The fly’s revenge

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“So” -said a fly, as he paused and thought

how he had just been brushed about,

“they think, no doubt, I am next to nought 

put into life but to be put out!”

*

“Just as if, when our Maker planned

his mighty scheme, he had quite forgot

to grant the work of his skillful hand,

the peaceful fly, an biding spot!”

*

“they grudge me even a breath of air,

a speck of earth and a ray of sun!

This is more than a fly can bear;

now I’ll pay them for what they’ve done!”

*

First he lit on the idle thumb

of a poet; and «now for your thoughts” -said he,

“wherever they soar, I”ll make them come

down, from their towering flight, to me.”

He went and tickled the nasal tip

of a scholar, and over his brain let slip

a chain of gems, that had just been strung.

*

Off to a crowded church he flew,

and over the faces boldly stepped;

pointing out to the pastor’s view,

how many sheep in the pasture slept;

he buzzed about a lady’s ear,

just as a youth, with piteous sigh,

popped the question she would not hear,

and only answered, “a saucy fly!”

*

He washed his feet in the worthless tear

a belle at the theatre chanced to weep;

“rouge in the bath” -he cried, “my dear,

your cheek has a blush that is not skin deep!”

*

On the astronomer’s pointed glass

he leisurely stood and stretched his wing;

for here, he knew, he was sure to pass

for quite a great and important thing.

*

“Now is the time -said he- my man,

to measure the fly from head to heel!

Number the miles, and, if you can,

name the planets that I conceal”

“What do you call the twinkling star

over the spot that you see me tread,

and the beatiful cluster of lights afar,

ranged in the heavens above my head?”

*

“Ah! It is station that swell us all,

at once, to a size that were else unknown!

And now, if ever I hear you call

my race and order beneath your own,

I’ll tell the world of this comic scene

and how will they laugh to hear that I,

small as you think of me, can stand between

you and your views of the spacious sky!”

Hannah Flagg Gould.  EEUU (1789-1865)

Salmo 103:14-16

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Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo. El hombre, como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo, Que pasó el viento por ella, y pereció,Y su lugar no la conocerá más. 

Nuestra cultura trata de posponer la muerte a toda costa, desesperadamente. Sin embargo, las vitaminas, el ejercicio y las dietas saludables acabarán siendo inútiles porque, como dice Santiago 4.14 «Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.» Todos moriremos, pero los creyentes no tienen por qué temer. De hecho, el apóstol Pablo nos asegura que, lejos de ser un cambio terrible, la muerte física, en realidad, lleva a los creyentes a casa para estar con el Señor para siempre, «pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.»  (2 Corintios 5:8).

«Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.» (Filipenses 1:21).

En última instancia, ninguno de nosotros tiene control sobre la duración de nuestra vida, porque todos los días ordenados para nosotros ya han sido escritos en el libro de Dios, «Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación;» (Hechos 17:26). Por tanto, lo importante es cómo usamos los días que Él nos ha asignado. Al compartir el amor del Señor de cerca y de lejos, debemos recordar que nuestra ciudadanía está en el cielo, «Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;» (Filipenses 3:20); estamos de paso en esta vida terrenal como viajeros. Si nos volvemos demasiado cómodos aquí o buscamos encontrar nuestra seguridad y valor en el éxito mundano, no será posible mantener una perspectiva eterna.

¿Se ha distraído usted de lo eterno al vivir para disfrutar de lo temporal? La manera de cambiar su enfoque hacia el cielo es conocer y amar a Aquel que mora allí.

«Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo…» (Efesios 5:15-16).

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Salmo 63:1-2

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Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario.

Probablemente ha oído decir que la comida más importante del día es el desayuno. Un concepto parecido se aplica a nuestro corazón y a nuestra mente. El combustible que les damos cada mañana afecta en gran medida el resto del día.

David comenzaba su día con Dios. En el Salmo 63, dice que buscaba al Señor de madrugada (encarecidamente). Se despertaba con hambre de su Creador, y después de llenar su anhelante alma con la plenitud de Dios, exclamaba alabanzas y acciones de gracias al Señor. Incluso, al llegar la noche, en su cama, seguía pensando en su Padre celestial.

Imagine lo que es tener un día así, lleno de gozo y de gratitud a Dios, desde temprano hasta tarde por la noche. Esto es posible cuando apartamos el comienzo del día para pasarlo con el Señor, escuchando cómo nos habla a través de su Palabra, a la vez que nosotros le abrimos nuestro corazón en oración.

¿Le resulta difícil a usted pasar tiempo con el Señor cada mañana? Los hábitos que duran toda una vida comienzan con pasos pequeños, no grandes, y con resoluciones determinantes. Comience hoy, apartando al menos quince minutos en la mañana, especialmente antes de llenarse de una lista larga de compromisos. Hágalo durante varios días, y verá como el Señor empieza a satisfacer su alma y a aumentar su hambre de Él. 

«¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.» (Salmos 119:97).

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Aged

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Aged man, with locks so hoary,

high estate dost thou possess!

They appear thy crown of glory

in the way of righteousness.

*

Jewels, not of man’s preparing,

form the shining diadem,

thou art from thy sovereign wearing:

God’s own finger silvered them.

*

Thine are honors, proved and heightened

by the gift of lengthened years;

in afliction’s furnace brightened,

tried by cares, and washed with tears.

*

Like thy Master, meek and lowly,

thou a thorny earth hast trod;

with thy breast a high and holy

temple of the living God.

*

Aged saint, thy form is bending,

sere and withered, to the tomb;

but thy spirit, upward tending,

budded for immortal bloom.

Hannah Flagg Gould.  EEUU (1789-1865)

Lucas 14:33

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Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica lo que hablaba Cristo cuando dijo: “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23).

Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.

Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios. 

Hágase un auto análisis, ¿se puede decir lo mismo de usted?

«Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.» (1 Corintios 10:31).

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Deuteronomio 4:29

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Pero desde allí buscarás al Señor tu Dios, y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma.

Encontraremos a Dios cuando lo busquemos con todo nuestro corazón. Esa es una promesa bíblica en la que podemos confiar. Pero ¿qué hay que hacer para buscarlo?

Primero, debemos mostrar ciertas actitudes. Las Sagradas Escrituras nos instan a buscarlo de todo corazón, con diligencia, de continuo, con confianza y humildad. Estas cualidades son esenciales para el aprendizaje y el crecimiento espiritual.

Luego nos adentramos en la Palabra de Dios, estudiándola y meditándola con un corazón receptivo. También adoptamos la disciplina de la oración, porque es la manera principal de comunicarnos con Él, y Él con nosotros.

El siguiente paso es detenerse a pensar cómo está Dios trabajando en nuestras circunstancias. Piense en sus muestras de fidelidad para con usted en el pasado, y verá señales de cómo obró, aun en momentos de adversidad en su vida. Incluso, usted puede reconocer la participación del Señor en la vida de otros creyentes, y esa conciencia también puede enriquecer su crecimiento.

Cuando buscamos a Dios, descubrimos la capacidad de amarlo y servirlo. Si usted se ha sentido apático (indiferente o dejado) hacia el Padre celestial, piense en la posibilidad de buscarlo en una de las maneras que acabamos de describir, y ore para que eso despierte su amor por Él. 

«Cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras.» (Salmos 145:18).

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Jonás 1:3

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Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

¿Alguna vez se ha negado a obedecer a Dios porque sus instrucciones eran algo que usted no quería hacer?

Ese fue el caso de Jonás. Los habitantes de Nínive eran asirios, un pueblo conocido por su agresividad y crueldad. Como eran enemigos de Israel, Jonás pensó que tenía una buena razón para resistir la orden del Señor de predicarles.

Aunque el objetivo era atraer a los ninivitas al arrepentimiento a través de la predicación de Jonás, el Señor también estaba trabajando para cambiar el espíritu carente de amor del profeta —Jonás no quería que esos gentiles experimentaran la gracia divina y el perdón. Aunque al final obedeció y fue a Nínive, su corazón no cambió.

Lo mismo puede ocurrirnos a nosotros. Es posible cumplir con las formalidades de la obediencia mientras que todavía albergamos resentimiento, ira y un espíritu rebelde. Primera a los Corintios 13.1-3 nos advierte que aun nuestros más grandes actos de obediencia, hechos sin amor, no nos benefician en nada. «si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.» (1 Corintios 13:3).

El Padre celestial quiere más que un cumplimiento de mala gana; quiere que hagamos su voluntad de corazón, «no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios;» (Efesios 6:6).

La próxima vez que usted sea reacio (se resista) a obedecer al Señor, pídale que cambie su corazón. Él quiere que sus hijos no solo obedezcan, sino que también se deleiten en hacer su voluntad.

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