Muere lentamente

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Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo, quien hace de la televisión su guía.

Quien evita una pasión, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño.

Quien no se permite por lo menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

Efesios 2:8-10

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Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

¿Cuál es mi propósito en la vida? Muchas personas se hacen esta pregunta, pero solo quienes han confiado en Cristo como Salvador y Señor descubren la verdadera respuesta. El pasaje de hoy nos dice que nuestra salvación es un acto de Dios, y que ahora somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para lograr lo que Él ha preparado para que hagamos. Ese es nuestro propósito en la vida, y tiene tres componentes.

La santificación es un proceso estático y a la vez continuo. Somos hechos santos al ser justificados, pero a medida que cooperamos con la obra del Espíritu Santo en nuestra vida, Él transforma nuestro carácter para que sea más parecido al del Señor, y renueva nuestra mente con la verdad bíblica.

La mayordomía es el manejo fiel del tiempo, los talentos, los recursos, los dones espirituales y los tesoros que Dios nos ha dado. Deben ser usados conforme a sus prioridades y su dirección, no para nuestro beneficio.

El servicio incluye estimular el crecimiento espiritual, satisfacer las necesidades materiales y animarse unos a otros con la Palabra de Dios. Servimos al Señor ministrando a otros.

Todo esto es su propósito en la vida. Pero recuerde, esto no se trata de un esfuerzo propio; es Dios quien le usa. Su parte es aprovechar todos los medios que Él utiliza para lograr sus objetivos: su Palabra, su Espíritu y su Iglesia.

Lee, Medita y Aplica!

Apuntes a Mateo 5

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Mateo 5:1…cuando vió la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. 2y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:

Inicia ministerio de sanidad y la gente comienza a llegar buscando remedio de problemas físicos, y se riega la voz, literalmente. Recuerden que en otras instancias, cuando Cristo sanó algún enfermo la recomendación fue “no lo cuenten a nadie.” Pero como es típico de nosotros, todo el mundo empezó a aglomerarse alrededor del Señor.

Es posible que Cristo sintiera la necesidad de alejarse de la multitud. No lo seguían por sus enseñanzas, sino por los milagros. Es interesante estudiar cómo respondió la gente a la enseñanza.

¿Quien o quiénes conforman la audiencia?

Entender esto es importante para nosotras.

La audiencia primaria son aquellos individuos que El llamó, que dejaron su trabajo y vocación, le siguen y quieren saber cuál es el asunto. De modo que Cristo dirige la enseñanza en particular a este grupo, y sabemos que es así porque al final del sermón leemos que la gente se maravillaba de su enseñanza.

La multitud –audiencia secundaria– es un montón de gente que quiere saber si Jesús es un sanador, son gente curiosa unas y enfermos otras. No están ahí porque han adoptado una causa radical y se han alejado de lo familiar. No, están ahí porque quizás encuentre algo para mí…

Ej Señor Jesús se dirige a los suyos, pero es consciente de la multitud alrededor y ocasionalmente durante el sermón se dirige a la audiencia global. 

¿Por qué tomó asiento?

Era la posición tradicional de un maestro en la sinagoga o en la escuela. Pero si leemos Salmo 80:1-2 [¡Oh Pastor de Israel, escucha,
tú que conduces a José como a un rebaño!
¡Tú, que estás entre los querubines, resplandece 2delante de Efraín,
de Benjamín y de Manasés!
Despierta tu poderío y ven para salvarnos] ; 

99:1 [¡El SEÑOR reina, tiemblan los pueblos!

Él tiene su trono entre los querubines;
la tierra se estremece.]

Hebreos 1:3 Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. Y cuando hubo hecho la purificación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

¿Recuerdan al Monte Sinaí?

La montaña santa, nadie podía acercarse; Dios descendía en truenos y relámpagos… el pueblo aterrorizado en pocas palabras. ¿Pero ahora? Dios presente se sienta y permite que todos se acerquen a escuchar, a su alrededor. No pierdan el contraste. 

En Isaías 2:3, 700 años antes de Cristo, Muchos pueblos vendrán y dirán: “Vengan, subamos al monte del SEÑOR, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros caminemos por sus sendas”. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del SEÑOR«. Una idea nada popular para el pueblo de Israel, acostumbrado a temer el Monte Sinaí. Pero he aquí Dios comunicándose, enseñando sus caminos, Isaías nos extiende invitación para subir a la montaña, aprender y caminar en los senderos del Señor. Vivir el Sermón del Monte no puede separarse de sostener relaciones correctas con Jesucristo: sumisión a la soberanía y gracia de quien lo predica, porque inmerso en el Sermón encontramos la autoridad y señorío de Cristo mismo.

Una palabra de precaución.

El Sermón no es un mensaje calculado para producir la mayor cantidad de culpa en el mínimo de capítulos bíblicos: “he aquí el estándar, nadie lo llena, por tanto a recogerse y hacerlo mejor.” No.

Es verdad que nos quedamos cortas, pero el propósito general es tener una visión gloriosa de lo que el Señor quiere para nosotros. Nos describe el estilo de vida real (de realeza), el nuevo patrón de conducta dentro del nuevo reino al cual hemos entrado. No se trata de una vida ideal en un mundo ideal, sino de la vida del reino en un mundo caído.

¿Cómo reaccionaremos?

Una palabra más: abrió su boca y les enseñaba..

¿Es obvio, verdad? Pero la expresión es idiomática, una fórmula tradicional que enfatiza el propósito y la sobriedad de lo que viene. Mateo hace énfasis, ¿quién hablará? Una y otra vez el uso es de pronombres personales: El, Su, de El. 

¿Quién es el objeto indiscutible de lo que estudiaremos? Cristo mismo.

Al inaugurar el reino de los cielos, El abre su boca y enseña (como en Génesis… y Dios dijo) con todo el peso y autoridad, de una manera que nadie estaba acostumbrado.

Observen la cercanía.

Isaías 2:3, 700 años antes, escribió “y vendrán muchos pueblos, y dirán: venid, subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob, y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.” 

La pura idea habría aterrorizado al pueblo, y sin embargo Isaías promueve la invitación “ven, subamos a la montaña de Jehová” y escuchemos sus enseñanzas y caminemos en sus sendas!

Josué 1:9

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Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

El temor y la ansiedad pueden esclavizarnos y afectar nuestra perspectiva hasta el punto de vivir en un estado constante de inquietud. Pero como cristianos, tenemos un Padre celestial que ha prometido cuidarnos y hacer que todo sea para nuestro bien. Cristo dijo que si permanecemos en su Palabra, conoceremos la verdad, y ella nos hará libres, «…Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»  (Juan 8:31-32). Hablando en términos prácticos, para ponerle fin al temor, debemos…

 1ro. Identificar la raíz básica de nuestros temores. Es fácil reconocer las causas superficiales, pero la raíz de nuestra aprensión es la desconfianza en Dios. Sin embargo, la verdad de su constante protección y de su soberanía sobre cada situación de nuestra vida puede disipar por completo nuestra ansiedad.

 2do. Enfocarnos en el Señor en vez de en nuestros temores. Cada vez que el temor entre en nuestro corazón, debemos recordar que estamos en la mano de nuestro todopoderoso, omnisciente y amoroso Padre celestial.

«En el día que temo, Yo en ti confío.» (Salmos 56:3).

 3ro. Meditar en la Palabra de Dios. Este es un paso poderoso para superar la ansiedad, ya que la Biblia es el ancla de nuestra vida.

«Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado.» (Salmos 119:50).

En tiempos de dificultad, aferrémonos a la Palabra de Dios, pues su verdad le pone fin al temor. Al reaccionar ante la inquietud de estas tres maneras, viviremos libres de temor, tal como lo anhela nuestro Padre celestial.

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Que el clavel y la rosa

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Que el clavel y la rosa,

¿cuál era más hermosa?

El clavel, lindo en color,

y la rosa, todo amor;

el jazmín de honesto olor,

la azucena religiosa,

¿cuál es la más hermosa?

La violeta enamorada,

la retama encaramada,

la madreselva mezclada,

la flor de lino celosa.

¿Cuál es la más hermosa?

Que el clavel y la rosa,

¿cuál era más hermosa?

Tirso de Molina. España (1579-1648)

1 Reyes 18:17-18

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Cuando Acab vio a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel?

Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales.

…¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. 1 Reyes 18:21.

Durante los días del rey Acab, el pueblo de Israel fue arrastrado en dos direcciones. Acab había instituido la adoración de Baal, pero Elías desafió a Israel a seguir a Dios. Cuando presionó al pueblo para que decidieran a quién servir, no supieron qué decir.

El Antiguo Testamento presenta a la idolatría como un problema serio, pero en este civilizado mundo moderno, la adoración de ídolos parece arcaica e irrelevante. En realidad, a veces somos como los israelitas: no podemos decidir a quién servir.

Cuando algo o alguien tiene mayor valor y prioridad para nosotros que Cristo, tratamos de servir a dos señores, lo cual Jesucristo dice que es imposible. Terminaremos amando a uno y menospreciando al otro, «Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.» (Mateo 6:24). Los regalos generosos de Dios, tales como nuestros seres queridos, posesiones materiales y buenos trabajos nunca deben ser más apreciados que el Dador.

La manera en que usted utiliza su tiempo,  revela las prioridades de su corazón. ¿Una parte de cada día está dedicada al Señor o cada minuto es consumido por las demandas de la vida? ¿Existe alguien o algo en lo que confíe más que en Dios? Si es así, es hora de que le ponga fin a su indecisión y entregue su vida por completo a Jesucristo. 

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Tito 2:11-12

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Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.

Hay quienes creen que el comportamiento ético y el carácter moral los llevarán al cielo. Otros piensan que un plan de superación personal es la solución. Incluso hay quienes suponen que serán excluidos debido a pecados del pasado.

Lo cierto es que las obras no determinan nuestro estado eterno. Más bien, la barrera entre nosotros y el Dios santo es nuestra naturaleza pecaminosa. El pecado de Adán y Eva hizo que toda la humanidad comenzara su vida espiritualmente muerta y bajo sentencia de juicio, «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.» (Romanos 5:12). Ninguna cantidad de buenas obras puede cambiar nuestra naturaleza impía, ni las malas decisiones la hacen peor.

Sin la ayuda del Señor, la entrada al cielo estaría cerrada para todos, y todos enfrentaríamos la eternidad separados de Dios. Pero nuestro Padre celestial tenía un plan para que pudiéramos vivir con Él para siempre: envió a su Hijo Jesús para que tomara nuestros pecados sobre sí mismo y recibiera el castigo que merecíamos. Lo que nosotros no podíamos hacer, Cristo lo hizo por nosotros. A través de la fe en Él, recibimos una naturaleza nueva, y llegamos a vivir en la presencia de Dios para siempre.

No tenemos que preocuparnos por ganarnos un lugar en el cielo. Gracias a Cristo, nuestro futuro está garantizado allí, lo que le da esperanza y sentido a nuestra vida en este mundo.

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Poema al maestro

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Educar es lo mismo

que poner un motor a una barca:

hay que medir, pesar, equilibrar…

…y poner todo en marcha.

Pero para eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino, un poco de pirata,

un poco de poeta,

y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar mientras uno trabaja,

que esa barca, ese niño,

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia pueblos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya. España (1911-1991)