Theme for English B

Estándar

The instructor said,

 

-Go home and write

a page tonight.

And let that page come out of you-

then, it will be true.

 

I wonder if it’s that simple?

 

I am twenty-two, colored, born in Winston-Salem.

I went to school there, then Durham, then here

to this college on the hill above Harlem.

I am the only colored student in my class.

The steps from the hill lead down into Harlem,

trough a park, then cross St. Nicholas,

Eight Avenue, Seventh, and I come to the Y,

the Harlem Branch Y, where I take the elevator

up to my room, sit down, and write this page:

 

It’s not easy to know what is true for you or me

at twenty-two, my age. But i guess I’m what

I feel and see and hear, Harlem, I hear you:

hear you, hear me -we two- you, me, talk on this page.

(I hear New York, too). Me -who?

Well, I like to eat, sleep, drink, and be in love.

I like to work, read, learn, and understand life.

I like a pipe for a Christmas present,

or records -Bessie, bop, or Bach.

I guess being colored doesn’t make me not like

the same things other folks like ho are other races.

So will my my page be colored that I write?

 

Being me, it will no be white.

But it will be

a part of you, instructor.

You are white –

yet a part of me, as I am a part of you.

That’s American.

Sometimes perhaps you don’t want to be a part of me.

Nor do I often want to be a part of you.

But we are, that’s true!

 

As I learn from you,

I guess you learn from me-

although you’re older -and white-

and somewhat more free.

 

This is my page for English B.

 

James Langston Hughes. USA (1902-1967)

En memoria de George Floyd.

Apuntes a Jueces, 18:1-31

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18:1 En aquellos días no había rey en Israel. Y por aquel tiempo la tribu de los danitas buscaba para sí una heredad donde habitar, porque hasta entonces ésta no se le había asignado como posesión entre las tribus de Israel. 2Y los hijos de Dan enviaron de su tribu, de entre todos ellos, a cinco hombres, hombres valientes de Zora y Estaol, a reconocer la tierra y explorarla; y les dijeron: Id, explorad la tierra. Y llegaron a la región montañosa de Efraín, a la casa de Micaía, y se hospedaron allí.

El v.1 nos refiere el contexto nacional. No había una autoridad central, fuerte, capaz de rectificar la situación. Los danitas no tenían donde vivir porque sencillamente no habían tomado posesión como debían. Zora y Estaol, indicativo de la debilidad de este clan, no tenían ciudad propia.

No tenían acceso a costa; los filisteos al sur y las áreas al este ya repartidas entre Judá y Benjamín, no tenían otra opción que ir al norte, a la zona montañosa.

v.3 Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita; y llegándose allá, le dijeron: ¿Quién te trajo aquí? ¿Qué estás haciendo en este lugar y qué tienes aquí?

4Y él les dijo: Así y de esta manera me ha hecho Micaía, me ha tomado a sueldo y ahora soy su sacerdote.

Mmm, tomado a sueldo, expresión que los danitas no olvidan.

v.5 Y le dijeron: Te rogamos que consultes a Dios para saber si el camino en que vamos será próspero. 6Y el sacerdote les dijo: Id en paz; el camino en que andáis tiene la aprobación del SEÑOR.

¿Se imaginan? en lugar de recordar al levita su condición de obrero de Jehová… 

v.7 Entonces los cinco hombres salieron y llegaron a Lais y vieron al pueblo que había en ella viviendo en seguridad, tranquilo y confiado, según la costumbre de los sidonios; porque no había gobernante humillándolos en nada en aquella tierra, y estaban lejos de los sidonios, y no tenían relaciones con nadie.

8Al regresar a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les dijeron:¿Qué hay?

9Y ellos respondieron: Levantaos, subamos contra ellos; porque hemos visto la tierra, y he aquí, es muy buena. ¿Estaréis, pues, quietos? No os demoréis en ir, para entrar a tomar posesión de la tierra. 10Cuando entréis, llegaréis a un pueblo confiado, con una tierra espaciosa que Dios la ha entregado en vuestras manos; es un lugar donde no falta nada de lo que hay sobre la tierra.

Lais no tenía fortificaciones ni aliados poderosos porque no los necesitaba (según sus ciudadanos), justo la clase de tierra que buscaban los danitas. Una ciudad indefensa, o sea que a sus ojos el levita tenía razón. 

11Entonces de la familia de los danitas, de Zora y de Estaol, partieron seiscientos hombres con armas de guerra. 12Subieron y acamparon en Quiriat- jearim [pueblo de bosques] en Judá. Por tanto, llamaron aquel lugar el campamento de Dan hasta hoy; he aquí, está al occidente de Quiriat- jearim.

13De allí pasaron a la región montañosa de Efraín y llegaron a la casa de Micaía14Y los cinco hombres que fueron a reconocer la región de Lais, respondieron y dijeron a sus parientes: ¿No sabéis que en estas casas hay un efod, ídolos domésticos, una imagen tallada y una imagen de fundición? Ahora pues, considerad lo que debéis hacer.

15Allí se desviaron y llegaron a la casa del joven levita, a la casa de Micaía, y le preguntaron cómo estaba. 16Y los seiscientos hombres armados con sus armas de guerra, que eran de los hijos de Dan, se pusieron a la entrada de la puerta.

17Y los cinco hombres que fueron a reconocer la tierra subieron y entraron allí, y tomaron la imagen tallada, el efod, los ídolos domésticos y la imagen de fundición, mientras el sacerdote estaba junto a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres con armas de guerra.

18Cuando aquéllos entraron a la casa de Micaía y tomaron la imagen tallada, el efod, los ídolos domésticos y la imagen de fundición, el sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis?

19Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca y ven con nosotros, y sé padre y sacerdote para nosotros. ¿Te es mejor ser sacerdote para la casa de un hombre, o ser sacerdote para una tribu y una familia de Israel?

20Y se alegró el corazón del sacerdote, y tomó el efod, los ídolos domésticos y la imagen tallada, y se fue en medio del pueblo. 21Entonces ellos se volvieron y partieron, y pusieron los niños, el ganado y sus bienes por delante.

22Cuando se alejaron de la casa de Micaía, los hombres que estaban en las casas cerca de la casa de Micaía, se juntaron y alcanzaron a los hijos de Dan. 23Y gritaron a los hijos de Dan, y éstos se volvieron y dijeron a Micaía: ¿Qué te pasa que has juntado gente?

24Y él respondió: Os habéis llevado mis dioses que yo hice, y al sacerdote, y os habéis marchado, ¿y qué me queda? ¿Cómo, pues, me decís:» ¿Qué pasa?»

Exactamente lo que estaba prohibido a Israel (Exodo 20:4 No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra). Ironía tras ironía: Micaía se había congratulado de tener hasta un sacerdote, ahora menciona primero sus dioses y luego al levita, la realidad es que ambos le han fallado. Su vida giraba alrededor de ello y ahora no tiene nada.

¿Qué me queda? No no no, no señalemos con el dedo.

Porque todas tenemos ídolos. Juan Calvino solía decir que “nuestro corazón es una fábrica de ídolos.”  O la belleza, cirugías sin fin… ¿hasta dónde, hasta cuándo? O tu profesión. O quizás la salud. ¿Te imaginas de 80 años? ¿Mantendrás tu estatus? ¿Podrás decir “a nadie tengo en los cielos sino a Ti, y fuera de Ti no deseo nada?”

¿Qué es aquello que si lo pierdes te preguntas “¿qué me queda?” Eso mismo que te controla es tu teología de la pata de conejo.

Si decimos que el Señor da, y el Señor quita, pongamos atención, mucha atención.

25Y los hijos de Dan le dijeron: Que no se oiga tu voz entre nosotros, no sea que caigan sobre ti hombres fieros y pierdas tu vida y las vidas de los de tu casa. 26Y los hijos de Dan prosiguieron su camino; y cuando Micaía vio que eran muy fuertes para él, dio la vuelta y regresó a su casa. 

27Entonces ellos tomaron lo que Micaía había hecho, y al sacerdote que le había pertenecido, y llegaron a Lais, a un pueblo tranquilo y confiado; y los hirieron a filo de espada e incendiaron la ciudad. 

28Y no había nadie que la librara, porque estaba lejos de Sidón, en el valle que está cerca de Bet- rehob, y ellos no tenían trato con nadie. Y reedificaron la ciudad y habitaron en ella. 

29Le pusieron el nombre de Dan a la ciudad, según el nombre de Dan su padre, que le nació a Israel; pero el nombre de la ciudad anteriormente era Lais. 30Y los hijos de Dan levantaron para sí la imagen tallada; y Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Manasés [Moisés], y sus hijos fueron sacerdotes para la tribu de los danitas, hasta el día del cautiverio de la tierra

31Levantaron, pues, para sí la imagen tallada que Micaía había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo.

Los danitas conquistan Lais destruyendo la ciudad y sus habitantes. ¿Lo había ordenado Dios? No. Dan no ha contribuido en nada a la conquista de Canaán; más bien Canaán ha conquistado Israel: no es Jehová quien es adorado sino el ídolo que hizo Micaía.

Por primera vez se nos revela el nombre del levita: Jonatan, descendiente de Gerson, hijo de Moisés. He aquí la corona del escándalo que rodea este santuario idólatra.

El ídolo permaneció ahí hasta la deportación de la población a Asiria hecha por Tiglat-pileser III en el año 734 AC (2 Reyes 15:29 En los días de Peka, rey de Israel, vino Tiglat- pileser, rey de Asiria, y tomó Ijón, Abel- bet- maaca, Janoa, Cedes, Hazor, Galaad y Galilea, toda la tierra de Neftalí; y los llevó cautivos a Asiria). Es decir que los descendientes del levita sirvieron en este santuario hasta 734 AC, por lo menos; el ídolo permaneció hasta la caída de Silo, reemplazado después por el becerro de oro hecho por Jeroboam (alrededor del 930 AC).

Silo se hallaba 30 km al norte de Jerusalén. Fue aquí donde reposó el Tabernáculo al entrar a Canaán, fue aquí donde se dividió la tierra para las diferentes tribus. Para el tiempo de Jueces, hasta Silo había experimentado contaminación, camino a la corrupción, pero todavía era el centro simbólico de la vida israelita en Canaán, donde todavía se celebraba algo parecido a un “Festival a Jehová.”

Tomen nota: el santuario idólatra inicia con un hombre, se amplifica con la tribu de Dan, y abarca luego a toda la nación cuando Jeroboam I. 

La historia prueba la maldad cometida por Israel una y otra vez en el período de Jueces. La Ira parte del libro la describimos como “olvidando a Jehová” y “sirviendo a los baales.” La IIa parte nos ha ofrecido viñetas o instancias particulares de lo mismo: el efod de Gedeón (que terminó funcionando igual que un altar a Baal); la adoración a Baal-berith por los ciudadanos de Siquem; y la adoración a los dioses de Aram, Sidón, Moab, amonitas y filisteos.

Infidelidad a Jehová comparable a prostitución espiritual. 

En la práctica, idolatría como elemento común. La narración de Micaía coloca a un lado por corto tiempo todos los otros asuntos asuntos tocados en capítulos 3-16 y se enfoca en este caso particular para que podamos comprender la profundidad.

Nos muestra la forma como los israelitas ejercían su vida religiosa cada día, en la generación post-Josué, cuando la apostasía empezó a tomar cuerpo (2:10-12).

Es precisamente por ser tan particular que la historia de Micaía y los danitas trasciende su contexto y habla a todos los adoradores del Dios de Israel en cualquier época. De principio a fin narra la falsedad de la idolatría, problema universal y perenne. Producto de la ignorancia.

Los personajes no perciben la incongruencia de sus acciones, ninguno:

  • la madre de Micaía consagra el dinero a Jehová ¡fabricando un ídolo!
  • Micaía, cuyo nombre es “¿quién es como Jehová?” fabrica una casa de dioses,
  • el levita, feliz de servir en el santuario idólatra de Micaía,
  • y Micaía piensa que el Señor lo bendecirá porque ha adquirido los servicios de un levita,
  • y los danitas repiten todos los pecados de Micaía ¡excepto que a mayor escala!

Lo que estamos viendo es cómo se comporta el pueblo que tiene antecedente de un pacto de fe, pero que ha perdido comunión con los actos salvíficos de Dios que dieron origen al pueblo, y la Palabra de Dios que reveló cómo debían vivir.

Es la historia de “otra generación” que solo tiene idea de donde proviene, y que no conserva raíz en el fundamento evangélico. 

Nos muestra cómo se comporta un pueblo todavía religioso pero que no conoce lo que en verdad agrada al Señor. Hacen lo que les parece bien a sus propios ojos y esperan que Jehová los bendiga por hacerlo.

En un ambiente así, la religión se convierte en un medio para el avance personal, en un terreno fértil para una serie de males que se arraigan y florecen: mentira, robo, compra y venta de servicios religiosos y oficios, violencia. 

El sombrío humor de la historia refuerza el mensaje de que tal religión es absurda y trágica.

Micaía y sus ídolos, Aarón y el becerro de oro, el sincretismo de Jeroboam y sucesores, las denuncias proféticas de idolatría en todo el Antiguo Testamento y que continúan hasta el Nuevo (vía literatura intertestamentaria) desde Exodo 20 a Romanos 1, luego 1 Corintios 8 y 10 hasta el final del canon, Apocalipsis… Y la iglesia no es menos inmune que el antiguo Israel si pierde comunión con el fundamente evangélico. Recordemos la advertencia del anciano apóstol Juan (1 Juan 5:21 Hijos, guardaos de los ídolos). Nosotros, que adoramos la imagen del Dios invisible (Col 1:15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación) también luchamos para adorar en espíritu y en verdad.

Migración de los danitas como narración anti-conquista:

migración de Israel migración danita
Adquieren sacerdocio levítico y Tabernáculo en Sinaí Adquieren un sacerdote levita e ídolos de la casa de Micaía
Misión de los espías en Números 13-14 Misión de los espías en Jueces 18
Los seiscientos mil hombres, Exodo 12:37 Los 600 hombres de guerra
Los israelitas masacran Jericó Los danitas masacran Lais

elementos clave invertidos en Jueces 18

Israelitas en guerra santa Danitas no
Ciudades de Canaán muy fortificadas Lais indefensa
Autorizados por Jehová Danitas no
Jehová otorga victoria a Israel Ausente por completo en la campaña danita
Israel avanza al corazón de la tierra, reclama heredad prometida Los danitas no habían logrado posesión
Israel erige Tabernáculo en Silo Danitas erigen santuario a ídolos de Micaía

 

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El Cristo de Velásquez

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(fragmento)

Amor de Ti nos quema, blanco cuerpo,

amor que es hambre, amor de las entrañas;

hambre de la palabra creadora

que se hizo carne; fiero amor de vida

que no se sacia con abrazos, besos,

ni con enlace conyugal alguno.

 

Solo comerte nos apaga el ansia,

pan de inmortalidad, carne divina.

Nuestro amor entrañado, amor hecho hambre,

¡oh Cordero de Dios! manjar Te quiere;

quiere saber sabor de tus redaños*,

comer tu corazón, y que su pulpa

como maná celeste se derrita

sobre el ardor de nuestra seca lengua,

que no es gozar en Ti; es hacerte nuestro,

carne de nuestra carne, y tus dolores

pasar para vivir muerte de vida.

 

Y tus brazos abriendo como una muestra

de entregarte amoroso, nos repites:

“¡Venid, comed, tomad; éste es mi cuerpo!”

¡Carne de Dios, verbo encarnado, encarna

nuestra divina hambre carnal de Ti!

 

Miguel de Unamuno. España (1865-1937)

*redaño: membrana que cubre los intestinos y estómago en especial del cerdo, en ocasiones también en cordero o vacuno.

Leer, leer, leer

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(fragmento)

Leer, leer, leer, vivir la vida

que otros soñaron.

Leer, leer, leer, el alma olvida

las cosas que pasaron.

 

Se quedan las que quedan, las ficciones,

las flores de la pluma,

las olas, las humanas creaciones,

el poso* de la espuma.

 

Leer, leer, leer; ¿seré lectura

mañana también yo?

 

¿Seré mi creador, mi criatura,

seré lo que pasó?

 

El cuerpo canta;

la sangre aúlla;

la tierra charla;

la mar murmura;

el cielo calla

y el hombre escucha.

 

Miguel de Unamuno. España (1865-1937)

*poso: sedimento del líquido contenido en una vasija.

Apuntes a Jueces, 17:1-13

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Entramos a la IIIra y última sección de Jueces. Sentimos la diferencia. Es como si anduviéramos en el pavimento y de repente caminamos sobre piedras. No hay restricción a la apostasía, no se anuncia nueva opresión, ninguna figura central. El escritor incluso cambia el estilo para mostrarnos la confusión de Israel y su depravación.

depravar. (Del lat. depravāre).1. Viciar, adulterar, pervertir, especialmente a alguien.

Las dos últimas narrativas son como un espejo: el problema no es el enemigo fuera, sino el cáncer dentro. Sin embargo, el texto es puramente descriptivo. No observamos juicio o aplicación moral ni del escritor ni del Señor (por ejemplo, contraste con 2 Samuel 11:27 Cuando pasó el luto, David mandó traerla a su casa, y ella fue su mujer; y le dio a luz un hijo. Pero lo que David había hecho fue malo a los ojos del SEÑOR). 

El epílogo completo aparece en forma extendida en 17:6 y 21:25, y abreviado en 18:1 y 19:1, lo cual nos ofrece un patrón invertido:

A

17:6

En aquellos días no había rey en Israel;

cada uno hacía lo que a sus ojos le parecía bien

B

18:1

En aquellos días no había rey en Israel;

B’

19:1

En aquellos días no había rey en Israel;

A’

21:25

En esos días no había rey en Israel;

cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus ojos.

Las dos narraciones, unidas por esta estructura, tienen tanto en común que lo natural es unirlas. Ambas caracterizan a un levita que, en cada caso, tienen que ver con Belén de Judá -por un lado- y las montañas de Efraín -por el otro. El levita de la primera historia vive en Belén pero viaja a la zona montañosa de Efraín; el levita de la segunda historia vive en Efraín pero viaja a Belén. En ambos casos sus historias se convierten en el centro.

La primera historia concluye con una referencia al santuario en Silo.

La segunda concluye con el secuestro de “las hijas de Silo.”

La presencia de levitas desempleados, a la deriva, sugiere el tiempo luego de separarse Israel (el reino del norte) de Judá, cuando Jeroboam I nombró como sacerdotes a personas que no eran levitas (1 Reyes 12:31), o luego de las reformas de Ezequías o de Josías, cuando muchos altares fueron cerrados… hay varias posibilidades, sin embargo lo que es claro es que ambas narrativas constituyen el epílogo al Libro de Jueces. 

Proveen la historia de la migración de Dan (prevista en 1:34), y la pregunta hecha en 20:23 (¿Nos acercaremos otra vez para combatir contra los hijos de mi hermano Benjamín?) es un eco de la realizada en 1:1 (¿Quién de nosotros subirá primero contra los cananeos para pelear contra ellos?), es decir que leemos el final del libro a la luz del principio.

17.1 Había un hombre de la región montañosa de Efraín, llamado Micaía.

2Y él dijo a su madre: Las mil cien piezas de plata que te quitaron, acerca de las cuales proferiste una maldición a mis oídos, he aquí, la plata está en mi poder; yo la tomé. Y su madre dijo: Bendito sea mi hijo por el SEÑOR. 3Entonces él devolvió las mil cien piezas de plata a su madre, y su madre dijo: Yo de corazón dedico la plata de mi mano al SEÑOR por mi hijo, para hacer una imagen tallada y una de fundición; ahora, por tanto, yo te las devuelvo.

4Cuando él devolvió la plata a su madre, su madre tomó doscientas piezas de plata y se las dio al platero que las convirtió en una imagen tallada y una de fundición, y quedaron en casa de Micaía.

De inmediato conocemos al protagonista, Micaía, cuyo nombre significa “¿Quién es como Jehová?” La montaña de Efraín, la zona central al norte de Jerusalén, en el territorio de la tribu más prominente y poderosa.

  • 1,100 piezas de plata robadas a la madre de Micaía (otra mujer sin nombre)
  • ella profiere maldición contra el ladrón, sin saber que fue su hijo
  • Micaía escucha la maldición
  • va y ¿confiesa? a su madre que él tomó el dinero, y lo regresará
  • ella bendice al hijo ¡en el nombre del Señor!
  • Micaía devuelve el dinero
  • al recibirlo, su madre le dice que ha consagrado el dinero al Señor, para hacer un ídolo para su hijo
  • ella toma 200 piezas (¿no eran 1,100?) el platero hace un ídolo
  • el ídolo termina en la casa de Micaía, como su madre quería

¿Historia con final feliz? 

sincretismo. (Del gr. συγκρητισμός, coalición de dos adversarios contra un tercero). 1. Sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes. 2. Expresión en una sola forma de dos o más elementos lingüísticos diferentes.

Vaya, devoción a Jehová e idolatría, desconexión entre palabras y actos, o la sátira completa del episodio.

v.5 Y este hombre Micaía tenía un santuario, e hizo un efod e ídolos domésticos, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote.

Vaya, un santuario en su casa. El efod era vestuario sacerdotal, es probable que el hecho por este hombre era una réplica sencilla, al igual que los idolillos, comunes en las casas. Literalmente consagra a uno de sus hijos -que no eran levitas, tampoco el padre- de modo que todo es irregular. 

Se supone que su casa contiene elementos para pensar en “casa de Dios”, pero el hecho de contener un ídolo e idolillos significa que es una “casa de dioses.” Pero ni Micaía ni la madre parecen notar la diferencia, el pasaje revela hasta dónde ha caído la adoración; antes veíamos un Israel vacilante entre fidelidad a Jehová o descarrío, pero al menos se daban cuenta. Este hombre se ha convertido en el propietario y patrón de una casa de ídolos.

v.6 En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que a sus ojos le parecía bien.

La historia de Sansón es la de un hombre que “vio a una mujer”, demanda su posesión “porque ella está bien a sus ojos.” Ahora todos hacen lo que bien les parece. Micaía y su madre son lo corriente, no la excepción.

Teología de la pata de conejo

v.7-13 Y había un joven de Belén de Judá, de la familia de Judá, que era levita y forastero allí. Y el hombre salió de la ciudad, de Belén de Judá, para residir donde encontrara lugar; y mientras proseguía su camino, llegó a la región montañosa de Efraín, a la casa de Micaía. Y Micaía le dijo:¿De dónde vienes? Y él le respondió: Soy un levita de Belén de Judá; y voy a residir donde encuentre lugar. Entonces Micaía le dijo: Quédate conmigo y sé padre y sacerdote para mí, y yo te daré diez piezas de plata por año, el vestido y la comida. Y el levita entró. Consintió el levita en quedarse con el hombre; y el joven fue para él como uno de sus hijos. Micaía consagró al levita, y el joven vino a ser su sacerdote, y moró en la casa de Micaía. Y Micaía dijo: Ahora sé que el SEÑOR me prosperará, porque tengo un levita por sacerdote.

No pensemos ni por un momento que estamos exentas. ¿En qué cosas te apoyas? ¿Qué cosas crees que son agradables a Dios, que El está obligado a tener cuidado de ti?

  • soy una buena madre, limpio mi casa, disciplino mis hijos, seguro que el Señor me dará hijos que me hagan sentir orgullosa…
  • soy buena esposa, hago todo lo necesario, seguro que…
  • soy buena empleada, es más, hago misiones, doy consejería, cuido niños, seguro que el Señor me dará lo que quiero…

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