Las mañanicas

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En las mañanicas del mes de mayo

cantan los ruiseñores.

Retumba el campo.

*

En las mañanicas,

como son frescas,

cubren ruiseñores las alamedas.

*

Ríense las fuentes tirando perlas

a las florecillas

que están más cerca.

*

Vístense las plantas de varias sedas,

que sacar colores poco les cuesta.

*

Los campos alegran tapetes varios,

cantan los ruiseñores

retumba el campo.

*

Sale el mayo hermoso

con los frescos vientos

que le ha dado marzo

de céfiros bellos.

*

Las lluvias de abril flores le trajeron:

púsose guirnaldas en los rojos cabellos.

*

Los que eran amantes amaron de nuevo

y los que no amaban a buscarlo fueron.

Y luego que vieron mañanas de mayo, 

cantas los ruiseñores,

retumba el campo.

*

Félix Lope de Vega y Carpio. España (1562-1635)

Juan 8:31-32

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Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:31-32

¿Se considera libre? 

La realidad es que la mayoría de las personas son esclavas, aunque no lo sepan. 

Cuando Cristo habló acerca del poder de la verdad para liberar a las personas, los fariseos se negaron a reconocer su propia condición pues pensaban que eran libres. Lo mismo ocurre con muchas personas hoy, no tienen idea de ser esclavas del pecado, el resultado de rechazar a Jesucristo.

La libertad proviene de creer lo que Dios ha dicho acerca de su Hijo, reconocer que somos pecadores sin esperanza y aceptar a Cristo como nuestro Salvador. En ese momento, somos liberados del castigo y del  dominio del pecado, para que cuando lleguemos al cielo, seamos liberados de la presencia del pecado y nunca más asediados por él.

Mientras vivamos en este mundo, el pecado nos rodeará, será algo con lo que debamos batallar. Sin embargo, Dios nos ha dado la manera para liberarnos poco a poco de su poder. Su solución es la misma que nos llevó a la salvación: la verdad, encarnada en Jesucristo. 

La clave es llenar cada día nuestra mente con la Palabra de Dios. A medida que modela nuestras emociones y dicta nuestras acciones, tendremos la victoria sobre los pensamientos, las actitudes y los hábitos pecaminosos. 

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Proverbios 4:20-23

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Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida (Proverbios 4:20-23).

La fuente más obvia de sabiduría divina es la Biblia. Allí encontramos los principios del Señor para el correcto proceder, carácter y conducta que se aplican a las situaciones y decisiones a las que se enfrenta todo ser humano.

Todos somos capaces de recordar momentos en los que no reaccionamos con sabiduría. Esos incidentes se pueden remontar a una de dos posibilidades: o no conocíamos cierto principio bíblico, o conocíamos el principio aplicable, pero decidimos ignorarlo. Para asegurarnos de que estamos familiarizados con las normas de Dios y con la importancia de obedecerlas, tenemos que pasar tiempo leyendo y entendiendo su Palabra.

Al esforzarnos por vivir para Cristo, adquirimos sabiduría cuando profundizamos en la Biblia, hacemos lo que ella dice y observamos el resultado, incluso cuando las consecuencias parezcan menos favorables. No se requieren clases especiales; Dios solo quiere un corazón obediente y un espíritu dispuesto.

«…Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.» (Salmos 51:17).

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Anónimo

Balada del caracol negro

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Caracoles negros.

Los niños sentados escuchan un cuento.

El río traía coronas de viento

y una gran serpiente

desde un tronco viejo

miraba las nubes

redondas del cielo.

*

Niño mío, chico ¿dónde estás?

Te siento en el corazón

y no es verdad.

*

Lejos esperas que yo saque

tu alma del silencio.

Caracoles grandes.

Caracoles negros.

Federico García Lorca. España (1898-1936)

Mateo 7:25

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Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca (Mateo 7:25).

La casa fundada sobre la roca representa la vida de obediencia espiritual. Es la vida que tiene una perspectiva bíblica de sí mismo y del mundo, como se describe en las bienaventuranzas del Sermón del Monte en Mateo capítulo 5. Es la vida que se preocupa más por la justicia interna que por la forma externa. Es una vida de autenticidad y no de hipocresía, y de justicia de Dios en vez de justicia propia.

La casa fundada sobre la roca describe la vida que se deshace del orgullo y de las buenas obras humanas y es humilde y contrita debida a su propio pecado. Tal vida procura, con la ayuda del Espíritu, entrar por la puerta estrecha de la salvación y ser fiel al camino angosto de Cristo y de su Palabra. La vida edificada sobre la roca confía en la voluntad de Dios y espera en su Palabra por encima de todo. ¡Hágase un auto examen! ¿Dónde descansa su esperanza y dónde radica su confianza?

«Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré.» (Salmos 62:5-6).

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Anónimo

Mateo 18:3

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Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mateo 18:3).

Mientras hablaba de la genuina salvación, Jesús hizo una apropiada comparación con las características de los niños. Para ser salvo, es necesario ir a Cristo con la actitud dependiente y la perspectiva de un niño: sencillo, indefenso, confiado, sincero, sin pretensiones y sin ambiciones.

No es que los niños no tengan pecado, sino que son cándidos y modestos, dependientes de los demás y libres de egoístas reclamos de grandeza. Se someten al cuidado de sus padres y de otros seres queridos, dependiendo de ellos para que satisfagan todas sus necesidades. Esa es la actitud humilde y dependiente que ha de perseguir quien procure entrar en el reino de Jesucristo.

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Anónimo

El Espejo y la Verdad

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En uno de sus viajes que tuvo la mala idea

de hacer no sé con qué objeto

la Verdad sobre la tierra,

oyó de un espejo amigo sentidas y amargas quejas.

“¿De qué me sirve -decía- 

que, fiel a tus advertencias,

repita forma y colores con semejanza perfecta,

lo mismo al pobre mendigo

y al que nada en la opulencia,

al labrador y al herrero 

como a los reyes y reinas,

y diga la verdad pura

sin rodeos ni cautelas?

Vanse de mí satisfechos, aunque increíble parezca,

igualmente los hermosos que los de horrible presencia.

Digo a un viejo: “esa peluca se ve desde media legua”

y él va muy hueco pensando

“nadie que es peluca acierta”.

Pónese el chato narices, otro va y se las cercena,

el gordo se quita carnes, el que es flaco las aumenta.

Multiplícase el pequeño,

el que es muy alto se resta,

y, en fin, a ninguno he oído:

“¡Qué feo soy!” o “¡Qué fea!”.

Si algún remedio eficaz no buscas de esta epidemia,

teme que tu santo imperio del mundo desaparezca.”

“No, respondió la Verdad con la faz grave y serena,

mi dominación es justa y será por eso eterna.

Si tal vez por excepción se sustrae el hombre a ella,

esta excepción que te irrita casos hay en que aprovecha.

Di: ¿si sordo el amor propio a tus verdades no fuera, 

cómo se consolarían los horribles y las feas?

¿Qué mal hay si va una joven,

muy erguida y satisfecha,

su fealdad ostentado

como si fuera belleza?

¡Es ridícula! ¿Qué importa siempre que dichosa sea?

Abunda la vanidad porque el mérito escasea,

y en paz vive cada cual ignorando su miseria.”

«

Al ver un ente risible

que hueco se pavonea,

más vano por sus defectos

que otros hay con sus bellezas,

los sabios de brocha gorda

el absurdo cacarean,

y el hombre bueno y prudente

bendice a la Providencia.

Concepción Arenal. España (1820-1893)

Hechos 6:3

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Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo (Hechos 6:3).

Un testimonio es la expresión pública de fe en Cristo de una persona. Ahora bien, nuestra declaración de fe es mucho más que la historia que contamos. Un buen testimonio para el Señor consiste en tres partes: carácter, conducta y conversación.

Como cristianos, ponemos un gran énfasis en la elaboración de un relato personal sólido de la obra del Señor en nuestra vida. También hablamos de las maneras en que podemos mostrar a Jesucristo a nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo a través de nuestras acciones. Pero el carácter es la parte del testimonio de cada creyente que subyace (que no se percibe a simple vista), tanto en la conducta cristiana como en la historia de una vida transparente.

No podemos engañar a Dios ni fingir ante el mundo por mucho tiempo. Tarde o temprano, el orgullo, el resentimiento y la hostilidad producirá acciones y palabras contrarias al mensaje de Cristo; no obstante, la santidad producirá verdadero fruto espiritual. 

«No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.» (Gálatas 6:7-8).

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo