El nido

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Mira ese árbol que a los cielos
sus ramas eleva erguido;
en ellas columpia un nido
en que duermen tres polluelos.

Ese nido es un hogar;
no lo rompas,
no lo hieras:
sé bueno y deja a las fieras,
el vil placer de matar.

Juan de Dios Peza
México (1852-1910)

El príncipe enano

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Para un príncipe enano se hace esta fiesta,
tiene guedejas rubias, blandas guedejas,
por sobre el hombro blanco luengas le cuelgan,
sus dos ojos parecen estrellas negras:
vuelan, brillan, palpitan, relampaguean;
él para mí es corona, almohada, espuela.

Mi mano que así embrida potros y hienas,
va mansa y obediente donde él la lleva,
si el ceño frunce, temo,
si se me queja,
cual de mujer mi rostro nieve se trueca,
su sangre, pues, derriba mis flacas venas,
con su gozo mi sangre se hincha o se seca,
¡para un príncipe enano se hace esta fiesta!
¡venga mi caballero por estas sendas!
¡éntrese mi tirano por esta cueva!

Tal es, cuando a mis ojos su imagen llega,
cual si en lóbrego antro, pálida estrella,
con fulgores de ópalo, todo vistiera.
A su paso la sombra matices muestra
como el sol que hiere las nubes negras.
Heme ya puesto en armas en la pelea,
quiere el príncipe enano que a luchar vuelva,
él para mí es corona, almohada, espuela.

Y como el sol, quebrando las nubes negras
en bandas de colores la sombra trueca,
él, al tocarla, borda en la onda espesa
mi banda de batalla roja y violeta.

¿Con que mi dueño quiere que a vivir vuelva?
¡Venga mi caballero por esta senda!
¡Entrese mi tirano por esta cueva!

¡Déjenme que la vida a él ofrezca,
para un príncipe enano se hace esta fiesta!

José Martí
Cuba (1853-1895)
[Pablo Milanés Canta a José Martí, Album]

Si ves un monte de espumas

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Si ves un monte de espumas
es mi verso lo que ves,
mi verso es un monte y es
un abanico de plumas.

Mi verso al valiente agrada,
mi verso, breve y sincero,
es del vigor del acero
con que se funde la espada.

Duermo en mi cama de roca
mi sueño dulce y profundo,
roza una abeja mi boca
y crece en mi cuerpo el mundo.

Si ves un monte de espumas
es mi verso lo que ves,
mi verso es un monte y es
un abanico de plumas.

José Martí
Cuba (1853-1895)
[Pablo Milanés Canta a José Martí, Album]

Nieve y agua

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¡No!
¡No te cortes aún las venas!
Porque el tiempo rueda y pasa,
reconoce tus cadenas,
retrocede y vuelve a casa.
Ven, porque aún hay pan y hay agua. Hay un Dios y hay una manera,
no te canses de su fragua,
que la suerte es pasajera.

Siempre habrá nieve altanera descansando en el camino
y agua humilde batallando en la rueda del molino.
Siempre habrá guitarras que acompañen para que otras tengan brillo.
Siempre brillará en el cielo un sol que cobra, un sol que paga,
que haga un llanto de la nieve,
que convierta en lluvia el agua,
selle nuestros labios, haciéndonos más buenos y más sabios.

Dí, ¿qué provecho saca el hombre en ganar el mundo entero,
si su corazón no encuentra el reposo verdadero?
¿Si todo lo que no es eterno se derrite como la cera?
¿De qué sirve tu apariencia cuando el alma desespera?

Siempre habrá nieve altanera descansando en el camino
y agua humilde batallando en la rueda del molino.
Siempre habrá guitarras que acompañen para que otras tengan brillo.
Siempre brillará en el cielo un sol que cobra, un sol que paga,
que haga un llanto de la nieve,
que convierta en lluvia el agua,
selle nuestros labios, haciéndonos más buenos y más sabios.

Marcos Vidal
(España, 1971- ) Letra y Música

 

 

Agua dormida

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Agua dormida de aquel pilón:
agua desierta;
agua contagiada del conventual
silencio de la huerta.

Agua que no te evaporas,
que no te viola la cántara,
y que no cantas, y que no lloras.
Tu oblongo cristal
es como el vidrio de una cámara fotográfica
que retrata un idéntico paisaje
de silencio y de paz.

Tus húmedos helechos,
un cielo siempre azul, y quizás
un celaje…
Tú, a la vida, jamás, jamás te asomas,
y te basta de un álamo el follaje,
y en las tardes, un vuelo de palomas…

Agua dormida,
agua que contrastas con mi vida,
agua desierta…
Pegado a la cancela de la huerta,
de sus rejas detrás,
¡qué de veces de lejos te he mirado!
y con hambre espiritual he suspirado:
¡si me dieras tu paz!

Francisco González León
(México, 1862-1945)

La casa vendida

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Vendimos la casa
y entró en nuestros sueños;
empezó a transformarse,
a variar de ubicación,
a ocupar calles desconocidas,
a ahondarse como un pozo,
a poblarse como un hospital.

Nos remuerde la casa vendida,
el jardín, la biblioteca,
los árboles, las duelas,
todo lo que quisimos
se queja, nos reclama.

Solo en la decadencia
se vende una casa;
con la casa vendida
se multiplicaron en nuestros sueños
las escaleras, las puertas,
los abismos.

Antonio Deltoro
(México, 1947- )

Lector

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Un yo que no es el del poeta en el poema me dice.
Un yo que no es el mío, repite estas palabras íntimas
y me lleva a un yo más silencioso y mejor
en versos pulidos en el tiempo por diferentes yos.

En la angustia de una noche de insomnio,
en el nerviosismo de una cita de amor,
repito estos versos hasta ser estos versos,
los repito una y otra vez,
no como alguien que recorre una y otra vez un pasillo;
estos versos son infinitos,
pero no afiebrados,
ni ajedrezados, ni laberínticos;
no imitan el piso de un pasillo,
ni al llegar a la sílaba final se asoman a otra estancia;
son un vuelo por una soledad en calma;
estos versos se ensanchan,
me ensanchan,
me llevan a una inmovilidad muy alta.

Antonio Deltoro
(México, 1947- )

Papalotes

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De la mano de un niño como dioses antiguos
ascienden formas que dan color al viento.

Un papalote planea tranquilo y solitario
entre dos peligros: la calma y la galerna.
Su piloto, artífice del hilo, tiene los pies en tierra.

Zarpan silenciosos hacia la altura,
sin quilla ni cubierta, barcos a toda vela.

Ojos de montaña con paciencia marina
descubren a lo lejos naves enemigas:
halcones de papel en el cielo de marzo.

Antonio Deltoro
(México, 1947- )

*papalote = cometa, chichigüa (en otros países)

Solamente El

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Solamente él,
el Dador de la Vida.

Vana sabiduría tenía yo,
¿acaso alguien no lo sabía?
¿Acaso alguien no?
No tenía yo contento al lado de la gente.

Realidades preciosas haces llover,
de ti proviene tu felicidad,
¡Dador de la Vida!
Olorosas flores, flores preciosas,
con ansia yo las deseaba,
vana sabiduría tenía yo…

Netzahualcóyotl
(México, 1402-1472)
Traducción del náhuatl al español
de Miguel León Portilla.

¿A dónde iremos?

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¿A dónde iremos
donde la muerte no existe?

Mas, ¿por esto viviré llorando?

Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
hay incineramiento de gente.
Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.

Netzahualcóyotl
(México, 1402-1472)
Traducción del náhuatl al español
de Miguel León Portilla.