Gracia activa

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Señor Jesús,
gran Sumo Sacerdote,
Tú has abierto un camino nuevo y vivo
mediante el cual una criatura caída puede
acercarse a ti en busca de aceptación.

Ayúdame a contemplar la dignidad de tu persona,
la perfección de tu sacrificio,
la eficacia de tu intercesión.
¡Oh, qué bendición acompaña a la devoción, cuando,
sometido a todas las dificultades que me desgastan,
las inquietudes que me corroen,
los temores que me angustian,
las debilidades que me oprimen,
puedo acudir a Ti en mi necesidad
y sentir una paz que escapa a todo entendimiento!

Tu gracia restauradora es necesaria para protegerme,
guiarme, guardarme, proveerme y ayudarme.

Y aquí tus santos alimentan mi esperanza;
antes eran pobres y ahora son ricos,
cautivos y ahora libres,
derrotados y ahora victoriosos.
Cada nuevo deber exige más gracia de la que poseo,
pero no más de la que se halla en Ti,
el tenor divino en el que habita toda plenitud.

A Ti acudo pidiendo gracia tras gracia,
hasta que cada hueco que deje el pecado sea rellenado
y tu plenitud me colme.
Que mis deseos se engrandezcan y mis esperanzas se confirmen
para que pueda notarte por medio de dependencia absoluta
y la grandeza de mis expectativas.
Manténte a mi lado y prepárame para todas
las sonrisas de la prosperidad,
el ceño fruncido de la adversidad,
las pérdidas materiales,
la muerte de los amigos,
los días de tinieblas,
los cambios de la vida,
y el último gran cambio de todos.

Que Tu gracia me parezca suficiente para todas mis necesidades.

Arthur Bennett. El Valle de la Visión.
Antología de Oraciones y Devociones Puritanas, pp.132
El Estandarte de la Verdad, 2014

POEMA A LOS AMIGOS

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No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida
ni tengo respuesta para tus dudas o temores,
pero puedo escucharte y compartirlo contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro
pero cuando me necesites, estaré junto a ti.

No puedo evitar que tropieces,
solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes,
y no caigas.

Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos
pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomes en la vida,
me limito a apoyarte, a estimularte, y a ayudarte si me lo pides.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar
pero sí te ofrezco ese espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tu sufrimiento cuando alguna persona te parta el corazón,
pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser,
solamente puedo amarte como eres,
y ser tu amigo

En estos días pensé en mis amigos y amigas
y no estabas arriba, ni abajo, ni en medio.
no encabezabas ni concluías la lista.
No eras el número uno,
ni el número dos.

Dormir feliz.
Emanar vibraciones de amor.
Saber que estamos aquí de paso.
Mejorar las relaciones,
aprovechar las oportunidades,
Escuchar al corazón.
Acreditar la vida.

Y tampoco tengo la pretensión
de ser el primero,
el segundo,
o el tercero de tu lista.

Basta que me quieras como amigo.
Gracias por serlo.

Jorge Luis Borges
(Argentina, 1899-1986)

A un gato

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No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.

Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.

Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

Jorge Luis Borges
(Argentina, 1899-1986)

Rimas. XVIII

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Del salón en el ángulo oscuro
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormida en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro, espera
que le diga: “levántate y anda!”

Gustavo Adolfo Becquer
(1836-1870, España)

Saliendo de Cádiz

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Oigo que al molinete se arrolla la cadena,
y al grito “¡levad anclas!” retemblar el vapor;
al desplegar las velas, oigo crujir la entena;
y en los vecinos buques y en la apretada arena
escucho el triste adiós.

Desde el lecho de muerte, por las ventanas miro;
de las movibles olas solo veo el matiz;
veo batir las olas, y el Cielo al que aspiro;
ni a la verdosa tierra siquier los ojos giro;
¡ya nada es para mí!

Allá lejos, riente, la América me espera;
mas, muerto ya, mis ojos mirarla no podrán,
que antes que entre sus brazos, do ríe primavera,
el mar, en el profundo de su buena postrera,
mis huecos guardará.

¡Oh Cielo, oh santo anhelo que el alma no abandona!
¡Cuán dulce es desde el mundo donde hemos de morir
mirarte cual florida y espléndida corona!
¡Cuán dulce, a cada embate que la marea encona,
tu puerto distinguir!

Mossen J. Verdaguer y Santalo
(1845-1902, España)

Rimas. X

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Olas gigantes, que os rompéis bramando,
en las playas desiertas y remotas:
envuelto entre las sábanas de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán, que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas:
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad, que rompe el rayo,
y en fuego ornáis las desprendidas orlas:
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria…
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!

Gustavo Adolfo Becquer
(1836-1870, España)

Ladrar a la Luna

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¡No desmayes jamás ante una guerra
de torpe envidia y miserables celos!
¿Qué le importa a la Luna, allá en los cielos,
que le ladren los perros en la Tierra?

Si alguien aspira a derribarle, yerra
y puede ahorrarse inútiles desvelos;
no tan pronto se abate por los suelos
el Escorial que tu talento encierra.

¿Que no cede el ataque ni un minuto?
¿Que a todo trance buscan tu fracaso?
¿Que te cansa el luchar…? ¡No lo discuto!

Mas, oye, amigo, este refrán de paso:
¡Se apedrean las plantas que dan fruto!
¿Quién del árbol estéril hace caso?

Marcos Zapata Mañas
(1842 – 1913, España)

De Amy

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¿No tienes cicatrices?
¿Alguna oculta en pie, mano o costado?
Te oigo cantar altivo, y a tu lado
te alaban por tus triunfos tan felices…
¿No tienes cicatrices?

¿No estás tampoco herido?
Yo sí lo fui por hábiles arqueros.
Rodeado de brutales cancerberos,
sangrante hasta la cruz fui conducido.
¿Tampoco estás herido?

¿No hay “marcas del Señor”?
Pues como Cristo el siervo habrá de ser,
y han de herirse sus pies en el deber.
¿Exento estás? ¿Y eres mi servidor?
¿Cómo pruebas tu amor?

Amy Carmichael (El cordón dorado)
(India, 1867-1951)

Paréntesis en Zoología

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(fragmento)

Por la jirafa,
que aspira a morder la Luna;
por la cebra,
que al nacer se revolcó en un banco
recién pintado;
por el asno,
que se robó la flauta de Bartolo
y que piensa -como todo el mundo-
que la grama es verde y que la luna es oro;
por el galápago,
que heredó el peto de Amadís de Gaula
y que afirma, con risa subcutánea,
que su concha de anacrónica Edad Media
fue modelo en las fraguas de la Muerte
para el tanque blindado de esta guerra;
por el ratón,
que anda siempre temiéndole al estoque
de Hamlet;
por el mono,
que ahora sí tiene miedo de ser hombre;
por la mariposa,
cromática reducción del aeroplano;
por el loro,
dictáfono de chicos y grandes de la casa…

Y por todos los que a tiempo no acudieron
al refugio del Arca, y no sintieron
el bronce de las voces patriarcales,
Alicia -Scherezada, Blanca Nieve-
Alicia, mirlo blanco, ¡yo te quiero!
(Del corazón del pez saltó Esmeralda
y Aquiles del talón del oso blanco,
Penélope a la tela de una araña
y el gordo Tartarín a Rocinante).

Luis Pastori
(Venezuela, 1921-2013)