CARTA A LAS ANCIANAS DE LA IGLESIA

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Comienzo esta carta con una historia triste. Las primeras dos mujeres a quienes les pedí ayuda -tutoría- me respondieron “no.” Me sentí morir.

Conocía bien a ambas mujeres. Servíamos en la misma iglesia y disfrutábamos la misma dulce comunión como hermanas en Cristo, y ambas eran mujeres que tenían el título de “Tito 2” escrito en la frente: modelos de reverencia, dominio propio, amantes de sus esposos e hijos, etc., etc.
Se preguntarán “si ya aprendía de ellas, ¿qué más andaba buscando?

Yo era muy joven, recién llegada al cristianismo; anhelaba relacionarme con una mujer con la que pudiera ser un libro abierto, alguien que me tomara de la mano en mi caminar de fe y en mis inicios como esposa y madre. Necesitaba una madre espiritual, alguien que me enseñara y entrenara a vivir para la gloria de Dios en todo.

Años después, en conversación con una de estas mujeres, hubo un momento en que se tocó el tema del discipulado femenino. Ella se quedó quieta, y luego me dijo “sabes, he pensado mucho en aquella vez que solicitaste, la verdad nadie me lo había pedido antes y no supe qué decir; yo no estaba tan ocupada para ti. Pero tuve miedo porque me sentí incapaz de hacer lo que me pedías. Querida te ruego que me perdones por cómo te respondí aquella vez.

Caray, esto me hizo pensar y orar mucho por las mujeres ancianas, ¿cómo alentarles a abrazar el llamado de entrenar jóvenes de acuerdo al mandato de Tito 2?

Pero, ¿quiénes son mujeres mayores? Hay al menos tres propuestas para definir quién debiera considerarse “mayor [o anciana].” Algunos dicen que la marca es ser madura. Otros dicen que siempre habrá alguien más joven que uno, es decir que, en un sentido, siempre seremos mayores. Otros dicen que es asunto de edad (¡pero nadie se atreve a poner un número!).

De la Escritura sabemos que los 50 años de edad eran la edad límite para los levitas servir en labores manuales del Tabernáculo, pasaban entonces a supervisar hombres jóvenes que realizaban las areas pesadas (Números 8:25-26). Noemí tenía edad pasada para tener hijos, Ruth fue la encargada de ir a cosechar en los campos de Booz (Ruth 1:1-4,12; 2:2). La Biblia alaba las canas y la ancianidad (Proverbios 16:31; 20:29; Isaías 46:4). Elizabeth estaba en la edad madura cuando concibió, y aunque embarazada, hizo tiempo para la joven María (Lucas 1:36,39-45,56). También sabemos que las mujeres solo recibían soporte de la iglesia si eran mayores de 60 años (1 Timoteo 5:9-10).

Por lo tanto, estos breves pasajes me llevan a escribir a mujeres de fe, experimentadas, que están más allá de los años casaderos o de tener hijos, que son elegibles para retiro de labores diarias, y que tendrían más libertad para sostener e instruir mujeres jóvenes.
Quiero señalar tres cosas a estas mujeres: (1) no permitas que te desanimen expectativas super altas, (2) necesitamos más instrucción práctica, (3) anticipa ganar más de lo que des.

Sí, amada hermana, quiero decirte que nuestras expectativas son altas. No es para desanimarte. Piensa más bien que tú tienes la sabiduría y experiencia para hablar directo a las necesidades, heridas, deseos, de jóvenes mujeres. Es verdad que algunas luego tenemos expectativas inflexibles, no bíblicas, egoístas, irreales, de las ancianas. Pero ¡precisamente por ello es que te necesitamos!
Necesitamos aprender a enraizar nuestras amistades, consejos, conocimiento, feminidad, en la obra terminada de Cristo a nuestro favor. Cristo hizo lo que nunca haríamos por nosotras mismas. Ninguno de nuestros esfuerzos tiene mérito alguno. Tú puedes ayudarnos a balancear las expectativas, dirigiéndonos a Cristo y recordándonos que la esperanza está en El.

Déjame decirte cuatro maneras donde no tenemos balance, y cómo puedes ayudar:
Figura materna. Las voces de la cultura que nos rodea son muy drásticas, distorsionando lo que significa ser mujer. Algunas no hemos tenido influencia piadosa, espiritual, de las madres que tuvimos. Nunca recibimos guía práctica femenina. Queremos aprender de ti a perdonar, femineidad bíblica, y cómo criar a nuestros hijos.

Teóloga residente. Algunas queremos una mujer que conteste todas las preguntas difíciles, que nos enseñe teología, que sea nuestra Concordancia y Diccionario Bíblico andante. Queremos aprender de ti cómo buscar a Dios nosotras mismas, cómo profundizar en la Palabra de Dios y obtener conocimiento que alimente nuestra fe y dependencia en el Señor.

Consejera pro bono/casi Espíritu Santo. Algunas buscamos una mujer que resuelva problemas, que haga llover sus años de experiencia y sabiduría, que nos diga cómo responder a cada obstáculo encontrado como cristianas. Queremos aprender de ti cómo apoyarnos en el Espíritu Santo como nuestro consejero y cómo buscar a Dios en oración y en Su Palabra por sabiduría para navegar las dificultades de la vida.

Amiga/compañía social. Algunas solo queremos una amiga. Alguien con quien hablar, cocinar, ir de compras, pasar un rato juntas. De ti, necesitamos aprender que hay amigas más cercanas que hermanos o hermanas; entender cómo divertirnos para la gloria de Dios y cómo vivir de manera práctica y sabia en un mundo caído.

Pero necesitamos mucho más que instrucción práctica. Luego se lee Tito 2:1-5 como instrucciones muy prácticas que el Señor da vía pastores a mujeres ancianas para que instruyan a las jóvenes. Es verdad que sí importa cómo vivimos delante de Dios y de los hombres, es decir las que somos casadas cómo tratamos a esposos e hijos, algo crucial al amor, gozo y paz de nuestros hogares.
Pablo enseña que ser fieles en estos puntos prácticos honra la Escritura y la vuelve más atractiva -evidencia de la obra divina en nosotros. “El evangelio apodera y nos compele a vivir nuestro diseño, el evangelio provee el contexto en el cual tiene sentido el diseño de ayuda idónea.”
Sin embargo, si nos dedicamos solo a lo práctico, solo a roles y conductas, dejaremos de percibir el propósito redentor en nuestro quehacer. Los esfuerzos no tendrán raíz en el evangelio. Nuestro carácter no estará moldeado por el Espíritu. Todo esto disminuirá nuestro llamado como redimidas mujeres de Dios.

Al ayudarnos a vivir Tito 2:3-5, reconoceremos que el asunto principal no es si la mujer debiera trabajar fuera del hogar, por ejemplo, sino si la mujer demuestra santidad en su trabajo dentro o fuera del hogar.
Lo más importante es exhibir el fruto del Espíritu -amor, dominio propio, pureza, diligencia, gentileza, sumisión, reverencia. La atención centrada en la santidad, demostrada por el fruto del Espíritu, permite que cualquier mujer -casada o soltera- lleve a cabo y reciba enseñanza e instrucción. Limitar el pasaje a lo doméstico es restringirlo.
Tito 2 no es meramente sobre lo doméstico; es sobre la santidad que adorna al evangelio.

Finalmente, pienso que debieras anticipar ganar más de lo que das. Las jóvenes queremos aprender de ti. Anhelamos ser estimuladas por ti, equipadas por ti, y corregidas por ti (bueno, casi siempre, ejem). Queremos crecer en fe.

Pero te ruego que veas lo que el Señor quiere que tú ganes con la inversión en nuestras vidas. Pienso que el Señor continuará alentando y equipándote a vivir para Su gloria. En mi limitada experiencia con mujeres más jóvenes que yo he aprendido muchas cosas. Algunas veces me siento totalmente incapaz en mis intentos de ministrar. ¡El Señor me recuerda que ciertamente soy incapaz! El me fortalece y permite que otras vean mis tribulaciones y pecados pero sobre todo mi respuesta a lo que Dios trae.
Mediante esta clase de vulnerabilidad he aprendido que mi vida es un libro abierto a las mujeres que discipulo. He aprendido a confiar en los buenos propósitos de Dios para mis luchas y a recibir consuelo de modo que pueda consolar a otros.

Luego pienso en la petición que hice a aquellas dos mujeres piadosas. Aun cuando su negativa me decepcionó, nunca pensé que fueran menos piadosas.

Me doy cuenta que muchas ancianas nunca han recibido y más bien necesitan y desean entrenamiento intencional para ser madres espirituales. Mucha de esta enseñanza se recibe en iglesias locales que enseñan buena doctrina por hombres fieles.

Pienso que puede hacerse más para ayudar a las ancianas a que articulen la sabiduría que han obtenido a lo largo de años de vivir como mujeres que siguen a Cristo, y que puedan pasarla a la siguiente generación. Si esto no sucede, las jóvenes continuarán aprendiendo de las ancianas pero a distancia.
Amada hermana, quizás no tengas todo el entrenamiento y las herramientas, pero tienes una vida que otras pueden mirar e imitar. Dios obró en mi corazón a través del “no.” Quiera el Señor obrar en tu corazón para decir “sí.”

Tomado de «Older and Younger: Taking Titus Seriously» by Susan Hunt and Kristie Anyabwile in Word-Filled Women’s Ministry: Loving and Serving the Church edited by Gloria Furman and Kathleen B. Nielson, © 2015, pp. 158-170. Used by permission of Crossway, a publishing ministry of Good News Publishers, Wheaton, IL 60187, http://www.crossway.org.

Santiago 1 Notas

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¿Quién escribió el libro de Santiago?
a) Santiago el hijo de Zebedeo falleció en 44 DC. Cuando inició la persecución contra los judíos.
b) Santiago, el hermano de Jesús… ¿alguien que creció en la misma casa?
En Hechos 15 tenemos el capitulo sobre el Concilio en Jerusalén, donde se toca el tema de creyentes no judíos, y qué hacer con ellos. Santiago dice “tenemos que ser gentiles, recibamos estas personas con amor” y se nota que este hombre tenía autoridad, respeto, era la cabeza de la Iglesia (Gálatas 1:19; 2:9;12) y fue quien recibió a Pablo para escuchar su reporte sobre misiones al mundo gentil (Hechos 21:18). Además, al comparar este capítulo de Hechos con el libro de Santiago vemos similitud en frases, estructura, etc.
Santiago era conocido como El Justo por su reputación de piedad.
El historiador Eusebio relata que también era conocido como “rodillas de camello viejo” porque oraba tanto tiempo por su rebaño que sus rodillas se había puesto duras y anchas como las de un camello. Y pienso que oraba por este libro por la multitud de mandatos que contiene, ¡y por nosotros sus futuros lectores!
Murió en 62DC, violentamente, lo tiraron del techo del templo pero no murió, entonces lo apedrearon y luego remataron. Uno de los primeros mártires.

2. ¿Cuándo fue escrito?
Santiago habla mucho de tribulaciones, si recordamos, la persecución inició en 44DC. De modo que este libro fue escrito entre 44 y 49DC, lo cual es muy significativo: ¡probablemente es el primer libro escrito de todo el Nuevo Testamento! Antes que las cartas de Pablo, y que los Evangelios.

3. ¿A quién fue escrito?
v.1 la dispersión. Luego de la deportación de las 10 tribus de Israel hacia Asiria (2Reyes 17:6) y el exilio de las dos tribus a Babilonia (2Reyes 25:11), miles de judíos vivían fuera de los límites de su nación. Estos judíos devotos volvían a Jerusalén para la Fiesta de Pentecostés; es decir que oyeron el evangelio de Jesucristo, se convirtieron, y regresaron a sus lugares de residencia. Los que permanecieron en Jerusalén fueron perseguidos y exiliados luego de la muerte de Esteban (Hechos 8:1; 11:19).
La carta se dirige a judíos cristianos que viven fuera de Jerusalén.

4. ¿Cuál es su estilo literario?
Es una epístola, pero muy parecida a un sermón, en el estilo de los Libros Sapienciales del AT (Proverbios, Cantares). El libro contiene ecos muy cercanos de las enseñanzas de Cristo que cualquier otro libro. Para empezar, hay 20 referencias al Sermón del Monte (Mateo 5:3-7:27; Lucas 6:20-49).
Es claro que Jesús repetía muchas de sus enseñanzas, Santiago tiene que haberlo oído.
Hay 40 referencias al AT, de modo que Santiago es muy específico en los temas que selecciona.

5. ¿Cuál es el tema central del libro?
Santiago quiere que sepamos cómo vivir en santidad en cada una de las áreas prácticas de nuestra vida. ¿Cómo luce -es- la fe genuina? ¿La definición en cada tema?

v.1 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo: A las doce tribus que están en la dispersión: Saludos.
¿Por qué no enseña sus credenciales en este primer verso? ¿Por qué no dice “Santiago el hermano de Jesús”?
La palabra traducida como “siervo” en realidad significa “alguien nacido en esclavitud.” Alguien cuyas necesidades -todas- serían provistas por su Amo. La palabra “Señor” es Kirios, que en el AT es Adonai -una palabra aplicada solo al Padre- que quiere decir el Unico Soberano (el Amo de esclavos), y “Cristo” es la palabra griega para Mesías. De modo que Santiago aquí escribe que es “esclavo de Dios, y del Soberano Jesús, su Mesías.”

¿Por qué empieza con tanta humildad?
Quienes somos madres aquí, piensen por un instante en tener un hijo como Jesús y lo que sería para los otros hermanos convivir con alguien así… ¿Cómo le haría María para balancear los hermanos? ¿Se darían cuenta que no pecaba? ¿Que no ofendía a nadie y sin embargo levantaba rencillas como luego cuando grande?
Si alguien conoció bien a Jesús tiene que haber sido Santiago (griego Jacobo): crecieron dentro de la misma familia, comían juntos, jugaron juntos, trabajaron juntos… ¿Y qué pensaban sus hermanitos?

Marcos 6:1-3 …¿no es el carpintero, hermano de…? ¿Quién es mencionado primero? Santiago, el más cercano en edad, por tanto el que más tiempo pasó cerca.
Marcos 3:13, 21 …su familia… ¿cómo se sentía la familia?
Juan 7:1-5 ¿Por qué no va a Judea? porque lo buscaban para matarle.
v.2 Jerusalén está en Judea.
v.3 ¡sus hermanos le dicen que vaya a Judea! v.5
Y recuerden que el mayor es Santiago.

Pero ahora:

Hechos 1:12,14 No creían ni les importaba pero ahora están aquí, totalmente transformados! ¿Qué pasó?
1 Corintios 15:3-7 ¡Jesús apareció a Santiago!
Santiago sabe ahora que Cristo es el Mesías, que murió, resucitó y vendrá otra vez, y he aquí ¡en fuerte abrazo con su hermano resucitado! Ha nacido de nuevo, ahora como un esclavo de Cristo el Mesías.
Santiago sabe que ofendió muchas veces, pero que ahora ha sido aceptado, perdonado y tiene nueva vida. Ser esclavo de Cristo es lo mejor que pudo haberle pasado. Se abstiene de presumir ser hermano, con toda humildad se auto denomina “siervo de Dios y del Señor JC” lo cual haríamos bien en imitar.

¿Y nosotras?
¿Creemos que somos iguales? Muchas veces es casual, pero en la Escritura nadie habla de Jesús como igual sino como el Señor Jesús, o Señor, o Rabí. Ni siquiera sus enemigos le decían Jesús, se acercaban con todo respeto.
E incluso los demonios dicen “Jesús hijo de Dios.”

¿Qué enseñas a tus hijos? ¿Que Jesús es su amigo sin haberle enseñado Su señorío?
¿Cómo manejamos el nombre de Cristo?

El libro de Santiago es un llamado a obediencia radical. ¿Quién atenderá mejor este llamado? Uno que se considera igual o uno que es esclavo?
Quiera el Señor encontremos esta humildad antes de empezar este libro.

6. RESUMEN

VISION GLOBAL DEL LIBRO DE SANTIAGO

1:1-1-27

Perseverancia

2:1-26

Fe

3:1-18

Dominio Propio

4:1-17

Sumisión

5:1-20

Paciencia

VISION PARTICULAR DEL LIBRO

CAPITULO 1. PERSEVERANCIA   MADUREZ

A. 1:1

SALUDOS

B. 1:2-11

TRIBULACIONES

1. Como prueba de la fe

v.2-4

2. Pidiendo sabiduría

v.5-8

3. Abatiendo orgullo

v.9-11

C. 1:12-18

PRUEBAS

1. Soportando la prueba

v.12

2. Tentado a desear

v. 13-15

3. Recibiendo dones perfectos

v.16-18

D. 1:19-27

ACUERDOS

1. Aceptando la Palabra de Dios

v.19-21

2. Escuchando en obediencia

v.22-25

3. Sirviendo piadosamente

v. 26-27

¡A estudiar! 🙂

Coleóptero

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Un paseóptero en helicóptero
a la islóptera de Cococópteros,
organisóptero un coleóptero.

Entran todópteros apretandóptero
y volandóptero van con ruidóptero,
los resongópteros muelonedópteros
testarudópteros
cascaridópteros…

Clarisa Ruiz
(Colombia)

Romanos 4.18

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ÉL INTERCEDE POR MÍ

Texto: Romanos 8:26,27

Idea central: Cuando oramos de acuerdo a nuestros propios deseos no oramos como debiéramos. El Espíritu, entonces, ora por nosotros e intercede amorosamente de acuerdo a la sabia voluntad de Dios.

Lecciones particulares: 

Si nuestra esperanza no está en lo que nos rodea y podemos ver, entonces podemos vivir pacientemente, aunque no tengamos cosas que nos gustaría tener o sucedan cosas que no nos gustaría que sucediesen (v.25).

—  La realidad, no obstante, es que somos débiles (v.26a) y, en lugar de esperar con paciencia, convertimos las cosas de este mundo en nuestra esperanza (cf. v.25a).

—  Esto se revela en cómo oramos (v.26b), pues no pedimos o agradecemos de acuerdo a la voluntad de Dios (v.27b), sino de acuerdo a lo opuesto (cf. Lucas 22:42), de acuerdo a nuestra terca voluntad egoísta (i.e. de acuerdo a nuestros deseos y a lo que sentimos). En otras palabras, incluso cuando oramos a Dios encontramos la manera de poner la esperanza en las cosas que vemos y deseamos aquí (v.25): un mejor trabajo, una mejor vida, una mejor relación, una mejor salud…

Sin embargo, hay esperanza:

—  El Espíritu que nos guía (v.14), el Espíritu que nos hace hijos de Dios (v.15), el Espíritu que nos habla paz (v.16), el Espíritu que nos hace probar las delicias de Dios (v.23), ese mismo Espíritu viene en nuestra ayuda cuando sucumbimos a la debilidad y no oramos como debiéramos (v.26a).

—  La forma en que el Espíritu ayuda no es convenciendo a Dios que nos dé lo que pedimos de acuerdo a nuestros deseos y sentimientos (cf. Santiago 4:3): ¡Él no “maquilla” nuestras oraciones! Más bien, la forma en que Él nos ayuda es haciendo Él mismo sus propias oraciones por nosotros (vv.26c,27b); oraciones de acuerdo a la voluntad de Dios.

—  Las oraciones que el Espíritu hace por nosotros no son el resultado de un cálculo frío que no nos toma en cuenta. Antes bien, son el resultado de una profunda sabiduría (v.27b; cf. Proverbios 2:6) que ha sido moldeada por un amor que no puede ser descrito con palabras humanas (vv. 26c,27a).

Preguntas de introspección:

¿Qué cosas ocupan la mayor parte de tus oraciones? ¿Qué revela la forma en que pides a Dios acerca de tus prioridades? ¿Cuáles son las motivaciones por las que pides/agradeces a Dios las cosas que pides/agradeces? ¿Revela la forma en la que oras que confías en Dios, o que tu corazón espera en las cosas de este mundo (cf. Mateo 6:25-34)?

¿Aprecias el amor de Dios en que, en lugar de desecharte y no darte nada por no orar como debieras, Él somete oraciones válidas en tu lugar? ¿Aprecias su amor en que Él pide para ti de acuerdo a su sabiduría y no de acuerdo a tus deseos “medalaganarios”?

¿De qué formas prácticas puedes asegurarte de que trabajas con el Espíritu y no contra el Espíritu en este aspecto de tu santificación? ¿Cómo puedes, en tu vida diaria, cultivar un corazón y una mente que genere oraciones más parecidas a las del Espíritu (i.e. de acuerdo a la voluntad de Dios)?

¿Cómo puedes lograr que “hágase tu voluntad, no la mía” sea una verdad que fluya de tu corazón, tu sentimiento real, en lugar de una coletilla hipócrita que agregas al final de tus oraciones carnales?

Historia sugerida: Historia de Pablo y su aguijón en la carne (2 Corintios 12:7-10).

Santiago 1

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Salmo 119:18 “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley.”
Que Dios nos de ojos para ver lo que El tiene para nosotras en este libro.
Confiesa a El cualquier pecado que pudiera nublar tu vista de la verdad.
Agradece que Su Palabra otorga esperanza (Romanos 15:1) y que es fuente de deleite para aquellos que le aman (Salmo 119:14). Da gracias a Dios por el enorme regalo de Su testimonio y de Sus estatutos.

  1. ¿Quién escribió el libro de Santiago?

2. ¿Cuándo fue escrito?
3. ¿A quién fue escrito?
4. ¿Cuál es su estilo literario?
5. ¿Cuál es el tema central del libro?

¡A estudiar! 🙂

© 2013 Jennifer Wilkin. Traducción autorizada al Ministerio de Damas, IBG. Enero 2016.

CARTA A LAS JOVENES DE LA IGLESIA

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Cómo quisiera estar con ustedes en mi terraza, con un vaso de té frío y conversar sobre Tito. Hay tantas cosas que quisiera decirles, cosas que ojalá hubiera sabido a esa edad. Pero hoy hablemos solo de por qué es importante tomar en serio el mandato de Tito 2:3-5

Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Andaba en los ’40 cuando empecé a notar la belleza de este imperativo bíblico. Como esposa de un pastor joven, mi arrogancia espiritual no me permitía valorar a las mujeres mayores en mi vida. Juzgaba su espiritualidad según mis estándares y, la verdad, no reconocía su obediencia quieta, estable, durante décadas, tanto en tiempos de regocijo como de tristeza.
Yo no tomaba en serio Tito 2 así que perdí una de las más ricas provisiones de gracia divina para mi crecimiento en la gracia. Mi tristeza sobre mi pecado y pérdida solo es eclipsada hoy por la maravillosa paciencia y el amor de Dios por esta hija llena de orgullo.

Es un regalo maravilloso que ahora, en mis ‘70s, me hayan invitado a compartir mi aventura de Tito 2 con ustedes. Nunca fue un viaje solitario. Mis convicciones y compromisos nacieron en el contexto de una iglesia que predica sana doctrina. El Señor usó a mi esposo y otros líderes de la iglesia, a muchas mujeres y a dos eventos particulares para modelar la trayectoria de esta jornada.

El primer evento sucedió hace casi 30 años cuando me nombraron Directora del Ministerio de Damas de la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos. Bien pronto me dí cuenta que los recursos eran muy escasos para navegar en medio de la confusión de lo que ha de ser y hacer un ministerio de mujeres, así que al investigar la Palabra de Dios aterricé en Tito 2:3-5.
Lentamente, la idea capturó mi mente; pero mis ideas eran bien minimalistas. Lo que quería era desarrollar un plan para juntar mujeres jóvenes y mayores y terminar con el asunto. Pero al orar sobre el pasaje, acabé orando sobre el capítulo, luego sobre la carta entera y luego sobre la Biblia entera. Dice el Catecismo de Westminster que “las Escrituras manifiestan por sí mismas ser la Palabra de Dios… por el consentimiento de todas sus partes, y la visión del todo, que es dar toda gloria a Dios.”
Tener “la visión del todo” me ayudó a entender con más claridad, intensificó mi pasión por Tito 2 y pude ver esta responsabilidad del pacto familiar dentro de la gran historia de la redención.
Eva significa “dadora de vida.” No me parece que este calificativo sea puramente biológico. La vida de Cristo en nosotras capacita para que seamos dadoras de vida, no succionadoras, en cada relación, cada circunstancia, cada temporada de vida. Su gracia nos apodera para nutrir vidas de pacto -vidas basadas en las infalibles promesas de Dios en Cristo- en nuestros hogares, iglesias, vecindarios y lugares de trabajo.

El problema es que en un mundo caído luego preguntamos igual que Caín “¿soy yo acaso guarda de mi hermano?” Necesitamos ser discipuladas en la Palabra de Dios, exactamente el mandato del Señor Jesús a su iglesia.

Tito 2:3-5 hace el mandato género-específico. Tito 2 es más que un sistema para emparejar mujeres de diferentes generaciones. Tito 2 es acerca de ser guarda de mi hermana y discipular para vivir para la gloria de Dios de acuerdo a Su Palabra. Tito 2 es parte de la obediencia eclesiástica a la Gran Comisión. Tito 2 es ser dadoras de vida. O sea que al renovar mi mente y notar la magnitud del mandato el Señor me preparó para el siguiente paso.

El segundo evento fue el llamado que mi esposo recibió a servir en una iglesia con una rica mezcla generacional de gente piadosa. Tito 2 se convirtió en algo intensamente personal y práctico. Muchas veces me pregunté si era una mujer mayor o si era una mujer joven.
En lugar de desilusionarme porque las mayores carecían de liderazgo, decidí escucharlas. Les pedí compartir sus historias, que nos dijeran lo que les habría gustado saber a nuestra edad, nos contaran de sus versos bíblicos e himnos favoritos.
Pronto, mujeres jóvenes y mayores andaban juntas, conociéndose, amándose, aprendiendo unas de otras mientras discutían aplicaciones de la Palabra de Dios y oraban juntas. Nos dimos cuenta que cada una era mujer joven y mayor al mismo tiempo; que había una vibrante mutualidad al aprender y nutrir la fe de unas y otras.

La descripción de Pablo de esta clase de discipulado es profunda, eternal:

Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos. Teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegasteis a sernos muy amados  (1 Tesalonicenses 2:7-8).

Este discipulado es educador, relacionador, transformador. Las mujeres necesitamos mujeres maduras que enseñen “lo que es bueno” de acuerdo a la Palabra de Dios. Necesitamos aprender las bases teológicas de nuestro diseño creador, nuestro papel en el hogar y en la iglesia, nuestro llamado a ser dadoras de vida en cada rol y etapa que estemos. Necesitamos mujeres que compartan su vida y entrenen a cómo vivir la vida cristiana -cómo amar a otros, cómo cuidar la familia, cómo cultivar comunidades, cómo trabajar productivamente, cómo extender compasión de acuerdo a la Palabra de Dios. Necesitamos mujeres piadosas que oren y de continuo puntualicen la suficiencia de la Escritura para transformarnos en dadoras de vida.

Tito 2:3-5 es una maternidad. No tiene que ser biológica. Algunas de las mejores madres espirituales que conozco nunca han parido hijos biológicos. Lo que sí debemos notar es que ser madre es costoso. Es sacrificial.
De modo que la primera pregunta es ¿por qué? ¿Por qué haría una mujer esta clase de inversión?
Si la motivación es culpa, realización personal, entusiasmo por un nuevo programa o ministerio…estamos perdidas.
Pablo nos enseña la única razón razonable para obedecer:

Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús (Tito 2:11-13)

El evangelio es la única motivación que incentiva a una vida de obediencia: el Señor Jesús apareció en gracia y aparecerá en gloria. Mientras tanto hagamos discípulos.

Y Pablo es bien rápido para asegurarnos que el poder es del evangelio, no de nuestra capacidad de persuadir:

aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús quien se dio a sí mismo por nosotros, para REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD y PURIFICAR PARA SI UN PUEBLO PARA POSESION SUYA, celoso de buenas obras (Tito 2:13-14)

Jesucristo es quien redime y purifica. Cuándo y cómo responderá una mujer es trabajo de la gracia de Dios. Pero si responde o no responde, de todos modos Dios hará en mí su obra purificadora y redentora al compartir el evangelio y mi vida con otros.

No es mi historia; es la historia de la gracia de Dios. Mi tardía respuesta a Tito 2 fue parte del plan soberano de Dios para mí, quizás para darme una pasión de urgirte a que no pierdas ninguna oportunidad de convertirte en una mujer involucrada en discipular relaciones con otras mujeres.

Mi querida amiga, no conozco tu cara o tu nombre, pero si confías en Dios para tu salvación, eres mi hija espiritual porque Dios te adoptó en nuestra familia. Y por ello,

Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros…por vuestra participación en el evangelio…estando convencido precisamente de esto:que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.

Es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros, porque os llevo en el corazón, pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia (Filipenses 1:3-7).

Tomado de «Older and Younger: Taking Titus Seriously» by Susan Hunt and Kristie Anyabwile in Word-Filled Women’s Ministry: Loving and Serving the Church edited by Gloria Furman and Kathleen B. Nielson, © 2015, pp. 158-170. Used by permission of Crossway, a publishing ministry of Good News Publishers, Wheaton, IL 60187, http://www.crossway.org.

DESEOS

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Te deseo, primero, que ames,
y que amando, también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.

Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.
Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven
no madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste. No todo el año sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena,
que la risa habitual es sosa
y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima,
por encima y a pesar de todo,
que existen, y que te rodean,
seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un perro
alimentes a un pájaro
y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal,
porque de esa manera, sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea,
y la acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuántas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
y que por lo menos una vez por año
pongas algo de ese dinero frente a ti y digas
«Esto es mío»
sólo para que quede claro
quien es el dueño de quién.

Te deseo también
que ninguno de tus afectos muera,
pero que si muere alguno,
puedas llorar sin lamentarte y sufrir
sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer;
y que siendo mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente,
y que cuando estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar
no tengo más nada que desearte.

Víctor Hugo
(Francia, 1802 – 1885)

Cortesía de Anix, 🙂

Alcachofa

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Una alcachofa
emperifollada
y algo rechoncha
dio un paseo
en olla express
y a su llegada
a la ensalada
dio un suspiro
y se deshojó.

Con gran frescura
Doña Alcachofa
quedó desnuda
y todos vieron
su corazón.

“¡Qué cosa tierna,
qué suavidad!”
dijo la dueña
de aquel lugar,
y las arvejas,
las habichuelas,
los pepinillos
y la lechuga,
más bien celosos,
dictaminaron:
-“¡Se va a resfriar!”

Clarisa Ruiz
(Colombia)