Filipenses 4:5

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Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres… (Filipenses 4:5).

Es difícil hallar una palabra que capte el multiforme sentido de la palabra traducida como “gentileza”. Algunos dicen que se refiere al contentamiento, a la delicadeza, a la generosidad o a la buena voluntad hacia los demás. Otros creen que se refiere a la misericordia o a la indulgencia con las faltas o los fracasos de otros. Incluso otros aseguran que describe la paciencia, refiriéndose a alguien que se somete a la injusticia o al maltrato pero no se venga con odio o amargura. Creo que la mejor traducción de la palabra original es “gentileza”, pues comprende todos los sentidos.

La gentileza también incluye otro elemento importante: la humildad. El cristiano humilde no guarda rencor, sino que confía en Dios siempre que se maltrata, se juzga injustamente o se calumnia. Una persona así no exige sus derechos. Dios nos manifestó su gracia de la misma manera; la humanidad maltrató y calumnió a Jesucristo aunque no merecía nada de eso, pero Él sigue extendiendo sus brazos hacia nosotros con amor, «Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.» (Romanos 5:10). La humildad y la gentileza lo ayudarán a ser estable a pesar de las circunstancias. 

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Aquellas pequeñas cosas

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Uno se cree

que las mató el tiempo y la ausencia.

Pero su tren

vendió boleto de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas

que nos dejó un tiempo de rosas

en un rincón,

en un papel,

o en un cajón.

Como un ladrón

te acechan detrás de la puerta.

Te tienen tan

a su merced

como hojas muertas.

Que el viento arrastra allá o aquí.

Que te sonríen tristes

y nos hacen que lloremos

cuando nadie nos ve (nadie nos ve).

Joan Manuel Serrat. España (1943 – )

1 Timoteo 6:8

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Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto (1 Timoteo 6:8).

¿Necesidad o deseo?

Hay muchos pasajes en la Biblia donde enseñan que Dios satisface las necesidades de su pueblo, pero hemos de ser cuidadosos para interpretarlos de manera correcta. Es importante entender la diferencia entre necesidades y deseos. Una necesidad es algo esencial, según la voluntad del Padre para nuestra vida. Pero un deseo es algo que queremos para nosotros o para otros, y a menudo se basa en la expectativa del placer, el bienestar o la comodidad.

No tiene nada de malo desear, siempre y cuando dicho deseo esté dentro de la voluntad de Dios. Después de todo, nuestro Padre celestial “…nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6.17). Pero Él nunca promete conceder todos nuestros deseos. Por tanto, no recibir lo que queremos no es un indicador de que el Señor no sea fiel. Pero sí promete satisfacer todas nuestras necesidades.

En definitiva, se requieren dos cosas para enfrentar los tiempos de necesidad: contentamiento en cada circunstancia y dependencia de Jesucristo para ser fortalecidos, «Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:12-13). Comience cada día pidiéndole al Señor que le provea lo que Él considere necesario; luego pida por sus deseos. Deje que el Señor determine lo que es mejor en ambas categorías, y alégrese por lo que Él decida.

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Filipenses 4:2

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Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor (Filipenses 4:2).

Pablo afrontó muchos conflictos en la iglesia, pero algunos eran para él tan importantes como para tratar sobre ellos en sus epístolas, y también importantes para nuestra enseñanza. Es evidente que las dos mujeres en el versículo estaban dirigiendo dos facciones opuestas en la iglesia. No sabemos cuáles eran sus quejas específicas, pero es posible que incluyeran conflictos personales.

Sí, sabemos que las dos mujeres eran miembros notables de la iglesia porque habían trabajado con Pablo en la causa del evangelio. Y sabemos que estaban causando estragos en la iglesia porque al parecer no había unidad en la misma. Reconociendo que se trataba de falta de amor, que indica la presencia de orgullo y la ausencia de humildad, Pablo rogó que las mujeres fueran “de un mismo sentir en el Señor” (4:2). Cada una estaba exigiendo su propio derecho en vez de interesarse en el derecho de la otra. Pero como Pablo las exhortó y nos exhortó a nosotros, una buena relación con el Señor resolverá cualquier discordia.

«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.» (Filipenses 2:3-4). 

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Oda a la tristeza

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Tristeza, escarabajo de siete patas rotas,

huevo de telaraña,

rata descalabrada,

esqueleto de perra: aquí no entras.

No pasas.

Ándate.

Vuelve al sur con tu paraguas,

vuelve al norte con tus dientes de culebra.

Aquí vive un poeta.

La tristeza no puede

entrar por estas puertas.

Por las ventanas entra el aire del mundo,

las rojas rosas nuevas,

las banderas bordadas

del pueblo y sus victorias.

No puedes.

Aquí no entras.

Sacude tus alas de murciélago,

yo pisaré las plumas que caen de tu manto,

yo barreré los trozos de tu cadáver

hacia las cuatro puntas del viento,

yo te torceré el cuello,

te coseré los ojos,

cortaré tu mortaja

y enterraré tus huesos roedores

bajo la primavera de un manzano.

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

Juan 5:39

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Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí (Jesucristo) (Juan 5:39)

La Biblia es el manual de vida para el hombre, es la voluntad expresa del Dios glorioso y eterno. Hacemos bien, o tomamos la mejor decisión de nuestras vidas, al hacerle caso a sus consejos, ya que; crea o no en sus escritos, tendrá consecuencias en ésta vida y en la eternidad. O sea que si pensamos con sobriedad y cordura, es algo para tomarlo muy en serio. 

Cada vez que usted enfrente un problema o una decisión, busque la respuesta en la Biblia, y obedezca de corazón sus instrucciones. Comience el día leyendo la Palabra de Dios y pidiendo al Señor que le ayude a entender lo que le está diciendo. Al Señor le encanta comunicarse con nosotros, y si usted pasa tiempo con Él, Dios le abrirá la mente para que conozca sus pensamientos, y así su vida será alineada con la de Él. 

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Filipenses 1:12-13

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Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás (Filipenses 1:12-13).

«La vida por encima de las circunstancias»

Al pasar por tiempos difíciles es reconfortante saber que nada puede ocurrirnos a menos que el Señor lo permita o lo envíe. Él tiene control absoluto incluso en nuestras circunstancias más difíciles y dolorosas. A través de todo esto, estamos siendo sostenidos firmemente por la mano amorosa de nuestro Padre, y su buen propósito se está llevando a cabo en nuestra vida.

Podemos desear con desesperación que nuestras circunstancias cambien. Pero para que Dios logre sus propósitos, nos permite pasar por pruebas que estén diseñadas para hacernos más como Cristo. Cosecharemos los beneficios espirituales si, en vez de tratar de escapar de la situación, dejamos que el Señor complete la obra.

El tiempo de Pablo en la cárcel resultó ser un beneficio para el evangelio. Como es lógico, el encarcelamiento debería haber obstaculizado su ministerio, pero tuvo el efecto contrario. Durante ese tiempo Pablo era custodiado por muchos soldados romanos, y cada nuevo cambio de guardia le daba la oportunidad de explicar el evangelio a otra “audiencia cautiva”.

No se nos promete una vida fácil, pero Dios usa nuestras pruebas para llevar a cabo su voluntad. Las experiencias difíciles nos son dadas para nuestro bien, para el beneficio de otros y para la gloria de Dios.» 

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» (Romanos 8:28).

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El célebre océano

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El mar decía a sus olas

“hijas mías volved pronto.”

Yo veo desde aquí las esfinges en equilibrio sobre el alambre,

veo una calle perdida en el ojo del muerto.

Hijas mías llevad vuestras cartas y no tardéis,

cada vez más rápidos los árboles crecen,

cada vez más rápidas las olas mueren.

Los récords de la cabeza son batidos por los brazos,

los ojos son batidos por las orejas

solo las voces luchan todavía contra el día.

Creéis que oye nuestras voces,

el día tan maltratado por el océano.

Creéis que comprende la plegaria inmensa

de esta agua que cruje sobre sus huesos.

Mirad el cielo mugiente y las virutas del mar,

mirad la luz vacía como aquel que abandonó su casa.

El océano se fatiga de cepillar las playas,

de mirar con un ojo los bajos relieves del cielo,

con un ojo tan casto como la muerte que lo aduerme

y se aduerme en su vientre.

El océano ha crecido de algunas olas,

seca su barba,

estruja su casaca confortable,

saluda al sol en el mismo idioma,

ha crecido de cien olas.

Esto se debe a su inclinación natural,

tan natural como su verde.

Más verde que los ojos que miran la hierba

la hierba de conducta ejemplar.

El mar ríe y bate la cola.

Ha crecido de mil olas.

Vicente Huidobro. Chile (1893-1948)