Romanos 6.5

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EL CAMINO DEL GUERRERO 2: ESTILO DE VIDA

Texto: Romanos 12:11-13

Idea central: El camino del guerrero es un estilo de vida, no un evento, y se expresa en una vida agradecida y diligente, que depende de Dios y encuentra su alegría en Él, y que piensa en los demás primero.

Lecciones particulares: El camino de la lucha por ser dignos del Señor (cf. Colosenses 1:10) es el camino del amor. ¿Cómo puedo andar de esta manera en mi vida diaria?

  1. Haciendo todo con diligencia y alegría, sabiendo que es parte de tu entrega a Dios.

    —  Sé diligente en todo cuanto sea tu responsabilidad (v.11a; cf. Colosenses 4:5). Esto aplica en todas las diferentes esferas en las que te desenvuelves –adoración, familia, hogar, iglesia, trabajo, actividades paralaborales…

    —  Todo lo que hagas, hazlo de corazón (v.11b; cf. Col. 3:23-25). En otras palabras, aprende a amar lo que haces y a hacer las cosas con un espíritu agradecido, contento.

    —  Todo lo que hagas, hazlo como para el Señor (v.11c; cf. Col. 3:17). Sea que estés en la iglesia, o sea que estés en tu trabajo, hazlo todo no para tu gloria, sino teniendo a Dios en mente, buscando hacer el bien a los que te rodean.

  2. Poniendo tu alegría en Dios y su promesa, y encontrando fuerza en tu relación con Él.

    —  Interpreta todo lo que sucede en tu vida a la luz de la esperanza que tienes en Jesús (v.12a; Colosenses 3:1-4; Filipenses 4:4): ¡no definas tu alegría en función de las cosas de este mundo!

    —  En medio del dolor, recuerda tu esperanza y que, por negro que esté el horizonte, el Sol prometido un día saldrá (v.12b; cf. Col. 1:10-12): ¡no desmayes, no te rindas, no regreses a tus viejos hábitos!

    —  Evita depender de ti mismo y, más bien, persevera en mantener una conversación abierta con Dios, tu Padre, en todo tiempo, dándole gracias por sus bendiciones y pidiendo su guía y ayuda en todo (v.12c; cf. Colosenses 4:2; Filipenses 4:6,7).

  3. Manejando tus posesiones no para ti mismo, sino para el bien y alivio de los demás.

    —  Permite que tu amor se refleje en cómo usas tu dinero, usando sabiduría para aliviar las necesidades del resto del cuerpo de Cristo (v.13a; Filipenses 4:5,10-19). Evita excusas y no malgastes tu dinero en las cosas de este mundo: modifica tus gustos para que tu alegría sea ayudar a otros.

    —  Practica la hospitalidad (v.13b; Mateo 10:40-42), en carácter y práctica, en lo pequeño y lo grande.

    Nota: Aunque pudiera argumentarse que estas direcciones son dadas en el contexto de la vida eclesiástica, entiendo que el hijo de Dios tiene un carácter nuevo, una naturaleza nueva, y no, simplemente, una forma nueva de comportarse en la iglesia  sino en todo sitio donde se desenvuelva (Romanos 6, 8; Efesios 4:20-24; y muchos otros).

Preguntas de introspección: 

¿Qué define tu vida, la comodidad en tus viejos hábitos o la lucha por ser hijo de Dios? (Efesios 5:1,2) ¿Cómo es tu servicio en los diferentes aspectos de tu vida? ¿Eres diligente en llevar a cabo tus responsabilidades, o eres perezoso y lo haces todo al último minuto? ¿Haces las cosas con excelencia, encontrando deleite en ellas, o las haces como un asalariado, para cumplir? ¿Haces las cosas teniendo a Dios en mente, o las haces para tu propia gloria y para tus dioses?

¿Dónde está tu alegría en el día a día? ¿Qué es lo que te motiva a vivir y trabajar? ¿Dónde está tu placer y qué es lo que te trae alegría cuando estás cansado? ¿Dónde encuentras fuerzas para continuar? ¿Qué tanto tiempo pasas hablando con Dios, compartiéndole tus alegrías y penas? ¿Qué revela tu presupuesto y/o patrón de gastos? ¿Vives, realmente, pensando en el bien ajeno y no, primariamente, en ti mismo y tus gustos? ¿En qué formas puedes practicar la hospitalidad en los ambientes en que te desenvuelves?

Historia sugerida: Historia de la vida de José (Génesis 37:25-28; 39:1-6,17-23; 41:33-44,53-57; 45:1-8).

Jehová (salmos, himnos y cánticos)

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Dijo además Dios a Moisés:Así dirás a los hijos de Israel:»El SEÑOR, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros.» Este es mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de mí de generación en generación. (Exodo 3:15)

Colores

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¡Qué hermosos están los cielos!
¡ Qué bonita la mañana!
¡Cuánta frescura en el campo!
¡Cuánta alegría en el agua!

Corre, corre, mi caballo,
por la veredita blanca,
que bien sabes el camino
donde te guían mis ansias.
No te pares junto al bosque
ni en las frescas enramadas,
hijas del apoyo claro
que de la colina baja.

Sigue, sigue por la senda
que a los dos lados derrama
campos verdes con adornos
de amapolas coloradas.

Ya pasas los olivares,
ya la vereda se acaba…
Y entre las hojas tejidas
de lejos se ve la casa.

¡Qué hermosos están los cielos!
¡ Qué bonita la mañana!
¡Cuánta frescura en el campo!
¡Cuánta alegría en el agua!

Manuel Machado
(España, 1874-1947)

Romanos 6.4

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EL CAMINO DEL GUERRERO 1: ESENCIA Y CARÁCTER

 

Texto: Romanos 12:9,10

Idea central: El camino del guerrero es el camino del amor. Y el camino del amor se resume en vivir para hacerle el bien a nuestro prójimo en la práctica, y hacerlo con cariño.

Lecciones particulares:

— El camino de un hijo de Dios está definido por el amor (cf. 1 Juan 4:7,8), tanto que Pablo asume que amamos y simplemente nos explica cómo debe ser el amor. De hecho, nuestro don y servicio en el cuerpo de Cristo (Romanos 12:3-8; cf. 1 Corintios 12) solo es de provecho si es hecho en el camino del amor (cf. 1 Corintios 12:31-13:3).

¿Qué es, entonces, amar? ¿Es una sentimiento rosado con pintitas amarillas,  siempre cariñoso? ¿O es el amor el hacer el bien a la otra persona, aunque duela?

— Ambas cosas (vv.9,10). Y una sin la otra es una versión incompleta, distorsionada, del amor.

— El amor es verdadero, sin hipocresía, cuando se aparta y aborrece el mal (v.9a). En otras palabras, el camino del amor implica evitar y activamente opnernos a aquello cuyo propósito y/o resultado final es el mal de la otra perona (cf. Romanos 13:10). Esto incluye, por definición, todo cuanto es contra la voluntad de Dios, pero no se limita ahí.

— El amor es verdadero, sin hipocresía, cuando no busca su propio beneficio (cf. 1 Corintios 13:5b), sino que se aplica en hacer el bien (v.9c). En otras palabras, el camino del amor implica ser diligentes en identificar y llevar a cabo de manera tangible aquello cuyo propósito y resultado final es el bien de la otra persona (cf. 1 Juan 3:16-20). En ocasiones, hacerle el bien a alguien implicará herirlo (cf. Proverbios 27:6).

— En la vida diaria, esto no resulta en una persona aislada, odiosa… En la práctica, andar el camino del amor significa ser afectuosos de corazón con los demás, tratándoles con cariño, como a hermanos (v.10a). Conste en acta que este trato cariñoso es el resultado de un corazón que ama y busca el bien de los demás, no una fachada o un intento de, simplemente, “hacer sentir bien”. Implica sonreír, abrazar, bromear y hacer que todos nos sintamos como lo que somos, familia.

— En la vida diaria, esto significa que tratamos a los demás con deferencia, como si fueran nuestros superiores (cf. Filipenses 2:3). En la práctica, andar el camino del amor significa que le damos más importancia a los intereses y el bien ajeno que a nuestro propio beneficio (cf. Filipenses 2:4). Implica no buscar ser los primeros en la fila, los primeros en descansar, los últimos en trabajar, los que se van y dejan el reguero…

Nota que el amor no es nuestra inclinación natural. Caminar en amor es algo que debemos hacer consciente y activamente (Romanos 12:1,2), o no sucederá. Suena pesado y cansón, pero la práctica hace al maestro (cf. Romanos 12:2b; Hebreos 5:14). De hecho, si fuera fácil, todos fuéramos perfectos y Jesús no hubiera tenido que morir.

Preguntas de introspección: ¿Qué define tu vida, la comodidad en tus viejos hábitos o la lucha por ser hijo de Dios? (Efesios 5:1,2) ¿Hacia cuál de los dos extremos tiendes cuando piensas en la naturaleza del amor? ¿Qué te es más fácil valorar y qué tienes que aprender a apreciar de la visión bíblica del amor? ¿En qué formas prácticas puedes conformar tu mente, de modo que seas transformado?

¿En qué formas prácticas luchas para evitar y aborrecer aquellas cosas que son nocivas para los que te rodean? ¿Cómo evitas herir sin necesidad? ¿Cómo luchas en contra de cosas que facilitan el pecado en la vida de los demás? ¿En qué formas prácticas luchas por buscar el bien ajeno? ¿Cómo identificas y te vistes de coraje cuando herir es el camino del amor? ¿Cómo expresas tu fe en tus obras?

 

¿Cómo moldeas tu carácter de modo que puedas expresar cariño auténtico? ¿Cómo cultivas la sinceridad en tus sonrisas, abrazos y familiaridad? ¿Cómo cultivas un corazón que ame a todos, de modo que puedas ser fraternal con todos? ¿En qué formas prácticas puedes hacer que los que te rodean se sientan, realmente, “como en casa”? ¿En qué formas prácticas puedes deponer tu dios natural de ser el más beneficiado, y cultivar una mentalidad y una vida como la de Cristo (cf. Filipenses 2:5-8)?

Historia sugerida: Parábola del buen samaritano (Lucas 10:30-37).

Pregón

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¡Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!

¡Vendo los cirros morados
y rosas, las alboradas,
los crepúsculos dorados!

¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero!

¡Vendo la nieve, la llama
y el canto del pregonero!

Rafael Alberti
(España, 1902-1999)

Romanos 6.3

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UNA CUCHARADA DE HABILIDAD Y DOS MEDIDAS DE FE

Texto: Romanos 12:3-8

Idea central: Todo miembro del cuerpo de Cristo tiene dones y ha recibido gracia de parte de Dios. Nuestra misión es extender esa gracia a los que nos rodean en función del grado de fe que haya recibido.

Lecciones particulares:

— Dios ha dado a cada uno de nosotros porciones diferentes de su gracia, las cuales se expresan a través de nuestras diferentes habilidades (v.6a). El factor determinante de qué tanto podamos comunicar esa gracia es la medida de fe que Dios nos haya dado (v.3c).

— Por tanto, para vivir la buena vida en la iglesia, para vivir una vida de adoración en la iglesia:

  1. Es necesario que identifique cómo Dios me ha diseñado y cuál es la mejor manera de usar mis habilidades para comunicar gracia (vv.3b,6a).
  2. Es necesario que me evalúe no en función de qué tan hábil soy en hacer esto o aquello, sino en función de qué tanto atesoro a Cristo, de qué tanto confío en Cristo, de qué tanto dependo de Cristo, y de qué tanto todo lo anterior afecta mi visión de mí mismo y de los que me rodean (v.3c). El hecho de que tengamos habilidades naturales no asegura que ellas realmente transmitan la gracia de Dios cuando las utilizamos.

— La conclusión natural de una vida de adoración que es consciente de sí misma a la luz de la fe que Dios le ha dado es sencilla: se esfuerza en transmitir la gracia de Dios al resto de sus miembros a través de sus habilidades naturales, dependiendo y confiando en Dios (no en sí misma), y haciendo todo de corazón, no simplemente “para salir del paso” (vv.6-8).

— Nota que una autoevaluación guiada por la fe se caracteriza porque protege contra el orgullo y pensar que no dependo de nadie (v.3). Nota, también, que se caracteriza porque lleva a la conclusión de que Dios también me ha dado dones y gracia, y que yo debo ser diligente en aplicarlos para bendición del cuerpo, protegiéndome de negligencia e indiferencia (vv.6-8).

Preguntas de introspección: ¿Cómo cultivas en tu día a día hábitos que te ayuden a valorar a Jesús por encima de todo lo que te rodea? ¿Qué pasos prácticos tomas para (en verdad) depender de Cristo en todo lo que llevas a cabo? ¿Cómo cultivas confianza en que las promesas de Jesús son ciertas para ti? ¿En qué formas prácticas corriges los defectos en tu percepción de ti mismo y del lugar de los que te rodean? ¿Cuál es tu medida de fe?

¿Cuáles son las cosas que haces bien? De todas tus habilidades, ¿a través de cuál/cuáles necesita el cuerpo de Cristo que comuniques gracia? ¿Cuál es la diferencia entre trabajar por amor y trabajar como un asalariado? ¿Cómo puedes estimar (bíblicamente) si estás comunicando gracia a través de lo que haces?

Historia sugerida: Descripción de la primera iglesia y, en particular, de la vida de Dorcas (Hechos 4:32-37; 9:36-41).