Juan 4:9-10

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La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. Juan 4:9-10.

El encuentro del Señor con la mujer samaritana es un maravilloso ejemplo de su amoroso cuidado de las personas que sufren. Aunque este encuentro pareciera accidental, en realidad fue una cita providencial con el Mesías.

Cuando la mujer se acercó al pozo, el Señor Jesús inició la conversación pidiéndole que le diera un trago de agua. Como los judíos y los samaritanos no fraternizaban entre sí, su acercamiento directo la sorprendió. Pero abrió la puerta para el diálogo.

Durante todo el intercambio, el Señor quiso ayudar a la mujer a reconocer su mayor necesidad, para poder satisfacerla: la salvación. Al parecer ella había estado buscando amor y aceptación, pero ahora Cristo le ofrecía el agua viva del Espíritu Santo, lo único que podría saciar su sed espiritual.

Al igual que la mujer samaritana, nosotros a veces podemos estar tan concentrados en satisfacer nuestras necesidades inmediatas, que no vemos la mano de Dios extendida con amor, ofreciendo satisfacción verdadera. El mundo hace todo tipo de promesas de amor, aceptación y autoestima, pero estas nunca duran. Solo el Señor Jesús puede llenar nuestras almas vacías para la eternidad. Así que, cuando su pozo se seque, busque a Cristo y deje que Él sacie su sed con su Espíritu.

«Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.» (Juan 4:14).

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Mateo 7:28-29

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Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Mateo 7:28-29.

Algo que influyó sobremanera en los oyentes de Jesús es que enseñaba con autoridad. La palabra más empleada en el Nuevo Testamento para referirse a la autoridad pertenece al poder y al privilegio, y muestra la soberanía de Cristo.

A diferencia de Jesús, los escribas judíos citaban a otros para darles autoridad a sus enseñanzas. El Señor tenía que citar solamente la Palabra de Dios y podía hablar como la autoridad suprema sobre la verdad. Habló la verdad eterna sencilla, directa y poderosamente, pero con amor y compasión. Eso asombraba a sus oyentes, y debiera también impresionarnos profundamente a nosotros. Ya que la autoridad de Jesucristo es tan sorprendente, que aún la naturaleza se le somete al escuchar su Voz.

«El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?» (Mateo 8:26-27).

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Who is my neighbour?

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Who is thy neighbour! See him stand,

with sunken cheek and eye,

where hunger shows the empty hand

thy bounty can supply!

Look where the widowed mother pines

for what thou well canst spare;

where paused age, in want, reclines,

and see thy neighbour there!

Behold him in the stranger, thrown

upon a foreign shore,

who, homeless, friendless, and alone,

is shivering at thy door!

Go meet him in thine enemy,

and good for evil pay;

and bear in mind, for such as he,

thy Saviour bids thee pray.

Go seek him in the dungeon’s night,

and comfort there impart;

implore the smile of Heaven to light

that desolated heart.

Look where the son of Africa sighs

for rights enjoyed by thee;

he is thy neighbour! Loose his ties

and set the captive free!

Columbia, favored of the skies!

how can thy banner wave,

while at my feet, thy neighbour lies

a crushed and fettered slave?

There is a blot among its stars;

a stain upon thy hand;

a mark upon thy face, that mars

the beauty of our land!

Thou, noble tree of liberty,

should not thy verdure fade

o’er him who would his neighbour see

excluded from thy shade?

Did they who reared thee by their toil

not will thy fruit to be,

alike, for all who thread thy soil,

a harvest sweet and free?

Hannah Flagg Gould. USA (1789-1865)

Lucas 11:9-11

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…Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? Lucas 11:9-11.

Cuando usted fue niño, ¿a dónde iba cuando necesitaba una merienda, reparar la bicicleta, limpiar una rodilla raspada o encontrar un árbitro por una disputa con un hermano? 

Lo más probable es que buscara a su mamá o a su papá, o a un adulto de confianza, porque Dios les dio a estos la responsabilidad de atender sus necesidades. Pero ningún ser humano puede ser un padre perfecto, ya que toda la humanidad es pecadora. No obstante, si usted ha puesto su confianza en Jesucristo como su Salvador, entonces es hijo de Dios. De manera que, cuando ora, está llevando al Padre celestial lo que tiene en su mente, quien siempre da lo que es correcto y mejor.

¿Qué tanto confía usted, de verdad, en Dios para todas sus necesidades? 

Cuando se siente solo, rechazado o desanimado, ¿su primer impulso es leer la Biblia y derramar su corazón al Señor? 

En vez de angustiarse por las dificultades económicas, ¿pide usted a Jehová-Jireh (el Dios que provee) que le dé lo que necesita? (Génesis 22.14) «Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.» 

Si sufre un problema de salud, ¿clama a Jehová-Rapha (el Dios que sana)? (Éxodo 15.26) «Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.» 

Puesto que Dios el Padre le dio a usted el mayor regalo, su Hijo Jesucristo, con toda seguridad le dará también todo lo demás que Él entienda necesite. Así que, acérquese a Él y pídale.

«El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Romanos 8:32).

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Filipenses 1:12

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Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, Filipenses 1:12

El apóstol Pablo escribió su carta a la iglesia de Filipos mientras estaba preso en Roma. Aunque confinado y bajo vigilancia mientras esperaba ser enjuiciado, escribió para animar a los filipenses, asegurándoles que su situación estaba siendo utilizada por Dios. 

Les dijo: “…He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4.11).

Pablo no se consideraba una víctima. Estaba convencido de que se encontraba bajo la mano soberana del Dios viviente. Esta era la situación ordenada para él en ese momento, de acuerdo con el propósito divino del Señor.

Es más, el apóstol vio frutos de su tiempo en prisión. Toda la guardia imperial escuchó de Cristo por el testimonio constante del apóstol. Su confinamiento tuvo el efecto opuesto de lo que sus enemigos habían planeado. En vez de llevar a los cristianos a esconderse, la demostración de contentamiento de Pablo frente a las dificultades los hizo más osados «Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.» (Filipenses 1:14).

Al igual que Pablo, podemos escoger la manera de actuar ante el dolor y las dificultades. Si optamos por el resentimiento y la amargura, nuestro sufrimiento será en vano. Pero si vemos cada situación como una oportunidad para crecer espiritualmente, podremos regocijarnos en el Señor a pesar de todo.

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The Crocus’s soliloquy

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Down in my solitude under the snow

where nothing cheering can reach me;

here, without light to see how to grow,

I’ll trust to nature to teach me.

I will not despair, nor be idle, nor frown,

lock’d in so gloomy a dwelling;

my leaves shall run up, and my roots shall run down,

while the bud in my bosom is swelling.

Soon as the frost will get out of my bed,

from this cold dungeon to free me,

I will peer up with my little bright head;

all will be joyful to see me.

Then from my heart will young petals diverge,

as rays of the sun from their focus;

I from the darkness of earth will emerge,

a happy and beautiful crocus.

Gaily array’d in my yellow and green,

when to their view I have risen,

will they not wonder that one so serene

cam from so dismal a prison?

Many, perhaps, from so simple a flower

this little lesson may borrow –

patient to-day, through its gloomiest hour,

we come out the brighter to-morrow.

Hannah Flagg Gould. USA (1789-1865)