Filipenses 1:27

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Estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio (Filipenses 1:27).

La estabilidad espiritual depende del amor mutuo, la armonía y la paz entre los creyentes. Nuestra vida debe estar entretejida para que podamos soportarnos y sustentarnos los unos a los otros.

En el versículo de hoy, leemos que Pablo quería que hubiera esa clase de armonía en la iglesia de Filipos, pero en su lugar había una gran desavenencia entre dos mujeres que amenazaban la vida de la iglesia, «Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor.» (Filipenses 4:2). Pablo procuraba que no se extendieran por toda la iglesia pecados como la parcialidad, la crítica, la amargura, la falta de perdón y el orgullo.

A fin de evitar tales problemas, es necesario que los creyentes velen y oren los unos por los otros. El amor mutuo produce la armonía que lleva a la estabilidad espiritual y que muestra lo que ha de hacer la iglesia: ayudar a los débiles, levantar a los caídos y restaurar a los quebrantados.

«También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos

(1 Tesalonicenses 5:14-15).

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Filipenses 4:11-13

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No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:11-13).

Aunque la carta de Pablo a los filipenses fue escrita durante un largo e injusto encarcelamiento, dicha epístola estaba llena de gozo. El apóstol nunca se quejó, culpó a otros, o sintió lástima de sí mismo —al contrario, se regocijaba en medio del sufrimiento porque conocía a Dios y confiaba en Él. Al mantener sus ojos fijos en el Señor en vez de en los problemas, Pablo era capaz de mirar más allá de sus cadenas para ver cómo la situación estaba siendo utilizada para enseñarle contentamiento.

Es difícil cambiar nuestro enfoque en tiempos de dificultades agobiantes y de sufrimiento intenso. El dolor pide a gritos nuestra atención, y los problemas bombardean nuestra mente y emociones con ansiedad. Pero ahí es cuando más necesitamos sentarnos con las Sagradas Escrituras y derramar nuestro corazón a Dios. El Padre celestial nos invita a echar todas nuestras preocupaciones sobre Él porque Él tiene cuidado de nosotros, «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.» (1 Pedro 5:7).

¿Cree que Dios se preocupa por usted? Cada prueba que experimenta es una oportunidad para creer lo que la Biblia dice acerca del Señor, y mirar más allá de sus circunstancias su amorosa sabiduría y buen propósito. Y cuanto más aprenda a conocer a su Padre celestial, más contentamiento tendrá.

«Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:4).

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Anónimo

Romanos 8:1

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 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (Romanos 8:1).

Nuestro Padre celestial desea que caminemos cerca con Él. Para ayudarnos, el Espíritu Santo nos guía en el camino correcto y nos redirige cuando vamos en la dirección equivocada. En otras palabras, nos convence cuando estamos en peligro de extraviarnos.

La convicción es la mano amorosa de Dios que nos trae de regreso al camino que lleva a la vida. Para comprender mejor el concepto, imagínese a un padre cuyo hijo pequeño comienza a perseguir una pelota en una calle muy transitada. El joven solo tiene un deseo en ese momento: recuperar el juguete. Sin embargo, el padre, sería negligente si no detiene al niño.

Nosotros, como el niño pequeño en este ejemplo, vemos nuestra vida desde una perspectiva limitada. Si nuestro Padre celestial nos impide alcanzar un deseo, debemos recordar que lo hace por el amor que nos tiene.

La convicción comienza incluso antes de la salvación. El Espíritu Santo revela nuestros errores para ayudarnos a reconocer que necesitamos el perdón. Cuando aceptamos el sacrificio que hizo Jesucristo por nosotros y decidimos seguirlo, nacemos de nuevo. Solo entonces somos libres del castigo del pecado. Al mismo tiempo, seguimos siendo humanos y tomaremos decisiones equivocadas. Por tanto, aun después de que somos sus hijos, Dios continúa redirigiéndonos. 

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Anónimo

Filipenses 1:13

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...Mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás (Filipenses 1:13).

El apóstol Pablo siempre se consideró un preso por la causa de Cristo; nunca por un delito. Estaba encadenado porque creía en Cristo, lo predicaba y lo representaba.

Desde el punto de vista de Roma, Pablo era un preso encadenado a un guarda romano. Pero desde la perspectiva de Pablo, los guardas romanos eran esclavos cautivos encadenados a él. El resultado de tal confinamiento fue que la causa de Cristo se había llegado a conocer “en todo el pretorio”. Lejos de ser una condición opresiva, a Pablo se le había dado la oportunidad de dar testimonio de Cristo a cada guardia asignado a él, cada seis horas.

¿Qué veían los soldados? Veían el carácter santo de Pablo, su misericordia, su paciencia, su amor, su sabiduría y su convicción. Al convertirse algunos miembros de la guardia del palacio, se difundía la salvación más allá de ellos hasta “…los de la casa de César” (Filisenses 4:22).

Por muy difícil que pueda parecer a primera vista, nadie es demasiado difícil de evangelizar. Sólo se necesita compromiso, valentía, dedicación y sobre todo la guía del Espíritu Santo. 

«que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.«

(2 Timoteo 4:2).

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Anónimo

Romanos 6:22

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Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna (Romanos 6:22).

¿En qué piensa cuando escucha la palabra libertad? Por lo general, pensamos en el derecho a vivir como nos plazca e ir en pos de ambiciones y sueños. Sin embargo, vivir para uno mismo nunca es libertad. Cuando el apóstol Pablo dijo: «¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?» (Romanos 6:16), estaba señalando que podemos elegir entre el pecado o la justicia. Si no vivimos para Cristo, nos encontraremos esclavizados a los deseos y hábitos pecaminosos.

Dios quiere liberarnos de toda forma de esclavitud que nos impida llegar a ser quienes El quiso que fuéramos cuando nos creó. Este tipo de libertad no se logra mediante la guerra, ni de hacer lo que querramos, sino por medio del conocimiento de la verdad y la sumisión a Cristo.

Si tiene dificultad para vencer un pecado en particular, a pesar de haberlo confesado y haberse arrepentido, busque la raíz subyacente (lo que está por debajo de algo o permanece oculto) que alimenta ese pecado como la ira, orgullo, envidia, amargura, rencor, la lujuria o la preocupación y salga de eso.

En vez de permitir que esas emociones nos controlen, hemos de permitir que las verdades de Dios llenen nuestra mente e influyan en nuestro comportamiento. Cuando fuimos salvos, Cristo nos liberó del dominio del pecado y nos dio el Espíritu Santo para que podamos vivir en obediencia. Además, Dios nos ha dado una nueva naturaleza creada a la semejanza de Cristo, Pablo lo explica; «Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.» (Efesios 4:24).

Él nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir en obediencia, de manera que los creyentes nunca somos víctimas indefensas del pecado. 

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Anónimo

Romanos 7:21

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Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí (Romanos 7:21).

Porque nacimos pecadores. El salmista escribe que «...en pecado lo concibió su madre» (Salmo 51:5). El pecado de Adán y sus consecuencias cayeron sobre nosotros. La segunda razón es porque, aunque recibimos el regalo de la salvación, el pecado sigue en nosotros, por eso para vivir en victoria sobre él hemos de reconocerlo, crucificarlo y trabajar con Dios para encontrar la raíz y extirparla. Por último, hacemos lo que hacemos por las conductas aprendidas en casa; no es que heredemos los particulares pecados de nuestros papás, más bien los imitamos. 

Los pensamientos conscientes son aquellos que decidimos tener, no siempre buenos, pero somos responsables de ellos. Sin embargo, el problema está en los inconscientes; no sabemos que están allí y controlan nuestro comportamiento; son el fruto de malas experiencias, traumas, abusos físicos, verbales o sexuales. Eso trae fortalezas de resentimiento, temor, inseguridad, complejos, malicias y desconfianza.

Construimos fortalezas mentales también cuando creemos las mentiras que el diablo nos pone acerca de Dios, de nosotros mismos o de los demás, en ese punto es difícil renovar nuestra mente. Para destruir tales fortalezas y no creer esas mentiras, hemos de revestirnos con el cinturón de la verdad que Dios nos da. En Efesios 6:11 en adelante, Pablo habla de la guerra espiritual que tenemos contra el enemigo y nos anima a usar la armadura de Dios: el yelmo de la salvación, la coraza de justicia, el escudo de la fe, la espada del Espíritu y el cinturón de la verdad. Creer esa verdad significa vivir en ella y no en suposiciones, perspectivas, temores, rumores, amarguras o sentimientos. La Biblia habla de conocer la verdad porque ella nos hace libres. «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» (Juan 8:32.)» 

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Anónimo

2 Corintios 10:4-5

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 Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:4-5).

Hay muchos elementos de nuestra corrupta sociedad que tratan de captar nuestra atención: el cine, la televisión, los libros, la música, la ropa, los anuncios, y ahora el Internet; todo está diseñado para captar las emociones. Por ejemplo, los expertos en publicidad saben que comprar es en definitiva una decisión emocional. Pocas personas conocen el funcionamiento mecánico del automóvil que se anuncia y ni se interesan en eso; pero les impresiona si se parece a un auto de carrera, si hay una linda muchacha detrás del volante, o si hay otras carnadas emotivas incluidas en el anuncio.

Tenemos que cuidar nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. Tenemos que buscar la voluntad de Dios meditando en su Palabra y permitiendo que su voluntad sea la nuestra. Una mente indefensa, no controlada y obstinada va a llenarse de malos deseos que resultarán en malas acciones. Hemos de aprender a controlar cómo reaccionan nuestras emociones y nuestra mente ante el anzuelo tentador con el que se encuentran.

«Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.» (Romanos 13:13-14).

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Anónimo

Gálatas 2:20

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Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).

¿Cuál es el objetivo de la vida cristiana? Romanos 8.29 lo expresa de esta manera: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. Esto se llama santificación, y tiene varias etapas.

Primero viene la salvación: nuestra redención por medio del sacrificio expiatorio de Cristo. El resultado es el perdón del pecado, que nos permite tener una relación con Dios.

Luego, Dios nos da la oportunidad de servir. Fuimos creados para hacer buenas obras en el nombre del Señor Jesucristo, «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» (Efesios 2:10).

Después viene la frustración por la insuficiencia. Esta es una parte necesaria de la experiencia cristiana. Aunque es difícil, esta fase es hermosa porque nos lleva a la dependencia total del Señor, que es lo mejor de nuestra vida espiritual. Y es lo que nos acerca más a nuestro objetivo final: convertirnos en un reflejo de Cristo.

Por desgracia, muchos cristianos no llegan al punto de una total dependencia del Señor. El apóstol Pablo nos recuerda que debemos fijar nuestra mirada en la meta de la madurez en Cristo, «prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.» (Filipenses 3:14). Aprender a morir a uno mismo es doloroso, pero, irónicamente, es el único camino verdadero a la vida.» 

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Anónimo

1 Pedro 1:6-7

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En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Pedro 1:6-7). 

¿Por qué permite, por qué envía Dios las pruebas?

Dios tiene un propósito para cada una.

Profundicemos hoy en el tema de las pruebas. ¿Qué propósito podría tener Dios al permitir que las enfrentemos?

•DIOS PERMITE LAS PRUEBAS PARA PROBAR NUESTRA FE. Sin embargo, no lo hace con la expectativa de que fracasemos. Más bien, quiere que aprendamos a depender más de Él. La fe que no ha sido puesta a prueba, no crece.

•DIOS UTILIZA LAS PRUEBAS PARA MOSTRAR SU PODER SUSTENTADOR. Como sabemos, todos enfrentamos períodos dolorosos en la vida. Al recurrir al poder de Dios durante estos tiempos, podemos compartir un poderoso testimonio frente a quienes no conocen a Cristo.

•NUESTRAS PRUEBAS NOS PREPARAN PARA AYUDAR A OTROS. Cuando pasamos por problemas, nos preparamos para alentar a quienes lleguen a pasar por alguna prueba similar. Este principio fue parte importante del ministerio de Pablo, «el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.» (2 Corintios 1:4).

•DIOS PERMITE LAS PRUEBAS PARA PURIFICARNOS. Las dificultades nos presionan, sobre todo en las áreas donde tratamos de ocultar el pecado. El Señor sabe que estas cosas deben ser sacadas a la superficie y enfrentadas abierta y sinceramente si queremos llegar a ser creyentes maduros.

Dios tiene un propósito para cada prueba. Manténgase firme y deje que el Padre celestial lleva a cabo su voluntad en usted, por los medios que Él considere necesarios. 

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Anónimo

Santiago 1:2-4

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Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna (Santiago 1:2-4).

¿Alguna vez ha mirado a alguien y ha pensado: quién fuera tan afortunado? En realidad, nadie tiene una existencia libre de problemas, y la Biblia nos dice que todos pasamos por pruebas.

Santiago 1.2 es un versículo corto, pero muy significativo ya que utiliza la palabra “cuando”. Pasar por pruebas no es una cuestión de si pasaremos por ellas, sino de cuándo.

En segundo lugar, Santiago dice que “hallaremos” pruebas, lo que implica que las dificultades surgirán de manera inesperada.

En tercer lugar, utiliza el adjetivo “diversas” para denotar las maneras cambiantes y sorprendentes en que aparecen las adversidades. Santiago tiene un mensaje específico que quiere transmitir: “Prepárense. Los problemas se acercan, así que deben estar preparados para manejarlos de manera efectiva”.

“Efectiva” tal vez no sea una palabra que usted usaría para describir su respuesta a las pruebas. Muy a menudo, esperamos que las dificultades pasen de nosotros rápidamente. Sin embargo, eso nos robaría la oportunidad de crecimiento que se encuentra en cada prueba.

Vuelva a leer despacio el pasaje de hoy. Ore mientras lee, pidiéndole al Señor que le muestre cómo soportar y cómo alegrarse en las pruebas. Él tiene un plan para los momentos difíciles. Pregúntele hoy cuál puede ser, y luego confíe en que Él logrará su propósito en ella.

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Anónimo