Mes: junio 2017
Carácter I
EstándarS, H, y C espirituales
EstándarEl Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce.
El restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre.
Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.
Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días.
Galbraith
EstándarApuntes a Santiago. 3:1-12
EstándarTEMA 7. FE GENUINA Y OBRAS. 3:1-12
La lengua es uno mismo. Muestra lo que hay en el corazón, es decir, a la persona verdadera. Además, el mal uso de la lengua es la manera más fácil de pecar.
En la Escritura la lengua es descrita como malvada, engañosa, perversa, inmunda, corrupta, aduladora, difamante, chismosa, blasfema, insensata, jactanciosa, amargada, maldiciente, contenciosa, sensual, vil… y la lista no termina!
Hasta ahora Santiago ha venido enfatizando que hay un tipo de hombre (o mujer) que reconoce la existencia y hasta cree en Dios, pero actúa como si no hubiera Dios, es decir una persona atea en la práctica.
¿Por qué debieran importarnos nuestras palabras?
“Las palabras también son obras.” Y obras muy significativas, Jesús mismo señala que serán la base para el juicio divino escatológico (Mateo 12:37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado). Una manera de hablar recta manifiesta un corazón recto. Una naturaleza transformada producirá una conducta transformada, y la nueva conducta implica una nueva forma de hablar, hablar que corresponde con la vida salva y santificada que refleja la naturaleza santa de Quien ha dado la nueva vida.
La Escritura contiene muchas verdades que a primera vista parecen ser contradictorias a nuestra mente finita. Por ejemplo:
> escogidos para salvación por la gracia soberana de Dios antes de la fundación del mundo; sin embargo, hemos de ejercer fe a fin de ser salvos.
> guardados seguros en Cristo por decreto soberano de Dios pero hemos de perseverar en fe.
> podemos vivir en santidad gracias al poder del Espíritu Santo; sin embargo se nos manda a obedecer.
> padecemos pruebas y hemos de soportarlas.
> recibiremos la Palabra; sin embargo hemos de recibirla.
> amables con los necesitados sin mostrar parcialidad; sin embargo hemos de ser amables sin mostrar favoritismo.
> produciremos buenas obras; sin embargo hemos de producirlas.
Donde hay fe genuina, activa, y transformación espiritual, esas cosas y muchas otras serán el resultado y han de ser el resultado.
Santiago ahora nos ofrece otra de esas realidades: el verdadero creyente poseerá una lengua santificada y sin embargo ha de mantener una lengua santificada.
1Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo.
Didaskaloi (maestros) se empleaba a menudo para referirse a rabinos y a cualquiera que desempeñara funciones de enseñanza o predicación, pero vean que Santiago está hablando a todos en general (hermanos míos, muchos de vosotros), es decir a alguno que se levanta y quiere enseñar la verdad de Dios a otras personas.
Señala que hay un riesgo. ¿Por qué?
Muchos quisieran ser maestros, interesante, porque la gente tiende a respetar a esa persona, al maestro lo tratan con honor, un buen maestro marca vidas, ¿qué mejor que pararse al frente y abrir la palabra de Dios y compartir con otros?
Saben, pasé unos 20 años dando clases en la universidad, y en los primeros años, la fama que tenía es que “nadie entendía nada.” La materia era compleja, pero mi error era asumir que el estudiante conocía lo que se supone debía haber conocido en materias previas. No era así.
Esto me enseñó a desarrollar compasión por mis estudiantes, utilizar tiza y pizarra (poner imágenes en un proyector era muy abstracto). Sin embargo, también debía preparar conferencias para especialistas de otras áreas, a los que también debía tratar con compasión y respeto, la segunda lección. Siempre, siempre, respetar tu audiencia significa prepararse con anticipación suficiente, escudriñar la literatura pertinente, pensar las posibles preguntas, tener objetivos precisos al inicio y colocar conclusiones breves y concisas al final.
Aplicado a la enseñanza de la Palabra de Dios me he dado cuenta que además de compasión y respeto, el maestro debe aprender a no ser miedoso (por lo menos hasta cierto punto). No es posible andar con miedos a la hora de enseñar lo que Dios dice que hay que enseñar. Por eso hay que tener balance: conocimiento y amor.
Lo que sí es necesario es temor. Temor a Dios. No miedo a la opinión de la gente sino temor a Dios. Nos debe importar mucho que si vamos a hacer algo para Dios lo hagamos bien, lo preparemos bien, lo estudiemos bien, profundicemos bien. Enseñanza de la cual daremos cuenta.
¿Qué dice Santiago? sabiendo que recibiremos un juicio más severo.
2Porque todos tropezamos de muchas maneras. Si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
Observen que Santiago habla en plural, se incluye. Somos más susceptibles a juicio porque nos enfrascamos con regularidad en la actividad más proclive a pecar: el discurso mismo.
Multitud de maestros hay que buscan manipular, utilizan humor, contar historias, hipérbole (exagerar cosas), todo con tal de ganar la atención de la audiencia, mantenerla despierta o interesada sin que necesariamente desarrolle entendimiento en lo que se dice…
Santiago no está colocando obstáculos a ser maestros, las iglesias necesitan maestros y maestras, enseñar es un don espiritual. Si tú tienes es don, olvídate que eso es lo que no podrás dejar de hacer. Y si eres fiel en las pequeñas cosas, pues eso es lo importante, es lo que te ayudará a crecer como persona y como maestra.
3Ahora bien, si ponemos el freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, dirigimos también todo su cuerpo.
4Mirad también las naves; aunque son tan grandes e impulsadas por fuertes vientos, son, sin embargo, dirigidas mediante un timón muy pequeño por donde la voluntad del piloto quiere.
5Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosas. Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego!
6Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida.
Es decir que ¿si controlamos nuestra lengua seremos perfectas? No. Ya vimos que esta palabra significa “madurez.” Santiago nos informa que seremos mujeres cristianas maduras en la fe si somos capaces de controlar nuestra lengua.
Para ello nos da un par de ilustraciones poderosas pero advierte “presta atención no al gran problema, sino a la pequeña cosa que está causando la mayoría del problema.”
Y luego una imagen terrible. Un mundo de iniquidad, encendidas por Gehenna (valle de Hinon -destrucción e idolatría, fuera de Jerusalén, tiradero de basura siempre encendido, gusanos, etc.) que contamina todo. La representación visual de un lugar adonde nadie quiere ir, mucho menos vivir.
7Porque todo género de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el género humano,8pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortal.
9Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios;10de la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
11¿Acaso una fuente por la misma abertura echa agua dulce y amarga?
12¿Acaso, hermanos míos, puede una higuera producir aceitunas, o una vid higos? Tampoco la fuente de agua salada puede producir agua dulce.
¿Cuál es la respuesta a estas preguntas? Claramente no.
En el Cap. 1 “no tengas una doble mente.”
En el Cap.2 “no tengas un doble estándar: no pienses que alguien vale más que otro.”
En el Cap.3 nos dice “no tengas una doble lengua.” No digas una cosa y luego te das la vuelta y dices otra cosa.
¿Ven el reto ahora? Tenemos una doble lengua. Porque nuestras palabras tienen poder (Proverbios 18:21 Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto) (¿notan la doble lengua aquí?). Un verso escalofriante y al mismo tiempo de esperanza porque si la muerte y la vida están en la lengua luego entonces quizás pueda yo escoger palabras de vida y comer ese fruto.
Nuestras palabras tienen poder, un doble poder: el poder de crear y el poder de destruir. Observen que las palabras de Dios son como las nuestras y no son como las nuestras. Una de las maneras de no ser como las nuestras es lo que dice la Escritura: la hierba se seca y la hoja se cae pero la Palabra de Dios permanece para siempre. Su Palabra permanece. Afortunadamente nuestra palabra no permanece mucho tiempo o seguiríamos hiriendo gente por siempre y siempre. Tenemos la oportunidad de cambio, de reflejar un corazón transformado, pero la Palabra del Señor permanece para siempre.
Cuando Dios habla, ¿qué sucede? Donde no había nada ahora existe todo (Génesis 1). Las palabras de Dios tienen poder milagroso para crear y destruir.
Nuestras palabras tienen poder también, piensa un segundo. Ahora bien, no tienen poder similar a las palabras de Dios. Luego hay confusión en las filas cristianas, muchos creen que ciertas palabras tienen más poder que otras y al estar orando repiten estribillos como “en el nombre de Jesús…” como si al decir esto Dios estuviera más obligado a obrar lo que decimos, o repiten “oh Señor, estamos aquí reunidos en Tu nombre…” así que ahora Tú tienes que obrar y hacer lo que pedimos.
¿Tiene sentido esto?
¿Nuestras palabras harán que algo milagroso suceda?
Esto se parece bastante a idolatría…
Amadas, nuestras palabras no tienen poder similar a las palabras de Dios, pero aún así impactan a las personas que nos escuchan. No es poder sobrenatural pero es poder real. Nuestras palabras tienen poder para destruir. Por ejemplo:
Chisme. Chisme y calumnia destruyen el carácter. No hay vía más rápida. La gente cree las cosas que digamos de otros. ¿Por qué lo hacemos? Porque nuestros corazones no siguen la ley real, porque no elevamos al otro por encima de nosotros sino que nos elevamos a nosotros mismos.
Crítica. Crítica destruye relaciones. Destruye la confianza de otros, si creciste con padres criticones sabes exactamente lo que estoy diciendo.
Sarcasmo. Sarcasmo destruye confianza. El otro nunca sabe que terreno pisa, si lo que tú dices va en serio o es broma. Si escarbas un poco, te darás cuenta que la persona sarcástica en lo secreto se cree más lista que los demás, que su humor es un poco más sutil, etc. Las personas se sienten inseguras a su alrededor, porque no saben si habla en serio o no. No es difícil ser sarcástica, es mucho más difícil aprender gentileza.
Elevar la voz destruye comunicación.
¿Se dan cuenta que cualquiera de estas cosas me eleva por encima de otros o pone a los demás en situaciones débiles? ¿Los pone en desventaja de modo que yo tenga ascendencia? En conflicto directo con la ley real.
Pero hay buenas noticias. Nuestras palabras también tienen poder para crear.
Honestidad. Hablar con honestidad crea confianza. Di lo que tengas que decir de manera no amenazadora. Desarrolla un lugar seguro: podrás dar cualquier opinión y será escuchada, sin retribuciones ni amenazas de unos contra otros. Aprende a escuchar, especialmente a personas de opiniones contrarias; nos moldea, nos conforma cuando oímos cómo razonan otros; bríndales un lugar seguro para hablar y decir lo que piensan, date oportunidad de escuchar, de ser lenta para hablar y no airarte.
Perdonar. Hablar de perdón crea sanidad. ¡Cuánto poder tienen nuestras palabras! Poder decir a otra persona que una está equivocada tiene poder. Y cuán difícil es admitir esas palabras. Y cuán fácil es hablar aquellas otras palabras que debilitan y rompen relaciones!
Alentar. Hablar de estímulo crea confianza. ¿Conoces a alguien que siempre tiene palabras de aliento? Tales personas son un ejemplo maravilloso, don del cielo. Una rareza, reconocemos que son verdaderas y nos atraviesan con su don.
Las palabras tienen poder para crear y poder para destruir. Oh Dios, bendito seas porque a medida que te conocemos Tú cambias nuestro hablar más y más en palabras de vida, palabras que edifiquen y den fruto (Colosenses 4:5-6 Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada persona).
Por último Santiago da el ejemplo de agua dulce y salada. Imposible sobreestimar la importancia de una fuente de agua dulce en la seca Palestina.
¿Cuál es la fuente de agua viva? Cristo, el Verbo -la Palabra- hecha carne.
En Cristo somos nuevas criaturas. No más doble mente. No más doble estándar. No más doble lengua.
perfidia
Del lat. perfidia.
1. Deslealtad, traición o quebrantamiento de la fe debida.
13¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.
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sonata mexicana
Estándar
Parábola de la Inconstante
EstándarAntes cuando me hablaba de mí misma, decía:
si yo soy lo que soy
y dejo que en mi cuerpo, que en mis años
suceda ese proceso
que la semilla le permite al árbol
y la piedra a la estatura, seré la plenitud.
Y acaso era verdad. Una verdad.
Pero, ay, amanecía dócil como la hiedra
a asirme a una pared como el enamorado
se ase del otro con sus juramentos.
Y luego yo esparcía a mi alrededor, erguida
en solidez de roble,
la rumorosa soledad, la sombra
hospitalaria y daba al caminante
-a su cuchillo agudo de memoria-
el testimonio fiel de mi corteza.
Mi actitud era a veces el reposo
y otras el arrebato,
la gracia o el furor, siempre los dos contrarios
prontos a aniquilarse
y a emerger de las ruinas del vencido.
Cada hora suplantaba a alguno; cada hora
me iba de algún mesón desmantelado
en el que no encontré ni una mala bujía
y en el que no me fue posible dejar nada.
Usurpaba los nombres, me coronaba de ellos
para arrojar después, lejos de mí, el despojo.
Heme aquí, ya al final, y todavía
no sé qué cara le daré a la muerte.
Rosario Castellanos
(México, 1925-1974)
S, H, y C espirituales
EstándarAlégrense todos los que en Ti se refugian; para siempre canten con júbilo, porque Tú los proteges; regocíjense en ti los que aman Tu nombre.
Porque tú, oh Señor, bendices al justo, como con un escudo lo rodeas de tu favor.
Salmo 5:11-12
Apuntes a Génesis. 34:1-31
EstándarTEMA VIII. MAS HISTORIAS DE MELLIZOS (Génesis 34-36)
Hay un tema recurrente en la historia de Jacob: perseguir cosas buenas pero de manera equivocada; está bien querer tener hijos, anhelar el amor de tu esposo, pero es un error que esos deseos que conviertan en la motivación principal.
Vimos la lucha de Jacob con Dios y con el hombre, el cambio de nombre a Israel, la confrontación final con Esaú y cómo Dios cumple sus promesas.
Pero Jacob se quedó en Siquem [Tell Balatah, cerca del Siquem moderno -Nablus; localizada en el corazón de la Tierra Prometida, paso estratégico entre el Monte Gerizim al sur y el Monte Ebal al norte], compra una parcela de tierra, levanta un altar siguiendo la tradición de sus padres y colorín colorado esta historia ha terminado. Pero no.
El escritor de Génesis incluye la historia de Dina, historia donde Jacob evidencia otra vez total falta de liderazgo: silencio, pasividad, disfuncionalidad.
A pesar del orgullo judío, la historia de Dina ha permanecido en el recuento de Génesis, una historia muy contraria a lo que sería el perfil de un Patriarca nacional.
Pensemos en ello. (2 Tim 3:16 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra). ¿Qué hay en esta historia para equiparnos a toda buena obra?
34 1Y salió Dina, la hija de Lea, a quien ésta había dado a luz a Jacob, a visitar a las hijas de la tierra. 2Y cuando la vio Siquem, hijo de Hamor heveo, príncipe de la tierra, se la llevó y se acostó con ella y la violó. 3Y él se prendó de Dina, hija de Jacob, y amó a la joven y le habló tiernamente [al corazón de la joven]. 4Entonces Siquem habló a su padre Hamor, diciendo: Consígueme a esta muchacha por mujer.
Dina, identificada en primer lugar como hija de Lea, sale a visitar otras casas, de modo que no estaba confinada entre cuatro paredes sino que gozaba de cierta libertad al igual que Rebeca salía a buscar agua al pozo o Raquel pastoreaba ovejas.
Dina era la séptima hija entre hermanos varones, una adolescente si tomamos en cuenta el tiempo vivido en Harán, en Sucot, y ahora en Siquem.
¿Qué hace una adolescente de 14-15 años hoy en día? Ir de compras, visitar amigas, vestir para que la vean… la conducta típica de una jovencita, pero una mujer en “edad de merecer” no habría salido sin protección a ninguna parte en un entorno rural. Raquel y Rebeca se hallan en un contexto muy distinto a Dina, sin chaperones en medio de canaanitas.
Nacida en una familia grande, varones todos. Sin embargo Jacob no ha tomado las previsiones de lugar, buscar distancia de canaanitas y aconsejar a su familia al respecto. Era su responsabilidad. Instrucción sobre los canaanitas y sus modos de vida, rechazados por Abraham, Isaac y Rebeca.
Dina sale a visitar las hijas de Siquem sola, sin protección alguna. Negligencia.
¿Quién era su madre? Lea, la esposa aborrecida, para colmo.
Siquem, hijo de Hamor… es obvio que se trata del favorito, la ciudad lleva su nombre. Hamor es el líder de la comunidad. Su hijo no tiene restricción alguna: ve la joven, se la lleva, la viola… (vió la fruta, tomó y comió, la misma historia de siempre). Humilla a Dina pero después se le ocurre (bastante tarde) que ¡wow, es fantástica!
Habló a su padre…consígueme… ¿notan la forma? Muy a la Sansón: ven una joven extranjera, comentan y demandan al padre que obtengan la mujer. El tono de un hijo acostumbrado a tener lo que quiera. Es rico, poderoso, y si lo desea, lo tiene. Punto.
No hay palabras de disculpa o arrepentimiento o intento de reparación del daño causado.
5Y Jacob oyó que Siquem había deshonrado a su hija Dina, pero sus hijos estaban con el ganado en el campo, y Jacob guardó silencio hasta que ellos llegaran.
6Entonces Hamor, padre de Siquem, salió a donde Jacob para hablar con él.
7Y los hijos de Jacob regresaron del campo al oírlo.
Y aquellos hombres se entristecieron y se irritaron en gran manera porque Siquem había cometido una infamia en Israel acostándose con la hija de Jacob, pues tal cosa no debe hacerse.
¡Qué!? Jacob se entera de lo que ha pasado y se queda callado, sentado en su mecedora como si nada. El escritor de Génesis censura la pasividad de Jacob y contrasta con la reacción que tuvieron los hijos al punto de introducir una nota de indignación (recuerden que es Moisés quien escribe): TAL cosa no debe hacerse. Sintamos el horror de enterarnos de algo así.
Algo de “gravedad extrema” significa una expresión general sobre algo que produce ruptura de relaciones existentes, ya sea entre tribus, intrafamiliar, en asuntos de negocios, en matrimonio, o con Dios. Siquem ha cometido lo que no debe hacerse. Ha destruído y deshonrado la santidad de una familia, además ha retado la conciencia moral de una nación.
Quienes cometen actos morales viles contra la realidad y/o convicciones profundas de una comunidad, deben ser castigados para proteger el fundamento de la comunidad (Deuteronomio 22:21; Josué 7:15; Jueces 19:23-24; 20:6,10; 2 Samuel 13:12; Jeremías 29:23). Tales atrocidades nunca deben ser toleradas o dejadas impunes.
David se enfureció cuando se enteró de Amnón y Tamar (2 Samuel 13:20-21) pero equivocadamente no corrigió el asunto. Fue Absalón quien, igual a los hijos de Jacob, tuvo razón al llenarse de ira mas pecó en su violencia y odio (2 Samuel 13:22).
¿Es que Jacob no vió la importancia del hecho? ¿Cómo se enteraron los hijos? Observen que el escritor resalta la tristeza de los hijos pero no menciona las emociones de Jacob; es obvio que tampoco hizo intento de comunicarse con ellos pues esperó hasta que regresaran.
Hamor viene a entrevistarse con Jacob, pero los hijos rápidamente se hacen cargo de la situación pues el padre termina negociando con ellos.
8Pero Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem anhela a vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer. 9Enlazaos con nosotros en matrimonios; dadnos vuestras hijas y tomad las nuestras para vosotros. 10Así moraréis con nosotros, y la tierra estará a vuestra disposición. Habitad y comerciad y adquirid propiedades en ella.
Tengo dinero y poder y propiedades. Olvidemos este asunto, borrón y cuenta nueva. La proposición de este hombre es precisamente lo que Abraham e Isaac trataron de evitar. Años más tarde la propia Ley prohibió este tipo de uniones (Deuteronomio 7:3). Para el pueblo de Israel una perversión, para Hamor una oportunidad de cooperación comercial [¡provisión de necesidades básicas! qué tentador!) considerando que las palabras de su hijo son sinceras y honorables!
Observen que no hay palabras de Dina por ninguna parte, la víctima se ha vuelto invisible.
11Dijo también Siquem al padre y a los hermanos de ella: Si hallo gracia ante vuestros ojos, os daré lo que me digáis. 12Pedidme cuanta dote y presentes queráis y os daré conforme a lo que me digáis, pero dadme a la joven por mujer.
Habla el favorito como si nada hubiera pasado. Para dote, la suma de dinero era variable. Tiempo después, en el caso de violación la ley señalaba 50 siclos de plata al padre de la joven (Deuteronomio 22:28-29) y sin posibilidad de divorcio.
Noten el contraste. Por un lado la familia de Jacob, extranjeros, nómadas, gitanos, versus Hamor y su hijo, ricos, de suaves modales, educados, con clase, poderosos. Ambos vienen y tratan el asunto como cosa ligera, suavizan el pecado: hagamos un trato, saquemos provecho.
¡Cuánto cuidado debiéramos tener!
Como mujeres somos muy dadas a seguir a gentes así, gentes de poder, dinero, palabras suaves…y si analizamos, Cristo no fue crucificado por los publicanos o las rameras. Fue crucificado por gente como Hamor y Siquem.
13Pero los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre Hamor, y les hablaron con engaño porque Siquem había deshonrado a su hermana Dina.
El discurso de Hamor resalta cuán bueno sería para ambas familias establecer lazos matrimoniales [comerciales].
El discurso de Siquem resalta el asunto financiero: saldrían de pobres, pero su interés primario es quedarse con Dina haciendo una oferta que los otros no puedan resistir.
Observen que al inicio Siquem habla de “una muchacha” pero ahora le añade dignidad hablando de “una joven.”
Los hijos de Jacob se parecen a Absalón, pero aquí recurren a una estratagema mientras que Absalón planificó su venganza durante dos años.
Para los hijos de Jacob, la propuesta de Hamor es inadmisible.
Dina no es más la hija de Lea, sino “la hermana.” ¿Por qué este cambio? Porque son los hijos, sus hermanos, no Jacob el padre, quienes intervienen para remediar la situación.
Jacob sigue a un lado, en silencio, dejando que las cosas se desarrollen por sí mismas.
14Y les dijeron: No podemos hacer tal cosa, dar nuestra hermana a un hombre no circuncidado, pues para nosotros eso es una deshonra.
15Sólo con esta condición os complaceremos: si os hacéis como nosotros, circuncidándose cada uno de vuestros varones; 16entonces sí os daremos nuestras hijas, y tomaremos vuestras hijas para nosotros, y moraremos con vosotros y seremos un solo pueblo.
17Pero si no nos escucháis, y no os circuncidáis, entonces tomaremos a nuestra hija y nos iremos.
Los hermanos vacían de todo significado piadoso a la señal del pacto, obrando de modo sacrílego y reprensible; el discurso está cargado de ironía: la parte del cuerpo que Siquem utilizó en su pasión violenta será la misma fuente para su propio castigo.
sacrilegio
Del lat. sacrilegium.
1. Lesión o profanación de cosa, persona o lugar sagrados.
Es probable que Simeón y Leví fueran los responsables del plan, porque fueron ellos los ejecutores finales. No hay indicación de que Jacob hubiera asentido, o hubiera sido consultado, o hubiera dicho algo o tuviera alguna opinión. Está reducido al silencio, indiferencia y pasividad completas.
Es posible que la propuesta de circuncidarse tenga más que ver como rito de iniciación al matrimonio y a la vida comunitaria de una tribu. El texto no señala que los canaanitas vayan a ser convertidos en israelitas.
Interesante, las palabras de los hermanos son dichas desde una posición de fuerza: “no podemos” sin embargo ocultan la razón de la deshonra: la violación de su hermana. Solo más tarde en la narración nos enteraremos que ¡Dina está secuestrada en la casa de Siquem! No se le ha permitido regresar a su casa.
Los hermanos están furiosos: Siquem la tomó a la fuerza, nosotros haremos lo mismo.
18Y sus palabras parecieron razonables a Hamor y a Siquem, hijo de Hamor.
19El joven, pues, no tardó en hacerlo porque estaba enamorado de la hija de Jacob.
Y él era el más respetado de toda la casa de su padre.
¿Enamorado? Vaya vaya, Siquem ahora con intenciones románticas. Se circuncida.
20Entonces Hamor y su hijo Siquem vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los hombres de la ciudad, diciendo:
21Estos hombres están en paz con nosotros; dejadles, pues, morar en la tierra y comerciar en ella, porque ved, la tierra es bastante amplia para ellos. Tomemos para nosotros a sus hijas por mujeres y démosles nuestras hijas. 22Mas sólo con esta condición consentirán ellos en morar con nosotros para que seamos un solo pueblo: que se circuncide todo varón entre nosotros, como ellos están circuncidados.
23¿No serán nuestros su ganado y sus propiedades y todos sus animales? Consintamos sólo en esto, y morarán con nosotros.
Negociación completa (v.23). Y convencen a todos los hombres de la ciudad con la esperanza de ganancias sin fin…
24Y escucharon a Hamor y a su hijo Siquem todos los que salían por la puerta de la ciudad, y fue circuncidado todo varón: todos los que salían por la puerta de la ciudad.
La ciudad entera llena de avaricia. Hay dos ciclos de engaño: (a) los hijos de Jacob contra Hamor y Siquem, (b) Hamor y Siquem contra los hombres de la ciudad.
El acuerdo con los israelitas ha sido verbal, noten que la primera oferta fue dejar que la familia de Jacob se estableciera, comerciara y adquiriera propiedades; oferta triple. A los siquemitas, Hamor & Co., les dicen “que se establezcan y comercien” es decir una oferta doble. Al final solo hablan de “establecerse.”
25Pero sucedió que al tercer día, cuando estaban con más dolor, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada y entraron en la ciudad, que estaba desprevenida, y mataron a todo varón. 26Y mataron a Hamor y a su hijo Siquem a filo de espada, y tomaron a Dina de la casa de Siquem, y salieron.
La violencia del macabro plan elaborado por los hermanos, con Simeón y Leví a la cabeza (hermanos de padre y madre de Dina). Su deseo de castigo es justo, su forma de hacerlo es completamente pecaminosa. Por esta razón perdieron liderazgo (49:6) y tierras en Israel (49:7; Mateo 26:52).
27Después los hijos de Jacob vinieron sobre los muertos y saquearon la ciudad, porque ellos habían deshonrado a su hermana. 28Y se llevaron sus ovejas, sus vacas y sus asnos, y lo que había en la ciudad y lo que había en el campo; 29y se llevaron cautivos a todos sus pequeños y a sus mujeres, y saquearon todos sus bienes y todo lo que había en las casas.
¿Justicia? No. Venganza. Justicia es cuando el castigo va de acuerdo con el crimen. Aquí fue ley del talión: así como los siquemitas intentaron apropiarse la casa de Jacob, los de Jacob se apropian de todo lo siquemita. Siquem y su padre nunca fueron honestos, es verdad, pero la conducta israelita es de venganza total.
30Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví: Me habéis traído dificultades, haciéndome odioso entre los habitantes del país, entre los cananeos y los ferezeos; y como mis hombres son pocos, ellos se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa.
31Pero ellos dijeron: ¿Había de tratar él a nuestra hermana como a una ramera?
Jacob reprende la imprudencia de sus hijos, ellos le reprenden su falta de indignación moral. Sus hijos justifican la carnicería.
Simeón y Leví traicionaron el acuerdo que habían negociado con los canaanitas, pero el reproche de Jacob se debe al temor que tiene ahora por su familia, su preocupación es de carácter táctico, no ético.
He aquí la ironía de ver como Jacob ventila su disgusto sobre los hijos que no han honrado su palabra, algo que él mismo realizó en más de una ocasión. ¿Por qué reprochar su abandono de compromiso mientras que a él si le es permisible?
Noten los pronombres: “me…me…me…”
Los dos hijos tienen la última palabra. El silencio de Jacob legitima una conducta éticamente reprobable. Observen cómo enfatizan a Dina como “nuestra hermana” pero no reconocen su complicidad en los hechos.
A propósito, no hay ni una sola palabra de Dina en todo el episodio. Previo se negó la etimología de su nombre [al parecer ‘justicia’ o ‘el que los jueces’ (30:21), ahora ni siquiera habla.
Nadie, ni Jacob ni los hermanos parecen darse cuenta de la enorme infidelidad de ellos hacia Dios. ¿Y nosotros? ¿Quién subirá al monte de Jehová?
Salmo 15:1-5
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