Mateo 14:29-31
EstándarY él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
El temor intentará dominar y gobernar nuestro corazón para guiarnos a pensamientos incorrectos, pero hemos de permanecer enfocados en Jesús para lograr lo que nunca antes hemos alcanzado: caminar sobre los problemas.
No te distraigas ni pongas tu mirada en situaciones y lugares equivocados, porque perderás la orientación y terminarás cayendo. Cuando quitas la mirada de Jesús y comienzas a mirar a otras cosas y aún a confiar en personas, tiendes a compararte con ellas y a dejar de buscar el propósito de Dios para ti. Socialmente estamos rodeados de modelos equivocados que se miden por lo que tienen y no por lo que son. Modelos vacíos, huecos, sin valores ni principios.
Cuando dejamos de mirar a Jesús, fijamos nuestros ojos en las cosas que nos rodean y somos deslumbrados por atracciones mentirosas que Satanás mismo nos ofrece. Buscará seducirnos, incentivará nuestras sensaciones y emociones para que quitemos nuestra mirada del Señor. Debemos alejarnos de todo lo que pretenda hacernos apartar nuestros ojos de Jesús.
Por último, la otra gran trampa está dentro de nosotros mismos: al mirarnos, luego nos concentramos en fracasos, y nos sentiremos atrapados en un pozo de depresión. Concentrarse en frustraciones nos llevará al camino de la desilusión.
La vida cristiana es una invitación a caminar en medio de las tormentas, pero podremos hacerlo cuando tenemos nuestra vista sobre la Persona correcta: «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…» (Hebreos 12:2).
Mientras así lo hagamos, nuestros pasos serán firmes.
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Anónimo
Romanos 6:4
Estándar...Así también nosotros andemos en vida nueva
El propósito del sacrificio expiatorio de Cristo fue que “…nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia…” (1 Pedro 2:24). Pedro no dice que Cristo murió para que pudiéramos ir al cielo, tener paz o experimentar el amor (aunque es parte de los beneficios que recibimos). Él murió para efectuar una transformación: hacer santos de pecadores. La obra expiatoria de Cristo permite que una persona se aparte del pecado y que entre en una nueva forma de vida: una vida de justicia.
El apóstol Pablo dijo: “…Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). Hemos muerto al pecado, de modo que ya no tiene poder sobre nosotros. Nuestra identificación con Cristo en su muerte es un abandono del pecado y una nueva dirección en la vida.
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.» (2 Corintios 5:17).
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Anónimo
S,H,C espirituales
EstándarJuan 14:21
EstándarEl que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama...
Si pudiera simplificar la vida cristiana a una sola cosa, sería la obediencia. No quiero decir simplemente obediencia externa, sino un espíritu de obediencia. No es como la niñita que siguió de pie después que su padre le había dicho muchas veces que se sentara. Por último su padre le dijo: “Siéntate, o voy a darte una disciplina”. Ella se sentó pero miró hacia arriba y dijo: “Estoy sentada, ¡pero en mi corazón estoy de pie!” Obediencia externa pero desobediencia en el corazón. Un cristiano ha de estar dispuesto a obedecer externamente, pero mayormente de corazón.
«Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;» (Isaías 29:13).
Una evidencia de madurez espiritual es amar a Dios tanto como para obedecerlo aun cuando es difícil. Dios es glorificado cuando de buena gana lo obedecemos cueste lo que cueste. Cada vez que obedecemos, crecemos espiritualmente, y cada vez que desobedecemos, retardamos nuestro crecimiento.
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Anónimo
En el otoño
EstándarHoy,
en el otoño de nuestras vidas,
abrazamos y acariciamos
con infinita nostalgia,
miles de recuerdos.
La travesura escondida,
los primeros besos fortuitos,
robado el amor imposible que nos ignoró siempre,
los nervios ante exámenes difíciles,
el vestido sin estrenar,
la amiga que nos traicionó
o aquella que alzó sus alas y nos dejó.
Hoy,
viviendo el otoño,
disfrutamos de las hojas caídas,
del sol brillante que anuncia los días,
de la luna traviesa que se esconde entre las nubes.
Hoy,
viviendo en el otoño existencial
nos reímos de aquello que nos atormentaba,
nos perdonamos por no haber llegado a donde quisimos llegar.
Viviendo el otoño de nuestras vidas
el valor de las cosas cambia de sentido.
Valoramos más los abrazos,
los amigos sinceros,
los besos furtivos de los hijos construyendo sus vidas,
los besos mojados de los nietos inquietos.
Amamos diferente y más profundamente al compañero de vida,
sí, ese que ha hecho la travesía vital a tu lado.
Valoramos la soledad y la compañía.
Esa doble dimensión de saber estar sola contigo misma
y compartir tu alma y sus anhelos con tus amigas.
Hoy,
viviendo mi propio otoño
no tengo lamentos, remordimientos y temores.
Solo quiero disfrutar cada día,
tener sueños,
planes y proyectos.
Y decir gracias al Dios de la vida
mientras espero el frío invierno existencial
y, por qué no, la despedida.
Mukien A. Sang Ben. Rep. Dominicana (1955 – )
S,H,C espirituales
EstándarEl caracol herido
EstándarEl caracol Colcol,
el otro día,
no sacó sus cuernos al sol
porque llovía.
El caracol Colcol,
cuando dormía la siesta,
rodó por una cuesta
y se rompió la testa.
(Se estrelló en la carretera).
Le vió un perro galgo.
-Señor caracol, ¿le pasa algo?
-¡Ay, ay, ay, de ésta no salgo!
-¿Se ha roto la cabeza?
-¡No! ¡Me he roto la casa!
Llévame al veterinario
que me ponga una gasa,
una gasa, una gasa.
-Mejor, un esparadrapo
-dijo el doctor don Sapo.
-Doctor don Sapo, usted sepa
que tengo goteras;
la lluvia cala mi casa,
que me he roto la azotea.
El veterinario le operó.
Le curó la concha,
le juntó los pedazos,
le puso unas tiritas
de arriba abajo.
¡Qué trabajo!
Después le escayoló
y el caracol Colcol
se convirtió
en una pelota de pimpón.
Cuando le quitaron la escayola,
el caracol sacó los cuernos y dijo:
-¡Hola!
Gloria Fuerte.
España (1908-1998)
2 Corintios 12:9
EstándarY me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12:9).
Los problemas y el sufrimiento que experimentamos en la vida no ocurren solo por que sí. Dios actúa a través de ellos para nuestro bien. Es posible que no nos guste o no entendamos con exactitud lo que hace, pero conocer algunos de sus objetivos nos ayuda a confiar en Él y cooperar para cosechar los beneficios de la aflicción. Veamos algunos;
■Protección: Después de que el apóstol Pablo orara con fervor para que su aguijón en la carne le fuera quitado, Dios le reveló que era una protección contra el orgullo. Todos tenemos aspectos de debilidad que podrían llevarnos al pecado, y Dios en su sabiduría sabe cómo protegernos.
■Dependencia: El aguijón de Pablo, que lo hacía débil, también lo enseñó a depender de la gracia y del poder de Cristo. De la misma manera, los problemas a menudo nos impulsan a buscar al Señor con humilde dependencia; para entonces estar en posición de recibir la fortaleza divina que Él promete darnos.
■Perspectiva divina: Cuando el apóstol Pablo entendió al fin lo que el Señor trataba de hacer, vio su sufrimiento de manera diferente. Dejó de centrarse en su aflicción como un dolor y un obstáculo, y se sintió contento. Pudo regocijarse porque reconoció que el poder de Cristo en él era más importante que verse libre del dolor. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:13).
A menos que reconozcamos y entendamos que Dios siempre prioriza lo eterno sobre lo temporal, no entenderemos el valor del dolor en la aflicción.
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Anónimo