B et C: 2 Crónicas 32:31

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…Dios lo dejó [al rey Ezequías], para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón. 2 Crónicas 32:31. 

¿Necesitaba Dios probar a Ezequías para saber lo que había en su corazón?

No. Dios ya lo sabía por su omnisciencia, «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.» (Jeremías 17:9-10).

Pero Él nos prueba para que podamos averiguarlo. Nos ayuda a hacer un recuento espiritual acerca de nosotros mismos al traer pruebas a nuestra vida a fin de demostrar la fortaleza o la debilidad de nuestra fe. Si en la actualidad está atravesando por una prueba y se enoja con Dios preguntándose por qué le sucede eso, es señal de fe débil. Si, por otra parte, está descansando y regocijándose en el Señor, habiendo puesto la prueba en sus manos, entonces es fuerte su fe. 

Es preciso traer a la memoria la vida de Job. En un solo día perdió todo, hijos, familia, animales, riquezas, ¿y cual fue su reacción? 

«Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.» (Job 1:20-22). 

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B et C: Romanos 5:3-4

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…también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza. Romanos 5:3-4.

Los joyeros usan “la prueba del agua” como una de las maneras más seguras de identificar un verdadero diamante. Una piedra de imitación nunca es tan brillante como una piedra genuina, pero a veces no puede determinarse la diferencia a simple vista. Los joyeros saben que un diamante genuino puesto en el agua centellea refulgente, mientras que la imitación es prácticamente opaco. Esa prueba hace relativamente fácil seleccionar el verdadero ­diamante.

A modo de analogía, encuentro que la fe de muchas personas bajo las aguas de la tristeza o la aflicción no es más que una imitación. Sin embargo, cuando un verdadero hijo de Dios está hundido en una prueba, brillará más refulgente que nunca. 

«En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,» (1 Pedro 1:6-7).

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B et C: Proverbios 2:6-7

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Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. El provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rectamente. Proverbios 2:6-7

Nadie quiere ser insensato a los ojos de Dios, pero cuando ignoramos lo que dice y vivimos de la manera que queremos, terminamos siendo insensatos. La autosuficiencia nunca nos hará sabios. Si bien nuestra inteligencia, educación y destrezas pueden ser útiles, no son sustitutos del juicio piadoso. Si queremos la sabiduría divina, hemos de seguir sus instrucciones.

Pedirla: Clamar por inteligencia y prudencia. Dios provee discernimiento espiritual a quienes lo piden, lo cual implica que debemos estar dispuestos a esperar su respuesta. En momentos de necesidad deseamos tener discernimiento inmediato; sin embargo, crecer en sabiduría no es un proceso rápido.

Buscarla: La sabiduría es como un tesoro escondido. Si en verdad queremos encontrarlo, profundizaremos en la Palabra de Dios porque Él es la fuente de conocimiento e inteligencia. Si prestamos atención para conocer a Dios, entenderemos lo que desea y lo que aborrece.

Obedecer a Dios: Él reserva sabiduría para los rectos. Si conocemos los principios bíblicos, pero no los ponemos en práctica, no creceremos en sabiduría. En cambio, al obedecer con diligencia la Palabra de Dios, la sabiduría entrará en nuestros corazones, guardará nuestros caminos y nos protegerá del mal y el engaño.

¿Estamos dispuestos a hacer lo que se requiere para recibirla?

Alimentarnos a diario con la Palabra de Dios. O los afanes de esta vida y la búsqueda del éxito nos distraerán. Adquirir sabiduría requiere compromiso, tiempo, diligencia y búsqueda resuelta, pero bien vale la pena el esfuerzo. 

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5). 

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B et C: Filipenses 2:12-13

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Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:12-13.

Hay muchos libros que prometen una vida cristiana exitosa, pero ninguna técnica humana puede llevar a cabo la obra de Dios. Cualquier compromiso o rededicación basada en nuestro propio esfuerzo no durará; la verdadera transformación proviene solo del Espíritu Santo. Por eso el Señor quiere que dependamos de Él para tener fuerzas y ser perseverantes.

El pasaje nos recuerda verdades básicas en cuanto a la vida cristiana:

PARTICIPAMOS AL OCUPARNOS DE NUESTRA SALVACIÓN: No se refiere a nuestra conversión inicial a través de la fe en Cristo; más bien, es el proceso de santificación mediante el cual crecemos a semejanza de Cristo. Un estilo de vida obediente y santo es algo que hemos de escoger y buscar.

NECESITAMOS TENER UNA ACTITUD DE TEMOR Y TEMBLOR: No hay lugar para la frivolidad en nuestra vida, porque Dios es santo y un día tendremos que darle cuenta de lo que hayamos hecho.

DIOS OBRA EN NOSOTROS: Jesucristo señala que nada podemos hacer separados de Él. «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» (Juan 15:5).

El Salvador es quien nos capacita para vivir el proceso de santificación, semejantes a Su imagen.

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B et C: 1 Pedro 1:13

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Esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.

1 Pedro 1:13.

Seguramente ha oído sermones y ha visto muchos libros acerca del amor y de la fe, pero ¿ha escuchado alguna vez un mensaje o leído un libro acerca de la esperanza? Por alguna razón, a veces pasamos por alto la esperanza.

La esperanza es algo que falta en la experiencia cristiana de nuestra cultura. No vivimos con esperanza sobre todo porque nos concentramos demasiado en nuestras circunstancias actuales.

¿Qué es la esperanza?

Es la actitud del cristiano en cuanto al futuro. La esperanza en su naturaleza intrínseca es como la fe. Ambas tienen la confianza, o creencia en Dios, como su punto central, pero hay una diferencia entre ellas. Fe es creer en Dios en el presente, y esperanza es creer en Dios para el futuro. La fe cree en Dios por lo que ha hecho y hace, y la esperanza cree en Dios por lo que hará.

Ponga su esperanza en Él y viva esperando el glorioso cumplimiento de su promesa futura.

«Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.» (Romanos 8:24-25).

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B et C: Romanos 5:1-2

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Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Romanos 5:1-2.

La Biblia pinta un cuadro sombrío de la humanidad. Estamos espiritualmente muertos en nuestros pecados, apartados de Dios y objetos de su ira. ¿Puede usted imaginar una situación más aterradora? Pero hay esperanza para nosotros por la fe en el Señor Jesucristo. Dios abre nuestros ojos para que reconozcamos nuestra condición y acudamos a su Hijo en arrepentimiento para ser salvos.

Por la gracia de Dios, hemos sido reconciliados con Él. En la cruz, Cristo soportó la ira del Padre por nuestros pecados para que pudiésemos ser perdonados y declarados justos.

Ahora, en lugar de enemigos, somos sus hijos amados. Él nos dio vida espiritual al darnos una nueva naturaleza creada en justicia y santidad. Ahora su amor ha sido derramado en nuestros corazones y tenemos la esperanza segura de la gloria del cielo.

Al darnos cuenta de lo sorprendente que es la gracia de Dios, mostremos gratitud, alabanza y devoción a Él de todo corazón. Además, el pasaje revela que hemos de gozarnos no solo en Dios y en nuestra esperanza de gloria, sino también en nuestros problemas. Pues Él utiliza de manera compasiva las dificultades para hacernos como Cristo y aumentar nuestra confianza en su amor.

«Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;» (Romanos 5:3-4).

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B et C: Salmo 119:14-16

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Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras. Salmos 119:14-16.

En esta era tecnológica es difícil saber qué es lo más novedoso. Por ejemplo, algunas personas solo aprenden los conceptos básicos de cómo manejar un teléfono inteligente. Pero si aprendieran un poco más, encontrarían que dicho dispositivo es más útil de lo que se imaginan. Al poner un límite a su conocimiento, se pierden de los beneficios que ofrece el dispositivo para facilitar las tareas.

Luego tenemos el mismo problema en nuestra vida espiritual. La Biblia declara que cuando llegamos a la fe en Jesucristo, somos “nuevas criaturas». «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…» (2 Corintios 5:17). En su Palabra, Dios ha provisto todo lo que necesitamos para saber cómo vivir como nuevas creaciones, pero hemos de crecer en nuestro conocimiento de dicha vida nueva.

¿Está usted tratando de vivir con los conceptos básicos de la Palabra de Dios sin profundizar ni descubrir verdades y percepciones más ricas?

Si es así, está limitando su crecimiento espiritual y perdiendo los beneficios que otorga una mayor comprensión de Dios, sus caminos y sus deseos. Puede que esté sobreviviendo, pero no está prosperando como el Señor desea. Nunca es demasiado tarde para aprender más y comenzar a disfrutar de los beneficios de la nueva vida en Cristo.

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B et C: Marcos 10:51-52

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Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. Marcos 10:51-52

La Biblia enseña que nuestro trino Dios es omnisciente, conoce todas las cosas. Ninguna acción o persona se oculta de su vista; y el pasado, el presente, y el futuro están delante de Él.

“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”  (Hebreos 4:13)

El Señor “…escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos…” (1 Cronicas 28.9). Nos conoce, y entiende lo que necesitamos. El amor y la preocupación de Dios por nosotros no cambian, aunque nuestro dolor sea el resultado de nuestras propias acciones pecaminosas.

Cristo demostró una y otra vez el amor y el cuidado de Dios por las personas. De hecho, gran parte de su ministerio consistió en aliviar el sufrimiento, junto con la enseñanza de cómo entrar en el reino de los cielos. Mientras viajaba a Jerusalén camino a la cruz, se encontró con un mendigo ciego que gritaba: “…¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10.48). Aunque la multitud le decía que callara, Cristo se detuvo para restaurar su vista y reconocer su fe.

Él también escuchará nuestros gritos de ayuda, porque su amor se extiende como un manto sobre nosotros. Cuando nuestras circunstancias nos tienten a dudarlo, recordemos nuestra perspectiva limitada y confiemos en la naturaleza de nuestro Dios. De manera que, acepte la invitación de Cristo de llevar sus cargas a Él, y encuentre descanso para su alma.

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” Mateo 11:29.

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B et C: Juan 15:16

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No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Juan 15:16

Pedir en el nombre de Cristo conlleva doble significado. Primero, los creyentes hemos de pedir por asuntos que armonicen con el plan de Dios. Necesitamos preguntarle si nuestras oraciones coinciden con su voluntad. Dios tiene varias formas de asegurarnos si estamos en el camino correcto; por ejemplo, puede aumentar los anhelos correctos o disminuir los incorrectos. Otra posibilidad es que usará su Palabra para redirigir nuestros pasos o confirmar que estamos yendo por el camino correcto. De cualquier manera, Dios creará una senda para que hagamos su voluntad.

Segundo, invocar el nombre de Cristo significa que deseamos glorificarlo. Santiago hace esta advertencia: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Para entender eso, consideremos como ejemplos a los que oran para salir de un problema económico. ¿Quiere la persona salir de sus deudas para tener más dinero y salir de preocupaciones? ¿O para utilizar lo que tiene de maneras que honren al Señor? Los motivos son evidentes para Dios, y no favorecerá a quienes están arraigados en el pecado.

En el nombre de Jesucristo hay poder abundante. Sin embargo, invocarlo en oración no es un amuleto para obtener lo que queremos. Más bien, es una señal de que estamos dejando a un lado nuestros deseos personales y nuestra manera de hacer las cosas. Al hacerlo, nos comprometemos a seguir a Dios y honrarle con nuestros deseos y peticiones. 

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Brevitas et Claritas: Salmo 51:2-4

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Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas. Salmo 51:2-4.

¿Quiere un mayor desarrollo espiritual en su vida? ¿Pecar menos cada vez? Entonces acepte su responsabilidad.

No le eche la culpa a sus circunstancias, a su cónyuge, a su novio o a su novia, a su jefe, a sus empleados o a su pastor. Ni siquiera le eche la culpa a Satanás. Su pecado es culpa suya. Sin duda que Satanás y el sistema del mundo pueden contribuir al problema, pero el pecado ocurre en definitiva como un acto de la voluntad; mi voluntad, usted es responsable. Lo dice la Biblia: «sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.» (Santiago 1:14).

Tal vez uno de los mejores ejemplos de alguien que aprendió a aceptar su responsabilidad sea el del hijo pródigo. Cuando volvió a casa con su amoroso padre, dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:21). Estuvo incluso dispuesto a que se le tratara como a un modesto jornalero porque sabía que no merecía nada, «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.» (Lucas 15:19). He aquí la actitud de alguien que reconoce y confiesa su pecado. 

«Él que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.» (Proverbios 28:13).

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