violeta, monumento de una tarde

sin duda inolvidable y ya olvidada,

el rojo espejo occidental que que arde

una ilusoria aurora.

¡Cuántas cosas,

láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,

nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!

Durarán más allá de nuestro olvido;

no sabrán nunca que nos hemos ido.

Jorge Luis Borges. Argentina, (1899-1986)

Jonás 4:6

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Entonces el Señor Dios puso una planta y creció sobre Jonás para ser una sombra sobre su cabeza para librarlo de su malestar. Y Jonah estaba extremadamente feliz con la planta.

Como hemos observado, no podemos obligar a nuestro corazón a amar. Interiorizar esta verdad es imperativo para entender el cambio. Tim Keller escribió: “La mayoría de nuestros apegos más profundos como seres humanos son involuntarios. Jonah no miró la planta y dijo: ‘Voy a unir mi corazón a ti con afecto’. Necesitamos muchas cosas y nos apegamos emocionalmente a las cosas que satisfacen esas necesidades. Dios, sin embargo, no necesita nada. Él es total y perfectamente feliz en sí mismo, y no nos necesita. Entonces, ¿cómo podría encariñarse con nosotros? La única respuesta es que un ser divino infinito, omnipotente y autosuficiente ama solo voluntariamente.”

En otras palabras, su amor por ti no depende de tu amor por él; ni de si le servís; ni siquiera depende de tu buen comportamiento o de si te abstienes de pecar. 

¡Depende de él! ¿Entiendes la asombrosa verdad teológica que acabas de leer? El amor de Dios NO es una respuesta. No es una reacción. ¡No es involuntario! El corazón de Dios no funciona como el tuyo o el mío. Él no persigue “tesoros”. Él no necesita hacerlo. ¡Él es el tesoro supremo! No examina a una persona y, después de evaluar sus virtudes y defectos, decide si entregarse o no a la luz de lo que ve. 

¡El amor de Dios es el único amor en el universo que es dado por gracia! La gracia no es merecida. Su amor no es “ascendente”. En otras palabras, no nace de algo especial o bueno que él ve en ti o en mí y que “activa” su amor por nosotros. El amor de Dios es “descendente”. Es decir, nace en su propio ser y nos ama aunque no haya nada especial o bueno en nosotros. Es el único que es capaz de ofrecer este tipo de amor porque es el único que está satisfecho consigo mismo. Isaías 43:25 dice: «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados». 

Supongo que estás familiarizado con la historia del profeta Jonás. ¿Qué le hace Dios al pueblo de Nínive justo después de pronunciar las palabras “su maldad ha subido delante de mí”? ¡Él les envía un salvador! ¡Él les muestra amor! ¡Él les envía un profeta para que se arrepientan! (Jonás 1:2). 

Lluvia de ideas: ¿Qué es lo más despreciable que alguien puede hacerle a Dios? Adorar a otro dios.

Ahora, piense de nuevo en Jonás. En el versículo 5 del Capítulo 1, relata cuando se desata la tormenta: “Entonces los marineros se asustaron y cada uno clamó a su dios…” Momentos después (¡piensen bien, solo unos momentos!), esos mismos marineros “invocaron a los Señor”, y dijo: “Oremos fervientemente, oh Señor, no nos dejes perecer…”. ¿Cuál es la reacción de Dios? ¿Los condena por su adulterio? ¿Que perezcan? ¿Esperar a que la tormenta los separe? Piénsalo. ¿Qué bien hay en ellos para que Dios los salve? Lo mismo que está en la gente de Nínive, en Jonás, en ti y en mí: nada. 

¡El amor de Dios no es una reacción, es un acto voluntario! No depende de nada que hagas o dejes de hacer. Me gustaría que reflexionara sobre una última pregunta. Ejecute un escaneo mental rápido de todo lo que posee. Su casa, carro, dinero, muebles, electrodomésticos, ropa, zapatos, libros, electrónicos, etc. Ahora, considere esto: ¿Cuántos de los artículos que posee actualmente son un regalo? ¡No apresures tu respuesta! Piénsalo. ¿Cuáles de las cosas que posees hoy has recibido gratis sin merecerlas? ¿Sabes cuál es la respuesta? TODO. 

Todo lo que tienes es por gracia. Somos la creación de Dios. ¡O Dios no existe, o todo le pertenece! ¡Es su universo! Es más, de este lado de la Caída, lo único que merecemos es una eternidad de castigo. Sin embargo, desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos, solo recibimos una cosa de Dios: amor inmerecido. 

Ora y medita a lo largo del día: 

Dios es el único ser en el universo cuyo amor no depende de tu amor por él. Dejarme amar por él es la vida cristiana.

UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios. Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.