Retórica

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Cantan los pájaros, cantan

sin saber lo que cantan:

todo su entendimiento es su garganta.

 

La forma que se ajusta al movimiento

no es prisión sino piel del pensamiento.

 

La claridad del cristal transparente

no es claridad para mí suficiente:

el agua clara es el agua corriente.

 

Octavio Paz. México (1914-1998)

Apuntes a Jueces, 11:4-28

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v.4 Después de cierto tiempo sucedió que los hijos de Amón pelearon contra Israel.

Periódico: ¡llegaron los amonitas! (otra vez). Ya vimos la ineficacia de los capitanes, ahora la situación es crítica, así que los principales de la ciudad toman el caso en sus manos:

v.5 Y cuando los hijos de Amón pelearon contra Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob.

El escritor escoge muy bien las palabras: fueron a traer… y van al punto de inmediato:

v.6 Y dijeron a Jefté:Ven y sé nuestro jefe para que peleemos contra los hijos de Amón.

“Toma comando de los hombres y ve haz la guerra” ¿Y es fácil? ¿Habrán creído que el hombre saltaría de contento ante tamaña responsabilidad como si nada? 

v.7 Entonces Jefté dijo a los ancianos de Galaad:¿No me odiasteis y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué, pues, habéis venido a mí ahora cuando estáis en apuros?

Je, Jefté no es ninguna papita. Rechaza airado y les recuerda agriamente lo que pasó. Desesperados, los principales proponen nuevos términos, más humilditos esta vez:

v.8 Y los ancianos de Galaad dijeron a Jefté: Por esta causa hemos vuelto a ti: para que vengas con nosotros y pelees contra los hijos de Amón y seas jefe sobre todos los habitantes de Galaad.

Noten el cambio: primero fue “comandante para que luches”, ahora es “guerrea y serás líder de todos los habitantes de Galaad” (incluyéndose ellos), implica permanencia: jefe de la tribu. Había sido la propuesta de los militares en 10:18, los principales quisieron pasarse de listos y asegurar por menos los servicios de Jefté, ahora se dan cuenta de su profunda equivocación, de modo que Jefté revisa la oferta y se atreve a negociar:

v.9 Y Jefté dijo a los ancianos de Galaad:Si me hacéis volver para pelear contra los hijos de Amón y el SEÑOR me los entrega, ¿seré yo vuestro jefe?

¿Notan los pronombres personales? “¿no me odiasteis…?” “¿seré yo…jefe?” Jefté: lo que hay aquí es una transferencia de poder de ustedes hacia mí. Punto. No es un tonto, sabe que su situación depende de su victoria y noten que el Señor no aparece en los versos pero ahora el mismo Jefté invoca el nombre de Jehová, Jefté eleva la victoria al estatus de “tengo el sello divino” o sea que acentúa su autoridad frente a los principales.

El Señor entra al escenario pero de modo oblicuo, como si fuera una carta de juego en las negociaciones y hasta los ancianos lo citan, pero no han consultado ni buscado guía del Señor en todo esto. Acceden al hombre en todo.

v.10 Y los ancianos de Galaad dijeron a Jefté:El SEÑOR es testigo entre nosotros; ciertamente haremos como has dicho.

Satisfecho, Jefté regresa a Mizpa donde es recibido con tal entusiasmo que el pueblo lo hace cabeza y líder ahí mismo.

v.11 Jefté fue con los ancianos de Galaad, y el pueblo le hizo cabeza y jefe sobre ellos; y Jefté habló todas sus palabras delante del SEÑOR en Mizpa.

La historia de salvación 

El pasaje bien pudiera llamarse así, pues una gran parte del mismo consiste en Jefté ensayando (v.15-27) cómo otorgó Jehová las tierras al este del Jordán a Israel.

En los dos episodios anteriores hemos visto la importancia del diálogo, ahora, el tercer diálogo llena todo el episodio pero tiene lugar a la distancia, por intermedio de mensajeros. Formalidad y distancia como espejo de la lejanía (en término de relaciones) entre los dos bandos. Jefté habla por Israel, su adversario lo hace por Amón. 

El diálogo contiene dos historias, en principio es el intercambio de mensajes y mensajeros entre Jefté y los de Amón [no sabemos el nombre de sus jefes] que conduce al desenlace del v.28 (Pero el rey de los hijos de Amón no hizo caso al mensaje que Jefté le envió). Al mismo tiempo nos narra acerca del éxodo de Israel, la salida de Egipto y su llegada al territorio que ahora se disputan Israel y amonitas. Del análisis retrospectivo emergen dos versiones irreconciliables entre sí y que conducen al mismo fin.

El pasaje narrado contiene una disputa que más adentro es una mezcla de diplomacia y litigación.

LITIGAR. (Del lat. litigāre). 1. Pleitear, disputar en juicio sobre algo. 2. Altercar, contender.

Lo que empieza como un intercambio diplomático termina como causa frente a un juez. Jefté, el acusado, termina como el querellante, su adversario como el acusado y Jehová como Juez de la corte de Apelación.

¿Por qué atacan los amonitas?

v.13 Y el rey de los hijos de Amón dijo a los mensajeros de Jefté: Porque Israel tomó mi tierra, cuando subieron de Egipto, desde el Arnón hasta el Jaboc y el Jordán; por tanto devuélvela ahora en paz.

v.12 Y envió Jefté mensajeros al rey de los hijos de Amón, diciendo:¿Qué hay entre tú y yo, que has venido a mí para pelear contra mi tierra?

Al enviar una misión diplomática Jefté comienza el ejercicio de su nueva autoridad como cabeza y líder de los galaaditas, y observen que sigue el precedente que tuvo Moisés con los gobernantes de la misma zona (Números 21:21 Entonces Israel envió mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, diciendo: déjame pasar por tu tierra…; Deut 2:26 Entonces envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón, rey de Hesbón, con palabras de paz…). ¿Está Jefté buscando la paz? mmm, recuerden que los galaaditas lo fueron a buscar para que peleara. Tal parece que su intención es más bien ganar una plataforma moral estableciendo la justicia de su causa. Su tono no es conciliador. Habla de su tierra, esto es, Galaad, y reta a su oponente a justificar la invasión. Observen también que al reconocer al otro como rey y hablarle de tú a tú, significa “yo también.” Tampoco menciona el nombre del otro. 

CONCILIAR. (Del lat. conciliāre). 1. Componer y ajustar los ánimos de quienes estaban opuestos entre sí. 2. Conformar dos o más proposiciones o doctrinas al parecer contrarias. 3. Granjear o ganar los ánimos y la benevolencia, o, alguna vez, el odio y aborrecimiento. 

En pocas palabras, el primer movimiento de Jefté es poner al otro a la defensiva y claramente establecer que los galaaditas no aceptarán más como válido ser subyugados por los amonitas. Israel tiene ahora un hombre de acero. La mejor defensa es el ataque: Jefté.

Los amonitas se defienden e introducen un argumento histórico (v.13): devuelven la pelota de tú a tú y definen el territorio en disputa: entre el río Arnón al sur y el Jaboc al norte. Ahora bien, la misma precisión entreabre la puerta a la posible negociación: los amonitas admiten tácitamente haber provocado la crisis al haber cruzado el Jordán en 10:9 (Y los hijos de Amón cruzaron el Jordán para pelear también contra Judá, contra Benjamín y contra la casa de Efraín, y se angustió Israel en gran manera). La implicación del borde occidental del territorio definida por el rey de Amón es el río Jordán, donde desembocan los otros dos ríos. Entre líneas, los amonitas quieren ver si la oferta diplomática es real, si retornan el territorio en disputa y al no establecer el límite oriental pues quizá haya lugar para ambos, moderar las demandas y todos felices. Pero Jefté no es ningún tonto, como vimos antes.

v.14 Pero Jefté volvió a enviar mensajeros al rey de los hijos de Amón, 15que le dijeron: Así dice Jefté: «Israel no tomó la tierra de Moab, ni la tierra de los hijos de Amón.

Miren cómo empieza la nota: Así digo yo… ejemplo del lenguaje que usa el embajador de una potencia superior a una inferior. Una forma de lenguaje imperial, de intimidación (2 Reyes 18:28-29  El Rabsaces se puso en pie, gritó a gran voz en la lengua de Judá, y dijo:Escuchad la palabra del gran rey, el rey de Asiria.  Así dice el rey: «Que no os engañe Ezequías, porque él no os podrá librar de mi mano).

Si Amón escala el conflicto de Amón vs. Galaad a Amón vs. Israel, ‘no problema’ dice Jefté. Su ambición y confianza se revelan en el lenguaje que utiliza.

¿Por qué introduce a Moab?

Aparenta ser el primer indicio de adónde quiere llegar, quizás también debido a la referencia al río Arnón, el borde norteño del territorio moabita tradicional (Números 21:13 De allí partieron y acamparon al otro lado del Arnón, que está en el desierto y que sale del territorio de los amorreos, pues el Arnón es la frontera de Moab, entre Moab y los amorreos). 

El punto general es que Israel no tomó ninguna tierra equivocadamente.

v.16-18 Porque cuando subieron de Egipto, e Israel pasó por el desierto hasta el mar Rojo y llegó a Cades, Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo:» Permítenos, te rogamos, pasar por tu tierra ‘, pero el rey de Edom no les escuchó. También enviaron mensajeros al rey de Moab pero él no consintió, así que Israel permaneció en Cades. «Luego atravesaron el desierto y rodearon la tierra de Edom y de Moab, llegaron al lado oriental de la tierra de Moab y acamparon al otro lado del Arnón; pero no entraron en el territorio de Moab, porque el Arnón era la frontera de Moab.

“Mira, aclaremos esto.” Israel pidió permiso. Se lo negaron. No hubo venganza sino que Israel rodeó Edom y Moab. Cades se encontraba en la franja norte de la península del Sinaí, el sitio donde casi entran a la Tierra Prometida (Deut 1:19), regresaron al desierto por 40 años hasta que volvieron a Cades (Números 13:1-20:1); la mayor parte de la generación del éxodo quedó atrás. Jefté brinca este período y habla a partir de Cades (la segunda ocasión) y el intento de alcanzar la Tierra, en esta ocasión desde el este, entre los ríos Arnón y Jaboc, al norte del Mar Muerto.

Edom se localiza al sur del Mar Muerto y Moab al este, de modo que la ruta más corta atraviesa ambas tribus. Ahora bien, los edomitas eran descendientes de Esaú, hermano mayor de Jacob (Génesis 35:27-36:19) mientras que los moabitas descendían de Lot, el sobrino de Abraham (Génesis 11:31; 19:36-37), era razonable esperar que estarían dispuestos a dejar pasar al pueblo de Israel. Pero no fue así, de modo que Israel tuvo que rodear Edom y Moab (Deut 2:2-23) para evitar conflictos. 

Jefté quiere mostrar -entre otras cosas- que, al enviar mensajeros al rey de Amón ha actuado como verdadero hombre de Estado en la tradición de Moisés, y que el rechazo de Amón para escuchar es tan reprensible como lo fue el de Edom y Moab. Después de todo, también los amonitas tienen raíces ancestrales con Israel (Génesis 19:38 Y en cuanto a la menor [de Lot], también ella dio a luz un hijo, y lo llamó Ben-ammi; él es el padre de los amonitas hasta hoy).

Ahora bien, resulta de particular importancia su reclamo de que Israel había acampado al otro lado del Arnón [al norte] (v.18) y no había entrado ni se había apropiado de territorio moabita. ¿Por qué Jefté habla tanto de Amón? 

v.19-20 «Y envió Israel mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, rey de Hesbón, y le dijo Israel:» Permítenos, te rogamos, pasar por tu tierra a nuestro lugar. ‘ 20«Pero Sehón no confió en Israel para darle paso por su territorio; reunió, pues, Sehón a todo su pueblo y acampó en Jahaza, y peleó contra Israel.

El recuento histórico ha sido sumario, pero ahora se ofrece más detalle porque se alcanza la parte crucial. Jefté cuenta cómo Israel entró en posesión de la tierra que ahora reclaman los amonitas. El terreno ni siquiera era amonita: pertenecía a Sehón, rey de los amorreos, capital Hesbón.

El término amorreos es flexible, usado en general para todos los habitantes de Canaan y en particular para los habitantes de una área definida. Aquí se emplea en el término particular, Hesbón está situada casi en el medio de los ríos Arnón y Jaboc; una franja de tierra directamente en el camino de Israel, por eso enviaron mensajeros a Sehón, quien rehusó y sin declaración acampó su ejército como a 15 km al sur de Hesbón y peleó contra Israel.

Una situación diferente por completo. No se trataba de diplomacia sino de guerra. El punto no era permiso para pasar, sino el territorio mismo. Sehón se equivocó en sus cálculos.

v.21-24 «Y el SEÑOR, Dios de Israel, entregó a Sehón y a todo su pueblo en manos de Israel, y los derrotaron, e Israel tomó posesión de toda la tierra de los amorreos, los habitantes de esa región.» 22Y poseyeron todo el territorio de los amorreos desde el Arnón hasta el Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán. 23«Y puesto que el SEÑOR, Dios de Israel, expulsó a los amorreos de delante de su pueblo Israel, ¿has tú de poseerla?» 

24¿No posees tú lo que Quemos, tu dios, te ha dado para poseer? De modo que todo el territorio que el SEÑOR nuestro Dios ha desposeído delante de nosotros, lo poseeremos.

Noten el cambio: Jefté introduce teología por primera vez. Israel derrotó a Sehón porque Jehová, Dios de Israel, entregó a Sehón y a todo su ejército en sus manos.

En el mundo ordinario actual en que vivimos, la diplomacia suele conducirse en términos seculares. Pero en el mundo de Jefté el resultado de las batallas se entendía como divinamente determinado, indicativas de la voluntad de Dios o de los dioses sobre la materia en disputa -especialmente tierras. Este entendimiento de cómo cambian de manos tierras y territorios es un claro reflejo del AT mismo, y lo encontramos incluso en textos extra bíblicos (anales de Tutmosis III de Egipto, Senaquerib de Asiria).

En este marco de ideas el reclamo de Jefté es válido por completo y debiera esperarse que Amón reflexionara el peso del argumento.

Es interesante es que el v.24 intenta razonar con Amón de modo apropiado. Sin embargo hay dos problemas obvios aquí: 

  1. de acuerdo a multitud de textos bíblicos y extra bíblicos, el dios amonita no era Quemos, sino Moloc. Quemos era el dios de Moab. Pudiera ser que Jefté se equivocó al citar. Sin embargo, la referencia a Quemos y no a Moloc debe considerarse en el contexto de la prominencia otorgada a Moab en todo el pasaje. 
  2. la referencia a Quemos indica una bandera roja en la teología básica de Jefté. Según la tradición (Deut 2:19, 36 «Y cuando llegues frente a los hijos de Amón, no los molestes ni los provoques, porque no te daré nada de la tierra de los hijos de Amón en posesión, pues se la he dado a los hijos de Lot por heredad. 36Desde Aroer, que está a la orilla del valle del Arnón, y desde la ciudad que está en el valle, aun hasta Galaad, no hubo ciudad inaccesible para nosotros; el SEÑOR nuestro Dios nos las entregó todas”), Jehová otorgó los territorios respectivos. Jefté muestra sincretismo de corazón: en la teología jeftiana Jehová y Quemos parecen ocupar el mismo lugar. Sin embargo el v.24 es el clímax del argumento diplomático y la manera como apela al Señor como Juez en v.27 apoya que Jefté es monoteísta aún cuando sus palabras y acciones no son muy consistentes con lo que cree.

v.25-26 «Ahora pues, ¿eres tú mejor que Balac, hijo de Zipor, rey de Moab? ¿Acaso luchó él con Israel, o acaso peleó contra ellos?» Mientras Israel habitaba en Hesbón y sus pueblos, y en Aroer y sus aldeas, y en todas las ciudades que están a orillas del Arnón, trescientos años, ¿por qué no las recuperaste durante ese tiempo?

Es claro que los dos territorios en disputa están a ambos lados el río Arnón: Israel al norte, Amón al sur. ¿Por qué de nuevo Moab? La clave de la prominencia dada a Moab en todo el discurso de Jefté la encontramos aquí. El foco en el Arnón como borde implica que para este tiempo los amonitas habían ocupado el territorio moabita al sur e intentaban invadir el norte de Israel también. Por eso Jefté habla al rey de Amón como sucesor de los reyes de Moab y quizás por ello la mención de Quemos.

Balac, hijo de Zipor, era el gobernante original cuando Israel en el tiempo de Moisés. Intentó destruir a los israelitas reclutando al profeta Balaam para que los maldijera, pero Dios convirtió la maldición en bendición (Números 22-24). Jefté advierte a su oponente que no olvide las lecciones de la historia. 

Los 300 años son desde la llegada de Israel y su establecimiento en la parte norte del Arnón, hasta el presente. La referencia ha sido geográfica, ahora es poblacional: dos centros principales así como sus villas satélites y pueblos. Los asociados a Hesbón, al centro y al norte; los de Aroer, al sur, a lo largo del Arnón. Ahora Amón pelea en los dos sitios. ¿Por qué no lo hizo antes? Porque no tenían razones para hacerlo. Ni ahora tampoco: no es una guerra de liberación sino pura agresión.

v.27 ”Por tanto, yo no he pecado contra ti, pero tú me estás haciendo mal al hacer guerra contra mí; que el SEÑOR, el Juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón.»

Termina de hablar como diplomático y ahora lo hace como litigante que busca sentencia favorable, y puesto que el Juez es Jehová, las categorías son ahora morales y teológicas.

Jefté -e Israel- no han pecado contra los amonitas, son ellos quienes hacen mal.

Es lo que ha venido diciendo todo el tiempo, ahora puntualiza la claridad. Pero este resumen es para los oídos de Jehová, una apelación directa a que el resultado le sea favorable. Expresa que el asunto se resolverá primero en el cielo (la decisión del divino Juez), antes de serlo en la tierra (por las armas). Es el mejor momento de Jefté: brilla su creencia en la supremacía única de Jehová.

v.28 Pero el rey de los hijos de Amón no hizo caso al mensaje que Jefté le envió.

Jefté ha mostrado conocimiento, capacidad para negociar, capacidad de responder con mesura en tiempos de crisis en lugar de ir corriendo a una batalla y, de hecho, conseguir un par de días para sí y su ejército. Pero Israel no estaba en posición de negociar términos de paz (recordemos que los principales estaban desorganizados, etc.) y Jefté lo sabía.

Antes de continuar,

  1. la referencia a Jehová como Juez debe hacernos pensar, recordar que este libro es más que una simple colección de historias de guerra del heroico Israel. Todo es teología. Detrás de todos los jueces se halla Jehová, el Juez, cuya existencia y acciones son el determinante último de todo cuanto sucede.
  2. ¿la mejor explicación de por qué aparece el nombre de Jefté en Hebreos 11:32? En los primeros episodios vimos la procedencia del hombre y las circunstancias que lo llevaron al poder. Vimos una dureza, una ambición cuyo perfil es la de un “hombre hecho por sí mismo” cuyo carácter se ha forjado en la escuela de las pedradas, no en la escuela de la fe. Ahora vemos que hay más en Jefté. Toma su liderazgo con responsabilidad y lo ejerce con madurez y capacidad. Sobre todo, sabe que es Jehová quien gobierna el universo, no Jefté. Percibe su dependencia de Dios para la victoria que anhela y apela por ella. Esto es fe.

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Niña

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Nombras el árbol, niña.

Y el árbol crece, lento,

alto deslumbramiento,

hasta volvernos verde la mirada.

 

Nombras el cielo, niña.

Y las nubes pelean con el viento

y el espacio se vuelve

un transparente campo de batalla.

 

Nombras el agua, niña.

Y el agua brota, no sé dónde,

brilla en las hojas, habla entre las piedras

y en húmedos vapores nos convierte.

 

No dices nada, niña.

Y la ola amarilla,

la marea de sol,

en su cresta nos alza,

en los cuatro horizontes nos dispersa

y nos devuelve, intactos,

en el centro del día, a ser nosotros.

 

Octavio Paz. México (1914-1998)

Una hoja de hierba

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fragmento

Creo que una hoja de hierba, no es menos

que el día de trabajo de las estrellas,

y que una hormiga es perfecta,

y un grano de arena,

y el huevo del régulo,

son igualmente perfectos,

y que la rana es una obra maestra,

digna de los señalados,

y que la zarzamora podría adornar

los salones del paraíso,

y que la articulación más pequeña de mi mano

avergüenza a las máquinas,

y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,

supera todas las estatuas,

y que un ratón es milagro suficiente

como para hacer dudar

a seis trillones de infieles.

Walt Whitman. USA (1819-1849). Traducción de León Felipe

Apuntes a Jueces, 10:16-11:3

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El corazón de Dios

10:16 Y quitaron los dioses extranjeros de en medio de ellos y sirvieron al SEÑOR; y El no pudo soportar más la angustia de Israel.

Una lectura superficial haría pensar que este verso es el resultado natural del clamor de Israel (v.15 y 16a) pero la reprensión del Señor señala que le habían abandonado a El, lo que despierta Su compasión es la angustia o miseria del pueblo.

Bien haremos en meditar esto. Nuestra esperanza no radica en la sinceridad de nuestro arrepentir sino en la intensidad de la compasión del Señor. Como si no pudiera soportar ver a su pueblo -incluso su pecaminoso pueblo- en angustia.

El sufre si el pueblo sufre. (Isaías 63:9 Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia, ni había engaño en su boca). 

He aquí por qué sentimos esta tensión entre el juicio y la gracia en la Escritura. una tensión en el carácter mismo de Dios, pues El es el Dios cuya santidad demanda juicio contra su pueblo y, sin embargo, cuyo corazón salva a su pueblo. Si hay tensión, proviene del regazo mismo del Señor.

No pudo soportar más la angustia de Israel. Cuánto debiéramos meditar este texto, especialmente aquellas con vivo sentido de la severidad divina pero olvido de su gentileza. Miremos al corazón de Dios, y no olvides dónde te lo está mostrando, en el mismo Viejo Testamento, el libro de la gracia de Dios.

Interesante, la palabra hebrea que se traduce como “no pudo soportar más” es literalmente “exasperar.” Implica idea de frustración, impaciencia, ira:

Números 21:4-5 Partieron del monte de Hor, por el camino del mar Rojo, para rodear la tierra de Edom, y el pueblo se impacientó por causa del viaje. Y el pueblo habló contra Dios y Moisés:¿Por qué nos habéis sacado de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay comida ni agua, y detestamos este alimento tan miserable.

Job 21:4-5 En cuanto a mí, ¿me quejo yo al hombre? ¿Y por qué no he de ser impaciente? Miradme, y quedaos atónitos, y poned la mano sobre vuestra boca.

Zacarías 11:8-9 Y destruí a los tres pastores en un mes, pues mi alma se impacientó con ellos y su alma también se cansó de mí. Entonces dije: No os apacentaré más. La que ha de morir, que muera; y la que ha de ser destruida, que sea destruida; y las que queden, cómanse la carne unas a otras.

En pocas palabras, no es que Dios se arrepintió por la reforma de ellos sino que “se exasperó con su miseria.” La otra ocasión del Antiguo Testamento en que aparece la misma palabra es en Jueces 16:16 Y como ella le presionaba diariamente con sus palabras y le apremiaba, su alma se angustió hasta la muerte. Sansón se exaspera (incapaz de seguir tolerando) y revela -le da a Dalila lo que ella quiere. Ahora bien, ¿otorgó Dios como lo hizo Sansón?

v. 17 Entonces los hijos de Amón se reunieron y acamparon en Galaad. Y los hijos de Israel se juntaron y acamparon en Mizpa. 18Y el pueblo, los jefes de Galaad, se dijeron unos a otros:¿Quién es el hombre que comenzará la batalla contra los hijos de Amón? El será caudillo de todos los habitantes de Galaad.

Se nos transporta a la zona de batalla donde los amonitas están a punto de lanzar su ofensiva mientras Israel busca consejo entre sí. Es obvio que no hay liderazgo efectivo y por tanto muy vulnerables a la amenaza.

Había 3 lugares con el nombre de Mizpa: uno al norte de Jerusalén en la llanura central (Josué 13:26; 15:38; 18:26), otro más al norte en el vecindario del Monte Hermón (Josué 11:3,8) y el tercero en Galaad, cruzando el Jordán (Jueces 11:29, 34). De modo que como los amonitas habían cruzado el Jordán antes, es posible que Mizpa aquí sea la localizada en la llanura central. Sin embargo, dado que la acción subsecuente tiene lugar en Galaad, es más probable que la Mizpa sea de Galaad misma, el pueblo donde Jefté vivió (11:34), el mismo lugar de Génesis 31:49.

Lo que sí está claro es que la lucha de Galaad rápidamente se convierte en la lucha de todo Israel, por eso la referencia a la juntadera de Israel (v.17) aunque los actores primarios sea los capitanes de Galaad. Jehová se ha retirado a la penumbra.

La narración muestra agudo contraste con la de Gedeón: allá apareció el Angel del Señor que comisiona a Gedeón luego de la reprensión del profeta. Aquí, luego de fuerte reprensión de Jehová mismo, no hay intervención divina. Esta vez Israel tendrá qué trabajar su propia salvación.

Observen que los personajes están bien definidos. No hay llamado a asamblea, no hay llamado de un líder competente. Los capitanes no hablan al unísono y no hay ninguna estrategia. Ni siquiera se dirigen a los hombres, más bien hablan entre ellos (v.18).

Y ahora ¿quién podrá defendernos? (la mismita pregunta del chapulín…)

La misma pregunta de Jueces 1:1, pero en ¡qué circunstancia tan diferente!

Aquí están a la defensiva, hablando entre sí, con muy poca evidencia de unidad (tema que surgirá de modo explícito en la narración). Observen que ninguno de los jefes quiere tomar la iniciativa, están más que dispuestos a cualquier otro.

En tal escenario Jefté hace la entrada.

11:1-3 Y Jefté galaadita era un guerrero valiente, hijo de una ramera. Y Galaad era el padre de Jefté. 2Y la mujer de Galaad le dio hijos; y cuando los hijos de su mujer crecieron, echaron fuera a Jefté, y le dijeron: No tendrás heredad en la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer. 3Jefté huyó de sus hermanos y habitó en la tierra de Tob; y hombres indignos se juntaron con Jefté y salían con él.

El escritor hace notar que era un auténtico galaadita, un candidato a líder. Pero era hijo de una prostituta, expulsado de su propio clan. Su problema no era su entrenamiento militar, sino la madre. Jefté “no pertenecía”, así que se exilió en la tierra de Tob [que significa “bueno”, vaya ironía], unos 15 km al este de Ramot de Galaad, cerca al nacimiento del río Yarmuk, donde reunió su grupo de pandilleros.

¿Qué es un líder? Alguien que tiene seguidores.

Jefté, despreciado socialmente, es, sin embargo, un guerrero sazonado, un sobreviviente y líder natural. Vaya paradoja. Quizás la verdadera razón de la expulsión del clan haya sido el miedo de sus hermanos a ser dominados por este hombre.

Observen la similitud estructural entre 10:6-16 (Israel y Jehová) y 11:1-11 (Galaaditas y Jefté):

Similitud estructural entre 10:6-16 y 11:1-11

Tema

Cap. 10 Cap. 11
Rechazo los israelitas rechazan a Jehová v.6 los galaaditas rechazan a Jefté v.1-3
Ansiedad no hallan cómo resolver v.7-9 no hallan cómo resolver v.4
Arrepentimiento buscan ayuda de Jehová, el rechazado v.10 buscan ayuda de Jefté, el rechazado v.5-6
Objeción de Jehová v.11-14 de Jefté v.7
Apelación “arrepentimiento” de israelitas v.15-16a “arrepentimiento” de galaaditas v.8
Aquiescencia restauran a Jehová como único a quien servir v.16b hacen líder a Jefté v.9-11
Exasperación de Jehová, por la miseria de Israel

En la Escritura nada es accidental. Los israelitas clamando (10:10), los de Galaad igual (11:5-6), y tanto la respuesta del Señor como la de Jefté es muy similar. Ambos ven claramente que el cambio de estrategia de los hombres no es producto de cambio de corazón, y responden de acuerdo a ello. 

Jueces no es mera descripción de violencia, sino de violencia interpretada. 

El reto no es si podemos identificarnos con la violencia, más bien es si podemos identificar la teología que la enmarca y la interpreta.

Santiago 3:17-18 Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía. Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz.

Jefté tiene oportunidad para recuperar sus derechos perdidos y asegurar una posición de poder en Galaad. No hay amor, sabe que el tema es negociación y sabe que él tiene la “sartén por el mango.”

Jehová no está impresionado para nada con el “arrepentimiento” de los israelitas, pero el dilema aquí es real porque Dios en verdad cuida de Su pueblo. No puede soportar más su miseria… y sabe que salvarlos no resolverá nada. He ahí el problema que Jehová encara repetidas veces en la época de Jueces. Escrituralmente, arrepentimiento es un cambio de mente respecto al pecado y respecto a Dios, un volverse internamente del pecado hacia Dios, acto conocido por su fruto -obediencia (Mateo 3:8; Hechos 26:20; Lucas 13:5-9). Es odiar lo que una vez amamos y amar lo que una vez odiamos, es cambiar pecado irresistible por un Cristo irresistible.

¿Como resolvió Dios el dilema de ser justo y perdonador de su pueblo?

Romanos 3:23-26 …por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.

2 Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El

La estructura paralela de los dos episodios expone la naturaleza verdadera del “arrepentimiento” de Israel: no tiene substancia. No es más que una política o estrategia para sobrevivir.

Por otra parte, el contraste revela el abismo de separación entre Jehová y Jefté al nivel de carácter y motivación, ¿cómo se desarrollarán las relaciones entre ellos?

Llama poderosamente la atención que Jehová utilice a este hombre, Jefté, hijo de una prostituta, rechazado por sus hermanos, jefe de una banda de ladrones, para salvar a Israel. Noten que Jefté no era el causante de la situación, más bien es la víctima. Era un perdedor. Y, sin embargo, el Espíritu del Señor vino sobre este perdedor (11:29), y Jehová entregó a los amonitas en su poder (11:32). Dios escogió lo que los hombres rechazan (1 Corintios 1:27; 1 Pedro 2:4).

Sustitutos del arrepentimiento

Reforma en la conducta, no en el corazón Acciones interesadas e hipócritas
Experimentar la emoción, sin que haya efectos Santiago 1:23-24
  1. 2 Corintios 7:10
Confundir confesión con arrepentimiento. Confesar es mover los labios. Arrepent. es mover el corazón
  1. Mateo 21:28-32
  1. 1 Juan 2:4
  2. 1 Juan 4:20
Hacerlo por temor a la reprensión, no por aborrecer el pecado
  1. 1 Timoteo 1:8-11
  1. Josué 7:16-26
Condenar pecado en público, sin arrepent privado
  1. Mateo 23:1-3
  1. Santiago 4:4
Hacerlo por ganancia temporal, no por la gloria de Dios
  1. Mateo 16:24-26
  1. Filipenses 3:7-8
Arrepent de pecados menores con el propósito de evadir los mayores
  1. Lucas 11:42
  1. Mateo 6:24
Hacerlo de modo general y nunca de lo específico. La medusa…
  1. Proverbios 28:13
Hacerlo x causa de amigos y líderes religiosos, no por amor a Dios
  1. Isaías 1:10-17
  2. Génesis19:12-26
  1. Lucas 17:32
Confesar la acción pasada sin abandonar el hábito
  1. Romanos 8:13
  1. Lucas 6:46
Dejar abierta la puerta de la oportunidad. El ratón no anida debajo de la cama del gato
  1. Romanos 13:14
Hacer el esfuerzo de arena de algunos pero no todos
  1. Mateo 26:41

Arrepentimiento y fe van juntos. Arrepentirse es abandonar autosuficiencia. Arrepentirse es don de Dios. Sabremos que se nos ha otorgado, al hacer uso del regalo

Hechos 11:19; 2 Timoteo 2:25

Filipenses 2:12-13

Hechos 17:30 Lucas 13:3Apocalipsis 3:19

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Oh Capitán, mi Capitán…

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Oh Capitán, mi Capitán:

nuestro azaroso viaje ha terminado.

Al fin venció la nave y el premio fue ganado.

Ya el puerto se halla próximo,

ya se oye la campana

y ver se puede el pueblo que entre vítores,

con la mirada sigue la nao soberana.

 

Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,

como los hilos rojos van rodando

sobre el puente en el cual mi Capitán

permanece extendido, helado y muerto?

 

Oh Capitán, mi Capitán:

levántate aguerrido y escucha cual te llaman

tropeles de campanas.

Por ti se izan banderas y los clarines claman.

Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.

Por ti la multitud se arremolina,

por ti llora, por ti su alma llamea

y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.

 

Oh Capitán, ¡mi Padre amado!

Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.

Es solo una ilusión que en este puente

te encuentres extendido, helado y muerto.

 

Mi padre no responde.

Sus labios no se mueven.

Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.

No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.

Anclada está la nave: su ruta ha concluido.

Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.

La nave ya ha vencido la furia del oleaje.

Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas

en tanto que camino con paso triste, incierto,

por el puente do está mi Capitán

para siempre extendido, helado y muerto.

 

Walt Whitman. USA (1819-1849). Traducción de León Felipe