Romanos 5:1-2

Estándar

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios (Romanos 5:1-2).

Los rápidos cambios del mundo pueden darnos una sensación de inquietud e incertidumbre. Podemos vernos agobiados por el sufrimiento a nuestro alrededor, la evolución de la tecnología que supera nuestra capacidad de absorberla, y la fluctuación diaria de los mercados financieros.

A medida que los problemas aumentan, aumenta el desaliento y perdemos esperanza. Sin embargo, basar nuestras esperanzas en la capacidad del hombre para resolver problemas o modificar una situación no es la solución. Solo obtenemos paz temporal cuando cambian las circunstancias o nuestra actitud exterior.

El problema de fondo es espiritual, es decir, el hombre tiene una naturaleza pecaminosa que está en enemistad con Dios. El pecado nos impulsa a mirar por nosotros mismos y buscar lo que deseamos. Ni nuestro intelecto ni nuestro talento cambian nuestra condición pecaminosa ni nos da paz. Pero quienes confían en Cristo como Salvador reciben una nueva naturaleza y se reconcilian con el Señor. Como sus hijos, no solo estamos en paz con Él, sino también recibimos poder para vivir en armonía unos con otros.

No importa cuánto cambie la vida o el mundo, continuamos con esperanza, ya que estamos anclados a un fundamento firme que nunca será sacudido.

Lee, Medita y Aplica!

Anónimo

Avería en el mar

Estándar

El mar se acaba en el mar,

en su tejado de olas

que tienen forma de tejas

y forma de caracolas.

En los tejados del mar,

adivinanza adivina,

las brujas son los delfines

y los gatos las sardinas.

En los tejados del mar

cuando se rompe una teja,

se sale el mar como loco

y se asustan las sirenas;

a esto lo llamo avería,

otros lo llaman galerna.

Y Dios es el albañil

que baja a arreglar las tejas. 

Gloria Fuerte.

España (1908-1998)

Juan 6:26-27

Estándar

Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre (Juan 6:26-27).

Cuando Cristo estuvo en la tierra, lo seguía una vasta multitud. Venían por muchas razones, algunas nobles, otras egoístas. Lo mismo ocurre hoy en día. Es importante entender lo que motiva a la gente a venir a Cristo, ya que no todos los que lo buscan son seguidores en verdad. De hecho, cada uno de nosotros debe analizar su propio caminar y preguntarse: ¿Qué es lo que quiero de Él? ¿Qué tan comprometido estoy a ser su discípulo?

Muchas de las personas que siguieron a Jesucristo lo hicieron porque tenían necesidades que solo Él podía satisfacer. Dondequiera que iba, le llevaban enfermos y endemoniados.

Otros venían por sensacionalismo, para ver señales y milagros y sentir el placer de la emoción. Hoy en día, algunas personas asisten a la iglesia para animarse. Pero las experiencias gloriosas en las alturas siempre son seguidas por experiencias difíciles en el valle.

Los discípulos de Cristo lo siguieron porque de verdad creían que era el Mesías, el mismo Hijo de Dios, «Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» (Mateo 16:16). Su compromiso iba más allá de las emociones. Querían conocer a Cristo y caminar con Él.

¿Está usted más interesado en lo que Dios puede hacer a su favor, que en estar con Él? Nuestras necesidades físicas y emocionales pueden llevarnos al Señor, pero no pueden sostener nuestro caminar con Él. Considere la perspectiva de comenzar revaluando su compromiso con el Señor.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. Salmos 139:23-24.

Lee, Medita y Aplica!

Anónimo

1 Corintios 2:16

Estándar

Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16).

Algunos suponen que la preocupación es resultado de pensar demasiado. Pero en realidad es el resultado de pensar muy poco en la dirección correcta. Cuando fuimos salvos, recibimos una nueva mente o manera de pensar. Ahora, nuestro modo de pensar debiera estar impregnado de pensamientos divinos y sobrenaturales.

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.» (Filipenses 4:8).

El apóstol Pablo dijo: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Romanos 8:5-6). Gracias al Espíritu de Dios en nuestra vida, pensamos a un nivel espiritual, no a un nivel carnal. Ahora bien, hay que cultivar esta nueva manera de pensar y proceder siendo diligentes en el estudio de la palabra de Dios, la Biblia.

Pablo también dijo: “Por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Corintios 1:30). Como Dios nos da su sabiduría, podemos pensar los profundos pensamientos del Dios eterno.

Lee, Medita y Aplica!

Anónimo

El terror del mar

Estándar

El terror del mar era Paco Rata,

el pirata,

el pirata ratonero,

el terror del mar entero.

Como casi todos los piratas

tenía una barba bárbara,

una pata de palo,

un ojo de cristal,

un diente de oro

y una sola oreja

con un pendiente oxidado.

(Mirando con sus catalejos, a lo lejos).

-¡Barco blanco se avecina, tocad tambor y bocina!

¡Le arrastran las altas olas!

¡Se acerca!

¡Sacad los arcos y flechas!

-No es un barco, jefe,

es un tiburón como un camión.

(Mirando con sus catalejos, a lo lejos).

-Ni un barco,

ni tiburón,

ni merluza,

ni camión.

¡Es un cetáceo enorme!

La ballena lanzó un sonido

que parecía la sirena

de un barco o un triste chirrido

de máquina rota o un ulular

de fantasma en alta mar

o un tenebroso alarido…

Y era que la ballena no había comido.

-¡Ballena a la vista!

-gritó el pirata Paco Rata-

¡Qué mala suerte!

¡Qué mala pata!

La ballena abrió la bocaza

y se tragó el barco, de proa a popa,

como si fuera una taza de sopa.

La ballena Gordinflas se puso enferma,

empachada;

le dio una arcada,

nadó hacia la playa

y devolvió al barco pirata sin digerir.

El barco quedó descuajeringado,

el pirata medio muerto

y medio tuerto

salió de la ballena…

Los otros marineros piratas no fueron “devueltos.”

El pirata Paco Rata les buscó por todas partes.

La playa estaba desierta.

La ballena Gordinflas lo pasó mal,

pero acabó con Paco Rata, el terror del mar.

Esta vez el feroz pirata

tuvo buena suerte,

no tuvo mala pata.

¡Dejó de ser pirata!

(a la fuerza).

La isla estaba desierta.

El pirata

no tenía a quién castigar,

no tenía a quién robar:

la isla estaba desierta.

El pirata dejó de ser malo,

porque vivió toda su vida solo,

con su pata de palo.

Gloria Fuerte. España (1908-1998)

Hebreos 17:11

Estándar

Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así (Hechos 17:11).

Es alarmante que nuestra cultura tiene más interés en la emoción y el pragmatismo que en pensar. Eso es evidente cuando las personas se preguntan muchas veces “¿Cómo me hará sentir eso?”, en vez de preguntarse “¿Es la verdad?”

Ese enfoque equivocado también es evidente en la teología actual, en la que predominan las preguntas “¿Dividirá?” y “¿Ofenderá?” en lugar de “¿Es correcto?” No hay muchas personas como las de Berea, a quienes la Biblia describe como “más nobles” porque estaban interesadas en buscar la verdad, no en las emociones ni en las circunstancias agradables.

«Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.» (Mateo 15:7-9).

Muchísimas personas van actualmente a la iglesia no a pensar ni a razonar acerca de la verdad, sino a experimentar ciertas emociones. Pero vivir de emociones en vez de pensar debidamente producirá inestabilidad. En su libro Your Mind Matters [Su mente tiene importancia], John Stott explica este punto: “El pecado tiene más efectos peligrosos en nuestra facultad de sentir que en nuestra facultad de pensar, ya que nuestras opiniones pueden comprobarse y regularse más fácilmente que nuestras experiencias con la verdad revelada”.

Lee, Medita y Aplica!

Anónimo

1 Juan 4:9-10

Estándar

Sabemos que Dios nos ama. Esta verdad se repite en la iglesia y los creyentes a menudo recitamos versículos bíblicos sobre el tema. Sin embargo, ¿comprendemos realmente lo que significa ser cuidados de esta manera por el Creador del universo? Exploremos dos aspectos de su amor.

Primero, el amor de Dios no está influenciado por nada dentro o alrededor de nosotros porque es uno de Sus atributos inmutables. Sabemos que aun cuando vivíamos en pecado, Cristo murió por nosotros, «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.» (Romanos 5:8). No hicimos nada para ganarnos su amor, y no podemos hacer nada para impedirlo.

Segundo, el amor divino es eterno. Los creyentes nunca serán separados del mismo. Efesios 1:4 nos dice que el Padre nos escogió desde antes de la fundación del mundo. Sabemos, por lo tanto, que su cuidado por nosotros siempre ha sido una realidad —y siempre lo será. «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,» (Efesios 1:4).

Podemos confiar en Aquel que nos ama por completo. El Señor Jesús demostró su amor al morir en nuestro lugar para rescatarnos del pecado y sus consecuencias. Él promete permanecer con nosotros siempre, y nos redirige cuando nos desviamos. Ya sea que sintamos o no su presencia, su amor nos rodea y protege para siempre.

«…He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.» (Mateo 28:20). 

Lee, Medita y Aplica!

Anónimo

Often the dying ask for a map

Estándar

So when Locie, embraced by the great softness

of bed #12, 

her late blizzard of silver hair

fanning out beneath head and shoulders,

asked for one in plaintive, almost desperate tones,

I went out to my car and brought back my old,

frayed road map of Kansas,

and she followed the unfolding

as it in itself were a miracle,

and then held it over her head,

scanning the red interstates and blue country roads

without apparent method or intent

but smiled her morphined grand smile of awe

and wonder within an air of childhood

surprise and overwhelming acceptance.

Because here it was -the way there,

or here,

or out or over in, and there, sweetie,

let me hold it for you, let me hold…

and her trembling index finger knows no

certain path but wanders through the Flint

Hills toward Cottonwood Falls, 

then starts up toward Osawatomie,

and she can smell the new wheat,

its dark green deep as the jade of the 

necklace her husband brought home from the war in the Pacific.

And now as she crosses the Kaw river,

she sees a young woman

standing beneath the moon in a wheat field

in Kansas and wondering,

what will I be?

Who will I marry? Where will we live?

Will I have children?

And if, at the end,

I am lost, how will I find my way home?

B.H. Fairchild, Estados Unidos (1942 – )