En el parque zoológico

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Pero la jirafa,

¿no te da risa?

¿Y la cebra? ¿Inventada

para no ser creída?

La serpiente le busca

vueltas a la vida.

Las astas del ciervo

al aire se enraízan.

¡Ay, si yo inventara, niña,

lo haría sin fantasía!

Las cosas más sorprendentes

son siempre las más sencillas.

Gabriel Celaya. España (1911-1991)

La vergüenza de ser feliz

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Cuando hay en la tierra tantos hombres que sufren,

ser feliz da vergüenza.

Pero yo lo soy, casi sin querer.

¡Soy tan feliz! ¡Perdón!

Por mi amor, por… ¿qué se yo?

Porque la vista se ensancha y es siempre diferente

(¡Si usted viera ese Paul Klee!

¿Y ha probado unas almejas con Vouvray,

del seco, no del otro?)

Por eso y otros detalles vale la pena vivir.

¿Saben cuál es el secreto?

Todavía no me he muerto,

y es más -muchos se indignan-

ni siquiera estoy enfermo.

Mi secreto es: todavía.

Gabriel Celaya. España (1911-1991)

Agranda la puerta, Padre

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Agranda la puerta, Padre,

porque no puedo pasar; 

la hiciste para los niños,

yo he crecido a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,

achícame, por piedad;

vuélveme a  la edad bendita

en que vivir es soñar.

Gracias Padre, que ya siento

que se va mi pubertad;

vuelvo a los días rosados

en que era hijo, no más.

Miguel de Unamuno. España (1865-1937)

La maestra rural

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La maestra era pura. 

Los suaves hortelanos -decía- de este predio,

que es predio de Jesús,

han de conservar puros los ojos

y las manos, guardar claros sus óleos,

para dar clara luz.

*

La maestra era pobre.

Su reino no es humano

(así en el doloroso sembrador de Israel).

Vestía sayas pardas,

no enjoyaba su mano

¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!

*

La maestra era alegre.

¡Pobre mujer herida!

Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.

Por sobre la sandalia rota

y enrojecida, tal sonrisa, la insigne

flor de su santidad.

¡Dulce ser! En su río de mieles,

caudaloso, largamente abrevaba sus tigres el dolor.

Los hierros que le abrieron el pecho generoso

¡más anchas le dejaron las cuencas del amor!

*

¡O labriego, cuyo hijo de su labio

aprendía el himno y la plegaria,

nunca viste el fulgor del lucero cautivo

que en sus carnes ardía:

pasaste sin besar su corazón en flor!

*

Campesina, ¿recuerdas que alguna vez

prendiste su nombre a un comentario brutal o baladí?

Cien veces la miraste, 

ninguna vez la viste

¡y en el solar de tu hijo,

de ella hay más que de ti!

*

Pasó por él su fina, su delicada esteva,

abriendo surcos donde alojar perfección.

La albada de virtudes de que lento se nieva

es suya.

Campesina, ¿no le pides perdón?

Daba sombra por una selva su encina hendida

el día en que la muerte la convidó a partir.

Pensando en que su madre la esperaba dormida

a la de ojos profundos se dio sin resistir.

Y en su Dios se ha dormido,

como en cojín de luna;

almohada de sus sienes, una constelación;

canta el Padre para ella sus canciones de cuna

¡y la paz llueve largo sobre su corazón!

*

Como un henchido vaso, traía el alma hecha

para volcar aljófares sobre la humanidad;

y era su vida humana la dilatada brecha

que suele abrirse el Padre para echar claridad.

Por eso aún el polvo

de sus huesos sustenta

púrpura de rosales de violento llamear

¡y el cuidador de tumbas, 

cómo aroma, me cuenta,

las plantas del que huella sus huesos, al pasar!

Gabriela Mistral. Chile (1889-1957)

Educar

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Educar es lo mismo que poner un motor a una barca.

Hay que medir, pensar, equilibrar…

y poner todo en marcha.

Pero para eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino,

un poco de pirata,

un poco de poeta,

y un kilo y medio de paciencia concentrada.

*

Pero es consolador soñar,

mientras uno trabaja,

que ese barco,

ese niño,

irá muy lejos por el agua.

*

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes,

hacia islas lejanas,

soñar que, cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos seguirá

nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya. España (1911-1991)

Mi escuela, mi escuela

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Yo voy a una escuela muy particular,

cuando llueve se moja 

como las demás.

*

Yo voy a una escuela muy sensacional:

si se estudia, se aprende,

como en las demás.

*

Yo voy a una escuela muy sensacional,

los maestros son guapos,

las maestras son más.

*

Cada niño en su pecho 

va a hacer un palomar

donde se encuentre a gusto

el pichón de la paz.

Yo voy a una escuela muy sensacional.

Gloria Fuerte. España, (1908-1998)

El último viaje

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Sé que en la tarde de un día cualquiera

el sol me dirá su último adiós,

con su mano ya violeta

desde el recodo de Occidente.

Como siempre, 

habré musitado una canción,

habré mirado una muchacha,

habré visto el cielo con nubes

a través del árbol que se asoma a mi ventana.

*

Los pastores tocarán sus flautas

a la sombra de las higueras,

los corderos triscarán en la verde ladera

que cae suavemente hacia el río;

el humo subirá sobre la casa de mi vecino…

y no sabré que es por última vez.

*

Pero, te ruego, Señor,

¿podría saber, antes de abandonarla,

por qué esta tierra me tuvo entre sus brazos?

Y, ¿qué me quiso decir la noche con sus estrellas?

Y mi corazón, ¿qué me quiso decir mi corazón?

*

Antes de partir,

quiero demorarme un momento,

con el pie en el estribo,

para acabar la melodía que vine a cantar.

¡Quiero que la lámpara esté encendida

para ver tu rostro, Señor!

Y quiero un ramo de flores para llevártelo,

Señor, sencillamente.

Rabindranath Tagore, India (1861-1941)

Familia de la rosa

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La rosa es una rosa y siempre fue una rosa.

Hoy, la teoría esboza

que la manzana es rosa

y la pera, y también, sospecho, la ciruela.

Solo Dios sabe bien que más se dirá rosa.

Tú, por cierto, eres una rosa.

Pero jamás fuiste otra cosa.

Robert Frost. Estados Unidos (1874-1963)

Rose family

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The rose is a rose, and was always a rose.

But the theory now goes

that the apple’s a rose,

and the pear is, 

and so’s the plum, I suppose.

The dear only knows

what will next prove a rose.

You, of course,

are a rose-

but were always a rose.

Robert Frost. EEUU (1874-1963)

Explosión

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Si la vida es amor, ¡bendita sea!

¡Quiero más vida para amar!

Hoy siento que no valen mil años de la idea

lo que un minuto azul de sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento…

*

Hoy abre en luz como una flor febea,

¡la vida brota como un mar violento

donde la mano del amor golpea!

*

Hoy partió hacia la noche,

triste, fría,

rotas las alas, mi melancolía

como una vieja mancha de dolor

en la sombra lejana se deslíe…

*

¡Mi vida toda canta, besa, ría!

¡Mi vida toda es una boca en flor!

Delmira Agustini. Uruguay (1886-1914)