There I go again

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There I go again:

quick to stumble, break, and fall.

Another choice of word

that’s slipped and heard

so full of swearing gall.

 

And there I go again:

poor steward of time and wages;

so wasted, spent;

dare I repent

before the Rock of Ages?

 

Now there I go again:

harboring rage against my neighbor,

whom I’m to love

if I’m made of

the Spirit for Whom I labor.

 

God of heaven,

tell me this –

do I betray you with a kiss…

from unclean lips,

so coarse- profane?

I am not fit

to call Your name!

 

Much less to have

Your mercy, new,

that falls on me

with morning due…

so crisp and clean,

‘fore men confessed,

all my sins

as grace refreshed;

and Godly sorrow swallows pride

with

I AM

holy, satisfied,

 

not by a pious claim of mine

for none are they to find.

Though of no merit,

I will inherit

a kingdom, most divine!

 

Because God’s rage against me

has been meted out;

and not on me

but on a tree

where Christ defeated doubt!

 

And so to Him I reach for,

despite my deep chagrin…

His hem, I touch,

absolving much!

It’s there, I go again.

1Way2Truth4Life.org

Apuntes a Jueces, 4:6-24

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v.6-7 Y ella mandó llamar a Barac, hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo:Esto ha ordenado el SEÑOR, Dios de Israel:»Ve, marcha al monte Tabor y lleva contigo a diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón.» 7Y yo atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas al torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos.

Débora hace un encargo solemne a Barac, en el nombre de Jehová. El encargo es precioso, prácticamente eleva a este hombre a un rol comparable al de Otoniel (3:7-11). Pero Barak responde imponiendo una condición:

v.8 Le respondió Barac: Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré.

¡Vaya sorpresa! Salvar a Israel por la fuerza de las armas es tarea de hombres. 

Barak (significa rayo) , tiene sus órdenes y se le ha asegurado victoria…[en la mitología canaanita Baal se presentaba montado sobre nubes, llevando un trueno en una mano y un rayo como flecha en la otra, luchando contra Yam, el monstruo del caos marino de ahí que el nombre de Barac es un contraste].

El hecho de que Débora es capaz de hacer venir a Barac desde Cedes de Neftalí indica la amplitud de su autoridad, el pueblo estaba a unos 27 km al norte del mar de Galilea; ella le habla “en el nombre de Jehová, el Dios de Israel”: la fuente de su autoridad y la escala de la batalla que se avecina. Todo Israel, su seguridad y supervivencia, está en juego. 

Barac debe reclutar 10,000 hombres de Neftalí y Zabulón, llevarlos al Monte Tabor (el torrente de Cisón a 14.5 km al suroeste), Dios llevará a Sísara al torrente, lo cual daría ventaja táctica militar a Barac… como en el caso de Jericó, el verdadero comandante del ejército de Barac es Jehová.

La insistencia de Barac traiciona su estatura de héroe (la camisa le queda grande! Abinoam -nombre del papá- quiere decir “padre complaciente”, es decir que Barak no tiene antecedente militar, necesitará guía divina, lo cual es exactamente lo que Débora le promete), será reducido a un papel secundario, llegará tarde pues Sísara ya habrá muerto y la derrota del general será también la derrota del mismo Barac pues no recibirá el honor de la batalla. 

¿Intenta manipular a Débora la profetisa? Un relato anticipado también sobre Jefté, quien intentó manipular directamente a Dios, como veremos más adelante.

El torrente se halla a 14.5 km del Monte Tabor, cabeza del valle de Jezreel, a Barac se le ha prometido que Jehová atraerá a Sísara, con todos su ejército de carros e infantería, a un lugar que le dará ventaja militar a Barac, literalmente Jehová entregará al enemigo en las manos de Barac. Es decir que tiene la victoria segura siempre y cuando haga con exactitud lo que Jehová le ha mandado.

v.9 Y ella dijo:Ciertamente iré contigo; sin embargo, el honor no será tuyo en la jornada que vas a emprender, porque el SEÑOR venderá a Sísara en manos de una mujer. Entonces Débora se levantó y fue con Barac a Cedesv.10 Y Barac convocó a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subieron con él diez mil hombres; Débora también subió con él.

v.11 Y Heber ceneo, se había separado de los ceneos, de los hijos de Hobab, suegro de Moisés, y había plantado su tienda cerca de la encina en Zaanaim, que está junto a Cedes.

Reaparecen los kenitas (ceneos) que vimos en el primer capítulo, uno de sus jefes se había movido al norte, cerca de Cedes. Parte del drama próximo, de la cuidadosa construcción del escritor. La encina de Zaanaim (Josué 19:33) era el límite de la tribu de Neftalí y, curiosamente, asocia a Jael con un árbol, así como a Débora la identifica su palmera.

v.12 Avisaron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor.

v.13Y juntó Sísara todos sus carros, novecientos carros de hierro, y a todo el pueblo que estaba con él, desde Haroset- goim hasta el torrente Cisón.

v.14 Entonces Débora dijo a Barac:¡Levántate!, porque este es el día en que el SEÑOR ha entregado a Sísara en tus manos; he aquí, el SEÑOR ha salido delante de ti. Bajó, pues, Barac del monte Tabor seguido de diez mil hombres. 

v.15 Y el SEÑOR derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie.

El servicio de inteligencia de Sísara le informa que un tal Barac ha subido al monte Tabor (recuerda: este monte es una cabeza en medio de la planicie) así que reúne todo su ejército -incluso los 900 carros de hierro- en el torrente de Cisón para enfrentarlo, sin saber que está siendo dirigido por Jehová (v.7). Débora cumple su palabra y acompaña a Barac. Repite el v.14 y observa que ella presenta al Señor como el guerrero que luchará por su pueblo. Noten el vigor y masculinidad de la foto, porque es algo que se ha vuelto escaso en la iglesia de hoy.

¿No les dice algo que el Dios de la Biblia es llamado Guerrero?

La Fortaleza de Israel no es esa imagen suave y llorona, pulida, de la imaginación occidental actual. ¡La única esperanza para un pueblo afligido radica en un Dios fuerte que “con justicia juzga y hace la guerra” (Apoc.19:11).

 Viendo que se ha cumplido la primera parte de su profecía, Débora interviene en el momento crítico y le recuerda la promesa de victoria –el Señor ha salido delante de ti-, lo cual enciende a Barac quien ahora sí descarga un rayo antes de que Sísara ordene su ejército.  El general es tomado por sorpresa, tal parece que Sísara asume que Barac estará esperando la embestida suya, no al revés. Sin embargo observen que la explicación del texto es teológica: Y el SEÑOR derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo su ejército, a filo de espada delante de Barac. 

La evidencia concreta es Dios en operación, quien desata una tormenta e inutiliza los carros de hierro (5:20-21). [Otras ocasiones en que Dios desata una tormenta: Josué 10:10-11; 1 Samuel 7:10; Salmo 18:14; 144:6]. Saber que el Señor librará a Su pueblo no disminuye el hecho de que El es quien lo hace. Maravíllate al menos de lo oportuno que es para convertir las nubes en tormentas!

 Una repetición, en esencia, de lo que pasó en el Mar Rojo con Faraón y sus carros (Exodo 5:4-5), con una distintiva diferencia: Sísara baja del carro y huye a pie.

v.16 Mas Barac persiguió los carros y el ejército hasta Haroset- goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni uno. 

v.17 Pero Sísara huyó a pie a la tienda de Jael, mujer de Heber ceneo; porque había paz entre Jabín, rey de Hazor, y la casa de Heber ceneo

¡Barac se fue por un lado -al oeste- mientras Sísara fue al este porque sabía… –v.17b!

Barac -en medio de la batalla- no se percató de la complicación, persiguió los carros y el ejército que huían a su base, mientras Sísara se escondía al este porque sabía que los kenitas eran aliados de Jabín.

v.18-22 Y Jael salió al encuentro de Sísara, y le dijo:Ven, señor mío, ven a mí; no temas. Y él fue hacia ella a la tienda, y ella le cubrió con una manta. Y él le dijo:Te ruego que me des de beber un poco de agua, porque tengo sed. Y ella abrió un odre de leche y le dio de beber; entonces lo cubrió. Entonces él le dijo:Ponte a la entrada de la tienda, y si alguien viene, y te pregunta, y te dice:»¿Hay alguien aquí?», tú responderás:»No.» 

Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda y tomando en la mano un martillo, se le acercó silenciosamente y le clavó la estaca en las sienes, la cual penetró en la tierra, pues él estaba profundamente dormido y agotado, y murió. Y he aquí, cuando Barac perseguía a Sísara, Jael salió a su encuentro, y le dijo:Ven, y te mostraré al hombre que buscas. Y él entró con ella, y he aquí que Sísara yacía muerto con la estaca en la sien.

El canto de la sirena: invita a su víctima para luego destruirla. Al igual que Rahab la ramera, dándose cuenta por dónde andan las cosas, Jael rompe la solidaridad con su propio clan y tira los dados a favor de Israel.

v.23-24 Así sometió Dios en aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel. Y la mano de los hijos de Israel se hizo más y más dura sobre Jabín, rey de Canaán, hasta que lo destruyeron.

La muerte de Sísara es el final de la historia. Se cumple la profecía de Débora acerca del general y también acerca de Barac. Jabín se vuelve nada. Lo que empezó como el yugo de Jabín sobre Israel ahora termina con el yugo de Israel sobre Jabín: el equilibrio es restaurado. Pero note que no habla de “y la tierra reposó por X tiempo” sino hasta 5:31, al final de la canción de victoria, porque la victoria que el Señor les ha permitido alcanzar es tan significativa que lo justo es una fiesta de celebración!

Una esperaría que la lección sobre reyes canaanitas quedaría grabada en el subconsciente israelí para que no desearan algo semejante. Sin embargo, la historia de Gedeón y Abimelec nos mostrará la fascinación suicida que todos tenemos hacia el mal.

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¿Me estoy poniendo viejo?

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– Te estás volviendo viejo – me dijeron, has dejado de ser tú, te estas volviendo amargado y solitario.

– No, respondí. No me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo sabio.

He dejado de ser lo que a otros agrada para convertirme en lo que a mí me agrada ser. He dejado de buscar la aceptación de los demás para aceptarme a mí mismo. He dejado tras de mí los espejos mentirosos que engañan sin piedad.

No, no me estoy volviendo viejo; me estoy volviendo asertivo, selectivo de lugares, personas, costumbres e ideologías.

He dejado ir apegos, dolores innecesarios, personas, almas, y corazones, no por amargura sino simplemente por salud. Dejé las noches de fiesta por insomnios de aprendizaje, dejé de vivir historias y comencé a escribirlas, hice a un lado los estereotipos impuestos, dejé de usar maquillaje para ocultar mis heridas, ahora llevo un libro que embellece mi mente.

Cambié las copas de vino por tazas de café, me olvidé de idealizar la vida y comencé a vivirla.

No, no me estoy poniendo viejo. Llevo en el alma lozanía y en el corazón la inocencia de quien a diario se descubre. Llevo en las manos la ternura de un capullo que al abrirse expandirá sus alas a otros sitios inalcanzables para aquellos que solo buscan la frivolidad de lo material. Llevo en mi rostro la sonrisa que se escapa traviesa al observar la simplicidad de la naturaleza, llevo en mis oídos el trinar de las aves alegrando mi andar.

No, no me estoy poniendo viejo. Me estoy volviendo selectivo, apostando mi tiempo a lo intangible, reescribiendo el cuento que alguna vez me contaron, redescubriendo mundos, rescatando aquellos viejos libros que a medias páginas había olvidado.

Me estoy volviendo más prudente, he dejado los arrebatos que nada enseñan, estoy aprendiendo a hablar de cosas trascendentes, estoy aprendiendo a cultivar conocimientos, estoy sembrando ideales y forjando mi destino.

No, no es que me esté volviendo viejo por dormir temprano los sábados, es que también los domingos hay que despertar temprano, disfrutar el café sin prisa y leer con calma un poemario.

No es por vejez por lo que se camina lento, es para observar la torpeza de los que aprisa andan y tropiezan con el descontento.

No es por vejez por lo que a veces se guarda silencio, es simplemente porque no a toda palabra hay que hacerle eco.

No, no me estoy poniendo viejo, estoy comenzando a vivir lo que realmente me interesa.

Víctor Hugo. Francia (1802-1885)

cortesía de A. Corona

Golondrinas yucatecas

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Vinieron en tardes serenas de estío,

cruzando los aires con vuelo veloz,

en tibios aleros formaros sus nidos,

sus nidos formaron piando de amor.

 

¡Qué blancos sus pechos! sus alas qué inquietas,

¡qué inquietas y leves! y abriéndose en cruz,

y cómo alegraban las tardes aquellas,

las tardes aquellas bañadas en luz.

 

Así en la mañana jovial de mi vida

llegaron en alas de la juventud

amores y ensueños como golondrinas,

como golondrinas bañadas de luz.

 

Mas trajo el invierno su niebla sombría, 

la rubia mañana, llorosa, se fue,

se fueron los sueños y las golondrinas,

y las golondrinas se fueron también.

 

Ricardo Palmerín Pavia. México (1887-1944)

S,H,C espirituales

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 Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría.

No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz.

Mas por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras.

Salmo 19:1-4a

Apuntes a Jueces, 4:4-5

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La historia: liberación de Israel, destrucción de Sísara

v.4-5 Débora, profetisa, mujer de Lapidot, juzgaba a Israel en aquel tiempo; 5y se sentaba debajo de la palmera de Débora entre Ramá y Betel, en la región montañosa de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a pedir juicio

La escena introduce al personaje que pondrá la historia es movimiento. Débora (miel de abeja) no es líder militar, ni cabeza de Estado, ni proponente alguno de principios egalitarios (la igualdad de roles). 

EGALITARIO (igualitario):

1. adj. Que entraña igualdad o tiende a ella. 2. adj. Que propugna la igualdad social.

¿Quién fue Débora? Una gran israelita, profetisa, es decir el agente por el cual la palabra de Dios entrará en la historia para requerir de Barak que cumpla su rol como salvador (por primera vez se distingue entre “jueces” y “salvación”, si bien las dos funciones pudieran coincidir en la misma persona, un juez no era necesariamente salvador, y un salvador no es necesariamente juez). Débora, una mujer, tiene sin embargo un papel crucial en la salvación de Israel, en dos sentidos: a) al resolver disputas los salvaba de problemas entre ellos, b) al comisionar a Barak los salva de problemas fuera de ellos. 

Es una mujer fuerte en tiempos de hombres débiles.

Se nos presenta una variación del ciclo de Jueces que ya hemos visto. Se describe la situación general y se introduce a una mujer: Débora es el único personaje significativo del libro de Jueces de quien no se dice “se levantó” o que haya recibido algún llamado, la descripción usual del juez-libertador como Otoniel (3:9), Ehud (3:15), Gedeón (6:14), Tola (10:1) y Jair (10:3).

Débora era profetisa 

Un profeta es alguien que recibe y comunica palabras de y para Dios (Exodo 4:15-16; 7:1). Como profetisa, Dios hablaba a través de ella algunas veces. Ahora bien, por sí misma esta información no nos dice nada de su papel en la nación o incluso de su carácter. Dios escoge a quien le place, y por lo general no sabemos por qué. 

Del lado positivo tenemos a Miriam, hermana de Aarón (Exodo 15:20); a Hulda (2 Reyes 22:14-20 y 2 Crónicas 34:22-28); a la esposa de Isaías, quien le dio hijos miembros clave de su banda de discípulos así como señal de temas gemelos (salvación y juicio) para su ministerio en Sion (Isaías 7:3; 8:3, 16-18). Del lado negativo tenemos a Noadías, quien se opuso a Nehemías (Nehemías 6:14).

En el Nuevo Testamento (NT) conocemos a la vieja Ana quien supo del verdadero significado del nacimiento de Jesús y habló de él a todos los que esperaban la redención de Israel (Lucas 2:36-38); a las 4 hijas de Felipe el evangelista (Hechos 21:8-9); a Jezabel, la falsa profeta de la iglesia en Tiatira (Apocalipsis 2:20-21).

El don de profecía estuvo presente en iglesias del NT luego de Pentecostés, ejercido por hombres y mujeres, como había sido profetizado por Joel (Joel 2:28-29; Hechos 2:16-18; 1 Corintios 14:29-33). En Jueces 4, Débora actúa como profetisa de guerra, llamando y comisionando a Barac para que conduzca hombres a la batalla, le da promesa de victoria y la orden de atacar en el tiempo oportuno (v.6-7, 14).

Débora era una mujer casada

Era la esposa de Lapidot (antorcha), de quien no sabemos nada. Pero es notable que al identificarse como esposa (4:4), como madre (5:7), y quien ministra desde un lugar específico (4:5), garantiza el entendimiento que su ministerio no negaba sus responsabilidades domésticas. Es una persona normal, la esposa de Fulanito.

Débora juzgaba (adjudicación)

Shaphat (juzgar) es una palabra amplia y general que puede traducirse como “juez”, “adjudicar”, “decidir”, “gobernar”, “otorgar”, “pronunciar juicio”, o “ejecutar sentencia”. Para bien nuestro, el contexto nos ayuda a entender lo que Débora hacía.

Es claro que no provee liberación militar alguna sentada bajo la palmera. Si bien el texto no especifica, parece establecer veredictos en asuntos civiles y/o proveer guía divina. Los profetas eran conocidos como hombres de Dios, se tenían en alta estima, lo que profetizaban era verdad. Débora era así. No solo sabia o de entendimiento, sino profetisa –alguien que habla las palabras de Dios. Su juicio proveía adjudicación (sentencia) o consejería, de ninguna manera liberación de los opresores. 

Resulta inusual la frase “juzgaba” pues juzgar en el sentido que ella hacía significa ser la líder efectiva de toda la nación -un oficio que ninguna otra mujer ostentó en el AT, y que no tiene paralelo en el NT. Su modo de ejercer recuerda a Samuel: los israelitas subían a ella, ungió a Barac (Samuel a Saúl y a David), no lideró batallas (tampoco Samuel), en Ramá y Bethel (igual que Samuel). Como si fuese la contraparte femenina de Samuel.

Pero también similar a Moisés, como una corte final de apelación para juzgar casos difíciles (Exodo 18:24-26). 

En un sentido, el ejercicio de Débora como juez es indicación de cuán irregular se habían vuelto las cosas en el período de los Jueces; pero en toda la narración -de hecho en toda la Escritura- no hay pista alguna de que el ejercicio de su rol fuese contrario a los propósitos de Dios, o de ruptura de Su voluntad declarada como, por ejemplo, las prácticas irregulares de adoración del período. Por el contrario, Débora es cantada como “madre de Israel”, trajo estabilidad y orden donde todo había sido caos (5:6-9); ‘salva’ a Israel en este mismo sentido (al igual que Tola en 10:1).

Algunos interpretan que el gobierno de una mujer es señal de degeneración, no de liberación (Isaías 3:12 ¡Oh pueblo mío! Sus opresores son muchachos, y mujeres lo dominan. Pueblo mío, los que te guían te hacen desviar y confunden el curso de tus sendas). Ciertamente el tiempo de los Jueces fue tiempo de obscuridad en la historia de Israel. Quienes deseen extrapolar doctrina o práctica del ejemplo de Débora harían bien en recordar que Jueces 4 y 5 constituyen el reporte histórico de una circunstancia en un ambiente muy alejado del ideal. Estos capítulos son para nuestra edificación, no para ser usados como precedente o incluso para derribar/establecer mandatos en la Escritura.

¿Dónde estaban los sacerdotes y ancianos que debían juzgar? 

El único sacerdote mencionado en todo el libro era apóstata (Jueces 17 y 18). Después de Josué, los ancianos fueron hombres corruptos y necios (Jueces 2:7, 10: 8:14-16; 21). Es obvio que el pueblo se dirigiera a Débora porque ella tenía la palabra de Dios e integridad personal, una rara combinación en aquellos tiempos.

Débora solía estar a la sombra de su palmera

La gente venía a ella. Ella permanecía bajo su palmera. Es interesante el paralelo con Saúl, sentado debajo de un árbol, teniendo un consejo de guerra con 600 hombres (1 Samuel 14:2). Significa que ella presidía ahí. El sitio es muy adecuado por dos razones: 1) su centralidad entre tribus del norte y del sur, 2) proveía amplia conexión entre el Israel presente y el pasado patriarcal (otra Débora estaba enterrada ahí -la nodriza de Rebeca, Génesis 35:8). ¿Por qué una palmera? Quizás porque la palmera simbolizaba los frutos y bendiciones que Israel anhelaba, en todo caso la imagen de esta mujer sentada bajo su palmera venía a ser un signo de esperanza en medio de circunstancias amenazadoras.

Años después el profeta Samuel juzgó también en Ramá (1 Samuel 7:15-17), pero contrario a Débora, Samuel recorría un circuito. El hábito de Débora era ministrar desde su casa. Tan solo un detalle, pero significativo: trabajar desde la casa es tarea femenina clásica.*

El inicio de la historia enfocado en una mujer es sorprendente, en particular si recordamos la ausencia de mujeres en los episodios de Otoniel y Ehud. Además, tiene una posición de autoridad y toma la iniciativa respecto al prospecto héroe de la película, un punto que da a esta narración un carácter único.

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*[The Womanliness of Deborah: Complementarian Principles from Judges 4-5 Barbara K. Mouser]

El célebre océano

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El mar decía a sus olas

“hijas mías volved pronto.”

 

Yo veo desde aquí las esfinges en equilibrio sobre el alambre,

veo una calle perdida en el ojo del muerto.

Hijas mías llevad vuestras cartas y no tardéis,

cada vez más rápidos los árboles crecen,

cada vez más rápidas las olas mueren.

Los récords de la cabeza son batidos por los brazos,

los ojos son batidos por las orejas

solo las voces luchan todavía contra el día.

 

Creéis que oye nuestras voces,

el día tan maltratado por el océano.

Creéis que comprende la plegaria inmensa

de esta agua que cruje sobre sus huesos.

 

Mirad el cielo mugiente y las virutas del mar,

mirad la luz vacía como aquel que abandonó su casa.

El océano se fatiga de cepillas las playas,

de mirar con un ojo los bajos relieves del cielo,

con un ojo tan casto como la muerte que lo aduerme

y se aduerme en su vientre.

 

El océano ha crecido de algunas olas,

seca su barba,

estruja su casaca confortable,

saluda al sol en el mismo idioma,

ha crecido de cien olas.

 

Esto se debe a su inclinación natural,

tan natural como su verde.

Más verde que los ojos que miran la hierba

la hierba de conducta ejemplar.

 

El mar ríe y bate la cola.

Ha crecido de mil olas.

 

Vicente Huidobro. Chile (1893-1948)