Juan 14:21

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El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama...

Si pudiera simplificar la vida cristiana a una sola cosa, sería la obediencia. No quiero decir simplemente obediencia externa, sino un espíritu de obediencia. No es como la niñita que siguió de pie después que su padre le había dicho muchas veces que se sentara. Por último su padre le dijo: “Siéntate, o voy a darte una disciplina”. Ella se sentó pero miró hacia arriba y dijo: “Estoy sentada, ¡pero en mi corazón estoy de pie!” Obediencia externa pero desobediencia en el corazón. Un cristiano ha de estar dispuesto a obedecer externamente, pero mayormente de corazón. 

«Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;» (Isaías 29:13). 

Una evidencia de madurez espiritual es amar a Dios tanto como para obedecerlo aun cuando es difícil. Dios es glorificado cuando de buena gana lo obedecemos cueste lo que cueste. Cada vez que obedecemos, crecemos espiritualmente, y cada vez que desobedecemos, retardamos nuestro crecimiento. 

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Anónimo

En el otoño

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Hoy,

en el otoño de nuestras vidas,

abrazamos y acariciamos

con infinita nostalgia,

miles de recuerdos.

La travesura escondida,

los primeros besos fortuitos,

robado el amor imposible que nos ignoró siempre,

los nervios ante exámenes difíciles,

el vestido sin estrenar,

la amiga que nos traicionó

o aquella que alzó sus alas y nos dejó.

Hoy,

viviendo el otoño,

disfrutamos de las hojas caídas,

del sol brillante que anuncia los días,

de la luna traviesa que se esconde entre las nubes.

Hoy,

viviendo en el otoño existencial

nos reímos de aquello que nos atormentaba,

nos perdonamos por no haber llegado a donde quisimos llegar.

Viviendo el otoño de nuestras vidas

el valor de las cosas cambia de sentido.

Valoramos más los abrazos,

los amigos sinceros,

los besos furtivos de los hijos construyendo sus vidas,

los besos mojados de los nietos inquietos.

Amamos diferente y más profundamente al compañero de vida,

sí, ese que ha hecho la travesía vital a tu lado.

Valoramos la soledad y la compañía.

Esa doble dimensión de saber estar sola contigo misma

y compartir tu alma y sus anhelos con tus amigas.

Hoy,

viviendo mi propio otoño

no tengo lamentos, remordimientos y temores.

Solo quiero disfrutar cada día,

tener sueños,

planes y proyectos.

Y decir gracias al Dios de la vida

mientras espero el frío invierno existencial

y, por qué no, la despedida.

Mukien A. Sang Ben. Rep. Dominicana (1955 – )

El caracol herido

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El caracol Colcol,

el otro día,

no sacó sus cuernos al sol

porque llovía.

El caracol Colcol,

cuando dormía la siesta,

rodó por una cuesta

y se rompió la testa.

(Se estrelló en la carretera).

Le vió un perro galgo.

-Señor caracol, ¿le pasa algo?

-¡Ay, ay, ay, de ésta no salgo!

-¿Se ha roto la cabeza?

-¡No! ¡Me he roto la casa!

Llévame al veterinario

que me ponga una gasa,

una gasa, una gasa.

-Mejor, un esparadrapo

-dijo el doctor don Sapo.

-Doctor don Sapo, usted sepa

que tengo goteras;

la lluvia cala mi casa,

que me he roto la azotea.

El veterinario le operó.

Le curó la concha,

le juntó los pedazos,

le puso unas tiritas

de arriba abajo.

¡Qué trabajo!

Después le escayoló

y el caracol Colcol

se convirtió

en una pelota de pimpón.

Cuando le quitaron la escayola,

el caracol sacó los cuernos y dijo:

-¡Hola!

Gloria Fuerte.

España (1908-1998)

2 Corintios 12:9

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Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12:9).

Los problemas y el sufrimiento que experimentamos en la vida no ocurren solo por que sí. Dios actúa a través de ellos para nuestro bien. Es posible que no nos guste o no entendamos con exactitud lo que hace, pero conocer algunos de sus objetivos nos ayuda a confiar en Él y cooperar para cosechar los beneficios de la aflicción. Veamos algunos;

    ■Protección: Después de que el apóstol Pablo orara con fervor para que su aguijón en la carne le fuera quitado, Dios le reveló que era una protección contra el orgullo. Todos tenemos aspectos de debilidad que podrían llevarnos al pecado, y Dios en su sabiduría sabe cómo protegernos.

    ■Dependencia: El aguijón de Pablo, que lo hacía débil, también lo enseñó a depender de la gracia y del poder de Cristo. De la misma manera, los problemas a menudo nos impulsan a buscar al Señor con humilde dependencia; para entonces estar en posición de recibir la fortaleza divina que Él promete darnos.

    ■Perspectiva divina: Cuando el apóstol Pablo entendió al fin lo que el Señor trataba de hacer, vio su sufrimiento de manera diferente. Dejó de centrarse en su aflicción como un dolor y un obstáculo, y se sintió contento. Pudo regocijarse porque reconoció que el poder de Cristo en él era más importante que verse libre del dolor. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:13).

A menos que reconozcamos y entendamos que Dios siempre prioriza lo eterno sobre lo temporal, no entenderemos el valor del dolor en la aflicción.

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Anónimo

Romanos 5:1-2

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Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios (Romanos 5:1-2).

Los rápidos cambios del mundo pueden darnos una sensación de inquietud e incertidumbre. Podemos vernos agobiados por el sufrimiento a nuestro alrededor, la evolución de la tecnología que supera nuestra capacidad de absorberla, y la fluctuación diaria de los mercados financieros.

A medida que los problemas aumentan, aumenta el desaliento y perdemos esperanza. Sin embargo, basar nuestras esperanzas en la capacidad del hombre para resolver problemas o modificar una situación no es la solución. Solo obtenemos paz temporal cuando cambian las circunstancias o nuestra actitud exterior.

El problema de fondo es espiritual, es decir, el hombre tiene una naturaleza pecaminosa que está en enemistad con Dios. El pecado nos impulsa a mirar por nosotros mismos y buscar lo que deseamos. Ni nuestro intelecto ni nuestro talento cambian nuestra condición pecaminosa ni nos da paz. Pero quienes confían en Cristo como Salvador reciben una nueva naturaleza y se reconcilian con el Señor. Como sus hijos, no solo estamos en paz con Él, sino también recibimos poder para vivir en armonía unos con otros.

No importa cuánto cambie la vida o el mundo, continuamos con esperanza, ya que estamos anclados a un fundamento firme que nunca será sacudido.

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Anónimo

Avería en el mar

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El mar se acaba en el mar,

en su tejado de olas

que tienen forma de tejas

y forma de caracolas.

En los tejados del mar,

adivinanza adivina,

las brujas son los delfines

y los gatos las sardinas.

En los tejados del mar

cuando se rompe una teja,

se sale el mar como loco

y se asustan las sirenas;

a esto lo llamo avería,

otros lo llaman galerna.

Y Dios es el albañil

que baja a arreglar las tejas. 

Gloria Fuerte.

España (1908-1998)

Juan 6:26-27

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Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre (Juan 6:26-27).

Cuando Cristo estuvo en la tierra, lo seguía una vasta multitud. Venían por muchas razones, algunas nobles, otras egoístas. Lo mismo ocurre hoy en día. Es importante entender lo que motiva a la gente a venir a Cristo, ya que no todos los que lo buscan son seguidores en verdad. De hecho, cada uno de nosotros debe analizar su propio caminar y preguntarse: ¿Qué es lo que quiero de Él? ¿Qué tan comprometido estoy a ser su discípulo?

Muchas de las personas que siguieron a Jesucristo lo hicieron porque tenían necesidades que solo Él podía satisfacer. Dondequiera que iba, le llevaban enfermos y endemoniados.

Otros venían por sensacionalismo, para ver señales y milagros y sentir el placer de la emoción. Hoy en día, algunas personas asisten a la iglesia para animarse. Pero las experiencias gloriosas en las alturas siempre son seguidas por experiencias difíciles en el valle.

Los discípulos de Cristo lo siguieron porque de verdad creían que era el Mesías, el mismo Hijo de Dios, «Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» (Mateo 16:16). Su compromiso iba más allá de las emociones. Querían conocer a Cristo y caminar con Él.

¿Está usted más interesado en lo que Dios puede hacer a su favor, que en estar con Él? Nuestras necesidades físicas y emocionales pueden llevarnos al Señor, pero no pueden sostener nuestro caminar con Él. Considere la perspectiva de comenzar revaluando su compromiso con el Señor.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. Salmos 139:23-24.

Lee, Medita y Aplica!

Anónimo