Hebreos 5:12-14

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Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

Aprendimos que el discernimiento espiritual se desarrolla de manera progresiva con el tiempo. Es importante buscar con frecuencia su voluntad y estudiar la Palabra para conocerlo mejor. También, pedir al Espíritu Santo que nos ayude a entender las Sagradas Escrituras y obedecer su guía.

La iglesia es otra vía de instrucción. A medida que la Biblia es enseñada y explicada, obtenemos una base de verdad sobre la cual edificar nuestra vida. Pero no nos conformemos con simplemente conocer los fundamentos de la fe. Al profundizar en la Palabra y luchar con asuntos más importantes, adquiriremos un entendimiento más amplio de lo que el Señor desea y espera.

Pero no importa cuánta información acumulemos, el discernimiento se produce poniendo en práctica lo que hemos aprendido. No sirve de nada sentarse en la iglesia semana tras semana sin aplicar nunca los principios bíblicos que allí se enseñan. 

La madurez espiritual se mide, no por lo que sabemos, sino por la fidelidad con que aplicamos lo que sabemos. Es a través de nuestra obediencia que Dios nos capacita para discernir el bien y el mal; entonces podemos vivir con sabiduría y rectitud.

Lee, Medita y Aplica!

Decir, hacer

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Entre lo que veo y digo,

entre lo que digo y callo,

entre lo que callo y sueño,

entre lo que sueño y olvido

la poesía

se desliza entre el sí y el no:

dice lo que callo,

calla lo que digo,

sueña lo que olvido.

*

No es un decir: es un hacer.

Es un hacer que es un decir.

*

La poesía se dice y se oye: es real.

Y apenas digo es real, se disipa.

¿Así es más real?

Idea palpable,

palabra impalpable: 

la poesía va y viene entre lo que es

y lo que no es.

Teje reflejos y los desteje.

*

La poesía

siembra ojos en las páginas

siembra palabras en los ojos.

*

Los ojos hablan

las palabras miran,

las miradas piensan.

*

Oír los pensamientos,

ver lo que decimos,

tocar el cuerpo de la idea.

*

Los ojos se cierran

las palabras se abren.

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

Santiago 1:5

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Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

Cuando se le esté probando, reconozca que necesita fortaleza, y buscar un mayor recurso para resistir en medio de la prueba: Dios mismo. La búsqueda de la sabiduría es la búsqueda suprema del hombre. A quienes conocen y aman al Señor, Él provee de esa sabiduría.

Esa sabiduría no es especulación filosófica, sino los absolutos de la voluntad de Dios; la sabiduría divina que es pura y pacífica, «Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.» (Santiago 3:17). La sabiduría divina da por resultado la debida conducta en todos los asuntos de la vida. Cuando algunos cristianos tienen problemas, su primera reacción es acudir de inmediato a algún otro recurso humano. Aunque Dios puede obrar por medio de otros creyentes, su reacción inicial ante las pruebas debe ser pedirle a Dios directamente la sabiduría que le permitirá a usted sentir gozo y ser obediente en la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios.

El versículo de hoy es una orden de orar. Es tan obligatoria como la orden de Pablo de “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Las pruebas tienen el propósito de que seamos más dependientes de Dios al hacernos comprender que no tenemos suficientes recursos humanos. 

«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» (Juan 15:4-5).

Lee, Medita y Aplica!

Apuntes a Mateo 5

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Al entrar al poema de las bienaventuranzas, he aquí algunas observaciones generales: 

  1. la palabra “bienaventuranza” es una transliteración gruesa del latín “beatus” y del griego “makarios.” Ambas, son a su vez transliteración de palabras antiguas cuya mejor traducción es “bendición.” Esto es importante. [Transliteración: representación de los signos de un sistema de escritura, mediante los signos de otro -DRAE. Por ejemplo beef steak en bistec, football en fútbol. Trans -a través de , más allá de- y de littera -letra].

Algunas traducciones modernas colocan la palabra “feliz, felicidad” en lugar de bendición.  Es cierto que alguien bendito estará feliz; pero no es posible reducir bienaventuranza a felicidad. Ser “bendecido, bienaventurado” significa encontrar aprobación.

Salmos, por ejemplo, inicia con una bienaventuranza: bienaventurado el varón

Salmo 32 inicia con dos: bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada… bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño.

No hay mayor bendición que ser aprobado por Dios. 

Hemos de preguntar ¿cuál es la bendición que buscamos?

Bendición, y su antónimo, maldición, son palabras íntimamente relacionadas al pacto de Dios con su pueblo (Deuteronomio 28:1-14; 15-68) la primera parte contiene todas las promesas de bendición en la obediencia al pacto mientras que la segunda parte registra las maldiciones y juicios de la desobediencia. En pocas palabras, ser benditos es tener comunión con Dios (Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo). 

Si nos importa más la aprobación de Dios que la de seres incluso muy queridos, o de colegas influyentes, luego entonces las bienaventuranzas nos hablarán profundo y muy personal.

2. Noten que el tipo de bendición no es arbitraria. Lo prometido crece de modo natural a partir del carácter descrito. La bienaventuranza correlaciona con la condición.

3. Observen que dos de las bendiciones prometen la misma recompensa. (5:3 y 5:10)…porque de ellos es el reino de los cielos. Se trata de una herramienta de estilo llamada “inclusio”, empezar y terminar con la misma expresión. Es decir, todo el interior podría incluirse en un solo tema, en este caso el reino de los cielos. 

4. Recordemos que el evangelio es una oferta de salvación: 1 Corintios 15:3-5. [Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras]. He aquí el corazón del mensaje del evangelio: la redención, y la esencia de la redención es el sacrifico expiatorio de Cristo.

Cristo, su sacrificio expiatorio y penal. ¿Cómo se vive el evangelio? ¿Entendemos los componentes del evangelio? Servicio, misericordia, amor, perdón incondicional hacia los hombres… El fruto del Espíritu depende de la llenura del Espíritu, y a su vez, la llenura del Espíritu depende de que haya rendido mi vida a Cristo y de una vida inmersa en la Palabra de Dios. En pocas palabras, no vivir para una misma sino ser cristianos visibles a otros (no de la secreta, pues); además, no ver a los demás según la carne (cada uno es un potencial converso para el reino de los cielos).

Felicidad es hacer lo que Dios quiere, y querer lo que Dios hace. Quizás una prueba sencilla sea elaborar una lista de lo que consideramos vital para nuestra vida y carácter.

Las bienaventuranzas no se enfocan en lo que debemos hacer, sino en lo que hemos de ser. 

Describen la bendición que reciben aquellos cuyas vidas muestran las marcas del reino de Dios. Jesucristo toma temas de los Salmos y de Isaías, aplicado a sus discípulos; el punto central es reflejar en qué consiste la vida que Dios aprueba, que Dios bendice. No se trata de inspiración repentina sino de exposición o aplicación y clarificación de la Escritura. ¿Por qué? Porque la enseñanza se había oscurecido.

Entrando en materia, recordemos el mensaje del primo Juan: “arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado [está a la mano]”. Aquí, pero no todavía. Reino de Gracia ahora, nuevas criaturas bajo una esperanza, parte del reino de los cielos. Pero tenemos también el Reino de Gloria, en la consumación de todas las cosas. Mateo insiste una y otra vez en Jesucristo como Mesías, aquel de quien está escrito y hará tal y cual cosa.

Imaginen ahora las expectativas que tendrían los discípulos. Recordemos que el país está bajo el yugo romano, pobreza, hambre, enfermedades, son endémicas… ¿qué estarían pensando ese día, sentados alrededor del Mesías? Luego tenemos expectativas que podríamos calificar de peligrosas…

Y, en ese contexto, oír que “el reino de los cielos ha llegado!”

Los judíos creían que el Mesías liberaría del yugo de Roma, sería alguien de inmensa popularidad y tremendo cerebro político que armaría al pueblo y destruiría Roma, además de traer prosperidad ilimitada… (O sea que los discípulos se acaban de ganar los millones de la lotería, están al lado «del bueno»!). Vean la pregunta: ¿Quién se sentará a la derecha, quién a la izquierda? (¡días antes de la crucifixión!)

JC, con toda gentileza empieza a remover las expectativas. Abrió su boca y les enseñaba:

3“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

4“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

5“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

8Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

9Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

En ocho simples frases, Jesús borra las expectativas de los discípulos (¿extranjeros y peregrinos, en lugar de héroes y conquistadores? ¿agenda espiritual en lugar de material? ¿qué es esto?).

Observen que Cristo no habla en términos futuros, y lo primero que establece es que no se trata de un reino basado en conquistas sino de un reino basado en el carácter de los súbditos y del Rey mismo. Un reino basado en el carácter de los siervos y del Rey mismo, no un reino basado en conquistas. 

¿Quiénes somos? ¿Cuáles son nuestras expectativas? ¿Qué esperamos del cristianismo?

La única vida que Dios bendice es la que está marcada por sus valores.

Como creyentes, hay una gran diversidad: personalidad, intereses, estado social, capacidad intelectual. Sin embargo, de acuerdo al NT, pertenecemos a la misma comunidad [en familia se supone que nos tratamos como hermanos, lo cual por cultura no es natural, así que intentemos la palabra comunidad] y tenemos el mismo parecido básico. Eso son las bienaventuranzas.

Las primeras tres describen al creyente como pobre en espíritu, en duelo, humilde. 

¿Cuál es el elemento común? Reconocimiento que ante la presencia de Dios somos lo que somos.

¿Quiénes somos delante de Dios? 

El carácter es muy importante. Vemos y juzgamos a otros cada día: profesores, candidatos, padres, pastores y nos preguntamos si son gente de carácter. Pero si completamos el círculo, la pregunta central es esta: ¿Soy yo una persona de carácter?

¿Me veo en alguna de las estrofas del poema? ¿En alguna parte? Porque vaya si tenemos la tendencia a compararnos con otros. El punto es que como creyentes hemos de aprender a reflejar el carácter de Cristo, el carácter que el mismo Cristo enseña han de mostrar los ciudadanos del reino celestial, porque ahora somos ciudadanas de ese reino.

¿Raíz del carácter? ¿Cómo es que el carácter produce fruto?

Mateo 20:26-28

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Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Como creyentes, rara vez nos reconocemos como “siervos de Cristo”, pero eso es justo lo que el Señor nos dice que somos. Después de que sus discípulos discutieron sobre quién era el más grande entre ellos, el Señor los sorprendió con un llamado a convertirse en el siervo de todos. Cristo no es solo nuestro Salvador, sino también nuestro Señor, Rey y Maestro. Así como Él sirvió a su Padre preocupándose por las personas, también servimos a Dios al interesarnos por las necesidades temporales y espirituales de quienes nos rodean.

EL SERVICIO PRODUCE CRECIMIENTO ESPIRITUAL. Dios está transformando continuamente a los creyentes a la imagen de Cristo, «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…» (Romanos 8:29), pero nuestro egocentrismo es a menudo un estorbo. Servir a los demás es un medio que el Señor usa para hacernos libres del egoísmo.

EL SERVICIO LOGRA EL PROPÓSITO DE DIOS PARA NUESTRA VIDA. El Señor tiene un trabajo para cada uno de nosotros, «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» (Efesios 2:10). Si solo recibimos y nunca damos, perderemos mucho de lo que ha dispuesto para nosotros.

Como hijo de Dios, usted tiene un llamado supremo que solo puede realizarse descendiendo al nivel de un siervo. Busque oportunidades hoy para servir a alguien y tome su lugar junto a Cristo, quien fue el mejor siervo de todos. 

«el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.» (Filipenses 2:6-7). 

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Oda a la lagartija

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Junto a la arena

una lagartija

de cola enarenada.

Debajo de una hoja 

su cabeza de hoja.

  ¿De qué planeta 

o brasa fría y verde, caíste?

¿De la Luna?

¿Del más lejano frío?

¿O desde la esmeralda

ascendieron tus colores

en una enredadera?

  Del tronco

carcomido

eres vivísimo retoño,

flecha de su follaje.

En la piedra

eres piedra

con dos pequeños ojos

antiguos:

los ojos de la piedra.

  Cerca del agua

eres légamo taciturno

que resbala.

  Cerca de la mosca

eres el dardo

del dragón que aniquila.

  Y para mí

la infancia, la primavera

cerca del río perezoso,

eres 

tú,

lagartija,

fría, pequeña

y verde:

eres remota siesta

cerca de la frescura,

con los libros cerrados.

  El agua corre y canta.

  El cielo, arriba, es una corola calurosa.

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

1 Corintios 2:13-14

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Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Con tantas mentiras en este mundo, necesitamos discernimiento espiritual. Aunque tenemos acceso a la sabiduría de Dios, no es algo que poseemos de forma automática. Más bien, hay que buscarla con diligencia. Y su Palabra es el lugar para comenzar, porque el discernimiento espiritual se obtiene solo al conocer la verdad y pensar bíblicamente en cada situación.

Es una tontería pensar que nuestra propia sabiduría es suficiente para guiarnos. La mente humana, aunque racional, no es capaz de ver la verdadera naturaleza de muchas situaciones y acontecimientos. Lo que es bueno puede que no siempre sea lo mejor, y lo que se presenta como verdad, a veces es una mentira. El orgullo en nuestro propio juicio impide el acceso a la sabiduría divina.

Por el contrario, alimentarse con regularidad de la Palabra de Dios desarrolla nuestra percepción. A medida que el Espíritu Santo ilumine nuestra mente e interprete las Sagradas Escrituras, veremos cada vez más la vida desde la perspectiva de Dios. A través del Espíritu y la Palabra, tenemos un vínculo directo con la mente misma de Cristo,  «…Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.»(1 Corintios 2:16). Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios nos revela sus pensamientos, principios y sabiduría para que podamos vivir conforme a ellos en cualquier situación.

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Lucas 6:38

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Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

Compartir significa ‘partir con alguien’. Compartir genera un ciclo de ida y vuelta. Cuando decidimos hacerlo, ponemos a disposición de alguien algún bien tangible o intangible, como los sentimientos, el tiempo, las palabras, los aprendizajes, los espacios, los objetos y el dinero. Es dar de lo que tenemos. Pero… ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo logramos compartir?

Reconocer que todos los seres humanos tenemos una naturaleza egoísta. Siempre miramos por nosotros primero, luego por nosotros y después, por nosotros otra vez. El compartir aparece en escena para romper estructuras internas. Es un proceso completo de quiebre del egoísmo para que aparezca la palabra “nosotros”. Nos equivocamos cuando el énfasis lo fijamos en nuestra propia persona, ignorando al que nos rodea, nuestro prójimo.

Cuando compartimos todo cambia. Nuestra realidad cambia: el día a día se convierte en un yo, tú, él, nosotros, ustedes. Juntos. Si compartimos la vida con alguien más, habrá un intercambio, una convivencia. 

Al enviar a su único hijo para salvarnos, Dios nos hace copartícipes de la gracia de Cristo. Además, nos constituye en Su Cuerpo, Su Iglesia, Su novia. Dios no tiene planes para Él sólo. Sus planes son para bendecir a todos. Nuestra vida cambia al compartir tiempo con Él. 

¿Qué es lo más valioso que posees? ¿Crees que puedas compartirlo con alguien? 

«Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.» (Proverbios 11:24-25).

Lee, Medita y Aplica!