Apuntes Jueces, 2:1-5

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v.1 Y el ángel del SEÑOR subió de Gilgal a Boquim y dijo:Yo os saqué de Egipto y os conduje a la tierra que había prometido a vuestros padres y dije:»Jamás quebrantaré mi pacto con vosotros, 

v.2 y en cuanto a vosotros, no haréis pacto con los habitantes de esta tierra; sus altares derribaréis.» Pero vosotros no me habéis obedecido; ¿qué es esto que habéis hecho? 

v.3 Por lo cual también dije:»No los echaré de delante de vosotros, sino que serán como espinas en vuestro costado, y sus dioses serán lazo para vosotros.» 

v.4 Y sucedió que cuando el ángel del SEÑOR habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró. 

v.5 Y llamaron a aquel lugar Boquim; y allí ofrecieron sacrificio al SEÑOR

¿Por qué de Gilgal? El tabernáculo se hallaba en Shiloh, Gilgal es donde se acampó el pueblo durante la mayor parte de la conquista. ¿El veredicto de Dios? ¿Cuál es la tensión existente entre lo que Dios dijo antes (v.1) y lo que dice ahora (v.3)?

Me han colocado en una situación imposible. Juré bendecirlos como mi pueblo amado y no bendecirlos si desobedientes. Prometí amarlos como mi pueblo; pero también prometí que juzgaría el pecado. ¿Cómo resolveré este dilema? ¡Dios con un dilema?!

Jehová acusa al pueblo de romper el pacto y anuncia disciplina y juicio. El episodio de Boquim nos hace considerar la naturaleza del arrepentimiento genuino. La implicación en v.2 es que Israel hizo algún tipo de convenio o pacto con el remanente de residentes que quedaban, prometiendo vida a cambio de esclavitud, como sucedió con Josué y los pobladores de Gabaón (Josué 9).

Notemos la respuesta: lágrimas por todos lados. Boquim de hecho significa ‘lloradero, llorones.’ Y luego hicieron sacrificio (v.5b). Hasta aquí, muy bien, un buen signo cuando todavía podemos derramar lágrimas, cuando nos conmovemos hasta las lágrimas.(48:30).  Pero somos tan sofisticadas, tan refinadas… tan endurecidas, o peor, todo ello, como para clamar por nuestro pecado. El texto nos persigue. ¿Qué pasó después? 

No hay respuesta. Lloraron, pero no hallamos evidencia de reforma, de que hayan vuelto a su casa y destruído las imágenes de idolatría y a sus adoradores. Muchos hay que se conmueven al escuchar la Palabra, para endurecerse otra vez antes de ser traspasados a otro molde.

¿Qué produjeron las lágrimas y sacrificios? Nuestra respuesta a las acusaciones debiera ser más que ojos húmedos. Es bueno ser conmovido hasta las lágrimas, pero mejor todavía ser traídas al arrepentimiento. Dios quiere producir “buena tristeza” en nosotros (2 Crónicas 7:8-11, la fiesta de Salomón al dedicar el templo), Sus demandas por medio del profeta Joel contienen balance perfecto y no necesitan de ninguna hermenéutica:

Joel 2:12-13  Aun ahora– declara el SEÑOR– volved a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al SEÑOR vuestro Dios, porque El es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal.

¿Como resolvió Dios el dilema, de ser justo y perdonador de su pueblo?

Romanos 3:23-26 por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.

2 Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.

Amadas, el creyente en Cristo es un arrepentidor (¡un verbo vivo!) para toda la vida. Observen que no decimos arrepentido, sino arrepentidor, porque inicia con arrepentimiento y continúa en arrepentimiento de corazón: 

Romanos 8:12-13 Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne, porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

Cada una de nosotras debiera ser arrepentidora, es decir, una ¡arrepentida que se arrepiente! 

Arrepentimiento: 1. Pesar de haber hecho algo.

Escrituralmente es un cambio de mente respecto al pecado y respecto a Dios, un volverse internamente del pecado hacia Dios, conocido por su fruto -obediencia (Mateo 3:8; Hechos 26:20; Lucas 13:5-9). Es odiar lo que una vez amamos y amar lo que una vez odiamos, es cambiar pecado irresistible por un Cristo irresistible.

Es mucho más que simple remordimiento, va más allá de la tristeza (2 Corintios 7:9-10 pero ahora me regocijo, no de que fuisteis entristecidos, sino de que fuisteis entristecidos para arrepentimiento; porque fuisteis entristecidos conforme a la voluntad de Dios, para que no sufrierais pérdida alguna de parte nuestra. Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte).

Tristeza terrenal se caracteriza por sentimientos de vergüenza, dolor, avergonzarse al haber sido atrapadas en algún pecado. Junto con la vergüenza hay falta de esperanza de ser limpiada del pecado o de la capacidad de restaurar las relaciones con la persona contra la cual pecaste. Este tipo de tristeza busca alivio haciendo cosas (por otros hacia uno o por una hacia sí misma), busca distraerse, manipular a otros.

Tristeza piadosa dirige directamente hacia Cristo. No necesitas que nadie más haga algo por ti, ni siquiera tú misma por ti. Caes delante de Dios, quien nos consuela en arrepentimiento y fe de lo que Cristo ha hecho por una; luego, descansando en dicho conocimiento, abandonamos todo intento de autojustificación frente a otros. Simplemente vas y pides perdón y reparas la herida que has hecho.

Muchas pasan años experimentando tristeza terrenal sobre un montón de cosas que demandan arrepentimiento genuino y luego se preguntan por qué las cosas o las relaciones no cambian. Sentirse mal por lo mal hecho no es igual a la tristeza piadosa que lleva al cielo. Dios nos llama a reconocer nuestros errores y nuestra necesidad de perdón y luego ir a El para perdonar y corregir. No tenemos qué vivir en un estado perpetuo de miedo y vergüenza. Vayamos a la cruz de nuestro Señor. Su sacrificio en lugar nuestro nos equipa para encarar nuestro pecado sin temor a que el pecado nos defina para siempre.*

El arrepentidor solo tiene una opción, la fe. Una persona religiosa a menudo se engañará a sí misma en su arrepentimiento. Es verdad que un creyente pudiera cometer el peor de los pecados; pero permanecer en el amor al pecado, o sentirse cómodo en atmósfera de pecado, son signos mortales, porque solamente los arrepentidos vamos al cielo.

Arrepentimiento y fe van juntos. 

Arrepentirse es abandonar autosuficiencia. 

Arrepentirse es un don de Dios (y un deber del hombre).

(Hechos 11:19; 2 Timoteo 2:25 …por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdadHechos 17:30 Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan; Lucas 13:3 …si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente). 

Sabremos que se nos ha otorgado, al hacer uso del regalo. 

(Filipenses 2:12-13 Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito; Apocalipsis 3:19 «Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete).

 

*Godly sorrow and repentance. Practical Theology for Women, W.Alsup, 18 april 2014

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Los cocuyos

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Parpadeos de luces vacilantes

bordean la selva cuando muere el día,

a manera de extraña pedrería

que relumbra y se apaga por instantes.

 

En estados círculos errantes,

brotan cocuyos en la selva umbría

cual si alguien, con la fiebre de la orgía,

arrojara puñados de diamantes.

 

De día ocultos en la verde alfombra,

solo en las horas de nocturna calma

divagan a través de la espesura;

 

y a fuerza de brillar entre la sombra,

acrisolan su brillo, como el alma

que a fuerza de sufrir se hace más pura.

 

José Santos Chocano. Perú (1875-1934)

Blasón

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Soy el cantor de América autóctono y salvaje:

mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.

Mi verso no se mece colgado de un ramaje

con un vaivén pausado de hamaca tropical…

 

Cuando me siento inca, le rindo vasallaje

al Sol, que me da el cetro de su poder real;

cuando me siento hispano y evoco el coloniaje,

parecen mis estrofas trompetas de cristal.

 

Mi fantasía viene de un abolengo moro:

los Andes son de Plata, pero el león, de oro;

y las dos castas fundo con épico fragor.

 

La sangre es española e incaico es el latido;

y de no ser poeta, quizás yo hubiera sido

un blanco aventurero o un indio emperador.

 

José Santos Chocano. Perú (1875-1934)

Apuntes a Jueces 1:27-36

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Jueces 1:27-36 relata cómo Israel no expulsó a los canaanitas sino que v.28 “cuando se hizo fuerte, sometieron a los cananeos a trabajos forzados”  No obedecieron el mandato divino.

Manasés no expulsó…

Efraín no expulsó…

Zabulón no expulsó…

Aser no expulsó…

Neftalí no expulsó…

OBEDIENCIA: (Del lat. oboedientĭa).

1. Acción de obedecer. 2. Especialmente en las órdenes regulares, precepto del superior. 3. En las mismas órdenes, permiso que da el superior a un súbdito para ir a predicar, o asignación de oficio para otro convento, o para hacer un viaje. 4. En dichas órdenes y en las congregaciones religiosas, oficio o empleo de comunidad, que sirve o desempeña un religioso por orden de sus superiores.

PRECEPTO: (Del lat. praeceptum).

1. Mandato u orden que el superior hace observar y guardar al inferior o súbdito. 2. Cada una de las instrucciones o reglas que se dan o establecen para el conocimiento o manejo de un arte o facultad. 3. Cada uno de los del Decálogo o mandamientos de la ley de Dios.

Lecciones de geografía teológica

¿Recuerdan la caída del norte? los versos denotan la derrota progresiva de las tribus del norte para poseer sus territorios. Luego de un éxito inicial por las tribus de José, los esfuerzos se van apagando hasta que, con los de Dan, la conquista experimenta un flujo reverso (v.34). 

Luego se levanta nuestra impaciencia ante el incesante listado de lugares, como si la inspirada pluma hubiera caído en manos de un cartógrafo. No de un predicador. Un predicador que martilla su mensaje: tal y tal tribu “no expulsaron”, siete veces acusa (v.27,  28, 29, 30, 31, 32, 33). 

Lo que tenemos no es tedio geográfico sino acusación teológica, geografía teológica.

Sin duda que había razones pragmáticas del por qué Israel necesitaba control absoluto. 

Tiempo después verían la necedad de no haber conquistado Bet-seán (v.27), sitio crucial que guardaba la entrada a los valles del Jordán y de Jezreel, nada menos que las arterias principales del mundo antiguo. Vivirían para arrepentirse de no haber dominado Taanac, Dor, Ibleam y Meguido, ciudades fortalezas en la Llanura de Esdraelon; puntualizar lo estratégico de Gezer (v.29)…

Pero la motivación principal era espiritual, no pragmática. Jehová había advertido a Moisés: Exodo 23:33 Ellos no habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí; porque si sirves a sus dioses, ciertamente esto será tropezadero para ti.

El remanente canaanita no sería una amenaza militar sino un cáncer espiritual (Exodo 23:23-33; 34:11-16; Deuteronomio 1:1-5). He aquí la razón del por qué Israel debía eliminar a los canaanitas y otros semejantes, destruir y demoler todos sus centros de adoración (toda capilla de Nuestra Señora de la Cosecha, todo altar del Santo Varón en la Colina, etc). Es verdad que Dios permitiría que lo hicieran en forma gradual (Ex 23:29-30). Pero había qué hacerlo. Si se toleraban estas poblaciones, pronto habrían matrimonios mixtos, y adiós al pacto de fe (Ex 34:15-16; Deut 7:3-4). Los nietos conocerían a Dios como el dios de la fertilidad… 

De modo que el énfasis del escritor en “no expulsaron…” es un timbre de emergencia espiritual. Es la acusación del predicador al pueblo de Dios por fallar el pacto.  Es como el cirujano que remueve solo una parte del cáncer porque el cáncer tiene derecho a crecer. Tolerancia y suicidio son compañeros.

La función del cap.1 es marcar el inicio de un período de desobediencia en claro contraste con el período recién pasado. Hay juicio teológico, según la caracterización del pasaje. No hay líder después de Josué. Se ha fracturado la unidad de la nación. Los éxitos de la bendición divina han dado lugar a fallas para repeler el enemigo. 2:1-5 hace explícito el juicio de Dios por causa de la desobediencia de la nación.

Otra cosa más:

Si bien el escritor acusa repetidamente, no deja de describir las victorias. A menudo se pierde este punto. Cuatro veces señala que canaanitas o amoritas fueron sometidos a trabajos forzados (v.28, 30, 33, 35). ¿Qué significa esto? Nos dice que si bien de entrada las tribus de Israel no eran tan fuertes como para expulsar los residentes, luego hubo un tiempo cuando “se hicieron fuertes” (v.28) y pudieron haber dominado. Pero en lugar de expulsarlos -algo que de acuerdo al texto bíblico eran perfectamente capaces de hacer- los sometieron a trabajos forzados, en violación a los mandatos de Jehová.

La fotografía de Jueces 1 muestra un Israel controlando de forma sustancial a Canaán, un pueblo claramente exitoso pero ciertamente desobediente. Exito pragmático e insuficiencia espiritual -una combinación extraña pero posible. Israel domina pero no obedece; goza de superioridad aun cuando no mantiene fidelidad.

El texto lleno de amonestación sirve para el pueblo de Dios de cualquier época. Por una parte, nos dice que es posible en la vida de un creyente que exhiba marcas de éxito y sin embargo ser una falla a los ojos de Dios. El éxito cristiano (personal o bajo la forma de una brillante empresa evangélica) no es por necesidad lo mismo que agradar a Dios.

El texto también subraya la importancia de las fidelidades “pequeñas”. 

Observen que no hay nada trágico al final del capítulo 1. Israel no ha expulsado a los cananeos pero los tiene sometidos. Israel está en control. De ahí que su letargia luce como desobediencia “menor.” Aquí es donde debemos examinar la imagen total, la estructura general real de 1:1 a 3:6:

Título (1:1a)

Condiciones para el desarrollo de la apostasía (1:1b-36)

Tristeza sobre la Palabra de Dios (2:1-5)

Transición: la nueva generación (2:6-10)

El curso de la apostasía descrito (2:11-3:4)

Resumen y digestión (3:5-6)

3:5 resume 1:1b-2:5

3:6 resume 2:11-3:4

¿Vemos ahora cuán importante fue la falla de Israel en el capítulo 1? Israel permitió condiciones que no provocaron desastre instantáneo. El impacto será visible después (2:11-13; 19; 3:5-6). Lo que empezó como tolerancia terminó en apostasía. Lo que parecía muy razonable fue letal. 

Vivir con canaanitas conduce a adorar como canaanitas.

“El que es fiel en lo pequeño…” (Lucas 16:10), no describe ninguna tarea glamorosa. Que cada quien se examine a sí misma.

Entre paréntesis, ¿cómo enseñar obediencia a un niño? ¿Cuándo empezar? ¿Cuántas veces debo decirle “ven aquí” antes de ir a buscarlo? [Keep a Quiet Heart. Elizabeth Elliot; pp.236-238].

La instrucción comienza desde antes que el niño empiece a hablar, pues es capaz de obedecer incluso cuando no verbalice respuestas. La realidad es que cualquier niño está mucho más adelantado de lo que sus padres creen que puede entender. La primera vez que llames a tu hijo con una orden particular (ven aquí, no toques, quédate quieto):

  1. asegúrate de que cuentas con toda su atención;
  2. mírale directamente a los ojos (que sepa que tiene toda tu atención);
  3. habla con tono de voz normal, llámale por su nombre, da la orden;
  4. concede unos segundos para que la orden penetre en su cerebro;
  5. llámale otra vez por su nombre y pregunta “¿qué dijo mamá?”
  6. ordénale otra vez, con su nombre.

Si no obedece, corrige. Luego de un poco de práctica, corrige si no obedece a la primera vez. El hábito de repetir la orden instruye al niño a creer que no es verdad. Si tienes que correr detrás de tu hijo para que obedezca, le estás entrenando a no poner atención a tus palabras. Pronto sabrá que puede hacer lo que quiera hasta que alguien venga y utilice la fuerza.

Ni pienses que tendrás que corregir 20 veces al día; no es cierto. Si comienzas a instruir desde temprano, pocas veces tendrás qué corregir. Si desde el inicio le enseñas cuán seria eres respecto a obedecer, no tienes idea del tremendo ahorro de fuerzas y tiempo y gritería y repetidora y salir corriendo que tendrás.

El niño estará aprendiendo a confiar en la palabra de autoridad, que a su vez facilitará que más adelante crea que Dios tiene sentido cuando habla.

De precaución: aprende a distinguir los accidentes o errores propios de la inmadurez infantil de la desobediencia deliberada. La corrección se dirige a la segunda. No le has prohibido meterse granos en la nariz, pero si lo has hecho y va y lo hace, o tira la leche desafiante, corrige. Piensa en correcciones que vayan de acuerdo al “crimen”, reserva la corrección para la desobediencia deliberada.

Tu hijo(a) pronto aprenderá que si te desafía, habrá corrección tan seguro como la noche sigue al día -estés donde estés, en la iglesia o en el supermercado. Razona después de la corrección, si es necesario. Abrázale, asegúrale tu amor, y cambia el tema.

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Lo fatal

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Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

 

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

 

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!

 

Rubén Darío. Nicaragua (1867-1916)

S,H,C espirituales

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 Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis?

Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos.

Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?

(Mateo 6:28-30)