Sin lugar a dudas: voy camino a casa!
Los ángeles colegiales
EstándarNinguno comprendíamos
el secreto nocturno de las pizarras
ni por qué la esfera armilar
se exaltaba tan sola cuando la mirábamos.
Solo sabíamos que una circunferencia
puede no ser redonda
y que un eclipse de luna equivoca a las flores
y adelanta el reloj de los pájaros.
Ninguno comprendíamos nada:
ni por qué nuestros dedos eran de tinta china
y la tarde cerraba compases
para al alba abrir libros.
Solo sabíamos que una recta,
si quiere,
puede ser curva o quebrada
y que las estrellas errantes
son niños que ignoran las aritméticas.
Rafael Alberti.(España, 1902-1999)
S,H,C espirituales
EstándarPaisaje de otoño
EstándarMi madre tiene hoy la memoria bien despierta.
Sonríe. No sabe a quien regala su nobleza.
Mira hondo, puedes verla,
con la misma ternura que abandonó los campos
el paso adipso de la primavera,
llegada, tal vez, a la hora del retraso.
Conversa despacito,
toca los raíles de su propio laberinto.
En ocasiones reza. Me confiesan sus ojos.
Su inteligencia fue el destello de un primor,
duele decirlo ahora, luego de tantos años,
si mi niñez cabía en un suspiro de sus miedos.
Enseñó a mi padre, amorosamente,
la desembocadura de la luz en las palabras.
Los recuerdos y la vida, sin apremio,
a mi madre se les mueren tomados de las manos.
Sin embargo, es una gracia, un prodigio,
ha tenido su memoria hoy en vigilia.
Recuerda episodios de la guerra de abril.
y los muertos le duelen de la tiranía y del escarnio
en todo el cuerpo.
Ha dicho, en voz baja, hijo querido, generoso.
Ha regalado al fresco de la casa una sonrisa.
Y como ha vivido a pasos de atardecer,
se ha marchado lejos de sí misma y de nosotros.
José Mármol. República Dominicana (1960- )
S,H,C espirituales
EstándarDadme mi número
Estándar¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman?
¿Me han olvidado entre las yerbas,
mis camaradas más sencillos,
todos los muertos de la tierra?
¿Por qué no suenan sus campanas?
Ya para el salto estoy dispuesta.
¿Acaso quieren más cadáveres
de sueños muertos de inocencia?
¿Acaso quieren más escombros
de más goteadas primaveras,
más ojos secos en las nubes,
más rostro herido en las tormentas?
¿Quieren el féretro del viento
agazapado entre mis greñas?
¿Quieren el ansia del arroyo,
muerta en mi mente de poeta?
¿Quieren el sol desmantelado,
ya consumido en mis arterias?
¿Quieren la sombra de mi sombra,
donde no quede ni una estrella?
Casi no puedo con el mundo
que azota entero mi conciencia…
¡Dadme mi número! No quiero
que hasta el amor se me desprenda…
(Unido sueño que me sigue
como a mis pasos va la huella).
¡Dadme mi número, porque si no,
me moriré después de muerta!
Julia de Burgos. Puerto Rico (1914-1953)
S,H,C espirituales
EstándarThe children’s hour
EstándarBetween the dark and the daylight,
when the night is beginning to lower,
comes a pause in the day’s occupations
that is known as the children’s hour.
I hear in the chamber above me
the patter of little feet,
the sound of a door that is opened,
and voices soft and sweet.
From my study I see in the lamplight,
descending the broad hall stair,
grave Alice, and laughing Allegra,
and Edith with golden hair.
A whisper, and then a silence:
yet I know by their merry eyes
they are plotting and planning together
to take me by surprise.
A sudden rush from the stairway,
a sudden raid from the hall!
By three doors left unguarded
they enter my castle wall!
They climb up into my turret
o’er the arms and back of my chair;
if I try to escape, they surround me;
they seem to be everywhere.
They almost devour me with kisses,
their arms about me entwine,
till I think of the Bishop of Bingen
in his Mouse Tower on the Rine!
Do you think, o blue eyed banditti,
because you have scaled the wall,
such an old mustache as I am
is not a match for you all!
I have you fast in my fortress,
and will not let you depart,
but put you down into the dungeon
in the round tower of my heart.
And there will I keep you forever,
yes, forever and a day,
till the walls shall crumble to ruin,
and moulder in dust away!
Henry W. Longfellow. Estados Unidos(1807-1882)
S,H,C espirituales
EstándarCanción de la verdad sencilla
EstándarNo es él el que me lleva…
Es mi vida que en su vida palpita.
Es la llamada tibia de mi alma
que se ha ido a cantar entre sus rimas.
Es la inquietud de viaje de mi espíritu
que ha encontrado en su rumbo eterna vía.
El y yo somos uno.
Uno mismo y por siempre entre las cimas;
manantial abrazando lluvia y tierra;
fundidos en un soplo ola y brisa;
blanca mano enlazando piedra y oro;
hora cósmica uniendo noche y día.
El y yo somos uno.
Uno mismo y por siempre en las heridas.
Uno mismo y por siempre en la conciencia.
Uno mismo y por siempre en la alegría.
Yo saldré de su pecho a ciertas horas,
cuando él duerma el dolor en sus pupilas,
en cada eco bebiéndome lo eterno,
y en cada alba cargando una sonrisa.
Y seré claridad para sus manos
cuando se vuelquen a trepar los días,
en la lucha sagrada del instinto
por salvarse de ráfagas suicidas.
Si extraviado de senda, por los locos
enjaulados del mundo, fuese un día,
una luz disparada por mi espíritu
le anunciará el retorno hasta mi vida.
No es él el que me lleva…
Es su vida que corre por la mía.
Julia de Burgos. Puerto Rico (1914-1953)