Reconciliación

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«Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación» (2 Corintios 5:18)

¡Oh cielos! El ministerio de reconciliación... no el de servir mesas o colar el café o arreglar los manteles o dar clases de escuela dominical…. Todo ello es necesario, pero secundario a lo primordial, al hecho-trabajo-necesidad de reconciliarnos entre sí.

RECONCILIAR .(Del lat. reconciliāre).
1. Volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos.
2. Restituir al gremio de la Iglesia a alguien que se había separado de sus doctrinas.
3. Oír una breve o ligera confesión.
4. Bendecir un lugar sagrado, por haber sido violado.
5. Confesarse, de algunas culpas ligeras u olvidadas en otra confesión que se acaba de hacer.
6. Confesarse, especialmente de manera breve o de culpas ligeras.

Si solo servimos a quienes queremos, ¿qué hacemos de más? Si solo hablamos con quien amamos, ¿qué hacemos de más? Muy amadas, les propongo aprender a negarnos a nosotras mismas y hacer más visible a Cristo. ¿Cómo? Permaneciendo en Su cruz, en cada momento, en cada relación -incluso si nos maltratan-, quedarnos ahí descansando en la obra de reconciliación que el mismo Cristo hizo: «no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones.»

Y siguiendo adelante con nuestro programa de acción como embajadoras de Cristo.

NO ES BUENO

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…que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea (Génesis 2:18).

El verso no es una mera referencia al matrimonio. Es una referencia para todas las esferas de la vida, como mujeres creadas a imagen de Dios. Esferas como esposa, madre, hija, hermana, ama de casa, profesional, etc. desde el momento mismo de nuestro nuevo nacimiento en Cristo.

El plan divino es sencillo: el primer y más grande mandamiento es «amarás al Señor con todo tu corazón, alma y mente.» Y este llamado no tiene nada qué ver con el género. Todos [y todas] hemos de amarle y servirle así.

«Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.»                                                                    (2 Corintios 3:18).

Para mayores de 50 años

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De Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. Es más: se compraban para la vida de los que venían después. La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. Tiramos absolutamente todo. Ya no hay zapatero que remiende un zapatero, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos. De ‘por ahí’ vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba. Y no es que haya sido mejor, es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo‘, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo‘.Hay que cambiar el auto cada 3 años porque si no, eres un arruinado. Aunque el coche esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre. Me educaron para guardar todo. Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería… ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos…  ¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos!!  los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas.  ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio.

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad y las páginas de los calendarios para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela, y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa. Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Y hoy, sin embargo, deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga.  Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.

2. Frugali…¿qué?

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Frugalidad. Palabra no muy empleada en estos días, y por tanto desconocida para muchos. Sin embargo, muy apta para meditar, porque contiene ideas de serenidad, de templanza, de contentamiento. Ya vimos que la definición del diccionario queda corta, pues solo se refiere a la «parquedad en comida o bebida.»

Frugalidad abarca muchas cosas. Una de ellas se refiere al uso del dinero. Ahorrar es bueno, por ejemplo, pero deja de serlo si economizamos en una área tan solo para gastar en otra. ¿Es ser frugal pagar menos y ya? ¿O quizás, comprar menos y evitar acumulación o cautividad a las cosas?

Pienso que frugalidad no es gastar menos, sino aprender a vivir con menos.

E.

Burrómetro

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A medida que Dios bendice tu ministerio, o  abre puertas para ti, fuera bueno recordar el consejo del Dr. A.W Tozer:

«Es el primer Domingo de Ramos y he aquí Jesús viene cabalgando sobre un asno, entrando a Jerusalén. La multitud entona ¡Hosanna! ¡Hosanna! El viejo burro endereza sus orejas. Algunos de entre la multitud tiran sus mantos al suelo mientras otros esparcen ramos de palmas.

-Vaya-, dice el burro para sí, y espanta una mosca. -No tenía ni idea de cuánto me apreciaban. Escuchen esos hosannas, por favor. Realmente debo valer mucho.»

Cuando alguien te diga «qué bien hiciste tal cosa, eres la mejor del mundo» recuerda que lo único significativo que has hecho fue traer a Jesús hacia ellos.

Mantener este pensamiento te ayudará al objetivo de dar a Dios la gloria que solo pertenece a Dios.

A.W Tozer, citado por Carol Kent en What I wish I’d Known, 2014 Kirkdale Press.

Frugalidad.1

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frugalidad.
(Del lat. frugalĭtas, -ātis).
1. Templanza, parquedad en la comida y la bebida.

Si solamente hacemos caso a esta definición del Diccionario nos quedaremos cortas, muy cortas. ¿Cómo así? Oh, porque no ofrece garantía de que una persona frugal sea menos adicta al dinero o esté menos bajo el control del dinero que aquella que gasta todo lo que tiene (y más, ejem).

Dice T.Challies que «la frugalidad no es buena en sí misma. Es el tipo de cosas que puede enmascarar y presentar un ídolo como si fuera un bien.»  Lo importante es el corazón. Si eres frugal al punto de no comprar lo necesario incluso teniendo el dinero, o te resistes a dar para otros que tú sabes están en necesidad, ten por seguro que caíste en un pozo. El pozo de la frugalidad.

¿Tenemos fe en Dios? ¿Confiamos en que El proveerá? Dios tiene que ver con todos los aspectos -grandes y pequeños- de nuestra vida. Luego entonces debo conocer dónde está el balance, aprender a vivir en el punto preciso entre confianza en las promesas de nuestro Señor y mi necesidad de control financiero, y en el camino destruir ídolos.

Ups!

«Ser frugal no es un fin en sí mismo. Es o debe ser un medio para dar gloria a Dios y servir a otros.»

E.

Si gastara «mi» dinero

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1. ¿Cómo actúo? ¿Como la única propietaria o como administradora del Señor?

Salmo 24:1 Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que en él habitan.

2. ¿Hay algún pasaje o texto bíblico que requiera gastar dinero de tal o cual manera? La Escritura provee guías:  sostén de mi persona y la familia, sostén de mi iglesia, ayuda a los pobres y muchos otros fines. Hasta incluye una porción para regalos y entretenimiento y disfrute de las cosas buenas de este mundo [es decir que la pregunta no va en contra de ello]. Nos referimos a si ejercitamos uso balanceado y bíblico de «nuestro» dinero.

3. ¿Puedo ofrecer esta compra como un sacrificio al Señor? Errr… la verdad es que esta pregunta es reveladora de dónde residen las alianzas de mi corazón.

4. ¿Me recompensará el Señor por este gasto, cuando El vuelva otra vez? ¿Me dirá «bien hecho, buen siervo fiel»?

Amadas, para reflexión y análisis.

E.

Adaptar y Transformar

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Según el Diccionario de Lengua Española,

adaptar.
(Del lat. adaptāre).
1. Acomodar, ajustar algo a otra cosa.
2. Hacer que un objeto o mecanismo desempeñe funciones distintas de aquellas para las que fue construido.
3. Modificar una obra científica, literaria, musical, etc., para que pueda difundirse entre público distinto de aquel al cual iba destinada o darle una forma diferente de la original.
4. Dicho de una persona: Acomodarse, avenirse a diversas circunstancias, condiciones, etc.
5. Dicho de un ser vivo: Acomodarse a las condiciones de su entorno.

transformar.
(Del lat. transformāre).
1. Hacer cambiar de forma a alguien o algo.
2. Transmutar algo en otra cosa.
3. Hacer mudar de porte o de costumbres a alguien.

Bianka tiene razón. Adaptar es tomar en cuenta lo de afuera para modificar algo interno. Transformar es cambiar radicalmente -transmutar- lo interno y proyectar ese cambio hacia afuera, al entorno.

Interesante que Pablo, sin tener Diccionario, hace una clara distinción: «y no os adaptéis… sino transformaos…» evidenciando nuestra necesidad de ser llevadas a otro tipo de mentalidad. Una mente que se ocupa de andar en la voluntad de Dios, no simplemente en los planes de Dios.

Con gratitud a El,

E.

¿Cómo acercarnos a la Palabra de Dios?

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«En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.» Juan 13:35

Interesante. El verso no habla de regalos, dones, milagros, academia, etc., como evidencia de ser discípulas de Cristo, sino de amor, gracia pura y sencilla al alcance de cada una de nosotras.

¿Te das cuenta que al conocer acerca de Dios -estudiando Su revelación escrita- también nos conocemos a nosotras mismas? Conocer a Dios es lo primero. Hemos de aprender y aprehender quién es Dios,  Su carácter, Sus cualidades y atributos, sus modos de operación, y en el proceso crecer en amor consciente hacia El -con toda nuestra mente, alma y corazón. Observa que este mandato no tiene límites, no está restringido a la edad o el género o alguna otra cosa.

Las mujeres necesitamos buena teología por varias razones: primero, porque porque Cristo mismo lo asevera (Lucas 10:42), segundo, porque es nuestro gozo (Salmo 34:8), y tercero, porque es para Su gloria.

Somos lo que creemos.

BIENVENIDA

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Queridas, salud para el alma desde las soleadas arenas del trópico dominicano mediante el estudio cuidadoso de la Palabra de Dios. Nuestra intención es descubrir a Dios con toda nuestra mente, amarle con todo el corazón y servirle con todas nuestras fuerzas.

«Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios:lo que es bueno, aceptable y perfecto.» Romanos 12:2

MINISTERIO DE DAMAS
IGLESIA BAUTISTA DE LA GRACIA, SANTIAGO R.D.

Felices de pertenecer a una iglesia local, nos interesa grandemente la adquisición y desarrollo de cualidades que sirvan a la edificación del cuerpo de Cristo.
Somos conscientes del alto porcentaje de mujeres que componen la membresía de cualquier iglesia local, y la nuestra no escapa a esta tendencia. Es imperativo que aprendamos Teología porque Dios ama a su iglesia, Cristo nos ama de tal modo que quiere que toda su iglesia, incluyendo las mujeres, “lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios” (Efesios 4:13, LBLA).

Vivimos en una época donde abunda el acceso a estudios bíblicos, donde se publican miríadas de libros, comentarios, notas personales, sermones, etc. Donde corremos el riesgo de reemplazar el estudio de la Biblia con estudios sobre la Biblia.

¿Cómo discernir, ministrar, de tal modo que seamos equipadas apropiadamente? ¿Cómo estimular la capacidad de leer con entendimiento? ¿Cuál es nuestra responsabilidad al estar bajo la Palabra de Dios?

Nuestro motto es sencillo: “Gente como nosotras hace cosas como estas.
¿Cuáles cosas? …todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay virtud alguna o algo que merece elogio, en esto meditad…(Filipenses 4:8).

¿De qué manera? Discipulando al modo de Cristo: uno a uno, de cerca, con Cristo (Marcos 3:14 Y designó a doce, para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar). Para el desarrollo de una mentalidad espiritual corporal que impacte todas nuestras áreas de influencia. Aprendiendo a ser lo que creemos, día a día, en oración, bajo el yugo de Cristo y Su Palabra.

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¿Qué necesita la iglesia de y para un ministerio de damas? Desarrollo de teología sana donde las contribuciones de la mujer sean vistas con la visión adecuada.

1. Ofrecemos perspectiva única al menos de 4 formas distintas:
– Pensamos diferente a los hombres, vemos cosas que ellos no ven, etc.
– Ofrecemos enseñanza, porque Dios nos ha dado talentos. Dios no malgasta dones.
– Entendemos muy bien lo que es sentir miedo; lo que es ser dadoras de vida; lo que es ser vulnerables (no en balde son 9 meses de embarazo).
– Cuido del alma o consejería si queréis…
2. Conexión: Los dones son valiosos. Activamente ayudar a otras a ser excelentes, a crear modos de aplicar sus talentos. Abogar por ellas, buscando y productivamente identificando y apropiando (delegando!). Procurando que sirvan y otorgando credibilidad.

3. Hijos e hijas necesitan ver mujeres cultivadas, piadosas, que oran. Valorar y honrar el tiempo, remover barreras de participación, promover recursos, organizar relaciones de tutoría, en fin.

En honestidad, no hay una fórmula universal que determine cuánto hemos de aprender o estudiar. Saboreamos el privilegio de ser capaces, según necesidad y oportunidad. No todo el mundo es llamado a conseguir un PhD en Teología; pero todo el mundo es llamado a ser fiel con lo que Dios le haya otorgado. Damos, pues, de gracia, lo que de gracia hemos recibido.

Gracia, misericordia, y paz.
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