Apuntes a Mateo 5:4

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4“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

La palabra “llorar” aquí significa “dolerse, estar en duelo.” Vine a ser la contraparte emocional de la pobreza de espíritu. Duelo es tristeza y dolor ante una pérdida, a menudo la asociamos con la muerte de un ser querido. Pero experimentar una decepción, perder el trabajo, reprobar un examen son también formas de duelo.

Ahora bien, JC nos habla de vida en el reino de Dios. La pobreza descrita se refiere al espíritu del hombre, no a su bolsillo. 

El duelo se refiere al dolor del hombre ante su propio pecado; arrepentimiento de las decepciones causadas a Dios. (Isaías 6:5 entonces dije ¡ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos).

Carácter tiene raíz de duelo. El llorar de alguien que busca pureza según su propia fuerza y reconoce que no puede alcanzarla (Romanos 7:24 ¡Miserable de mí! ¿Quien me librará de este cuerpo de muerte?).

Para los discípulos, lo esperable era evitar el llanto, andar en sitios donde la tristeza no los alcance nunca. ¿Que cómo lo sabemos? Oh, porque nos encanta el juego comparativo: “al menos no soy tan mala como… ¿yo? muy bien…” Pero el creyente no excusa su pecado, ni lo disminuye ni lo ignora. Tampoco utiliza una balanza donde coloca sus buenas obras, sus mejores cualidades.

Como todas las gracias espirituales, es posible que confundamos la verdadera naturaleza de este duelo. NO debe equipararse con el espíritu cargado o depresivo.  Algunas somos de temperamento melancólico, introvertido, con una pobre imagen de nosotras mismas que se nota hasta en el caminar. Pero tales cosas también se ven en alguien absorto en sí mismo.

Quien se duele genuinamente a causa de su pecado es alguien vacío de sí mismo que ve a Dios en su santidad y gracia. Se duele porque ha visto a Dios (Salmo 130:3-4 JAH, si mirares a los pecados, ¿quien, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón para que seas reverenciado), sabe que le ha ofendido pero descubre la gracia del perdón.

Es la gracia de Dios lo que nos hace dolernos por nuestro pecado, derretir nuestros corazones y desarrollar la actitud correcta hacia el pecado, en llanto, vergüenza y dolor.

¿Quieres seguir la lógica terrenal? La mejor manera es apartarse de la Escritura. Porque la Palabra tiene poder para convencernos de pecado. Necesitamos llorar, pero lo que buscamos es comodidad. Creemos que hallaremos consuelo en otros, o en tal o cual cosa, “oh sí, me equivoqué, pero somos humanos…” 

Muchos van a la iglesia o leen la Escritura para ser consolados, no para dolerse. 

RC Sproul: “es un signo de nuestra época que venimos a la iglesia, y agrego, venimos a la Biblia, para juzgar el sermón, en lugar de que el mismo nos juzgue. Enjuiciamos la calidad del sermón y de paso al vecino. No permitimos que el sermón nos juzgue, porque si así fuera estaríamos de duelo. Lloraríamos.”

Si nos humilláramos, Cristo nos exaltaría (es lo que escribe Santiago).

Ser sensibles a nuestro pecado no significa vivir en desesperación. Además, las bienaventuranzas no suceden aisladas. Jesucristo describe al ciudadano integral del reino de los cielos. Alguien que saborea el consuelo del profundo amor de Dios en Cristo porque el evangelio consuela. 

Tener carácter es dolerse. (Isaías 61:1-3, el Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Dios se les de gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya

Lucas 4:16-21 …hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros).

Mateo 6:21

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Donde esté vuestro tesoro, allí estarán también los deseos de vuestro corazón.

Vuelve a leer las palabras de Jesús en Mateo 6:21e, pero esta vez lee prestando especial atención a la expresión: “Habrá… también”. ¿Qué crees que significa? La respuesta no es compleja. 

Para Jesús, una vez que encuentras algo especial o valioso, no puedes evitar amarlo; inevitablemente lo harás. En otras palabras, cuando encuentres algo que encaje en tu categoría de “tesoro” (una persona atractiva, una casa nueva, un buen libro, el celular último modelo, etc.), ahí tu corazón inevitablemente “también estará” ( es decir, ahí estarán tus pensamientos, tus emociones, tus sueños, tu pasión, tus planes, tus metas, tus ambiciones, tu amor, y eventualmente, por supuesto, tus acciones también). 

¿Qué aprendemos de las palabras de Jesús? Algo que ya sabemos intuitivamente pero que este verso capta magistralmente: El amor es una respuesta que no se puede controlar. No puedes obligar a nadie a amar nada; ¡ni siquiera tú mismo! Por ejemplo, puedo obligar a mi hija a comer sopa. Pero no puedo obligar a mi hija a disfrutar la sopa. (¡Ni siquiera amenazando!). Para que yo ame algo, realmente disfrute algo, ese algo tiene que encajar en mi categoría de “tesoro”. (Obviamente, ese no es el caso de mi hija con sopa). 

¿Puedes verlo? El amor no puede ser forzado. ¿Por qué? Porque el amor es una respuesta. Es la respuesta del corazón al encontrar algo especial, algo diferente, algo digno de nuestro cariño. Esta verdad tiene grandes implicaciones y nos presenta un gran dilema. ¡Dios nos ha mandado que lo amemos! ¿Entonces que? ¿Dios nos ha pedido que hagamos algo que no podemos hacer? ¡Exacto! Hasta que comprenda esta verdad, no experimentará un cambio real y profundo. Después de todo, si pudieras cambiar por tu cuenta, ¿por qué murió Jesús y por qué necesitaríamos su Espíritu? Si lo piensas un momento, esta dinámica está presente en cualquier relación amorosa.

 ¿Y si te dijera que te enamores del Hombre Invisible? Probablemente me dirías: “¡Eso es imposible! Para amar a alguien, tengo que ser capaz de verlo. Tengo que llegar a conocerlo como persona, conocer su carácter, su corazón, sus virtudes, su atractivo y su belleza. Nadie se enamora de alguien a quien no puede ver”. ¿Ahora lo entiendes? ¡Nuestra mayor necesidad en la vida es que Dios se revele a nosotros! Para que él se dé a conocer. Que nos permita ver que no hay nada ni nadie más valioso que él. 

Eso es lo que significa ser un verdadero cristiano. No es creer en Dios sino haber percibido el amor de Dios en Cristo como el mayor de todos los tesoros. Jesús dijo: “El reino de los cielos es como un tesoro escondido en el campo, que un hombre encuentra y… de alegría va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo” (Mateo 13:44-45).

 ¿Puedes ver la verdad que enseña este pasaje? ¡Nadie puede obligarme a amar algo, pero sí puedo ser influenciado para amar algo nuevo! Tu corazón no puede ser forzado a amar, pero sí puede ser seducido por “Algo” que es digno de amor. Pocas verdades son más relevantes que esta. Su amor por sus «tesoros» solo puede ser superado por un amor por un «Tesoro» superior.

 ¡El hombre de la parábola no pudo resistirse! ¡Para él, renunciar a todo “con alegría” es inevitable! Cuando ve a Jesús (“el tesoro” en la parábola), ¡TODAS sus otras posesiones, deseos, metas, anhelos y pasiones CAMBIAN! Su corazón ha sido cautivado y no puede contenerlo. Él ama a Jesús por encima de todo. 

Como Pablo, tiene la experiencia más preciosa del universo; un encuentro real con Cristo: “Además, estimo todas las cosas como pérdida en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por basura…” ( Filipenses 3:8). 

Ora y medita a lo largo del día: No puedes obligarte a amar, pero puedes exponerte a lo que es digno de ser amado y que te cautive.

UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios Copyright ©️ 2021 Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.

Remordimiento

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He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer.

No he sido feliz.

Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. 

No fui feliz.

Cumplida no fue su joven voluntad.

Mi mente se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor.

No fui valiente. No me abandona.

Siempre está a mi lado

la sombra de haber sido un desdichado.

Jorge Luis Borges. Argentina (1899-1986)

2 Timoteo 3:16-17

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Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Sabemos que hay muchas personas en el mundo que rechazan la autoridad de la Biblia. Pero ¿se ha detenido a pensar que algunas de ellas son cristianas? Muchos creyentes, sin saberlo, lo hacen al elegir qué partes de la Biblia creer y cuáles desestimar.

Pero la verdad es que la Biblia es la mismísima Palabra de Dios, hablada a sus mensajeros y a través de ellos, transmitida a través del tiempo, y relevante para cada generación. Es la magnífica revelación de Dios al mundo, y todo lo que dijo fue deliberado.

No podemos dividir las Sagradas Escrituras o descontextualizar sin el riesgo de alterar su significado. En 2 Timoteo 3.16, leemos que cada palabra de la Biblia es inspirada por Dios, y valiosa. Eso significa que ninguna parte de ella fue escrita sin despropósito, por lo que, no importa cuál sea la parte que estemos leyendo, debemos prestar atención a los versículos que la rodean, a la audiencia que va dirigido el libro, y al contexto histórico.

¿Alguna vez elige usted qué partes de la Biblia quiere creer y obedecer? Pidamos con valentía al Espíritu Santo que nos muestre cualquier parte de las Sagradas Escrituras que hayamos desechado, y que nos ayude a confiar en la autoridad de la Palabra de Dios. 

«Lámpara es a mis pies tu palabra,Y lumbrera a mi camino.» (Salmos 119:105).

Lee, Medita y Aplica!

Apuntes a Mateo 5:3

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3“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

En el Antiguo Testamento, ser pobre señalaba un grupo particular de personas. (Salmo 34:6, este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias; 40:17 aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres Tú; Dios mío, no te tardes). Individuos débiles, vulnerables, carentes de recursos, desposeídos para defenderse y salvarse a sí mismos (Salmo 69:32-33 lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros). En bancarrota total, lo reconocen, y por tanto confían en el Señor como su única fuente de protección y liberación.

¿Pobreza de espíritu? 

Jesucristo subraya que no se trata de falta de prosperidad material. Es más, la pobreza material puede endurecer el corazón. Jesucristo describe alguien que ve su esclavitud espiritual, que es consciente de su deuda y sabe que en sí mismo está desposeído delante de Dios.

Pobreza de espíritu es el reconocimiento personal de bancarrota espiritual. 

Es el espíritu del hijo pródigo (Lucas 15:17 y volviendo en sí, dijo ¡cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!). Ahora bien, pobreza espiritual no es sinónimo de ser víctima y mucho menos de humildad teatral (hipócrita). En el postmodernism de hoy tenemos dificultad para entender el término porque cualquiera sabe que el orgullo subyace tanto en los que tienen mucho como en los que no poseen nada; el orgullo es un tema del corazón. 

Los goldfish no ven el agua donde nadan. 

Cristianismo es el aire que respiramos, como ciudadanos del mundo occidental dependemos de valores y metas que han sido moldeados en el cristianismo y los consideramos tan universales, obvios y naturales como el aire que respiramos, que no analizamos cómo encajan dentro de las enseñanzas bíblicas. Hacemos lo mismo que los discípulos: ¿qué, pobreza de espíritu? Pero si hay que conquistar el reino, necesitamos personal superpoderoso, autosuficiente!

Esto es exactamente lo que Jesucristo no dice. 

Pablo nos revela que por naturaleza somos rebeldes contra Dios (para nada autosuficientes y aprobados) (Romanos 3:10-12 como está escrito: no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno). ¿Cuál es el resultado? 

Pablo lo escribe claramente: que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. (Romanos 3:19 pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado).

Reconocer nuestra real condición delante de Dios es la raíz de la pobreza de espíritu: bancarrota total, deudores en Su corte.  ¿Recuerdan a Nicodemo? …a menos que nazcas de nuevo no podrás ver el reino de los cielos

¿Dónde aprender a vaciarse de autoconfianza, auto-importancia, auto-justicia?

Somos ágiles para dar a conocer a otros nuestros geniales pensamientos!

Pero el hombre pobre de espíritu es aquel que ha sido silenciado por Dios, y busca hablar solo lo que ha aprendido de Dios en humildad.

Es la forma más profunda de arrepentimiento.

¿Puedo ver mi pobreza espiritual delante de Dios? ¿Ver la autoconfianza, auto-promoción, etc., como lo que es? Si no es así, ¿cómo pertenecer al reino de los cielos? ¿cómo postrarse a los pies de Cristo?

Carácter confiesa necesidad. Ser de carácter es reconocer mi pobreza espiritual, una pordiosera delante de Dios. 

Romanos 1:9

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Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu…

En la actualidad, empleamos la palabra espíritu de la misma manera que el apóstol Pablo la empleó en el versículo de hoy. Pudiéramos observar a un deportista que juega muy bien y entonces comentar que mostró un espíritu fogoso, que significa que todo su ser estaba participando en su esfuerzo. En la universidad, el premio “espíritu de equipo” se otorgaba al jugador de fútbol que hiciera el mayor esfuerzo en el terreno. Esa es la forma en la que Pablo servía al Señor.

Pablo nunca sirvió al Señor sin una entrega sincera. Al hacerlo así, se distinguió de los mercenarios, cuyo trabajo era externo y no sincero, Jesucristo lo ilustró de la siguiente manera, «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.» (Juan 10:11-13). Sea así como Pablo, y haga un esfuerzo diligente y sincero en su servicio a Cristo.

Lee, Medita y Aplica!

Copla No. 1

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Recuerde el alma dormida

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte,

tan callando.

Cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado

da dolor.

Cómo, a nuestro parecer,

cualquier tiempo pasado

fue mejor.

Jorge Manrique. España ( 1440-1479)

2 Crónicas 20:2-4

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Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi. Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová: y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová.

¿Cómo reacciona ante un problema grande para el que parece no haber solución? Después de considerar todos los ángulos y no ver una salida, ¿se llena de pánico o se hunde en la desesperación? Los creyentes en Jesucristo debemos recordar que hay otra opción: orar y confiar en el Señor nuestro Dios, quien tiene control absoluto de todos los acontecimientos, y nada lo toma por sorpresa.

«¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?»(Lamentaciones 3:37-38).

Y no es que Dios sea autor del mal, sino mas bien, lo que a nosotros nos parece mal, Él lo usa con un propósito. Para que obre para nuestro bien. 

Los versículos de hoy ofrecen un relato magnífico y detallado de la notable fe de Josafat. Cuando el reino de Judá fue amenazado por un gran y poderoso enemigo, el rey respondió buscando al Señor. Su oración se basó en las promesas divinas y en la dependencia total de Dios que tenía Judá para su salvación. Como respuesta, el Señor envió un mensaje reconfortante a través de un profeta, y Josafat le dijo al pueblo: «…Oidme, Judá y moradores de Jerusalén . Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros…» (2 Crónicas 20:20).

Este es un buen consejo para nosotros hoy, porque nuestro único fundamento verdadero en tiempos de problemas es el Señor y su Palabra. La oración de Josafat es un modelo que podemos imitar. Cuando venimos con humildad ante Dios y basamos nuestras peticiones de oración en las verdades y promesas que encontramos en las Sagradas Escrituras, podemos confiar en que Él hará sin duda lo que ha dicho. Sin duda podremos repetir lo que dijo el profeta de Dios;

Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén , y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. (2 Crónicas 20:15).

Lee, Medita y Aplica!