Apuntes a Jueces, 12:1-7

Estándar

Orgullo trágico

¿Cuántos hay que no se contentan con ocupar un sitio a la derecha o a la izquierda, sino que insisten en ocupar el centro?

El éxito confirma a Jefté como cabeza y líder de los galaaditas. Pero la aceptación de su autoridad solo es visible en la parte oriental (Galaad), no en la occidental (el corazón de Israel). Al remover la amenaza externa, de nuevo afloran las rivalidades y celos tribales.

v.1 Los hombres de Efraín se reunieron y cruzaron el Jordán hacia el norte, y dijeron a Jefté:¿Por qué cruzaste a pelear contra los hijos de Amón sin llamarnos para que fuéramos contigo? Quemaremos tu casa sobre ti.

Zafón era uno de los pueblos de Galaad (Josué 13:25-27), 7 km al norte de Jaboc y unos 4 km al este del Jordán. Observen el lenguaje: “cruzaste”, “no nos llamaste.” 

La implicación es que cuando Jefté salió de tour, no se confinó a la parte este de Manasés (11:29 Y el Espíritu del SEÑOR vino sobre Jefté, y pasó por Galaad y Manasés; luego pasó por Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad fue adonde estaban los hijos de Amón), sino que cruzó el Jordán para visitar también el Manasés occidental, y luego había regresado -vuelto a cruzar- para pelear contra Amón.

Gentes que se creen importantes, y que no han recibido el trato de lo que se creen: ¿Por qué nos ignoraste? Pero vienen con intención de pelea, se han movilizado para la guerra y cruzaron el Jordán, desde otra dirección.

El punto no es la tierra, sino el liderazgo.

Demandan explicación porque no están preparados para reconocer ningún líder de Israel que obre independiente de Efraín. Se sienten heridos en su importancia, después de todo pertenecían a una tribu líder, de la cordillera central, y en ese contexto amenazan a Jefté. Le montan un ataque a su credibilidad como jefe, en pocas palabras.

¿Recuerdan el caso de Gedeón? Tuvo un problema similar, menos intenso, pues entonces los efrainitas no se movilizaron contra Gedeón y de hecho reconocieron su liderazgo al traerle la cabeza de los dos príncipes madianitas.

Ahora la situación es diferente: han pasado dos meses o más de la derrota de los amonitas.

v.2 Y Jefté les respondió: Yo y mi pueblo estábamos en gran contienda con los hijos de Amón, y cuando os llamé, no me librasteis de sus manos. 3Viendo, pues, que no me ibais a librar, arriesgué mi vida y crucé contra los hijos de Amón, y el SEÑOR los entregó en mi mano. ¿Por qué, pues, habéis subido hoy a pelear contra mí? 4aEntonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y peleó contra Efraín

Jefté intenta la diplomacia, rechaza la acusación y cambia la perspectiva al dar su propia historia. Apela al Señor y termina con una pregunta retórica, implicando “yo estoy en lo correcto, ustedes se han equivocado.” (vaya vaya: Jefté no usó ninguna diplomacia contra Tob…). Efraín no responde, así que Jefté ordena la batalla y de nuevo sale victorioso.

4b … y los hombres de Galaad derrotaron a Efraín, porque éstos decían: Sois fugitivos de Efraín, vosotros los galaaditas, en medio de Efraín y en medio de Manasés.

El resumen está en el v.7, y las consecuencias políticas son muy claras: las tribus al oeste del Jordán fueron sometidas y Jefté juzgó a Israel (toda la nación) durante 6 años.

v.7 Jefté juzgó a Israel seis años. Y murió Jefté galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad.

Pero hay otro punto que emerge, si miramos de cerca: el reclamo de Efraín revela un asunto personal, y la respuesta de Jefté la confirma “yo y mi pueblo.” Y en el v.4 recluta a todos los hombres de Galaad; la animosidad intertribal es la razón oculta de la guerra:

Los hombres de Galaad arrollaron a los de Efraín porque estos dijeron “ustedes galaaditas son meros fugitivos de Efraín, en medio de Efraín y Manasés.”

El intercambio inicial de palabras semeja al realizado con los amonitas, pero el significado es muy diferente. Ahora no se habla de intervención divina, es más, Jehová no aparece por ninguna parte. La batalla no es ninguna guerra santa.

Los galaaditas responden a los insultos de los efrainitas colocándolos como pollitos en fuga, haciendo a los de Efraín los verdaderos fugitivos de la película:

v.5 Y se apoderaron los galaaditas de los vados del Jordán al lado opuesto de Efraín. Y aconteció que cuando alguno de los fugitivos de Efraín decía: Dejadme cruzar, los hombres de Galaad le decían: ¿Eres efrateo? Si él respondía: No, 6entonces, le decían: Di, pues, la palabra Shibolet; pero él decía Sibolet, porque no podía pronunciarla correctamente. Entonces le echaban mano y lo mataban junto a los vados del Jordán. Y cayeron en aquella ocasión cuarenta y dos mil de los de Efraín.

La táctica de atacar los vados del Jordán, previamente de éxito contra moabitas y madianitas, ahora es utilizada por los mismos israelitas contra israelitas, las consecuencias son devastadoras: 42,000, un genocidio.

El narrador de Jueces presenta un Jefté fuerte, decisivo, capaz, pero al mismo tiempo muy parcial, un galaadita más que israelita, embebido en celos y rencillas tribales. No hay magnanimidad para él: sirvió a los interés nacionales de modo incidental. Nada más.

De ser casi una figura mosaica termina como jefe tribal cualquiera, apoyado en la lealtad de sus hombres, dispuesto a empatársela, consolidar posiciones y extender su esfera de influencia. Una guerra santa convertida en una guerra política.

Y este es el hilo que enhebra los episodios de Jefté: la tendencia a convertir la piedad en política, de negociar con Dios en lugar de someterse a El. Sucede a nivel personal y a nivel nacional.

El patrón literario de la narración -cinco episodios, cada uno con un diálogo- destaca los diálogos y los asocia.

Pero la historia también nos enseña cómo obra Dios con Israel: profundamente personal y emocional más que meramente formal o legal. Al final, no es gobierno bajo rígidos principios de recompensa o castigo, justicia o retribución, sino que es un gobierno doloroso, bajo estrés. ¡Jehová salva a Israel bajo protesta! Airado por su apostasía y afrontado por su “arrepentimiento” y, sin embargo, no puede tolerar su continua miseria. No puede simplemente dejarlos a su suerte. Interviene brevemente para salvar de los amonitas, no interviene para aliviar la angustia o para salvar la hija de Jefté. Hay un contraste: Dios está silente, en la penumbra -otro signo de la creciente alteración de relaciones con su pueblo.

La historia revela la condición humana. Jefté es un hombre capaz -con las palabras, como guerrero; posee una personalidad fuerte, decisiva, es un líder. En su mejor momento ejerce una fe ejemplar. Pero tiene antecedentes personales que nos hacen comprender pero no justificar sus limitaciones. Es inseguro, centrado en sí mismo. No se involucra con los intereses de otros. He aquí la dureza del hombre y la razón del por qué no fue grande.

Por causa de la inseguridad y egoísmo condujo a su hija al sacrificio. No pudo ser padre. Por la misma razón no pudo ser otro Moisés u otro Josué. Al final, Jefté el galaadita (v.7) es el resumen de todo. 

<{{{<<

Mi reyecillo

Estándar

Los persas tienen un rey sombrío;

los hunos foscos

un rey altivo;

un rey ameno

tienen los íberos;

rey tiene el hombre, rey amarillo:

¡mal van los hombres

con su dominio!

 

Mas yo vasallo de otro rey vivo,

un rey desnudo,

blanco y rollizo:

su cetro -¡un beso!

mi premio -¡un mimo!

 

¡Oh! Cual los áureos reyes divinos

de tierras muertas,

de pueblos idos

-¡Cuando te vayas, llévame, hijo!

Toca en mi frente

tu cetro omnímodo;

úngeme siervo, siervo sumiso:

¡No he de cansarme de verme ungido!

¡Lealtad te juro, mi reyecillo!

Sea mi espalda

pavés de mi hijo:

pasa en mis hombros

el mar sombrío,

muera al ponerte

en tierra vivo:

mas si amar piensas

el amarillo

rey de los hombres,

¡muere conmigo!

¿Vivir impuro?

¡No vivas, hijo!

 

José Martí. Cuba (1853-1895)

No rescates a Jefté

Estándar

NOTA: Para su consideración y análisis.

Jueces 11 es uno de los más oscuros capítulos de la Biblia. El juez de Dios, Jefté, ofrece su única hija en sacrificio humano, bajo la increíble y pecaminosa presuposición de que Jehová se adora igual que los dioses paganos. La historia evidencia que, sin fe, el pueblo de Dios es tan depravado como el mundo, y que Israel está en desesperada necesidad de un salvador, más que de un juez.

Algunos dicen “no…no… están equivocados, Dios nunca permitiría que uno de Sus jueces hiciera algo tan horrible… Jefté no la sacrificó, ella solicitó vivir en castidad en servicio a Jehová.”

Pienso que este intento de rescatar la reputación de Jefté es un error, y he aquí por qué:

EL VOTO

La narración ocurre en la época de Jueces, días de obscuridad y tinieblas. Su madre era prostituta (11:1) y Jefté tuvo numerosos medio hermanos que lo odiaban cordialmente. Lo expulsaron de su casa y acabó rodeado de hombres indignos (11:3). Pero entonces, al ocurrir la invasión amonita, los galaaditas acuden a él, Jefté acepta, pelea contra los invasores, el Espíritu del Señor cae sobre él, y salvaguarda a Israel.

Hasta aquí, excepción de la compañía de hombres indignos, todo va bien. El problema inicia cuando al principio de la batalla Jefté hace un voto al Señor: si me entregas a los amonitas, cualquiera que me reciba primero al regresar de la batalla, pertenecerá al Señor y lo ofreceré como holocausto (11:30-31).

El problema es doble:

  1. Al Señor no le impresionan los votos.
  2. Cuando Jefté gana la batalla, su hija emerge feliz a recibirlo. 

Jefté le revela el voto que ofreció, ella manifiesta estar de acuerdo en que debe cumplirlo, y simplemente solicita dos meses para dolerse porque el linaje de su padre terminará ahí, puesto que ella es hija única. Luego de dos meses, Jefté entonces la ofrece en holocausto a Jehová.

EL DEBATE

La historia molesta. Por un lado, sacrificar niños es malo de por sí; por otro, hacerlo por quienes tienen el Espíritu del Señor, pues… peor.

Quizás por ello algunos quieran rescatar a Jefté de su voto. Pretenden que “holocausto” aquí quiere decir dejarla servir a Jehová por el resto de su vida [una monja, por ejemplo]. Algo así como Ana hizo con Samuel generaciones más tarde: dejar el sacrificio en el templo y que la persona viva el resto de sus días sirviendo al Señor vocacionalmente.

POR QUE IMPORTA ESTO

El debate pudiera parecer sin importancia, pero es crítico para entender el libro de Jueces. En la visión tradicional (que holocausto significa sacrificio literal), el libro de Jueces es un libro oscuro. No hay héroes, solo dañados líderes de un pueblo apóstata.

Barac no irá si Débora no la acompaña.

Gedeón era un cobarde, usurpó el sacerdocio y se fabricó un efod autoproclamándose rey de facto [y con todo, su nombre aparece en los héroes de la fe en Hebreos 12!]

Jefté pensó que honraba a Dios con un sacrificio humano.

Sansón al parecer solo conoció tres o cuatro de los mandatos de Dios, en cierta forma, pues violó todos los que sabía.

[David aparece en la misma línea en Hebreos 11:32, y sabemos lo que pasó con Betsabé]

Fueron los días cuando Israel se comportó peor que Sodoma. Intentaron aniquilar dos de las doce tribus, y casi acaban con una. Benjamín había aceptado la homosexualidad, la misma maldad que Lot conoció, como si nada.

El punto del libro es hacernos ver que no había ningún justo en Israel, todos hacían lo que bien les parecía porque había rechazado a Dios como su Rey -hasta los mismos Jueces.

Querer rescatar a Jefté de su estúpido voto cambia todo esto. 

No solo convierte a Jefté en líder virtuoso sino que adopta el concepto de negociar con Dios, lo justifica. Como si fuera legítimo decirle a Dios “si me das X, entonces te doy Y” como si Dios necesitara algo. De repente Jueces 11 se convierte en modelo a seguir, en lugar del pozo de depravación a evitar.

LOS ARGUMENTOS

Los intentos de rescatar a Jefté se centran en lo siguiente: 

  1. El Antiguo Testamento prohíbe sacrificios infantiles.
  2. El Nuevo Testamento dice que Jefté era un hombre de fe  (Hebreos 11:32).
  3. Jefté tenía el Espíritu de Dios, no es posible que hubiera hecho algo tan pecaminoso.
  4. La hija hizo duelo por su virginidad, no por su muerte.

Analicemos esto.

  1. El AT prohíbe sacrificios infantiles.

Cierto. Pero el punto entero del libro es que Israel ahora es peor que Sodoma. El AT prohíbe toda clase de cosas que toda clase de Juez hace: sacar miel de un león muerto, matar concubinas, matrimonio con filisteos, masacrar una o dos tribus, secuestrar esposas, adorar a Baal -prohibido en el AT, y todo sucede en cada capítulo del libro de Jueces. Es obvio que lo sucedido en el Capítulo 11 desagrada al Señor -este es el punto!

2) ¿Dice el NT que Jefté era un hombre de fe?

Sí, junto con Sansón y Gedeón, dos jueces cuyos pecados son famosos. Y a propósito, Noé era bebedor, Moisés un asesino, y Rahab una prostituta. Y todos están en la lista de Hebreos 11. El punto es que todos fueron pecadores terribles, mas confiaron en Jehová y no en los ídolos que sus compatriotas adoraban [vale la pena mencionar aquí la ironía de gentes que son “ evangelio céntricos” y que sin embargo pierden el punto del evangelio en Hebreos 11 al querer rehabilitar la reputación de pecadores que fueron salvos por gracia; como si el pináculo del evangelio estaría mejor ejemplificado si los que creen fueran menos pecadores]. 

3) Jefté tenía el Espíritu de Dios, no es posible que hubiera hecho algo tan pecaminoso.

Este argumento es el más traiciona o revela la posición de una persona en el espectro continuo/discontinuo. ¿Ser utilizado por el Espíritu en el AT, es lo mismo que sellado por el Espíritu en el NT?

Si respondemos afirmativo, intentaremos separar al Jefté interno del sacrificio externo. 

Pero la verdad es que Jehová envió Su Espíritu para levantar Jueces que liberaran a Israel de sus enemigos. Su Espíritu no los santificó. Simplemente los usó para llevar a cabo su propósito y dirigir a Israel al arrepentimiento.  Su Espíritu también vino sobre Sansón (mientras estaba atado a una prostituta), por no mencionar a Saúl, o a Baalam.

4) ¿Habría hecho duelo la hija de Jefté tan solo por su virginidad, sabiendo que iba a morir? 

Somos mujeres. ¿Se dolería así, tan solo por nunca haberse casado?

Jueces 11 incomoda. Ese es el punto. Cada capítulo del libro de Jueces es peor que el anterior, en Israel. En lugar de querer rescatar a Jefté, permitamos que el texto brille, que Dios rescate a Jefté mediante la fe, y gracias a la Venida de un mejor Juez.

Jesse Johnson. http://www.thecripplegate.com; Oct 23, 2014

 

Salmo y anti-salmo

Estándar

Señor,

mi corazón no es soberbio,

ni mis ojos altivos,

no ando tras las grandezas,

ni en cosas demasiado difíciles para mí,

sino que he calmado y acallado mi alma.

Como un niño destetado en el regazo de su madre,

como un niño destetado reposa en mí mi alma.

Espera, oh Israel, en el Señor, desde ahora y para siempre.

Salmo 131:1-3

La fe nos libra de nuestro problema mayor: la orgullosa voluntad. Vean la dinámica de las palabras: “no soy superior a otros, no intento lo imposible, no me aferro a mis opiniones.” Interesante. Vemos los resultados, no el proceso. Pero para decir “no soy tal cosa” primero hay que identificar la cosa.

¿Qué nos produce ruido interior? David Powlison nos invita a hacer el ejercicio de convertir el salmo en su opuesto, un anti-salmo:

Yo,

mi corazón es orgulloso (me absorbo en mí mismo)

y mis ojos son altivos (los demás son inferiores)

y busco cosas grandes y difíciles para mí.

Por supuesto que estoy ruidoso e inquieto; es lo natural,

como niño hambriento en el regazo de su madre,

como niño hambriento, inquieto con mis demandas y  preocupaciones,

disperso mis expectativas sobre cualquier cosa y sobre todos, todo el tiempo.

¿Se dan cuenta? El ruido ahora tiene sentido, hasta es posible identificar con exactitud de dónde proviene. He ahí nuestra esclavitud a la corrupción presente en el mundo por causa de la concupiscencia (2 Pedro 1:4).

[Solo una cosa es lo suficientemente fuerte para vencer una vida tormentosa: lo que Dios ha prometido hacer en y a través de Cristo.  De parte de Dios, escapamos de nosotros al ser amados por Cristo mediante la poderosa presencia del Espíritu Santo. De parte nuestra, escapamos de nosotros al aprender un estilo de vida de arrepentimiento inteligente, fe genuina y obediencia específica].

SEEING WITH NEW EYES. Ch.4, Peace, be still. pp.75-89; David Powlison. 

 

Apuntes a Jueces, 11:29-40

Estándar

El elemento común es la victoria sobre Amón, adonde apunta la narración desde un principio, pero el asunto del voto hecho en los versos 30-31 inicia una secuencia que para nada termina en victoria. De hecho eclipsa el clímax esperado al subordinarlo a un nuevo clímax que termina en v.34-37 cuando Jefté cumple su voto y ofrece su hija en holocausto. 

Este evento, descrito con mayores detalles que la batalla misma, es el foco principal y el clímax real.

A.

Jefté lleno del Espíritu

conduce a

victoria sobre Amón

B.

El voto de Jefté +

victoria sobre Amón

conduce a

cumplimiento del voto

v29 Y el Espíritu del SEÑOR vino sobre Jefté, y pasó por Galaad y Manasés; luego pasó por Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad fue adonde estaban los hijos de Amón.

Hasta ahora Jehová no ha aparecido a Jefté ni le ha hablado directamente; de hecho no hay indicación de la aprobación de Jehová. Jefté fue llamado por hombres, colocado en posición de líder por hombres, y lo que sabemos de Dios es que “Jehová se ha exasperado con la miseria de Israel” (10:16). Su silencio y aparente inactividad es de temer, dada la velocidad con que antes acudió a salvar en situaciones similares.

Ahora todo cambia.

La expresión es la misma en relación a Otoniel (3:10), a Gedeón (6:34), y no permite dudas sobre la elección de Jefté por Jehová para liberar a Israel. Implica que la actividad siguiente es consecuencia del Espíritu sobre Jefté: cruzó… atravesó… fue a… Galaad. Manasés, Mizpa de Galaad (el pueblo donde nació), culminando donde los amonitas (el lugar donde habían acampado). Tal parece que el propósito del tour es mostrarse como líder y a la vez reclutar refuerzos.

v.30-31 Y Jefté hizo un voto al SEÑOR, y dijo: Si en verdad entregas en mis manos a los hijos de Amón, sucederá que cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando yo vuelva en paz de los hijos de Amón, será del SEÑOR, o lo ofreceré como holocausto

HOLOCAUSTO. (Del lat. holocaustum, y este del gr. ὁλόκαυστος).

1. Gran matanza de seres humanos. 2. Acto de abnegación total que se lleva a cabo por amor. 3. Entre los israelitas especialmente, sacrificio en que se quemaba toda la víctima.

¿Se acuerdan del vellón de Gedeón? (6:36-40). Igual que el primero, Jefté busca seguridad de que Dios le dará victoria. Resulta extraña la inseguridad luego de su aparente demostración pública de confianza. El voto nos lleva al interior de la psiquis de este hombre, nos enseña un hombre perseguido por su pasado.

v.30 si en verdad entregas en mis manos a los amonitas
v.31 sucederá que cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando yo vuelva victorioso será de Jehová y lo ofreceré como holocausto

Públicamente argumenta la inocencia de Israel (v.27) y expresa confianza en el favor del juicio de Dios; privadamente recuerda su propia inocencia y derechos rotos por aquellos que debían protegerlo. Su profunda angustia se revela: “si en verdad entregas…”  (¿Me rechazará Jehová, también?).

Recuerden que perderá todo -posición dentro del clan y tribu-, hasta su vida, si la batalla resulta desfavorable. Si pierde la guerra, reiniciará el ciclo de rechazo otra vez.

La ironía es que nosotras sabemos que el temor de Jefté al rechazo es un fantasma. El Espíritu del Señor vino sobre él: el divino Juez ya dictó sentencia. Pero esta información la tenemos nosotras. Jefté no ha leído el periódico, no se ha percatado del fondo. No ha recibido instrucciones directas, ninguna visita especial, ninguna palabra profética. Desde el punto de vista de Jefté, Jehová no se ha comprometido. Jefté se ha convertido en instrumento de Dios sin que Jefté se dé cuenta de ello. Observamos, con ventaja que él no tiene, cómo toma medidas extremas para asegurar la ayuda divina, algo que sabemos ya le ha sido concedida.

Así como los principales quisieron seducirlo, ahora él intenta hacer lo mismo con Dios. Jefté es el suplicante, pero en sus palabras vemos toda la sagacidad a la que nos ha acostumbrado. Quiere prevalecer sobre Jehová [te pido… ¡y no me digas que no!]… El voto es muy específico en la oferta al ofrecer un holocausto, pero más circunspecto al nominar la víctima. De hecho solo menciona los medios para identificar la víctima, lo cual introduce un elemento dramático inmediato, ¿qué o quién? El lenguaje es ambiguo, pero aplicable a un ser humano, no a un animal. La gravedad misma de la situación implica que se trata de un holocausto humano. El voto coloca en riesgo a todos los ocupantes de la casa de Jefté, pero observen que ofrecerá solo aquello a lo cual sea forzado: igual que los ancianos de Galaad, no ofrecerá cabeza si puede ser líder, es decir, tira los dados y apuesta. El voto no es impulsivo, está fríamente calculado, hecho con sagacidad, muy de acuerdo con el carácter del hombre.

v.32 Y Jefté cruzó adonde estaban los hijos de Amón para pelear contra ellos; y el SEÑOR los entregó en su mano. 33Y los hirió con una gran matanza desde Aroer hasta la entrada de Minit, veinte ciudades, hasta Abel- keramim. Y los hijos de Amón fueron sometidos delante de los hijos de Israel

La manera como empieza el verso resume las palabras del v.19, o sea que el voto es una interrupción en el progreso de la batalla: habría ganado de todos modos! Miren la escueta nota: y el Señor los entregó en su mano y los hirió

¡El voto era irrelevante! Jefté hubiera vuelto victorioso de todos modos, lo cual, tristemente, crea la condición para que este hombre deba cumplir lo que prometió. Observen que no hay detalles de la batalla, el escritor comprime el texto porque quiere nuestra atención en el voto que hizo Jefté. Como si el escritor quisiera sorber la victoria en tristeza, preocupado por lo que viene.

VOTO. (Del lat. votum).

1. Expresión pública o secreta de una preferencia ante una opción. 2. Gesto, papeleta u otro objeto con que se expresa tal preferencia. 3. Parecer o dictamen explicado en una congregación o junta en orden a una decisión. 4. Ruego o deprecación con que se pide a Dios una gracia.5. Juramento o execración en demostración de ira.6. Ofrenda dedicada a Dios o a un santo por un beneficio recibido.

¿Es malo hacer votos? No. El problema es hacerlo con ligereza y no cumplir. (Hechos 18:18 Y Pablo, después de quedarse muchos días más, se despidió de los hermanos y se embarcó hacia Siria, y con él iban Priscila y Aquila. Y en Cencrea se hizo cortar el cabello, porque tenía hecho un voto). 

v.34 Cuando Jefté llegó a su casa en Mizpa, he aquí, su hija salió a recibirlo con panderos y con danzas. Era ella su única hija; fuera de ella no tenía hijo ni hija.

La narración explota en ironías: vemos la escena a través de los ojos del propio Jefté. Su única hija, preciosa, sale a recibirlo ( eco del voto) con panderos y danza (como Miriam y sus amigas luego del cruce del Mar Rojo en Exodo 15:20). Feliz porque su padre regresa victorioso, pero contrario a Miriam y contrario a quienes recibieron a David (1 Samuel 18:6-7), ella sale sola, y es esta figura solitaria lo que aumenta el énfasis terrible: solo ella, porque fuera de ella no tenía hijo ni hija. Las palabras subrayan la soledad de la niña (solo ella será sacrificada) y la agonía del padre (no tiene a nadie más), su seguridad personal ha sido sacudida.

v.35 Y cuando la vio, él rasgó sus ropas y dijo: ¡Ay, hija mía! Me has abatido y estás entre los que me afligen; porque he dado mi palabra al SEÑOR, y no me puedo retractar36Entonces ella le dijo:Padre mío, has dado tu palabra al SEÑOR; haz conmigo conforme a lo que has dicho, ya que el SEÑOR te ha vengado de tus enemigos, los hijos de Amón.

Jefté había puesto en riesgo a su hija, pero había esperado evitar lo que ahora debe confrontar. Ahora frente a ella se da cuenta de su verdadero valor como hija, y, sin embargo, leemos que es su propio predicamento lo que más le molesta!

¡Ay hija mía! me has abatido y estás entre los que me afligen

Tú eres (te has convertido en) la causa de mi calamidad

No ofrece consuelo, solo acusación. ¡Oh la autoabsorción! El amor egoísta. Hace referencia al voto de modo indirecto, señalando su significancia: he dado mi palabra al Señor, no me puedo echar atrás. Parte admisión de responsabilidad (he abierto mi boca) y parte negación de la responsabilidad (no me puedo retractar). El problema es hechura suya 100% y hemos de ser prudentes, esto es, no atribuir a Jefté un cierto complejo de piedad que refleje más lo que nosotras queremos pensar que lo que el texto dice.

Es otra cosa con su hija, cuando habla, se hace eco de las palabras de su padre: Padre mío, has dado tu palabra al SEÑOR. Y observen que no hay recriminación, sino más bien un darse cuenta del alcance de su significado, un hacer la paz, un componerse a sí misma para una respuesta digna.

v.37-40 Y ella dijo a su padre: Que se haga esto por mí; déjame sola por dos meses, para que vaya yo a los montes y llore por mi virginidad, yo y mis compañeras. Y él dijo:Ve, y la dejó ir por dos meses; y ella se fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes. Al cabo de los dos meses ella regresó a su padre, que hizo con ella conforme al voto que había hecho; y ella no tuvo relaciones con ningún hombre. Y se hizo costumbre en Israel, que de año en año las hijas de Israel fueran cuatro días en el año a conmemorar a la hija de Jefté galaadita.

SUMISION. (Del lat. submissĭo, -ōnis).

1. Sometimiento de alguien a otra u otras personas. 2. Sometimiento del juicio de alguien al de otra persona. 3. Acatamiento, subordinación manifiesta con palabras o acciones. 4. Acto por el cual alguien se somete a otra jurisdicción, renunciando o perdiendo su domicilio y fuero.

¿Por qué tanto hablar de la sumisión? Nos incomoda, lo percibimos negativamente. Suena como si la mujer fuera menos que el hombre. ¿Acaso una mujer no puede ejercer su don? ¿Ni siquiera puede abrir la boca?

La verdad es que cualquiera se incomoda con semejante clase de sumisión. Yo también. Y en sinceridad, al escuchar la definición no nos sentimos particularmente inclinadas a ello. Pero el asunto no es idea mía sino de Dios, por tanto es preferible que estudie lo que enseña Su Palabra y frenar el rechazo pasivo o activo del asunto, por lo general secundario a pobre o equivocado entendimiento.

1 Crónicas 11:10  Estos son los jefes de los valientes que tenía David, quienes le dieron fuerte apoyo en su reino, junto con todo Israel, para hacerlo rey, conforme a la palabra del SEÑOR concerniente a Israel. 

Leamos bien. Primero que todo, el reconocimiento de la autoridad dada por Dios. Reconocerla, aceptarla, luego dar apoyo completo y hacer todo cuanto esté a su alcance para hacerlo -no hacerse- rey.

Creyentes -hombres y mujeres- reconocemos la autoridad de Cristo. Oramos “sea hecha Tu voluntad.” Hacemos esfuerzos honestos de cooperar con lo que El hace, de enderezar lo torcido de nuestras vidas de acuerdo a Su deseo. Una mujer creyente, en sumisión a Dios, reconoce la autoridad divinamente asignada a su esposo (no, él no se la ganó, recuerda que la tiene por ‘dedazo’) y decide otorgar fuerte apoyo a ayudarlo, fortalecerlo en lo que se supone debe hacer, ser lo que se supone debe ser -su cabeza. 

Esta mujer no intenta salirse con la suya. Más bien es facilitadora del trabajo de él. Busca contribuir al propósito de él, en lugar de dedicarse a planificar cómo logrará los suyos. Si esto se oye sospechoso, algo así como tradicionalista… ok, aplica el filtro de la Escritura: Efesios 5:22 Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor.

¿Cuándo dejarás de estarte quejando?*

La hija de Jefté se sometió. Luego de llorar dos meses su virginidad, volvió y en sumisión total se entregó. Y no hubo palabra del cielo que detuviera la mano de Jefté.

¿Debiera haber quebrantado Jefté su voto?

En el AT los votos son tomados muy seriamente. La regla general es que son voluntarios, pero una vez pronunciados han de ser cumplidos (Números 30:2 Si un hombre hace un voto al SEÑOR, o hace un juramento para imponerse una obligación, no faltará a su palabra; hará conforme a todo lo que salga de su boca Hebreos 3]). Incluso un voto hecho a la ligera debía cumplirse, a menos que fuese exonerado por alguien que tuviera la autoridad para hacerlo, en un tiempo específico (un padre, un esposo, por ejemplo. Números 30:3-16).

Pero si alguien pronunciaba sin querer voto para hacer un mal, al darse cuenta de su error debía confesarlo y traer un animal apropiado como ofrenda por el pecado, y el sacerdote haría la ofrenda a nombre de la persona buscando el perdón (Levítico 5:4-6 O si alguien, sin pensar, jura con sus labios hacer mal o hacer bien, en cualquier asunto que el hombre hable sin pensar con juramento, sin darse cuenta, y luego llega a saberlo, será culpable de cualquiera de estas cosas. Así será que cuando llegue a ser culpable de cualquiera de estas cosas, confesará aquello en que ha pecado. Traerá también al SEÑOR su ofrenda por la culpa, por el pecado que ha cometido, una hembra del rebaño, una cordera o una cabra como ofrenda por el pecado. Y el sacerdote le hará expiación por su pecado).

Jefté se equivocó al pronunciar el voto. No solo era innecesario (Dios le daría la victoria de todos modos), sino que en sí mismo era manipulación, es decir, negación de la supuesta confianza en Jehová que había manifestado públicamente. Todavía más, puesto que el sacrificio infantil era un rito pagano condenado en la ley mosaica (Levítico 18:21; 20:2-5), hacerlo -aún en cumplimiento de un voto- sería una abominación (Jeremías 32:35) y por tanto incurrir en el juicio de Dios.

No hay duda que Jefté se equivocó. Y peor todavía el haber sacrificado a su hija.

Su intención, sin embargo, era asegurar la ayuda de Jehová. Jefté sabía la historia de Israel, creía en Jehová como Juez Supremo, y fue capaz de confiar en El (su mejor momento). Pero también fue capaz de hacer compromisos teológicos (sincretismo), dudar (su peor momento) y querer asegurar con métodos paganos el favor de Jehová.

No debiera sorprendernos, en vista del confuso estado de la religión israelita en el período de los Jueces y del carácter mixto de Gedeón, el juez anterior.

<{{{{<<

*What do you mean by submission. [Elizabeth Elliot, Keep a quiet heart, pp.85]

 

 

 

 

x

Espiral

Estándar

Como el clavel sobre su vara, 

como el clavel, es el cohete:

es un clavel que se dispara.

 

Como el cohete el torbellino:

sube hasta el cielo y se desgrana,

canto de pájaro en un pino.

 

Como el clavel y como el viento

el caracol es un cohete:

petrificado movimiento.

 

Y la espiral en cada cosa

su vibración difunde en giros:

el movimiento no reposa.

 

Octavio Paz. México (1914-1998)