1 Pedro 2:1-2

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Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación (1 Pedro 2:1-2)

Si alguien en realidad ha sido salvo, será evidente hambre por la Palabra de Dios. Eso es porque, como creyentes, hemos saboreado la bondad del Señor y, por tanto, anhelamos conocerlo con más profundidad. Mordisquear por costumbre las Sagradas Escrituras no hace mucho para estimular nuestro apetito. La Palabra de Dios es un gusto adquirido, y cuanto más la consumamos, mayor será nuestra hambre por ella.

Si usted ha perdido su deseo de la Palabra, pídale al Señor que le restaure el apetito por leerla todos los días. A medida que se familiarice más con la Biblia, notará que su entendimiento y deseo de ella aumentan. Y lo mejor de todo, es que su amor y su devoción por su Salvador crecerán también. 

«La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.» (Salmos 19:7-8).

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Anónimo

Mateo 5:13

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Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Mateo 5:13.

Cuando el Señor Jesús se refirió a sus seguidores, los llamó “la sal de la Tierra.” En aquellos días, la sal era la única manera de preservar los alimentos. Como cristianos, nosotros también tenemos un efecto de preservación en la Tierra porque tenemos el único mensaje que puede hacer libres a las personas de la corrupción del pecado y darles vida eterna.

Esto significa que hemos de ser una influencia positiva en las personas que nos rodean. Así como la sal mejora el sabor de la comida, un carácter cristocéntrico y un estilo de vida que agrade a Dios pueden ser ejemplo que atraiga a otros al Salvador. Ellos notarán nuestro gozo y satisfacción, y tal vez deseen tener esas cualidades, que están disponibles solo mediante una relación con Jesucristo.

La sal también tiene propiedades curativas únicas, al igual que el evangelio. Si nos tomamos un momento para escuchar las penas de las personas, tendremos la oportunidad de ofrecer la verdad que trae sanidad espiritual a quienes están atrapadas en la oscuridad y la desesperación del pecado.

Pero recuerde que el Señor Jesús también nos advirtió que no perdamos nuestra salinidad. Si toleramos el pecado en nuestra vida, seremos como el mundo. Para ser una influencia positiva para Cristo, debemos cuidarnos de no ser víctimas de la tentación.

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Anónimo

De cartón piedra

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Era la gloria vestida de tul,

con la mirada lejana y azul,

que sonreía en un escaparate

con la boquita menuda y granate,

y unos zapatos de falso charol

que chispeaban al roce del sol.

Limpia y bonita siempre iba a la moda,

arregladita como pa’ ir de boda.

Y yo, a todas horas la iba a ver

porque yo amaba a esa mujer

de cartón piedra,

que de San Esteban a Navidades,

entre saldos y novedades

hacía más tierna mi acera.

No era como esas muñecas de abril

que me arañaron de frente y perfil,

que se comieron mi naranja a gajos,

que me arrancaron la ilusión de cuajo,

con la presteza que da el alquiler

olvida el aire que respiró ayer.

Juega las cartas que le da el momento,

mañana es solo un adverbio de tiempo.

No, no, ella esperaba en su vitrina

verme doblar aquella esquina

como una novia,

como un pajarillo pidiéndome

libérame, libérame

y huyamos a escribir la historia,

De una pedrada me cargué el cristal

y corrí, corrí, corrí con ella hasta mi portal.

Todo su cuerpo me tembló en los brazos,

nos sonreía la luna de marzo,

bajo la lluvia bailamos un vals:

un, dos, tres, un, dos, tres, 

todo daba igual.

Y yo le hablaba de nuestro futuro

y ella lloraba en silencio, os lo juro.

Y entre cuatro paredes y un techo

se reventó contra su pecho

pena tras pena,

tuve entre mis manos el universo

e hicimos del pasado un verso

perdido dentro de un poema.

Y entonces, llegaron ellos.

Me sacaron a empujones de mi casa

y me encerraron entre estas cuatro paredes blancas

donde vienen a verme mis amigos

de mes en mes,

de dos en dos,

y de seis a siete.

Joan Manuel Serrat. España (1943 – )

Hebreos 1:10-12

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Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura, Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no acabarán. (Hebreos 1:10-12).

¿Qué hace cuando llegan las tormentas de la vida? ¿A quién se dirige? ¿Dónde busca consuelo y seguridad durante esos momentos tumultuosos?

A lo largo de la vida, estas tormentas van y vienen de manera inesperada, pero no tienen por qué desbalancearnos ni desalentarnos. La Biblia nos asegura que podemos mantenernos firmes sin importar las circunstancias. Entonces, ¿cómo podemos lograrlo? Hay una verdad asombrosa en la Biblia que nos mantendrá firmes durante los momentos más difíciles. Nuestra ancla para las tormentas de la vida es simplemente que Jesucristo nunca cambia. «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.» (Hebreos 13:8).

¿Por qué es esto tan vital, y qué entendemos por “ancla”? Tenga en cuenta que todo en su vida, carrera profesional, relaciones familiares, situación económica, salud, etc, se encuentran en un estado de cambio constante. Usted está envejeciendo y cambiando cada minuto de cada día, y no hay nada que pueda hacer para detener este proceso. De hecho, incluso el mundo que conocemos envejecerá y perecerá, y será cambiado como una vestidura. No obstante, en medio de todo esto, Cristo sigue siendo el mismo. 

Si tratamos de aferrarnos con firmeza a cualquiera de estas cosas terrenales durante nuestras dificultades, seremos arrojados en varias direcciones, ya que nos hemos aferrado a una base inestable que está en constante cambio. Pero si ponemos nuestra esperanza en Cristo, podemos estar seguros de que el ancla permanecerá porque Él no se mueve, cambia ni desaparece. En efecto, Jesucristo es la única base segura en un mundo de movimiento, pues estabilizará y dará paz a todos los que confían en Él. Medite sobre esto; «Los que confían en el Señor son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre.» (Salmo 125:1).

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Filipenses 4:5-6

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El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias (Filipenses 4:5-6).

El Señor Jesucristo rodea a todos los creyentes con su presencia, «Cercano está de mí el que me salva…» (Isaías 50:8). Cuando usted tiene un pensamiento, el Señor está cerca para leerlo; cuando usted ora, el Señor está cerca para oír la oración; cuando necesita su fortaleza y su poder, Él está cerca para dar. En realidad, Él vive en usted y es la fuente de su vida espiritual. El estar consciente de su presencia evitará que caiga en la ansiedad o sea inestable.

El saber que el Señor está cerca nos ayuda a no estar “afanosos” por nada, ya que sabemos que Él puede resolver todo lo que se nos presente. La inquietud y la preocupación indican falta de confianza en Dios. O usted ha creado otro dios que no puede ayudarlo, o cree que Dios pudiera ayudarlo pero no quiere, lo cual significa que usted está poniendo en tela de juicio la integridad de Dios y su Palabra. Así que deléitese en el Señor y medite, «…En la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.» (Salmos 1:2). Sepa quién es Él y cómo obra. Entonces podrá decir: “El Señor está cerca, así que no me afanaré por nada”.»

«echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros

(1 Pedro 5:7).

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Algo personal

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Probablemente en su pueblo se les recordará

como cachorros de buenas personas

que hurtaban flores para regalar a su mamá

y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad.

Aunque es más turbio cómo y de qué manera

llegaron esos individuos a ser lo que son,

ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor

para ocultar oscuras intenciones.

Tienen doble vida, son sicarios del mal.

Entre esos tipos y yo, hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,

viajan de incógnito en autos blindados

a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,

a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar

espías, listas negras y arsenales,

resulta bochornoso verles fanfarronear

a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz

y juegan con cosas que no tienen repuesto,

la culpa es del otro si algo les sale mal.

Entre estos tipos y yo, hay algo personal.

Y como quien en la cosa nada tiene que perder,

pulsan la alarma y rompen las promesas

y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer

nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar

van a cagar a casa de otra gente,

y experimentan nuevos métodos de masacrar,

sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,

ni recuerdan que en el mundo hay niños.

Nos niegan a todos el pan y la sal.

Entre esos tipos y yo, hay algo personal.

Pero eso sí, los sicarios no pierden ocasión

en declarar públicamente su empeño

en propiciar un diálogo de franca distensión.

que les permita hallar un marco previo,

que garantice unas premisas mínimas,

que contribuyan a crear los resortes,

que impulsen un punto de partida sólido y capaz,

de este a oeste y de sur a norte,

donde establecer las bases de un tratado de amistad

que contribuya a poner los cimientos

de una plataforma donde edificar

un hermoso futuro de amor y paz…

Tienen doble vida, son sicarios del mal.

Entre esos tipos y yo,

entre esos tipos y yo,

entre esos tipos y yo,

hay algo personal.

Joan Manuel Serrat. España (1943 – )

Salmo 31:1

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En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia (Salmo 31:1).

Como indica el verso, David tuvo gran confianza en Dios en medio de la aflicción. También dijo: “Porque tú eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Sácame de la red que han escondido para mí, pues tú eres mi refugio” (Salmo 31:3-4).

Su confianza radicaba en el carácter santo de Dios. Un adecuado conocimiento de Dios es esencial para la estabilidad espiritual. Y la única forma de conocer a Dios es mediante lo que Él ha querido revelarnos de sí mismo en las Escrituras. 

«Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.» (Salmos 18:1-2).

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