Oda a la esperanza

Estándar

Crepúsculo marino,

en medio

de mi vida,

las olas como uvas,

la soledad del cielo,

me llenas

y desbordas,

todo el mar,

todo el cielo,

movimiento

y espacio,

los batallones blancos

de la espuma,

la tierra anaranjada,

la cintura

incendiada

del sol en agonía,

tantos

dones y dones,

aves

que acuden a sus sueños,

y el mar, el mar

aroma

suspendido,

coro de sal sonora,

mientras tanto,

nosotros,

los hombres, 

junto al agua,

luchando

y esperando,

junto al mar,

esperando.

Las olas dicen a la costa firme:

“Todo será cumplido.”

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

Salinero

Estándar

…y ya estarán los esteros

rezumando azul de mar.

¡Dejadme ser, salineros,

granito del salinar!

¡Qué bien, a la madrugada,

correr en las vagonetas,

llenas de nieve salada,

hacia las blancas casetas!

¡Dejo de ser marinero,

madre, por ser salinero!

Rafael Alberti. (España, 1902-1999)

Los ángeles colegiales

Estándar

Ninguno comprendíamos 

el secreto nocturno de las pizarras

ni por qué la esfera armilar 

se exaltaba tan sola cuando la mirábamos.

Solo sabíamos que una circunferencia 

puede no ser redonda

y que un eclipse de luna equivoca a las flores

y adelanta el reloj de los pájaros.

Ninguno comprendíamos nada:

ni por qué nuestros dedos eran de tinta china

y la tarde cerraba compases

para al alba abrir libros.

Solo sabíamos que una recta, 

si quiere,

puede ser curva o quebrada

y que las estrellas errantes

son niños que ignoran las aritméticas.

Rafael Alberti.(España, 1902-1999)

Paisaje de otoño

Estándar

Mi madre tiene hoy la memoria bien despierta.

Sonríe. No sabe a quien regala su nobleza.

Mira hondo, puedes verla,

con la misma ternura que abandonó los campos

el paso adipso de la primavera,

llegada, tal vez, a la hora del retraso.

Conversa despacito,

toca los raíles de su propio laberinto.

En ocasiones reza. Me confiesan sus ojos.

Su inteligencia fue el destello de un primor,

duele decirlo ahora, luego de tantos años,

si mi niñez cabía en un suspiro de sus miedos.

Enseñó a mi padre, amorosamente,

la desembocadura de la luz en las palabras.

Los recuerdos y la vida, sin apremio,

a mi madre se les mueren tomados de las manos.

Sin embargo, es una gracia, un prodigio,

ha tenido su memoria hoy en vigilia.

Recuerda episodios de la guerra de abril.

y los muertos le duelen de la tiranía y del escarnio

en todo el cuerpo.

Ha dicho, en voz baja, hijo querido, generoso.

Ha regalado al fresco de la casa una sonrisa.

Y como ha vivido a pasos de atardecer,

se ha marchado lejos de sí misma y de nosotros.

José Mármol. República Dominicana (1960- )

Dadme mi número

Estándar

¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman?

¿Me han olvidado entre las yerbas,

mis camaradas más sencillos,

todos los muertos de la tierra?

¿Por qué no suenan sus campanas?

Ya para el salto estoy dispuesta.

¿Acaso quieren más cadáveres

de sueños muertos de inocencia?

¿Acaso quieren más escombros

de más goteadas primaveras,

más ojos secos en las nubes,

más rostro herido en las tormentas?

¿Quieren el féretro del viento

agazapado entre mis greñas?

¿Quieren el ansia del arroyo,

muerta en mi mente de poeta?

¿Quieren el sol desmantelado,

ya consumido en mis arterias?

¿Quieren la sombra de mi sombra,

donde no quede ni una estrella?

Casi no puedo con el mundo

que azota entero mi conciencia…

¡Dadme mi número! No quiero

que hasta el amor se me desprenda…

(Unido sueño que me sigue

como a mis pasos va la huella).

¡Dadme mi número, porque si no,

me moriré después de muerta!

Julia de Burgos. Puerto Rico (1914-1953)