Juan 13:17

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Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. Juan 13:17

Que nuestra meta y esfuerzo sea siempre: «para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;» Colosenses 1:10. En otras palabras, las únicas buenas obras que Dios acepta son las que se derivan de la buena obra de Cristo a nuestro favor. Sin embargo, para hacer esto, necesitamos que Dios nos capacite. Aun después de ser regenerados, dependemos totalmente de Dios. 

A pesar de la vida, la luz y la libertad que nos ha dado, no tenemos fuerza propia, para hacer lo que Dios nos pide. Cada uno debe reconocer: «Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.» Romanos 7:21 pero gracias a Dios por Jesucristo quien, por el poder del Espíritu Santo, nos fortalece en todas nuestras debilidades y nos ha hecho más que vencedores, en todas estas cosas.

«Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo«. 1 Corintios 15:57

 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17.

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Contracanto a Walt Whitman

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Yo,

un hijo del Caribe,

precisamente antillano.

Producto primitivo de una ingenua

criatura borinqueña

y un obrero cubano,

nacido justamente, 

y pobremente,

en suelo quisqueyano.

Recorrido de voces,

lleno de pupilas

que a través de las islas se dilatan,

vengo a hablarle a Walt Whitman,

un cosmos,

un hijo de Manhattan

Preguntarán

¿quién eres tú?

Comprendo.

Que nadie me pregunte

quién es Walt Whitman.

Iría a sollozar sobre su barba blanca.

Sin embargo,

voy a decir de nuevo quien es Walt Whitman,

un cosmos,

un hijo de Manhattan.

Pedro Mir. República Dominicana (1913-2000)

Romanos 16:26

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por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, Romanos 16:26.

¿Sabía usted que no es fe más obediencia lo equivalente a salvación, sino fe obediente la que es igual a salvación? Se comprueba la verdadera fe en su obediencia a Dios.

Como Jesucristo es el Señor, Él exige obediencia. No hay fe sin obediencia. Pablo dijo a los cristianos de Roma: “Doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo” (Romanos 1:8). ¿Y por qué se divulgaba su fe en todo el mundo? (Romanos 16:19) explica: “Vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos…” Al principio, es su fe la que se divulga, pero al final es su obediencia.

La fe que excluye la obediencia no salvará a nadie. Tal engaño hace que muchos entren por el camino espacioso que lleva a la destrucción, «…Porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;» (Mateo 7:13). Eso es como edificar una superestructura religiosa sobre la arena, «Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.» (Mateo 7:26-27).

Fundamente su vida de fe en la obediencia a Cristo. Entonces sabrá que pertenece a Él.» 

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Romanos 1:4

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Declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de ­santidad, por la resurrección de entre los muertos. Romanos 1:4.

Jesucristo tenía que ser más que hombre; tenía que ser también Dios. Si Jesucristo fuera solo hombre, aun el mejor de los hombres, no podía haber salvado a los creyentes de su pecado. Si fuera incluso el hombre justo de la simiente de David, pero no Dios, no podía haber soportado el castigo de Dios el Padre en la cruz y haber resucitado de los muertos. No podía haber vencido a Satanás y al mundo, sino que habría sido vencido como son vencidos todos los hombres.

Si hubo alguna duda de que Jesucristo era el Hijo de Dios, su resurrección de los muertos debiera eliminarla. Tenía que ser hombre para llegar a nosotros, pero tenía que ser Dios para resucitarnos.  Cuando Dios resucitó a Cristo de los muertos, confirmó que era verdad lo que él dijo.

Tan claro como el horizonte separa la tierra del cielo, así la resurrección separa a Jesucristo del resto de la humanidad. Jesucristo es Dios encarnado. Gloria a nuestro Salvador! 

«En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,» (Hebreos 1:2-3).

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Si alguien quiere saber cuál es mi patria

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Si alguien quiere saber cuál es mi patria

no la busque,

no pregunte por ella.

Siga el rastro goteante por el mapa

y su efigie de patas imperfectas.

No pregunte si viene del rocío

o si tiene espirales en las piedras

o si tiene sabor ultramarino

o si el clima le huele en primavera.

No la busque ni alargue las pupilas.

No pregunte por ella.

(¡Tanto arrojo en la lucha irremediable 

y aún no hay quien lo sepa!

¡Tanto cero y fulgor de resistir

y aún no hay quien lo vea!)

No, no la busque.

Si alguien quiere saber cuál es mi patria,

no pregunte por ella.

No quiera saber si hay bosques, trinos,

penínsulas muchísimas y ajenas,

o si hay cuatro cadenas de montañas,

todas derechas,

o si hay varios destinos de bahías

y todas extranjeras.

Siga el rastro goteando por la brisa

y allí donde la sombra se presenta,

donde el tiempo castiga y desmorona,

ya no la busque,

no pregunte por ella.

Su propia sangre, su órbita querida,

su instantáneo chispazo de presencia,

su funeral de risa y de sonrisa,

su potrero de espaldas indirectas,

su puño de silencio en cada boca,

su borbotón de ira en cada mueca,

sus manos enguatadas en la fábrica y

sus pies descalzos en la carretera,

las largas cicatrices que le bajan

como antiguos riachuelos, 

su siniestra figura de mujer obligada a parir

con cada coz que busca su cadera

para echar una fila de habitantes

listos para la rueda,

todo dirá de pronto dónde existe

una patria moderna.

Dónde habrá qué buscar y qué pregunta

se solicita. Porque apenas

surge la realidad y se apresura

una pregunta, ya está la respuesta.

No, no la busque.

Tendría que pelear por ella…

Pedro Mir. República Dominicana (1913-2000)

Mateo 7:20-21

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Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:20-21

Lo peor que puede sucederle a una persona es pensar que ha sido salva de la condenación, para descubrir después de la muerte que no es así. A todos nos gustaría creer que son ciertas las aseveraciones o afirmaciones de quienes aseguran ser cristianos, pero Jesús hace una dura advertencia porque sabe que muchos serán engañados. Se sentarán en la iglesia semana tras semana, asegurando que Jesús es el Hijo de Dios, pero sin nunca involucrarse en una relación personal con Él.

Fe intelectual no es lo mismo que fe salvadora. No es suficiente creer que Jesús murió y resucitó. Hasta los demonios creen eso «…También los demonios creen, y tiemblan.» (Santiago 2:19).

La salvación implica más que conocimiento: requiere confiar en que Jesús pagó el castigo por nuestros pecados, recibir su perdón, dejar el pecado y establecer una relación con Él. Lo que identifica a un cristiano no es lo que dice ser, sino más bien los frutos que lo identifican con el Señor. 

«Así, todo buen árbol da buenos frutos…» (Mateo 7:17)

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Deuteronomio 6:1-2

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Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Deuteronomio 6:1-2.

¿Es usted buen oyente? 

Saber escuchar es una cualidad muy necesaria en toda relación, incluso en nuestra comunión con Dios. La mayoría de nosotros somos mejores hablando que escuchándolo a El. Nos apresuramos a expresarle nuestras necesidades y peticiones, pero luego tenemos tanta prisa que pasamos por alto el consultar su Palabra para ver lo que quiere decirnos.

La triste verdad es que muchos cristianos preferirían no leer la Biblia antes que dejar de hacer cualquier otra cosa de su rutina diaria. Sin embargo, la Palabra de Dios es el fundamento de nuestra fe, y necesitamos deleitarnos en ella con regularidad si queremos prosperar espiritualmente. El alimento diario de las Sagradas Escrituras restaura nuestra mente, que a su vez alinea nuestra perspectiva, deseos, actitudes, palabras y decisiones con la voluntad del Señor.

Aunque cada versículo de la Biblia es inspirado por Dios y nos ha sido dado para nuestro beneficio, no escucharemos su voz a menos que hagamos de su Palabra una prioridad. 

Si le pedimos, Él nos enseñará a escuchar y nos ayudará a entender lo que está diciendo en las Sagradas Escrituras. Nuestro espíritu necesita estar sintonizado con el Padre, y esta sensibilidad se desarrolla a través de la oración, la meditación en su Palabra y un corazón dócil que obedezca sus mandatos.»

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The dying storm

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I am feeble, pale, and weary,

and my wings are nearly furled;

I have caused a scene so dreary,

I am glad to quit the world!

Whit bitterness I’m thinking

on the evil I have done,

and to my caverns sinking

from the coming of the sun.

*

The heart of man will sicken

in that pure and holy light,

when he feels the hopes I’ve stricken

with an everlasting blight!

For widely, in my madness,

have I poured abroad my wrath,

and changing joy to sadness,

scattered ruin on my path.

*

Earth shuddered at my motion,

and my power in silence owns;

but the deep and troubled ocean

o’er my deeds of horror moans!

I have sunk the brightest treasure –

I’ve destroyed the fairest form –

I have sadly filled my measure,

and I am now a dying storm.

Hannah Flagg Gould. USA (1789-1865)