1 Pedro 2:1-2

Estándar

Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación (1 Pedro 2:1-2).

Si alguien ha sido salvado, será evidente hambre por la Palabra de Dios. Porque, como nuevas criaturas, hemos saboreado la bondad del Señor y, por tanto, anhelaremos conocerlo a profundidad. Mordisquear (ser piqui piqui) las Sagradas Escrituras no hace nada para estimular nuestro apetito. La Palabra de Dios es un gusto adquirido, y cuanto más se consume, mayor será nuestra hambre por ella.

Si usted ha perdido su deseo de la Palabra, pídale al Señor que le restaure el apetito por leerla todos los días. A medida que se familiarice más con la Biblia, notará que su entendimiento y deseo de ella aumentan. Y lo mejor de todo, es que su amor y su devoción por su Salvador crecerán también. 

«¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.» (Salmos 119:97). 

«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.» (Salmos 119:103).

«Lámpara es a mis pies tu palabra,Y lumbrera a mi camino.» (Salmos 119:105).

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

B et C, Juan 3:18-19

Estándar

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Juan 3:18-19.

Muchos piensan que rechazar a Cristo es una decisión que no acarrea consecuencias. Aunque no les importa que otros sigan al Señor, ellas parecen estar bien sin Él. No consideran las consecuencias tanto presentes como eternas de su incredulidad.

Ya que el juicio de Dios es visto a menudo como un evento futuro, se descuida la urgencia de la salvación por quienes desean disfrutar placeres de la vida terrenal ajenos a la necesidad de un Salvador. Pero Cristo dice que quienes no creen en Él ya han sido condenados, porque aman las tinieblas y no quieren que sus pecados sean expuestos por su luz. En otras palabras, aman su pecado y no están dispuestos a apartarse de él. Vivir de esa manera les parece bien y les permite actuar de acuerdo con sus deseos.

También hay quienes afirman creer en Cristo, aunque siguen amando sus pecados y tratando de esconderlos. Pero los intentos de tener ambas cosas no funcionarán, y tales personas permanecen en la oscuridad.

Los placeres del pecado son temporales. «Escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,» (Hebreos 11:25). Los sabios son los que de verdad creen y anhelan venir a la luz; no quieren envolverse en un estilo de vida impío. Recuerde que nunca es demasiado tarde para acudir al Señor.

» …He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.» (2 Corintios 6:2)

1 Pedro 1:22

Estándar

Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido (1 Pedro 1:22).

Los cristianos tenemos la gran responsabilidad de amar a los demás, pero ¿cómo hacerlo? Comprendiendo nuestro recurso.

El amor está a nuestro alcance, es culpa nuestra si no aprovechamos el recurso necesario. En sumisión al Espíritu aprender a amar. Purificar mente y corazón confesando nuestro pecado y comprender la urgencia de atraer a otros a Cristo mediante nuestro amor. Tenemos que tomar una decisión consciente de amar a los demás, tener comunión con otros creyentes, pensar en los demás y no en nosotros mismos. Y considerar el efecto de amar a otros. El amor que se da inevitablemente regresa.

Cuando Dios nos salvó, nos hizo nuevas criaturas con la capacidad de cumplir la deuda del amor. La fuente del amor es inagotable porque es Dios mismo. Usted tiene el privilegio de representar a Dios en el mundo amando a los demás como Él los amó y recibir amor a cambio.

«No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.» (Romanos 13:8).

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

B et C, 1 Corintios 15:33

Estándar

No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. 1 Corintios 15:33

La influencia de los demás es una vía por la cual podemos ser ayudados u obstaculizados en nuestra búsqueda de santidad. Si nos asociamos con personas que no comparten nuestros estándares, podríamos sentirnos tentados a comprometer nuestras convicciones. Por el contrario, cuando la mente, voluntad, emociones y conciencia, están guiados y enfocados correctamente por la Palabra de Dios, podemos detectar los obstáculos que entorpecen el crecimiento y señalar los ajustes por hacer. 

«El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado.» (Proverbios 13:20)

¿Qué tipo de personas tiene como amigos?

¿Qué tipo de conversaciones tiene?

¿Qué tipo de pensamientos llenan su mente? ¿Está usted siendo influenciado por amigos, la televisión o redes sociales más que por la Palabra de Dios? 

«Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.» (Mateo 6:21)

Lee. Medita. Aplica.

Brevitas et Claritas, Santiago 4:4-5

Estándar

¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?Santiago 4:4-5.

Al leer el Antiguo Testamento, no entendemos por qué la gente se inclinaba ante ídolos que ellos mismos habían fabricado. Pero nosotros cometemos un error parecido, dando demasiado valor a cosas como el dinero, las relaciones, la apariencia física y el poder. Si bien no son malas en sí mismas, estas cosas se convierten en objetos de adoración al priorizarlas por encima de Dios.

Hay dos razones por las que el Señor no permite que la devoción de sus hijos se desequilibre. Primero, Él merece la gloria, y segundo, nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Alabar a Dios por encima de todo es, en realidad, lo mejor para nosotros. Por tanto, cuando nuestro corazón no pertenece únicamente a Cristo, Él nos disciplina. Puede significar que los problemas nos recuerden quién es el Dios único. Las dificultades no nos agradan, pero podemos sentirnos alentados porque el Padre celestial nos ayuda a crecer mediante ellas, conforme a su voluntad.

Esta semana, fíjese en qué invierte su tiempo y dinero, y en lo que domina sus pensamientos. Pida al Señor que le indique todo lo que se ha convertido en un ídolo en su vida, todo aquello que divide su corazón. Confiese cualquier afecto malsano al Señor, y pida ayuda para hacer de Él el objeto de su devoción.

Lee. Medita. Aplica.

B et C, Santiago 1:5

Estándar

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Santiago 1:5

Cuando se le pruebe, reconozca que necesita fortaleza, tiene que buscar un recurso mayor para resistir en medio de la prueba: Dios mismo. La búsqueda de la sabiduría es la búsqueda suprema del hombre. A quienes conocen y aman al Señor, Él provee de esa sabiduría.

Esa sabiduría no es especulación filosófica, sino el absoluto de la voluntad de Dios; «Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.» (Santiago 3:17).

La sabiduría divina da por resultado la conducta en todos los asuntos de la vida. ¿Cuál es su primera reacción frente a un problema? ¿Acudir de inmediato a algún otro recurso humano?

Aunque Dios puede obrar por medio de otros creyentes, su reacción inicial ante las pruebas debiera ser pedir a Dios directamente la sabiduría que le permitirá a usted sentir gozo y ser obediente en la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Las pruebas tienen el propósito de que seamos más dependientes de Dios al hacernos comprender que no tenemos suficientes recursos humanos, y que en Él lo tenemos todo.

«El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.» (Proverbios 9:10).

Lee. Medita. Aplica.

B et C, Job 42:3

Estándar

…Yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Job 42:3. 

Dios puede parecer esquivo o desinteresado en momentos o situaciones difíciles. Nuestras emociones pueden dañar la confianza en la verdad de Dios, y llegamos incluso a creer que no hay ningún resultado deseable para nuestra situación actual.

Sin embargo, Job nos muestra que con resistencia y paciencia podemos aprender cualquier lección que Dios quiere que aprendamos. Fue esa misma confianza la que hizo que glorificara a Dios al terminar su tiempo de sufrimiento: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

Como resultado de la paciencia y la confianza constantes durante su larga prueba, Job alcanzó un nuevo conocimiento de su Dios soberano y una mayor seguridad de las alegrías de ser tratado como uno de sus hijos.

«Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.» (Hebreos 12:6-8).

Lee. Medita. Aplica.

Brevitas et Claritas, Salmo 23:4

Estándar

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Salmo 23:4.

¿Comprenderemos que Dios va a permitir que pasemos por las pruebas, y que Él está obrando para que todo resulte en su propósito Santo?

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» (Romanos 8:28).

Todos soñamos con un ambiente perfecto de comodidad y tranquilidad. Aunque cualquier reposo temporal de las pruebas nos lleve a creer que podamos hallar una permanente liberación de ellas, nuestra vida en la tierra nunca estará libre de las pruebas. Podemos vivir en una felicidad engañosa, sin presagiando ningún problema y prediciendo un futuro desahogado, pero eso es una fantasía. Cristo advirtió a sus discípulos y a todos los que sigan sus pasos que esperaran pruebas en esta vida, «Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.» (Juan 15:18).

El puritano Thomas Manton, observó una vez que Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero ningún hijo sin una cruz. Como cristianos, podemos estar seguros de que tendremos pruebas. Pero nuestra confianza es que tendremos victoria sobre ellas por la presencia de Dios. Vendrán las pruebas, pero la gracia de Dios estará con nosotros en nuestro tiempo de necesidad. 

El siguiente texto es un llamado de Jesucristo mismo para que estemos alertas sobre las pruebas y aflicciones que vendrán, también es un llamado para que confiemos y descansemos en Él, ya que Él venció para darnos paz, seguridad y tranquilidad.

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33).

Lee. Medita. Aplica.

Brevitas et Claritas, 2 Reyes 19:10-11

Estándar

Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? 2 Reyes 19:10-11.

A diferencia del rey Ezequías, es probable que usted no se enfrente a un ejército invasor. Pero si es como la mayoría, su vida está llena de obstáculos, problemas y necesidades cotidianas que amenazan su paz y seguridad. ¿Qué hace al respecto? ¿Confía en sus propias fuerzas y su talento para encontrar un camino, o pide ayuda a Dios como lo hizo el rey Ezequías?

«Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente.» (2 Reyes 19:15-16)… «Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios.» (2 Reyes 19:19). 

Uno de los propósitos de la oración es hacernos conscientes de nuestra dependencia del Señor. Ninguna preocupación es demasiado pequeña para llevarla a Él, y nada es demasiado grande que Él no pueda manejarlo. De hecho, se nos dice que no nos preocupemos por nada y que oremos por todo, «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.» (Filipenses 4:6). Dependencia en la oración produce una paz inexplicable, incluso en medio de circunstancias que no han cambiado, «Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:7).

Luego olvidamos que somos criaturas que dependen por completo del Creador para poder respirar. La oración es un privilegio que Dios ha dado a sus hijos; permite poner humildemente nuestras preocupaciones ante nuestro Padre, confiados en que Él dirigirá nuestro camino y proveerá para nuestras necesidades. No tenemos nada que perder, excepto nuestro orgullo y autosuficiencia, junto con el temor y la ansiedad resultantes.

Lee. Medita. Aplica.

Brevitas et Claritas Mateo 18:21-22

Estándar

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mateo 18:21-22

Se dice que el único ejército que deja atrás sus heridos es el ejército cristiano. Debiéramos luchar por cambiar esa mentalidad. Es tiempo de que el cristiano de hoy dé la mano a aquellos que han cometido faltas y haga todo lo necesario para que se levanten. 

«Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.» (Gálatas 6:1)

Seamos agentes de bendición y perdón, no jueces que solo buscan faltas en otros para asegurar que sea su final. A veces nos convertimos en agentes de Satanás y no actuamos como siervos de Cristo. Si en nuestro grupo o iglesia alguien comete un pecado o una falta, la solución no es condenarlo, sino ayudarlo a levantarse y orar para que ese error o pecado no se repita ni sea el final de su caminar con Cristo, sino parte del proceso de convertirse en grandes hombres y mujeres de Dios. 

Tenemos un Dios, que es el Dios de las «setenta veces siete» oportunidades, actuemos como sus siervos. Hagamos de esta generación de cristianos la mejor de todas para la gloria y la honra de nuestro Señor Jesucristo. No, no damos por hecho que es bueno fallar o pecar contra Dios, pero sí que entendamos que, si caemos, está la gracia de Cristo para restaurarnos, así como David pudo arrepentirse y fue perdonado.

«Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.» (Salmos 32:5). También nosotros podemos lograrlo gracias a la sangre poderosa de Cristo, capaz de darnos una segunda oportunidad y mucho más.

Lee. Medita. Aplica.