B et C: Juan 15:16

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No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Juan 15:16

Pedir en el nombre de Cristo conlleva doble significado. Primero, los creyentes hemos de pedir por asuntos que armonicen con el plan de Dios. Necesitamos preguntarle si nuestras oraciones coinciden con su voluntad. Dios tiene varias formas de asegurarnos si estamos en el camino correcto; por ejemplo, puede aumentar los anhelos correctos o disminuir los incorrectos. Otra posibilidad es que usará su Palabra para redirigir nuestros pasos o confirmar que estamos yendo por el camino correcto. De cualquier manera, Dios creará una senda para que hagamos su voluntad.

Segundo, invocar el nombre de Cristo significa que deseamos glorificarlo. Santiago hace esta advertencia: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Para entender eso, consideremos como ejemplos a los que oran para salir de un problema económico. ¿Quiere la persona salir de sus deudas para tener más dinero y salir de preocupaciones? ¿O para utilizar lo que tiene de maneras que honren al Señor? Los motivos son evidentes para Dios, y no favorecerá a quienes están arraigados en el pecado.

En el nombre de Jesucristo hay poder abundante. Sin embargo, invocarlo en oración no es un amuleto para obtener lo que queremos. Más bien, es una señal de que estamos dejando a un lado nuestros deseos personales y nuestra manera de hacer las cosas. Al hacerlo, nos comprometemos a seguir a Dios y honrarle con nuestros deseos y peticiones. 

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We pray for those who do not pray

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We pray for those who do not pray!
Who waste away salvation’s day;
For those we love who love not Thee—
Our grief, their danger, pitying see
Those for whom many tears are shed
And blessings breathed upon their head,
The children of thy people save
From godless life and hopeless grave.
Hear fathers, mothers, as they pray
For sons, for daughters, far away—
Brother for brother, friend for friend—
Hear all our prayers that upward blend.
We pray for those who long have heard
But still neglect Thy gracious Word;
Soften the hearts obdurate made
By calls unheeded; vows delayed.
Release the drunkard from his chain,
Bare those beguiled by pleasure vain,
Set free the slaves of lust, and bring
Back to their home the wandering.
The hopeless cheer; guide those who doubt;
Restore the lost; cast no one out;
For all that are far off we pray,
Since we were once far off as they.

Christopher Newman Hall. England (1806-1902)

Brevitas et Claritas: Salmo 51:2-4

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Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas. Salmo 51:2-4.

¿Quiere un mayor desarrollo espiritual en su vida? ¿Pecar menos cada vez? Entonces acepte su responsabilidad.

No le eche la culpa a sus circunstancias, a su cónyuge, a su novio o a su novia, a su jefe, a sus empleados o a su pastor. Ni siquiera le eche la culpa a Satanás. Su pecado es culpa suya. Sin duda que Satanás y el sistema del mundo pueden contribuir al problema, pero el pecado ocurre en definitiva como un acto de la voluntad; mi voluntad, usted es responsable. Lo dice la Biblia: «sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.» (Santiago 1:14).

Tal vez uno de los mejores ejemplos de alguien que aprendió a aceptar su responsabilidad sea el del hijo pródigo. Cuando volvió a casa con su amoroso padre, dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:21). Estuvo incluso dispuesto a que se le tratara como a un modesto jornalero porque sabía que no merecía nada, «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.» (Lucas 15:19). He aquí la actitud de alguien que reconoce y confiesa su pecado. 

«Él que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.» (Proverbios 28:13).

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Alma llanera

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Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador.

Soy hermano de la espuma,

de las garzas y las rosas,

y del sol.

Me arrulló la viva diana de la brisa en el palmar,

y por eso tengo el alma

como el alma primorosa

del cristal.

Amo, lloro, canto, sueño,

con claveles de pasión.

Y adoro rubia crines

del potro que quiero yo.

Rafael Bolívar Coronado. Venezuela (1884-1924)

Pedro Elías Gutiérrez. Venezuela (1870-1954)

Brevitas et Claritas: Santiago 1:2-3

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Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

Nunca dude que las pruebas lograrán algo positivo. Están destinadas a producir “paciencia” o, mejor traducido, “resistencia” o “perseverancia”. Con cada prueba forjamos la tenacidad de espíritu que resiste bajo presión mientras esperamos con paciencia que Dios quite la prueba a su debido tiempo y entonces nos recompensa. Eso nos fortalece a medida que obtenemos más resistencia.

Dios nos edifica de la misma manera que un corredor va desarrollando poco a poco la capacidad de correr largas distancias. Comienza por lo más insignificante y va aumentando hasta la capacidad máxima. Dios permite mayores pruebas en nuestra vida a fin de aumentar nuestra resistencia para un mayor servicio y gozo, ya que cuanto más difícil la batalla, tanto más grata la victoria. Cuando usted sale de una prueba difícil, puede regocijarse por la liberación que Dios le ha dado. Eso prueba que se puede confiar en Él, y eso fortalece su fe.

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At the funeral of a young people

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When blooming youth is snatched away

by death’s resistless hand,

our hearts the mournful tribute pay

which pity must demand.

While pity prompts the rising sigh,

o may this truth, impress’d

with awful power,

-“I too must die”

sink deep in every breast.

Let this vain world engage no more;

behold the gaping tomb!

It bids us seize the present hour,

tomorrow death may come.

The voice of this alarming scene,

may every heart obey;

nor be the heavenly warning vain,

which calls to watch and pray.

Oh, let us fly -to Jesus fly,

whose powerful arm can save;

then shall our hopes ascend on high,

and triumph o’er the grave.

Great God!

Thy sovereign grace impart,

with cleansing, healing power;

this only can prepare the heart

for death’s surprising hour.

Ann Steele. England (1717-1778)