Jueces 14:3

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Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada. 

El libro de los Jueces habla de un hombre llamado Sansón, tan fuerte que podía matar a un león con sus manos, «Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano…» (Jueces 14:6). Tenía una fuerza física como ningún otro ser humano. Pero esto no pudo compensar su debilidad interior.

Todos tenemos puntos débiles. Dios quiere que estos defectos del carácter nos muestren lo dependientes que somos de Él. Cuando los manejamos bien, nos llevan a tener una relación más profunda con el Señor, pero cuando no, hacen estragos en nuestra vida.

La debilidad de Sansón era su incontrolable sensualidad. Aunque había sido criado en un hogar consagrado al Señor y tenía un claro llamamiento, cedió a sus deseos y violó la verdad que conocía muy bien. 

Antes de morir, Sansón lo perdió todo: sus fuerzas, su vista y su dignidad. El hombre que una vez lideró poderosamente a su nación, se convirtió en un esclavo de sus enemigos, «Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel.  (Jueces 16:21).

¿Cuál es su debilidad? ¿Es la sensualidad, la inseguridad, el temor, la codicia, el chisme, el orgullo u otros males? Los defectos de personalidad pueden servir para bien o para mal, dependiendo de nuestra reacción. La propensión al pecado puede arruinar su vida —como pasó con Sansón— o llevarle a una total dependencia de Dios. El resultado dependerá de usted.

«Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.»  (Romanos 13:14).

Lee, Medita y Aplica!

Romanos 1:8

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Doy gracias a Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo.

Una cosa sabemos del apóstol Pablo: Tenía un corazón agradecido. En casi cada una de sus epístolas, Pablo expresó gratitud por las personas que recibían su mensaje. Aunque sabía que cada iglesia necesitaba corrección, no solo envió instrucción; también envió un mensaje de gratitud. Siempre pudo ver que se cumplían los propósitos de Dios. Pablo expresó lo que está en el corazón de todos los verdaderos siervos de Dios: “Una actitud agradecida”.

Lamentablemente, algunos van por la vida destacando lo negativo. Se niegan a ser agradecidos por lo bueno que Dios está haciendo en la vida de otra persona. Si no les está sucediendo a ellos, entonces piensan que es malo. Pablo no expresó su gratitud diciendo: “Estoy muy agradecido por lo que Dios ha hecho por mí”. Más bien dijo: “Doy gracias a Dios por ustedes”. Él sentía tanto gozo por el éxito de otra persona como del suyo propio. Que lo mismo pueda decirse también de usted. 

«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.» (Filipenses 2:3-4).

Lee, Medita y Aplica!

Las cosas

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El bastón, las monedas, el llavero,

la dócil cerradura, las tardías

notas que no leerán los pocos días

que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada

violeta, monumento de una tarde

sin duda inolvidable y ya olvidada,

el rojo espejo occidental que que arde

una ilusoria aurora.

¡Cuántas cosas,

láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,

nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!

Durarán más allá de nuestro olvido;

no sabrán nunca que nos hemos ido.

Jorge Luis Borges. Argentina, (1899-1986)

Jonás 4:6

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Entonces el Señor Dios puso una planta y creció sobre Jonás para ser una sombra sobre su cabeza para librarlo de su malestar. Y Jonah estaba extremadamente feliz con la planta.

Como hemos observado, no podemos obligar a nuestro corazón a amar. Interiorizar esta verdad es imperativo para entender el cambio. Tim Keller escribió: “La mayoría de nuestros apegos más profundos como seres humanos son involuntarios. Jonah no miró la planta y dijo: ‘Voy a unir mi corazón a ti con afecto’. Necesitamos muchas cosas y nos apegamos emocionalmente a las cosas que satisfacen esas necesidades. Dios, sin embargo, no necesita nada. Él es total y perfectamente feliz en sí mismo, y no nos necesita. Entonces, ¿cómo podría encariñarse con nosotros? La única respuesta es que un ser divino infinito, omnipotente y autosuficiente ama solo voluntariamente.”

En otras palabras, su amor por ti no depende de tu amor por él; ni de si le servís; ni siquiera depende de tu buen comportamiento o de si te abstienes de pecar. 

¡Depende de él! ¿Entiendes la asombrosa verdad teológica que acabas de leer? El amor de Dios NO es una respuesta. No es una reacción. ¡No es involuntario! El corazón de Dios no funciona como el tuyo o el mío. Él no persigue “tesoros”. Él no necesita hacerlo. ¡Él es el tesoro supremo! No examina a una persona y, después de evaluar sus virtudes y defectos, decide si entregarse o no a la luz de lo que ve. 

¡El amor de Dios es el único amor en el universo que es dado por gracia! La gracia no es merecida. Su amor no es “ascendente”. En otras palabras, no nace de algo especial o bueno que él ve en ti o en mí y que “activa” su amor por nosotros. El amor de Dios es “descendente”. Es decir, nace en su propio ser y nos ama aunque no haya nada especial o bueno en nosotros. Es el único que es capaz de ofrecer este tipo de amor porque es el único que está satisfecho consigo mismo. Isaías 43:25 dice: «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados». 

Supongo que estás familiarizado con la historia del profeta Jonás. ¿Qué le hace Dios al pueblo de Nínive justo después de pronunciar las palabras “su maldad ha subido delante de mí”? ¡Él les envía un salvador! ¡Él les muestra amor! ¡Él les envía un profeta para que se arrepientan! (Jonás 1:2). 

Lluvia de ideas: ¿Qué es lo más despreciable que alguien puede hacerle a Dios? Adorar a otro dios.

Ahora, piense de nuevo en Jonás. En el versículo 5 del Capítulo 1, relata cuando se desata la tormenta: “Entonces los marineros se asustaron y cada uno clamó a su dios…” Momentos después (¡piensen bien, solo unos momentos!), esos mismos marineros “invocaron a los Señor”, y dijo: “Oremos fervientemente, oh Señor, no nos dejes perecer…”. ¿Cuál es la reacción de Dios? ¿Los condena por su adulterio? ¿Que perezcan? ¿Esperar a que la tormenta los separe? Piénsalo. ¿Qué bien hay en ellos para que Dios los salve? Lo mismo que está en la gente de Nínive, en Jonás, en ti y en mí: nada. 

¡El amor de Dios no es una reacción, es un acto voluntario! No depende de nada que hagas o dejes de hacer. Me gustaría que reflexionara sobre una última pregunta. Ejecute un escaneo mental rápido de todo lo que posee. Su casa, carro, dinero, muebles, electrodomésticos, ropa, zapatos, libros, electrónicos, etc. Ahora, considere esto: ¿Cuántos de los artículos que posee actualmente son un regalo? ¡No apresures tu respuesta! Piénsalo. ¿Cuáles de las cosas que posees hoy has recibido gratis sin merecerlas? ¿Sabes cuál es la respuesta? TODO. 

Todo lo que tienes es por gracia. Somos la creación de Dios. ¡O Dios no existe, o todo le pertenece! ¡Es su universo! Es más, de este lado de la Caída, lo único que merecemos es una eternidad de castigo. Sin embargo, desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos, solo recibimos una cosa de Dios: amor inmerecido. 

Ora y medita a lo largo del día: 

Dios es el único ser en el universo cuyo amor no depende de tu amor por él. Dejarme amar por él es la vida cristiana.

UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios. Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.

Apuntes a Mateo 5:4

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4“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

La palabra “llorar” aquí significa “dolerse, estar en duelo.” Vine a ser la contraparte emocional de la pobreza de espíritu. Duelo es tristeza y dolor ante una pérdida, a menudo la asociamos con la muerte de un ser querido. Pero experimentar una decepción, perder el trabajo, reprobar un examen son también formas de duelo.

Ahora bien, JC nos habla de vida en el reino de Dios. La pobreza descrita se refiere al espíritu del hombre, no a su bolsillo. 

El duelo se refiere al dolor del hombre ante su propio pecado; arrepentimiento de las decepciones causadas a Dios. (Isaías 6:5 entonces dije ¡ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos).

Carácter tiene raíz de duelo. El llorar de alguien que busca pureza según su propia fuerza y reconoce que no puede alcanzarla (Romanos 7:24 ¡Miserable de mí! ¿Quien me librará de este cuerpo de muerte?).

Para los discípulos, lo esperable era evitar el llanto, andar en sitios donde la tristeza no los alcance nunca. ¿Que cómo lo sabemos? Oh, porque nos encanta el juego comparativo: “al menos no soy tan mala como… ¿yo? muy bien…” Pero el creyente no excusa su pecado, ni lo disminuye ni lo ignora. Tampoco utiliza una balanza donde coloca sus buenas obras, sus mejores cualidades.

Como todas las gracias espirituales, es posible que confundamos la verdadera naturaleza de este duelo. NO debe equipararse con el espíritu cargado o depresivo.  Algunas somos de temperamento melancólico, introvertido, con una pobre imagen de nosotras mismas que se nota hasta en el caminar. Pero tales cosas también se ven en alguien absorto en sí mismo.

Quien se duele genuinamente a causa de su pecado es alguien vacío de sí mismo que ve a Dios en su santidad y gracia. Se duele porque ha visto a Dios (Salmo 130:3-4 JAH, si mirares a los pecados, ¿quien, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón para que seas reverenciado), sabe que le ha ofendido pero descubre la gracia del perdón.

Es la gracia de Dios lo que nos hace dolernos por nuestro pecado, derretir nuestros corazones y desarrollar la actitud correcta hacia el pecado, en llanto, vergüenza y dolor.

¿Quieres seguir la lógica terrenal? La mejor manera es apartarse de la Escritura. Porque la Palabra tiene poder para convencernos de pecado. Necesitamos llorar, pero lo que buscamos es comodidad. Creemos que hallaremos consuelo en otros, o en tal o cual cosa, “oh sí, me equivoqué, pero somos humanos…” 

Muchos van a la iglesia o leen la Escritura para ser consolados, no para dolerse. 

RC Sproul: “es un signo de nuestra época que venimos a la iglesia, y agrego, venimos a la Biblia, para juzgar el sermón, en lugar de que el mismo nos juzgue. Enjuiciamos la calidad del sermón y de paso al vecino. No permitimos que el sermón nos juzgue, porque si así fuera estaríamos de duelo. Lloraríamos.”

Si nos humilláramos, Cristo nos exaltaría (es lo que escribe Santiago).

Ser sensibles a nuestro pecado no significa vivir en desesperación. Además, las bienaventuranzas no suceden aisladas. Jesucristo describe al ciudadano integral del reino de los cielos. Alguien que saborea el consuelo del profundo amor de Dios en Cristo porque el evangelio consuela. 

Tener carácter es dolerse. (Isaías 61:1-3, el Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Dios se les de gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya

Lucas 4:16-21 …hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros).

Mateo 6:21

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Donde esté vuestro tesoro, allí estarán también los deseos de vuestro corazón.

Vuelve a leer las palabras de Jesús en Mateo 6:21e, pero esta vez lee prestando especial atención a la expresión: “Habrá… también”. ¿Qué crees que significa? La respuesta no es compleja. 

Para Jesús, una vez que encuentras algo especial o valioso, no puedes evitar amarlo; inevitablemente lo harás. En otras palabras, cuando encuentres algo que encaje en tu categoría de “tesoro” (una persona atractiva, una casa nueva, un buen libro, el celular último modelo, etc.), ahí tu corazón inevitablemente “también estará” ( es decir, ahí estarán tus pensamientos, tus emociones, tus sueños, tu pasión, tus planes, tus metas, tus ambiciones, tu amor, y eventualmente, por supuesto, tus acciones también). 

¿Qué aprendemos de las palabras de Jesús? Algo que ya sabemos intuitivamente pero que este verso capta magistralmente: El amor es una respuesta que no se puede controlar. No puedes obligar a nadie a amar nada; ¡ni siquiera tú mismo! Por ejemplo, puedo obligar a mi hija a comer sopa. Pero no puedo obligar a mi hija a disfrutar la sopa. (¡Ni siquiera amenazando!). Para que yo ame algo, realmente disfrute algo, ese algo tiene que encajar en mi categoría de “tesoro”. (Obviamente, ese no es el caso de mi hija con sopa). 

¿Puedes verlo? El amor no puede ser forzado. ¿Por qué? Porque el amor es una respuesta. Es la respuesta del corazón al encontrar algo especial, algo diferente, algo digno de nuestro cariño. Esta verdad tiene grandes implicaciones y nos presenta un gran dilema. ¡Dios nos ha mandado que lo amemos! ¿Entonces que? ¿Dios nos ha pedido que hagamos algo que no podemos hacer? ¡Exacto! Hasta que comprenda esta verdad, no experimentará un cambio real y profundo. Después de todo, si pudieras cambiar por tu cuenta, ¿por qué murió Jesús y por qué necesitaríamos su Espíritu? Si lo piensas un momento, esta dinámica está presente en cualquier relación amorosa.

 ¿Y si te dijera que te enamores del Hombre Invisible? Probablemente me dirías: “¡Eso es imposible! Para amar a alguien, tengo que ser capaz de verlo. Tengo que llegar a conocerlo como persona, conocer su carácter, su corazón, sus virtudes, su atractivo y su belleza. Nadie se enamora de alguien a quien no puede ver”. ¿Ahora lo entiendes? ¡Nuestra mayor necesidad en la vida es que Dios se revele a nosotros! Para que él se dé a conocer. Que nos permita ver que no hay nada ni nadie más valioso que él. 

Eso es lo que significa ser un verdadero cristiano. No es creer en Dios sino haber percibido el amor de Dios en Cristo como el mayor de todos los tesoros. Jesús dijo: “El reino de los cielos es como un tesoro escondido en el campo, que un hombre encuentra y… de alegría va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo” (Mateo 13:44-45).

 ¿Puedes ver la verdad que enseña este pasaje? ¡Nadie puede obligarme a amar algo, pero sí puedo ser influenciado para amar algo nuevo! Tu corazón no puede ser forzado a amar, pero sí puede ser seducido por “Algo” que es digno de amor. Pocas verdades son más relevantes que esta. Su amor por sus «tesoros» solo puede ser superado por un amor por un «Tesoro» superior.

 ¡El hombre de la parábola no pudo resistirse! ¡Para él, renunciar a todo “con alegría” es inevitable! Cuando ve a Jesús (“el tesoro” en la parábola), ¡TODAS sus otras posesiones, deseos, metas, anhelos y pasiones CAMBIAN! Su corazón ha sido cautivado y no puede contenerlo. Él ama a Jesús por encima de todo. 

Como Pablo, tiene la experiencia más preciosa del universo; un encuentro real con Cristo: “Además, estimo todas las cosas como pérdida en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por basura…” ( Filipenses 3:8). 

Ora y medita a lo largo del día: No puedes obligarte a amar, pero puedes exponerte a lo que es digno de ser amado y que te cautive.

UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios Copyright ©️ 2021 Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.

Remordimiento

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He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer.

No he sido feliz.

Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. 

No fui feliz.

Cumplida no fue su joven voluntad.

Mi mente se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor.

No fui valiente. No me abandona.

Siempre está a mi lado

la sombra de haber sido un desdichado.

Jorge Luis Borges. Argentina (1899-1986)

2 Timoteo 3:16-17

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Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Sabemos que hay muchas personas en el mundo que rechazan la autoridad de la Biblia. Pero ¿se ha detenido a pensar que algunas de ellas son cristianas? Muchos creyentes, sin saberlo, lo hacen al elegir qué partes de la Biblia creer y cuáles desestimar.

Pero la verdad es que la Biblia es la mismísima Palabra de Dios, hablada a sus mensajeros y a través de ellos, transmitida a través del tiempo, y relevante para cada generación. Es la magnífica revelación de Dios al mundo, y todo lo que dijo fue deliberado.

No podemos dividir las Sagradas Escrituras o descontextualizar sin el riesgo de alterar su significado. En 2 Timoteo 3.16, leemos que cada palabra de la Biblia es inspirada por Dios, y valiosa. Eso significa que ninguna parte de ella fue escrita sin despropósito, por lo que, no importa cuál sea la parte que estemos leyendo, debemos prestar atención a los versículos que la rodean, a la audiencia que va dirigido el libro, y al contexto histórico.

¿Alguna vez elige usted qué partes de la Biblia quiere creer y obedecer? Pidamos con valentía al Espíritu Santo que nos muestre cualquier parte de las Sagradas Escrituras que hayamos desechado, y que nos ayude a confiar en la autoridad de la Palabra de Dios. 

«Lámpara es a mis pies tu palabra,Y lumbrera a mi camino.» (Salmos 119:105).

Lee, Medita y Aplica!

Apuntes a Mateo 5:3

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3“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

En el Antiguo Testamento, ser pobre señalaba un grupo particular de personas. (Salmo 34:6, este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias; 40:17 aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres Tú; Dios mío, no te tardes). Individuos débiles, vulnerables, carentes de recursos, desposeídos para defenderse y salvarse a sí mismos (Salmo 69:32-33 lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros). En bancarrota total, lo reconocen, y por tanto confían en el Señor como su única fuente de protección y liberación.

¿Pobreza de espíritu? 

Jesucristo subraya que no se trata de falta de prosperidad material. Es más, la pobreza material puede endurecer el corazón. Jesucristo describe alguien que ve su esclavitud espiritual, que es consciente de su deuda y sabe que en sí mismo está desposeído delante de Dios.

Pobreza de espíritu es el reconocimiento personal de bancarrota espiritual. 

Es el espíritu del hijo pródigo (Lucas 15:17 y volviendo en sí, dijo ¡cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!). Ahora bien, pobreza espiritual no es sinónimo de ser víctima y mucho menos de humildad teatral (hipócrita). En el postmodernism de hoy tenemos dificultad para entender el término porque cualquiera sabe que el orgullo subyace tanto en los que tienen mucho como en los que no poseen nada; el orgullo es un tema del corazón. 

Los goldfish no ven el agua donde nadan. 

Cristianismo es el aire que respiramos, como ciudadanos del mundo occidental dependemos de valores y metas que han sido moldeados en el cristianismo y los consideramos tan universales, obvios y naturales como el aire que respiramos, que no analizamos cómo encajan dentro de las enseñanzas bíblicas. Hacemos lo mismo que los discípulos: ¿qué, pobreza de espíritu? Pero si hay que conquistar el reino, necesitamos personal superpoderoso, autosuficiente!

Esto es exactamente lo que Jesucristo no dice. 

Pablo nos revela que por naturaleza somos rebeldes contra Dios (para nada autosuficientes y aprobados) (Romanos 3:10-12 como está escrito: no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno). ¿Cuál es el resultado? 

Pablo lo escribe claramente: que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. (Romanos 3:19 pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado).

Reconocer nuestra real condición delante de Dios es la raíz de la pobreza de espíritu: bancarrota total, deudores en Su corte.  ¿Recuerdan a Nicodemo? …a menos que nazcas de nuevo no podrás ver el reino de los cielos

¿Dónde aprender a vaciarse de autoconfianza, auto-importancia, auto-justicia?

Somos ágiles para dar a conocer a otros nuestros geniales pensamientos!

Pero el hombre pobre de espíritu es aquel que ha sido silenciado por Dios, y busca hablar solo lo que ha aprendido de Dios en humildad.

Es la forma más profunda de arrepentimiento.

¿Puedo ver mi pobreza espiritual delante de Dios? ¿Ver la autoconfianza, auto-promoción, etc., como lo que es? Si no es así, ¿cómo pertenecer al reino de los cielos? ¿cómo postrarse a los pies de Cristo?

Carácter confiesa necesidad. Ser de carácter es reconocer mi pobreza espiritual, una pordiosera delante de Dios.