Romanos 4.18

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ÉL INTERCEDE POR MÍ

Texto: Romanos 8:26,27

Idea central: Cuando oramos de acuerdo a nuestros propios deseos no oramos como debiéramos. El Espíritu, entonces, ora por nosotros e intercede amorosamente de acuerdo a la sabia voluntad de Dios.

Lecciones particulares: 

Si nuestra esperanza no está en lo que nos rodea y podemos ver, entonces podemos vivir pacientemente, aunque no tengamos cosas que nos gustaría tener o sucedan cosas que no nos gustaría que sucediesen (v.25).

—  La realidad, no obstante, es que somos débiles (v.26a) y, en lugar de esperar con paciencia, convertimos las cosas de este mundo en nuestra esperanza (cf. v.25a).

—  Esto se revela en cómo oramos (v.26b), pues no pedimos o agradecemos de acuerdo a la voluntad de Dios (v.27b), sino de acuerdo a lo opuesto (cf. Lucas 22:42), de acuerdo a nuestra terca voluntad egoísta (i.e. de acuerdo a nuestros deseos y a lo que sentimos). En otras palabras, incluso cuando oramos a Dios encontramos la manera de poner la esperanza en las cosas que vemos y deseamos aquí (v.25): un mejor trabajo, una mejor vida, una mejor relación, una mejor salud…

Sin embargo, hay esperanza:

—  El Espíritu que nos guía (v.14), el Espíritu que nos hace hijos de Dios (v.15), el Espíritu que nos habla paz (v.16), el Espíritu que nos hace probar las delicias de Dios (v.23), ese mismo Espíritu viene en nuestra ayuda cuando sucumbimos a la debilidad y no oramos como debiéramos (v.26a).

—  La forma en que el Espíritu ayuda no es convenciendo a Dios que nos dé lo que pedimos de acuerdo a nuestros deseos y sentimientos (cf. Santiago 4:3): ¡Él no “maquilla” nuestras oraciones! Más bien, la forma en que Él nos ayuda es haciendo Él mismo sus propias oraciones por nosotros (vv.26c,27b); oraciones de acuerdo a la voluntad de Dios.

—  Las oraciones que el Espíritu hace por nosotros no son el resultado de un cálculo frío que no nos toma en cuenta. Antes bien, son el resultado de una profunda sabiduría (v.27b; cf. Proverbios 2:6) que ha sido moldeada por un amor que no puede ser descrito con palabras humanas (vv. 26c,27a).

Preguntas de introspección:

¿Qué cosas ocupan la mayor parte de tus oraciones? ¿Qué revela la forma en que pides a Dios acerca de tus prioridades? ¿Cuáles son las motivaciones por las que pides/agradeces a Dios las cosas que pides/agradeces? ¿Revela la forma en la que oras que confías en Dios, o que tu corazón espera en las cosas de este mundo (cf. Mateo 6:25-34)?

¿Aprecias el amor de Dios en que, en lugar de desecharte y no darte nada por no orar como debieras, Él somete oraciones válidas en tu lugar? ¿Aprecias su amor en que Él pide para ti de acuerdo a su sabiduría y no de acuerdo a tus deseos “medalaganarios”?

¿De qué formas prácticas puedes asegurarte de que trabajas con el Espíritu y no contra el Espíritu en este aspecto de tu santificación? ¿Cómo puedes, en tu vida diaria, cultivar un corazón y una mente que genere oraciones más parecidas a las del Espíritu (i.e. de acuerdo a la voluntad de Dios)?

¿Cómo puedes lograr que “hágase tu voluntad, no la mía” sea una verdad que fluya de tu corazón, tu sentimiento real, en lugar de una coletilla hipócrita que agregas al final de tus oraciones carnales?

Historia sugerida: Historia de Pablo y su aguijón en la carne (2 Corintios 12:7-10).

Romanos 4.17

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¡TODAVÍA FALTA MUCHO POR HACER!

Texto: Romanos 8:18-25

Idea central: Todo el dolor que vemos en el mundo es el equivalente visible de toda la gloria invisible que se perdió con el pecado. Toda esa gloria aún está por venir y saber eso nos capacita para sufrir con Cristo hoy, aunque signifique negarnos a las cosas de este mundo.

Lecciones particulares: 

Seremos glorificados con Cristo si seguimos al Espíritu no solo cuando todo va bien, sino también cuando el camino trae dolor (v.17). Pero, ¿vale la pena contentarnos con lo que Dios nos dé, en lugar de luchar por seguir nuestro propio camino?

— Sí, porque la gloria que Dios tiene reservada para mostrar a sus hijos hace que cualquier sufrimiento que tengamos o cualquier cosa que dejemos de obtener sea insignificante (v.18).

¿Cómo sé que esa gloria realmente será tan espectacular como Dios quiere que creamos?

—  La libertad de la gloria de los hijos de Dios es la antítesis de la esclavitud a la corrupción del pecado (v.21). Cuando el pecado entró al mundo y corrompió la Creación, esto no activó un gatillo de maldición automática, ni tampoco fue la decisión de la Creación misma (v.20a). Más bien, la maldición que sobrevino fue el resultado de una decisión calculada de parte de Dios (v.20b), de manera que el contraste hiciera claramente la diferencia entre vivir en esclavitud a la corrupción y vivir en la libertad de la gloria de Dios (v.20b).

—  Así, todo el dolor que vemos en la Creación a nuestro alrededor – la extinción de especies, las sequías, los desastres naturales, las hambrunas, las enfermedades… – es evidencia visible de lo mucho que se ha perdido (v.22). En otras palabras, lo profundo del dolor en la Creación está diseñado para que podamos apreciar lo inmensurable de la gloria que está por venir (v.19): viendo el agujero podemos estimar el tamaño de la pelota.

— Más aún, si realmente tenemos al Espíritu de Dios (v.23a), nosotros también hemos tenido un “gustico”, una “probadita” de lo que es la realidad espiritual de gloria. Esto hace que también sintamos la “penita”, el anhelo por ese “algo” mejor… Por la consumación final de todo y la redención de nuestro cuerpo (v.23).

Ahora bien…

—  La razón por la cual todavía tenemos esta “penita” en el corazón es precisamente porque todo lo que tenemos o que pudiéramos tener no es esa gloria suprema que explica el sufrimiento del mundo (v.24). Si lo fuera, entonces, ¿por qué esperar algo más?

—  Ahora, si realmente estamos esperando, si realmente sabemos que la gloria no es este mundo, entonces no viviremos enfocados en obtener la vida perfecta, sin sufrimiento, completamente “realizada” y exitosa. Más bien, si realmente estamos esperando, podremos esperar con paciencia, dispuestos a sufrir con Cristo si es necesario (v.17), pues sabemos que lo mejor aún está por venir (v.18).

Preguntas de introspección:

¿Qué tan sensible eres al dolor que te rodea? Si el sufrimiento de la Creación es tan profundo que apunta a la gloria por venir, ¿tienes un corazón tierno que se duele y compadece de ella, o estás tan endurecido que no te das cuenta o, peor, no le das importancia?

¿En qué maneras puedes mostrar un corazón como el de tu Padre en los cielos, que cuida hasta el más pequeño de los pajarillos del campo? ¿Cuál es tu círculo de influencia sobre el que Dios te ha dado responsabilidad?

Al ver el dolor a tu alrededor, ¿es tu corazón cínico, quejón, que huye de la responsabilidad, o tienes un corazón amoroso y valiente?

¿Qué mundo es el que llena los ojos de tu mente? ¿Cuáles son aquellas cosas, relaciones o situaciones específicas que deseas tanto que hacen que tu vista se enfoque aquí?

¿Te das cuenta de la relación que existe entre tu sensibilidad al dolor a tu alrededor y la claridad de tu fe? ¿De qué formas prácticas el dolor que ves en la Creación puede ayudarte a mantener tu vista enfocada en la gloria por venir? ¿Cómo puedes vivir con los ojos puestos en la gloria venidera, pero sin hacerte insensible al sufrimiento a tu alrededor?

Historia sugerida: Selección de las historias de los héroes de la fe (Hebreos 11).

Romanos 4.16

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MI PADRE VENDRA POR MI

Texto: Romanos 8:17

Idea central: “Hijo de Dios” significa que nada puede herirte irremediablemente; significa que todo lo bueno que Dios puede ofrecer es tuyo; significa que has sido llamado a caminar con Él en las buenas y en las malas.

Lecciones particulares: 

Ahora, ¿por qué me interesa ser hijo de Dios? ¿Qué hace que esto sea tan valioso?

— Si eres hijo de Dios, puedes estar seguro de que vivirás: si eres hijo de Dios, eres su heredero (v.17a), lo cual significa que no puedes perder nada (ni siquiera tu cuerpo frente a la muerte). Si el Señor es tu Padre, ¿por qué temerás mal alguno? (cf. Salmo 23:4).

Pero, ¿qué me asegura que la herencia es deseable? ¿Cómo sé que no me a a tocar ser el hijo olvidado que siempre tiene el plato vacío, la cama incómoda, y la camisa rota y remendada?

— Te lo asegura el hecho de que lo estarás heredando junto con Cristo (v.17b). Lo que sea que a Él le toque a ti también te va a tocar. ¿Vida eterna? ¿Gloria? ¿Seguridad? ¿Amor? ¡Todo lo que Jesús herede, tú también lo heredarás!

Ahora bien, no olvides…

— Sabemos que somos herederos porque somos hijos. Y sabemos que somos hijos porque tenemos el Espíritu. Y sabemos que tenemos el Espíritu porque somos guiados por el Espíritu… incluso cuando duele (v.17c).

 

— Ciertamente, serás glorificado junto con Cristo si en verdad también sufres con Él cuando la guía del Espíritu te lleve a caminar por una senda que no preferirías, que no te gusta o que, de plano, es un valle de sombra de muerte (cf. Salmo 23:4). No desmayes, pues, ¡cumple con tu rol hoy!

Preguntas de introspección:

¿En qué formas puedes meditar en tu relación con Dios, de modo que te traiga paz, incluso si todo parezca perdido? ¿Cómo puedes preparar tu corazón para que cuando te toque cruzar el río oscuro encuentres firme cimiento en el amor de tu Padre?

¿Cómo podrías pintar esta realidad con palabras de tal modo que puedas consolar a un hermano que camine por esas aguas antes que tú?

Si en este momento estás caminando en tu último valle, ¿qué salmos le pueden dar palabras a tu alma para recordar que Dios es tu Padre, tu Roca, tu Refugio? ¿Puedes enumerar las bendiciones que tiene Jesús por ser hijo de Dios? ¿Puedes hacer una lista de pasajes bíblicos que muestren que eres coheredero de esas bendiciones también?

¿Cuál es el efecto de todas estas promesas y verdades en ti? ¿De qué manera puedes crear un vínculo entre ellas y energía para caminar las pruebas con las que te enfrentes (en la casa, en el trabajo, en tu tiempo libre, en tus relaciones, en tu salud, en tu lucha contra emociones y deseos carnales, en tu uso de recursos…)?

Historia sugerida:

Historia de David y Goliat (1 Samuel 17, esp. vv.34-37). Historia de Daniel en el foso de los leones (Daniel 6:1-23).

Romanos 4.15

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HIJOS, NO ESCLAVOS

Texto: Romanos 8:14-16

Idea central: Si eres guiado por el Espíritu de Dios, no tienes por qué preocuparte, incluso cuando caigas: eres hijo de Dios y eso nada ni nadie te lo puede quitar.

Lecciones particulares: 

¿Cómo yo sé que seguir al Espíritu me traerá vida verdadera?

— Por la sencilla razón de que todos y cada uno de los que son guiados por el Espíritu son hijos de Dios (v.14). Ninguno de los que sigue al Espíritu será dejado afuera: si vives sometiéndote al Espíritu y no a tus sentimientos y deseos, has sido llamado a ser hijo de Dios (1 Juan 3:1).

¿Cómo puedo estar seguro de esto?

—  Puedes estar seguro porque el Espíritu que recibiste no fue un espíritu de esclavitud, de méritos y rendimiento, para que vuelvas a vivir igual que antes, en temor de si realmente eres aceptado o si pecaste más de lo que Dios quiere tolerarte (v.15a)…

—  El Espíritu que recibiste (y sabes que lo recibiste porque eres capaz de escucharle y hacerle caso) es su Espíritu de adopción como hijo (v.15b; cf. recibiste el “Espíritu de Cristo”, su Hijo – v.9c).

—  Por esta razón, puedes estar seguro de que Dios te ve como su hijo, te ama como su hijo. Puedes acercarte a Dios con confianza y abrirle tu corazón, pedirle consuelo, pedirle consejo, expresarle amor y sentir su amor, buscar refugio y protección (v.15c). Puedes clamar ¡Abba, Padre!

 

— Más aún, si tienes el Espíritu de Dios (si lo que define tus pensamientos, decisiones y acciones es el Espíritu de Dios), el mismo Espíritu te habla directamente a tu corazón palabras de paz. Él te dice “Eres hijo de Dios” (v.16).

¿Tienes dudas de si eres salvo, de si eres hijo de Dios?

Revisa (1) si el Espíritu puede hablarte (i.e. si lo estás siguiendo), y (2) si tú puedes escucharle (i.e. si estás confiando en Él).

Preguntas de introspección:

¿Comprendes la relación entre matar tu pecado (y negarte a vivir de acuerdo a tus emociones y deseos naturales) y ser hijo de Dios? ¿Aprecias que es precisamente tu lucha con el pecado lo que más claramente identifica a los hijos de Dios?

¿Cómo vives tu vida, como hijo de Dios o como hijo del Diablo? ¿Los deseos de qué padre son la característica de tu vida? (Juan 8:44a).

¿Aprecias lo que significa ser hijo de Dios? ¿Entiendes que, aún cuando es cierto que pecas, esto no define tu relación con Dios? ¿Entiendes que Dios te sigue amando, te sigue considerando su hijo, aunque le falles? ¿Comprendes la diferencia entre fallarle y vivir guiado por tus deseos?

¿Cómo impacta tu vida la realidad de que eres hijo de Dios? ¿Le abres tu corazón con tus preocupaciones? ¿Buscas su consejo? ¿Te cobijas en su amor? ¿Cómo impacta esto la forma en que le oras? ¿Le hablas con el corazón en la mano o lo que te interesa es hablarle rimbombantemente? ¿Cultivas en ti un oído para escuchar cuando el Espíritu de Dios le habla paz a tu corazón? ¿De qué manera puedes asegurarte de que cuando oyes/sientes “paz” realmente es el Espíritu de Dios que te lo dice y no tú engañándote a ti mismo? (cf. Ro. 8:14).

Historia sugerida:  Parábola de las cien ovejas (Lucas  15:3-7). Parábola del hijo pródigo (Lucas 19:11-24).

Romanos 4.14

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UNA DEUDA DE HONOR

Texto: Romanos 8:12,13

Idea central: Fuiste salvo por gracia, pero esto no significa que no tengas una deuda. Aunque no puedas pagar el costo de tu salvación (ni Dios te lo vaya a exigir…), tienes una deuda de gratitud y honor. Tu vida ya no es tuya: tu vida es de tu Shogun.

Lecciones particulares:

Si tenemos el Espíritu de Dios en nosotros, Dios nos levantará incluso de entre los muertos, no solo en Espíritu, ¡sino corporalmente también!

—  Por tanto, ¡no seas malagradecido! Muestra tu honor samurai, pues efectivamente tienes una deuda de honor y gratitud: le debes tu vida y bienestar a Dios (v.12a).

—  Más aún, muestra tu discernimiento y distingue que no le debes ninguna lealtad a tus emociones y deseos naturales (v.12b), pues ellos solo te traerán muerte (v.13a). ¡No tienes que hacerle caso y obligatoriamente seguir los deseos de tu cuerpo, los deseos de tus ojos, o a todas las cosas atractivas que podrías encontrar en el mundo!

—  Así, mejor rinde tu vida al Espíritu… O, en otras palabras, a través de la guía y la fuerza del Espíritu, destruye cualquier hábido/decisión/palabra que se origina simplemente en “yo siento…”, “yo merezco…” o “yo quiero…” (v.13b). Si haces esto, ¡vivirás! (v.13c).

Preguntas de introspección:

¿Cómo viviste ayer? ¿Cómo estás viviendo hoy? ¿Qué lealtad testifica tu vida que tienes? ¿Es tu vida como cristiano una vida de honor o es tu vida la de un traidor cuyo honor no vale el polvo que pisa?

¿De qué manera puedes mantener fresca en tu mente la deuda de honor que tienes? ¿De qué manera puedes ayudarte a crear el hábito de tomar tus decisiones a la luz de qué consecuencias espirituales traerán?

¿En qué formas prácticas puedes alimentar tu fe, para creerle a Dios cuando te dice que “hay camino que puede parecerte derecho, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12)?

Historia sugerida: Historia de los diez leprosos (Lucas 17:11-19). Parábola de los talentos (Mateo 25:14-30; 2 Timoteo 4:7,8).

Romanos 4.13

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EL QUE CREE EN MÍ, AUNQUE MUERA, ¡VIVIRÁ!

Texto: Romanos 8:9-11

Idea central: Si somos de Cristo, el Espíritu de Dios vive en nosotros. Y, si el Espíritu de Dios vive en nosotros, nuestra esperanza sobrepasa incluso la misma muerte.

Lecciones particulares: 

— ¡Es vital que no demos por sentado nuestra salvación personal! Incluso conociendo todas las verdades particulares Romanos 1-8, existe la posibilidad de que el Espíritu no esté en nosotros (v.9b). Y, si no tenemos el Espíritu de Cristo dentro de nosotros, la realidad es que no somos de Cristo (v.9c).

— Ahora bien, si estamos en el Espíritu y no la carne (i.e. si nuestras vidas son guiadas por el Espíritu que mora en nosotros y no por nuestros sentimientos y deseos carnales), podemos estar seguros de que Dios se agrada en nuestras vidas (vv.8,9).

—  Podemos confiar en esta realidad incluso en la peor de las circunstancias. La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23) y, como consecuencia, el cuerpo un día morirá (v.10a, a menos que Jesús vuelva antes). Sin embargo, el Espíritu de Dios es fuente de vida para nosotros (v.10b), gracias a la justicia que recibimos en Jesús (cf. Romanos 8:3,4)

—  Así, si el Espíritu de Dios vive en nosotros ahora (vv.9b,11a,11c), aunque un día todo se vea perdido, aunque parezca que el punto final ha sido escrito, Dios aún tendrá la última palabra. Así como Él un día le dio vida al cuerpo muerto de Jesús (v.11a), Él mismo (v.11b) se encargará de darle vida a tu cuerpo físico (v.11c), sin importar qué tan muerto y seco esté. Él no “está vivo”… ¡Él es vida!

—  Date cuenta qué tan indispensable es el Espíritu de Dios para ti: es a través de Él que volverás a la vida (vv.10b,11c). Si no tienes al Espíritu Santo en ti, no tienes derecho a ser vivificado (pues no eres de Cristo, v.9c) y no tienes la fuente de a través de la cual vendría la vida (v.10b; cf. Juan. 7:38,39).

Nota: Para el v.10b sigo la traducción de versiones más literales que LBLA –como la ESV–, las cuales traducen la frase “el Espíritu [es] vida” en lugar de “el espíritu [está vivo]”. Entiendo cómo el contraste entre “mi cuerpo” y “mi espíritu” pareciera ser la intención del versículo, pero hay 2 cosas que me inclinan a pensar que aquí la referencia es al Espíritu Santo. Primero, en todo el libro de Romanos el uso de la palabra pneuma y sus derivados está casi absolutamente restringido al Espíritu de Dios que hemos recibido; en particular, 22 de los 23 usos que ocurren en Romanos 8 hacen referencia inequívoca al Espíritu de Dios que hemos recibido y el uso restante está claramente indicado (v.16). Segundo, Pablo dice “espíritu [es] vida”, no “espíritu [está] vivo”.

Preguntas de introspección:

¿Te das cuenta de todas las precauciones que Pablo da antes de asegurar vida eterna, incluso cuando le escribe a presuntos cristianos que han pasado por Romanos 1-7?

¿Cuestionas con igual celo la realidad de tu salvación personal? ¿En qué te basas para decir que la justicia de Jesús realmente es tuya (cf. lección 4.12)? Son preguntas incómodas, pero mejor una colonoscopía [ugh] que un cáncer mortal.

Si verdaderamente tienes al Espíritu de Dios, ¿de qué formas prácticas puedes mantener presente en el día a día que Dios se agrada en ti? ¿De qué formas prácticas puedes llevar tu mente del conocimiento sobre la vida eterna a la realidad de gratitud y confianza en Dios?

¿Cómo puedes alabar al Espíritu de Dios que vive en ti? ¿Cuándo fue la última vez que le agradeciste a Dios por Él y cómo puedes hacerlo de corazón? ¿Cómo se vería un día de tu vida (en tu casa, trabajo, recreaciones…) si lo vivieses a la luz de que tu vida no termina con la muerte? ¿Cómo afecta tus decisiones? ¿Cómo afecta tus emociones? ¿Cómo afecta tus relaciones?

Historia sugerida: Visión del valle de los muertos (Ezequiel 37:1-14).

 

Romanos 4.12

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EL VERDADERO ESPEJO DEL ALMA

Texto: Romanos 8:5-8

Idea central: Los que están en Jesús se caracterizan porque su vida está guiada por la voluntad de Dios y no por sus propios sentimientos y deseos naturales.

Lecciones particulares: 

¿Por qué es tan importante que mi vida y mis decisiones estén guiadas por el Espíritu y no por la carne? Si Jesús pagó por mis pecados, ¿por qué Dios hace tanto hincapié en qué me guía?

—  Las decisiones que tomamos, la forma en que reaccionamos… en fin, la forma en que vivimos el día a día importa porque demuestra dónde ponemos nuestros pensamientos, a qué le damos importancia, qué es lo que nos interesa (v.5; cf. Mateo 6:19-21).

—  De esta manera, si lo que me importa son los deseos y emociones de mi carne, cosecharé muerte (v.6a; cf. Mateo 6:23; 1 Juan 2:17a). Sin embargo, si lo que me importa son las cosas de Dios, cosecharé vida y paz (v.6b; cf. Mt. 6:22; 1 Jn. 2:17b).

¿Por qué? ¿Qué tiene de malo que yo le dé importancia a mis sentimientos y deseos?

—  Cuando tomamos nuestras decisiones, cuando reaccionamos, en base a nuestros sentimientos y deseos (i.e. las cosas de la carne), estamos convirtiéndonos en nuestra propia regla de vida y dejamos de guiarnos por la voluntad de Dios (v.7b). De hecho, las dos opciones son mutuamente excluyentes (v.7c): ¡o yo me gobierno a mí mismo como me dé mi gana, o yo me rindo y dejo que Dios me gobierne! (1 Juan 2:15,16).

—  Por tanto, si lo que me importa son mis sentimientos y deseos, en esencia, mi verdadero carácter es enemigo de Dios (v.6a; Santiago 4:4), ya que, por definición, Dios es soberano.

—  Así, es importante que nuestra vida se rija por el Espíritu y no por nuestros sentimientos y deseos carnales. No hay manera que Dios encuentre gozo en alguien que vive (1) sin darle importancia y (2) sin sujetarse a Él (v.8).

Preguntas de introspección:

¿Has considerado, de manera específica, qué te motiva a tomar tal o cuál decisión? ¿Por qué decides reaccionar de tal o cual manera?

¿Has notado que un mismo evento, bajo las mismas circunstancias, produce reacciones diferentes en ti, dependiendo de la persona involucrada?

¿Qué estás amando (en qué estás poniendo tu mente) que te lleva a reaccionar de esa manera, a Dios o a uno de tus sentimientos/”derechos”/emociones (nómbralo)? ¿Qué formas prácticas puedes implementar de manera que la influencia de Dios en tu vida vaya creciendo y tu carne, tus deseos y sentimientos naturales, vayan disminuyendo?

A la luz de esto y hablando sinceramente contigo mismo, ¿eres cristiano? “Dios no exige perfección, pero sí una nueva dirección” (J. Piper). Recuerda: Proverbios 28:13.

Historia sugerida: 

Historia de la madre y los hermanos de Jesús (Mateo 12:46-50).

Historia de Juan Inventado, que decía que era cristiano, pero no se regía por la voluntad de Dios (Mateo 7:21-23).

NOTA: ¿Ya leíste El Peregrino? de Juan Bunyan.

Romanos 4.11

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MANCHADOS, PERO NO DAñADOS

Texto: Romanos 8:1-4

Idea central: Aunque nuestra vida siga siendo manchada por el pecado, no hay condenación para los que están en Jesús porque Dios ya pagó en Él la ofrenda por el pecado.

Lecciones particulares: 

— La ley era débil por causa de la carne (v.3b). Por esta razón, la ley no pudo hacer efectiva una condena sobre nuestro pecado (v.3a,e). En lugar de pasar juicio definitivo y cerrar la deuda, la ley simplemente podía identificar el pecado (cf. Romanos 7:7-12), lo cual nos dejaba siempre culpables (Levítico 5:17).

— Dios, pues, tomó el asunto en sus propias manos (v.3c). Él envió a su Hijo “como si fuera la misma carne pecaminosa”, en todo igual, pero sin pecado (cf. Hebreos 4:15), de manera que pudiera servir como ofrenda por el pecado (cf. Levítico 5; Hebreos 5:1; 7:26,27; 9:11-14).

— Cuando Jesús se ofrendó por nuestro pecado, cerró el caso judicial y aplicó condena sobre el pecado: la deuda quedó saldada. De esta manera, sirvió de expiación, de purificación, para nosotros (Levítico 5:16b). De esta manera, nuestra relación con Jesús nos liberó de nuestra relación con el pecado: el juicio está definido por una nueva ley (v.2).

— Por esta razón, aunque nuestros sentimientos y deseos pecaminosos continúen levantándose dentro de nosotros (Romanos 7:21-24), ¡los requerimientos de la ley ya han sido cumplidos! (v.4a).

— Por tanto, ¡no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús! (v.1a). Y sabemos que estamos en Jesús si lo que rige nuestras decisiones y nuestra vida no son nuestras emociones y deseos naturales, sino el Espíritu (que nos revela la voluntad de Dios) (vv.1b,4b).

 

Preguntas de introspección:

¿Cuáles son las 3 ó 4 áreas de tu vida en las que puedes notar más fácilmente que el conocimiento del mal no te impide hacer lo malo? ¿Cuáles son las 2 ó 3 áreas de tu vida en las que crees que identificar el mal te ayuda a evitar el pecado?

¿Realmente evitas pecar gracias a este conocimiento, o simplemente evitas pecar de una forma que puedas identificar fácilmente?

¿Aprecias el regalo que Dios te dio cuando pagó por tu pecado? ¿Aprecias cómo se esmeró en cuidar todos los detalles? ¿Puedes explicar de manera individual para cada área que identificaste cómo el saber que Jesús saldó el caso contra ti te ayuda a no seguir atado al pecado?

¿Disfrutas de la paz que viene de saber que no hay condenación para ti? ¿Qué tan a menudo te detienes a recordar esta verdad? ¿Puedes, con sinceridad, enfrentar a tu conciencia y decirle que realmente estás en Jesús?

Historia sugerida: Historia de Hazael (2 Reyes 8:7-15; 10:32; 12:17,18; 13:3,22,23).

Romanos 4.10

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SIETE VECES CAE EL JUSTO… Y SIETE VECES SE LEVANTA

Texto: Romanos 7:14-25

Idea central: Nuestra vida diaria es testimonio fiel de nuestra imperfección y de la influencia del pecado sobre nosotros. Sin embargo, ¡en Jesús hay esperanza! ¡No te rindas! ¡Álzate otra vez!

Lecciones particulares: Si nuestro corazón está en hacer lo bueno, nuetras malas acciones no nos definen. Pero…

—  Aunque nuestras intenciones y nuestro ser interior sean espirituales y amen a Dios, la realidad es que en nuestro interior continúa existiendo un agente “pecado” (vv.17,20).

—  De hecho, por buenas que sean nuestras intenciones, el pecado continúa siendo pecado, y Dios lo considera así (vv.15,16,19).

—  Nuestra incapacidad para poner la voluntad de Dios (i.e. la ley) en práctica en nuestras vidas diarias, para hacerlo nuestro modus vivendi, revela que el bien no está en nosotros mismos (vv.18,21). Podemos amar la ley de Dios (v.22), pero al tratar de vivirla nuestros impulsos se levantan y hacen guerra (v.23a), y, si es por nuestras fuerzas, triunfan y nos atan al pecado (v.23b).

—  Esta es la agonía de todo cristiano, ¡es una vida miserable, infeliz! Conocemos el buen camino, lo anhelamos… y no podemos tomarlo. Vemos a nuestro amor…del otro lado del cristal. Tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos (v.24).

—  Sin embargo, ¡gracias sean dadas a Dios! ¡Jesús es! (v.25a). Por tanto, ¡no desfallezcamos! Aunque nuestros impulsos prácticamente nos obliguen a continuamente caer prisioneros del mal, alcemos la cabeza y vivamos sirviendo la ley de Dios, deleitándonos en Él, siempre luchando, nunca rindiéndonos, poniendo la mente en las cosas del Espíritu, vivos a la justicia (v.25; cf. Ro. 8:5,10). Hay esperanza (cf. Ro. 8:11).

Preguntas de introspección:

¿Cómo juzgas la bondad o maldad de una acción? ¿Te das cuenta de que una acción pecaminosa continúa siéndolo aunque te sientas mal por haberla cometido? ¿En qué áreas de tu vida tiene más actividad el agente “pecado” que mora en ti? ¿En qué ambitos y relaciones se levantan más fácilmente tus impulsos y sentimientos pecaminosos? ¿En qué decisiones, acciones y actitudes le es más fácil al pecado hacerte prisionero de tus viejos caminos? ¿Sientes tu miserable incapacidad de vivir bien? ¿Sientes cómo está justo al alcance de tu mano, pero siempre intocable? ¿Brota en ti agradecimiento sabiendo que hay esperanza en Jesús, de que no será siempre así? ¿Luchas contra tu pecado con fuerzas renovadas, siempre levantándote a pesar de que la carne te traicione?

Historia sugerida: Historia de Pedro y la traición (Mateo 26:31-35,69-75; Juan 21:15-19).

Romanos 4.9

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TÚ PECAS… PERO NO ERES PECADOR

Texto: Romanos 7:14-25

Idea central: Aún cuando los efectos de la ley muestran que hay pecado en nosotros, este pecado no nos define, no es quien somos. Lo que nos define es nuestro amor por Dios y deseo de servirle.

Lecciones particulares: Nota: Me inclino por la línea de pensamiento de que Pablo está haciendo referencia a su experiencia en Cristo en estos versículos y no a su previa lucha con el pecado como fariseo. Este no es el momento para argumentarlo, así que baste con decir que todo esto sucede a la luz de Romanos 7:4,22, y que las ideas a inicios de Romanos 8, que parecen sugerir que la carne es pasada, adquieren significado a la luz de la exhortación de Romanos 8:12,13. Entiendo que esto tiene implicaciones prácticas importantes para nuestra lucha contra el pecado.

Si la ley es espiritual… ¿Qué implicación tiene eso acerca de mí?

—  Si la ley es espiritual y el resultado es maldad, no podemos cerrar nuestros ojos a la realidad: nosotros, cristianos, continuamos bajo la influencia del pecado (v.14).

—  La influencia del pecado se revela en nuestras acciones sin sentido: en el día a día no vivimos de acuerdo a lo que amamos, la voluntad de Dios, sino que hacemos precisamente lo que odiamos, el pecado (vv.15,19).

—  Sin embargo, es precisamente esta tensión lo que revela nuestra verdadera naturaleza: el hecho de que seamos capaces de reconocer y detestar nuestras malas acciones muestra que estamos de acuerdo con la ley de Dios (v.16).

—  Nuestro pecado, aunque está presente en nosotros, no nos define, no es quien realmente somos. Mora en nosotros, sí; nos lleva a hacer lo malo, sí; pero no es quien somos (vv.17,20).

—  Lo que define quién somos es qué amamos o, más bien, a Quién amamos servir (vv.19,22,25).

Preguntas de introspección:

¿Aceptas el hecho de que no eres perfecto? ¿Cómo afecta esto la manera en que te evalúas? ¿Eres consciente de que tú, también, te equivocas, pecas, hieres…? ¿Eres consciente de que te engañas y que solo encontrarás decepción si te consideras infalible? ¿Cómo afecta esto la manera en que evalúas a otros cristianos y tus expectativas para las cosas de la vida diaria? ¿Con qué vara los mides y juzgas?

¿Tratas el pecado de manera casual, diciéndote a ti mismo “Nadie es perfecto” o “Dios nos ama y entiende, Él no espera perfección”? ¿Qué te revela acerca de tu verdadera naturaleza
los sentimientos que tienes sobre tus malas acciones, palabras o pensamientos? ¿Puedes, honestamente, decir que te duele mentir, insultar, chismear, ser orgulloso, pensar primero en ti mismo, etc.? ¿Has buscado el rostro de Dios en arrepentimiento si no es así? ¿Qué plan de acción tienes para volver a despertar cuando notes que tu corazón se ha enfriado? ¿Qué plan de acción tienes para cultivar tu amor por Dios y sus caminos?

Historia sugerida: Historia de Lot, quien parecía sodomita (Génesis 13:12,13; 14:12; 19:1-8), pero cuya naturaleza estaba definida por su corazón (2 Pedro 2:7,8).