Romanos 4.8

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¿SIGNIFICA, ENTONCES, QUE LA LEY DE DIOS MALA PARA MÍ?

Texto: Romanos 7:13

Idea central: La ley de Dios despierta nuestro pecado y produce muerte… Pero eso es algo bueno, pues nos muestra, sin lugar a dudas, que la causa de muerte es, definitivamente, el pecado.

Lecciones particulares: 

— Al considerar la relación entre el pecado y la ley, es normal que nos preguntemos si realmente nos conviene que Dios nos exprese su voluntad (v.13a). “Si algo me hace explotar, ¿no será mejor apartarme de eso?”

—  Sin embargo, la realidad absoluta es que la voluntad de Dios es buena para nosotros (v.13b). No es causa de muerte, sino que es para vida (v.10).

—  Si vemos la voluntad de Dios como algo inconveniente, es porque estamos fallando en ver el verdadero problema. En lugar de tratar de quitar la ley de Dios, debiéramos quitar la pólvora que hay en nuestro corazón (v.13c).

—  Dios nos brinda su ley para que sea evidente dónde está el problema y dónde realmente tenemos que trabajar. Si han desaparecido las galletas y solamente hay dos niños en la casa, identificar al culpable es tan fácil como ver cuál tiene la boca limpia. Al producir muerte a través de lo perfectamente bueno, justo y santo, es imposible que podamos concluir que el pecado (i.e. nuestros malos deseos y sentimientos) no tuvo la culpa.

Preguntas de introspección:

¿Sientes el amor de Dios por ti, en que su interés no es simplemente que sigas una serie de pasos o que te comportes de cierta manera, sino que quiere librarte de tu maldición? ¿Te das cuenta de que su intención es, realmente, hacerte el bien y no que todo se vea bien afuera y nada más?

¿Comprendes que el problema está en tus deseos y sentimientos pecaminosos, y no afuera? (piensa: si lo más santo produce muerte, entonces no tiene que ver con que lo externo sea más o menos santo, sino con la realidad interna). ¿Cómo impacta esto tu lucha con el pecado? ¿Te esfuerzas por trabajar con tu pecado interno o simplemente tratas de evitar los gatillos es decir lo que te dispara? ¿En qué maneras puedes identificar a qué nivel está tu lucha (naturaleza pecaminosa vs. evitar gatillos) en las diferentes áreas de tu vida? ¿De qué formas puedes asegurarte de llevar la batalla al corazón?

Historia sugerida: Historia del joven rico (Mateo 19:16-24; cf. Lucas 6:24), quien pensaba que era santo porque hacía lo bueno cuando no había gatillos.

Romanos 4.7

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¿ES MALA LA LEY DE DIOS?

Texto: Romanos 7:7-12

Idea central: La ley de Dios es santa, justa y buena, sin pecado en sí misma. Sin embargo, nuestra reacción natural no es someternos, sino rebelarnos y afirmar nuestra autonomía. Por eso, la ley no produce santidad en nosotros, sino pecado.

Lecciones particulares: La ley nos ataba a nuestro pecado (vv.2,4), lo despertaba en nosotros (v.5) y nos hacía “servir” a Dios de una forma indigna (v.6). ¿Significa esto que la ley es mala? (v.7a)

— ¡Todo lo contrario! La ley es buena y lo comprobamos porque identifica el pecado como tal, lo señala visiblemente, y nos exhorta a no seguirlo (v.7b).

¿Cómo es que, entonces, la ley produce tan malos resultados en nosotros?

— El pecado, por su naturaleza (cf. 1 Jn. 3:4), no puede existir si no existe la ley: por definición, el pecado es rebelión en contra de Dios y de su voluntad (i.e. la ley).

—  Cuando Dios expresa su voluntad es como echarle leña al fuego: la reacción natural, instintiva, es rechazarle y tratar de afirmar nuestra propia autoridad. De esta manera, el pecado en nosotros toma la ley de Dios –que es buena, el camino a la vida (v.10a)– y produce el resultado opuesto en nosotros (vv.8a,10b).

—  Cuando no conocíamos la voluntad de Dios no teníamos impulsos particularmente fuertes para ir en una dirección contraria a Él (v.9a). Sin embargo, cuando supimos qué esperaba Dios de nosotros, nuestros deseos y sentimientos se levantaron, produciendo fruto para muerte en nosotros (v.9b).

—  En conclusión, en la ley de Dios no hay pecado, injusticia o maldad (v.12), pero el pecado en nosotros se aprovechó de ella para engañarnos y nos mató (v.11).

Cómo nos engaña el pecado es algo en lo que Pablo no abunda aquí, pero cierta luz puede obtenerse al considerar el mandamiento que él escogió de ejemplo (“No codiciarás”, cf. 1 Jn. 2,15,16). Es como si el pecado nos dijera: “Ese camino es muy limitado…¡Mira cuántas cosas buenas hay fuera de él!”.

Preguntas de introspección:

¿Qué lugar le estás dando a la ley de Dios en tu vida? ¿La usas para tratar de ganarte el favor de Dios o la usas como ayuda para identificar el pecado que mora en ti?

¿Eres consciente de que tu reacción natural al recibir una enseñanza bíblica que enfrente tu pecado será rebelión (en la forma que quieras – excusarte, aplicarlo a otro, sublimarlo, etc.)? ¿En qué formas prácticas puedes usar este conocimiento y prepararte para escuchar la palabra de Dios? ¿En qué formas prácticas puedes prepararte para cuando tus pasiones se levanten en el día a día y tengas que luchar contra ellas para hacer lo que agrada a Dios? ¿Cultivas apreciación y gratitud por la santa, justa y buena ley de Dios?

Historia sugerida: Historia de Amasías (2 Crón. 25:1-28), y cómo la bendición de Dios fue corrompida por su idolatría

Romanos 4.6

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DIOS BUSCA UN SERVICIO GENUINO, DE CORAZON

Texto: Romanos 7:1-7

Idea central: La relación que teníamos con nuestros malos deseos y sentimientos ha sido completamente disuelta, el pecado ya no tiene forma de exigirnos que continuemos atados a él. Por tanto, sirvamos a Dios de corazón, como quienes no están en unión al pecado.

Lecciones particulares: 

— La ley solamente puede reclamar derechos sobre una persona mientras ella vive (v.1).

  •   Mientras una pareja casada esté viva, ellos están atados el uno al otro (cf. v.6) por la ley (v.2a).
  •   Si uno de los dos muere, la ley pierde cualquier derecho a reclamar, por lo que no puede exigir que la relación se mantenga (vv.2b,3).

    — Cuando estábamos en nuestra vieja naturaleza (la carne), el resultado de la ley era despertar nuestras malos deseos y sentimientos  → ellos actuaban en nosotros y se expresaban en nuestras acciones físicas →  el pecado consumado traía muerte (v.5).

    —  Nuestro problema no era simplemente corrupción… Por medio de la ley estábamos atados a nuestra vieja naturaleza, nuestros malos deseos y sentimientos. No solo carecíamos de la capacidad de romper con nuestra naturaleza pecaminosa, sino que tampoco teníamos el derecho de dejar de ser pecadores.

    La ley exigía que permaneciésemos atados a la naturaleza pecadora, que permaneciésemos en el círculo de pecado-muerte.

    ¿Cómo recibiríamos el pago por nuestro pecado, la muerte, si dejamos de tener relación con el pecado? En apoyo a esta idea, nótese el uso de Pablo de la analogía: nosotros somos la esposa (vv.4,6), el nuevo marido es Jesús (v.4), y la ley nos ataba a nuestro viejo marido… (v.6); la anteposición a Jesús no es Satanás, sino el pecado. Adicionalmente, considerarlo de esta manera fluye de forma más natural al párrafo siguiente: la conclusión del párrafo actual debiera llevarnos a preguntar “Entonces, ¿es pecado, es mala, la ley?” (v.7).

    —  Dios, pues, ideó la solución:

    •   Por medio de Jesús, creó la forma de hacernos morir para libertarnos del derecho de la ley de exigir que continuáramos en unión al pecado (v.4a).

      —  De esta manera, somos libres para unirnos a Aquel que no nos dejó muertos, sino que nos resucitó de entre los muertos (v.4b).

    •   Todo esto con el fin de que podamos llevar fruto para Dios (v.4c).

      —  Por tanto, no tratemos de hacer el bien como antes, por obligación, como si nuestra unión verdadera real fuera con nuestros malos deseos y sentimientos. Antes bien, ¡hagamos el bien a partir de nuestra nueva realidad en unión al Espíritu! (v.6).

Preguntas de introspección:
¿Comprendes lo desesperada de tu antigua situación (no solo no podías ni querías salvarte, sino que aun cuando pudieras o quisieras no hubieras sido aceptado)? ¿Meditas en esta realidad de modo que tu corazón crezca en gratitud a Dios y a Jesús? En el día a día, cuando tienes que decidir entre el bien y tus malos deseos/sentimientos, ¿cuál es tu actitud al elegir el bien? ¿Sirves a Dios como si Él fuera un amorío que no tiene derecho a reclamarte y al que te pesa complacer? ¿O sirves a Dios de corazón, con amor y gratitud? ¿En qué formas prácticas puedes trabajar con el Espíritu para moldearte, de modo que hacer el bien no te sea una carga?
Historia sugerida: Ilustración de la esposa infiel (Ezequiel 16:8-15,32-41,58-63).

Romanos 4.5

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DIOS BUSCA UN SERVICIO VOLUNTARIO, RACIONAL Y ACTIVO

Texto: Romanos 6:20-23

Idea central: Hemos sido libertados del pecado, no para que vivamos desenfrenadamente, sino para que sirvamos a Aquel que nos libertó, a nuestro nuevo Señor.

Lecciones particulares:

Muy bien…Ya no sirvo al pecado. Pero, ¿por qué razón debo ser tan intencional a la hora de servir a la justicia?

  1. Porque tu realidad ha cambiado.
    Antes tú eras esclavo del pecado y, como miembro de su casa, te regías por sus reglas y no tenías ninguna responsabilidad para con la justicia (v.20). Sin embargo, Dios atacó, saqueó la casa del pecado (cf. Marcos 3:27) y te arrebató de su servidumbre, te hizo siervo suyo (v.22). Por tanto, tienes responsabilidad para con Dios.
  2. Porque ahora obtienes provecho cuando sirves a tu amo.
    Es cierto que antes no eras esclavo de Dios, pero ¿de qué te aprovechaba ser esclavo de tus malos deseos? (v.21a) Incluso si obtenías algún gozo aparente, el resultado de todo tu servicio y esfuerzo era muerte (v.21b). En cambio, ahora tu servicio da fruto inmediato: vas siendo transformado de modo que servir a Dios te es cada vez más natural (v.22b). Además, ahora
    tu servicio tiene como resultado final la vida eterna (v.22c). Por tanto, ahora sí vale la pena trabajar.
  3. Porque tienes certeza de que recibirás el bien.
    Ciertamente, la paga de tu viejo amo era segura: la muerte (v.23a). Pero Dios usa un sistema diferente. En Cristo Jesús, tu nuevo amo, recibes vida eterna, aunque no sirvas perfectamente, pues Dios no paga… Dios regala el bien (v.23b). Por tanto, tu servicio no es simplemente responsabilidad, es gratitud.

    Preguntas de introspección:

    ¿Cómo ves tu cristianismo? ¿Es una realidad en tu vida que Jesús no es solo tu Salvador, sino también tu Señor? ¿Eres consciente de que o sirves a Dios o sirves al pecado que mora en ti? ¿Mantienes viva en ti la motivación para un buen servicio a Dios? ¿Te das cuenta de que, aunque tus antiguos caminos pudieran parecer placenteros, la realidad es que no te traían ningún provecho? ¿Te das cuenta de que servir a Dios puede que sea más difícil, pero que se irá haciendo más fácil y más placentero? ¿Te das cuenta de que, incluso si sigues teniendo que esforzarte, el final habrá valido la pena? ¿Aprecias el cariño con el que Dios te trata? ¿Cultivas un corazón agradecido, noble?

    Historia sugerida: Parábola de los talentos (Mateo 25:14-29).

Romanos 4.4

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¿A QUIÉN SERVIRÉ?

Texto: Romanos 6:15-19

Idea central: Usa la libertad que Dios te ha dado para decidir sabiamente quién será tu señor… ¿Vivirás para servir a tus malos deseos o elegirás servir al Dios que te libertó?

Lecciones particulares:

— El hecho de que la ley ya no me obliga a obedecerle, el hecho de que Dios me ama incondicionalmente, no significa que yo puedo vivir como si Dios no existiese (v.15).

— La razón es simple (v.16a): cuando yo decido tomar mis facultades/habilidades y ponerlas a disposición de alguien, ¡yo estoy a merced de la voluntad de esa persona! Cuando yo pongo mi cuerpo a disposición de otro, ¡quien manda es el otro!
— Nuestra relación con nuestros deseos naturales (i.e. el pecado) y con los nuevos deseos en nosotros (i.e. la obediencia a Dios) funciona del mismo modo… O ponemos nuestros pensamientos, palabras y cuerpo a disposición de nuestros malos deseos y nos hacemos servidores del pecado, o los ponemos a disposición de los deseos del Espíritu y nos hacemos servidores de la obediencia. No podemos servir a dos señores (cf. Lucas 16:13).

—  Lo que cosecharemos será el fruto de a quién decidamos servir (v.16b): muerte, si servimos a la rebelión contra Dios; justicia, si servimos en sumisión a Dios. Nota qué tan estrecha es la relación entre injusticia y muerte, y justicia y vida: es tan estrecha que son términos intercambiables. Donde esté una, estará la otra; donde hay fuego, hay luz. Adicionalmente, nota que siempre sirves a alguien; incluso cuando “te sirves a ti mismo” no haces más que someterte a los deseos del pecado que están entrelazados con tu naturaleza caída.

—  Desde el punto de vista humano (v.19a), cuando éramos esclavos del pecado, Dios nos libertó a través de la iluminación con una verdad específica, lo cual nos permite tomar la decisión de negarnos a nuestros malos deseos y activamente someternos a Dios (vv.17,18).

    • Éramos esclavos del pecado → fuimos entregados a una doctrina específica → decidimos obedecer a Dios de corazón.
    •   Éramos esclavos del pecado → fuimos libertados del pecado → decidimos poner nuestros cuerpos bajo el servicio de la justicia.—  La realidad es que, incluso nuestra decisión, nuestra acción, es llevada a cabo por Dios (v.17, “gracias a Dios que [hicieron esto y aquello]”; cf. Romanos 9:14-24).

      Sin embargo, también es necesario considerar nuestra salvación en el plano puramente humano, pues somos débiles e incapaces de ver cómo la obra de Dios debe reflejarse en nuestra vida…

      Por tanto (v.19b):

  1. Considera de qué forma, con qué inventiva y con qué ánimo, ponías tu mente, palabras y acciones a disposición de tus deseos pecaminosos, con el fin de culminar el pecado.
  2. Toma tus recursos, todo tu ser, y con esa misma inventiva y ánimo ponlo ahora a disposición de la voluntad de Dios para llevar a cabo la santificación.
  3. Nota que cuando te haces siervo de la obediencia a Dios el resultado no es, simplemente, santidad (en contraposición a “iniquidad”, v.19b), sino santificación. En otras palabras, el mismo acto de someterte a la voluntad de Dios es el medio por el cual vas siendo purificado de tus malos deseos (el pecado que aún queda en ti). Míralo así: Antes servías a un señor y estás amoldado a sus hábitos…Ahora sirves a uno nuevo y mientras más te acates a su voluntad, más natural te será servirle y menos natural serán las acciones que hacías antes en el servicio anterior. Estás amoldándote a una nueva cultura, a una nueva naturaleza.

    Preguntas de introspección:

    Si examinaras tu vida en este momento, ¿a quién diría la evidencia que sirves? ¿Quién gobierna, realmente, tu vida? ¿Cuáles deseos son los que están presentes en tu mente en el díaa día? ¿Qué moldea tus decisiones, tus pensamientos, tus palabras, tus acciones? ¿En qué formas prácticas puedes expresar vivir en servicio a Dios en tu vida? ¿Qué estrategias puedes desarrollar para asegurarte de que le pones el mismo ánimo e inventiva al traerle alegría a Dios que el que le ponías al traerle alegría a tu vieja naturaleza?

    Historia sugerida:

    Zaqueo y su reacción al ser salvado, y la consecuente parábola de las minas (Lucas 19:1-27).

Romanos 4.3

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UNA NUEVA IDENTIDAD LLEVA A UNA NUEVA VIDA

Texto: Romanos 6:12-14

Idea central: Podemos elegir no hacerle caso al pecado porque tenemos una relación viva con Dios que nos da todo lo que necesitamos y que seguirá fuerte sin importar qué hagamos.

Lecciones particulares: Si nuestra realidad interna es que hemos muerto al pecado y vivimos para Dios (v.11)…

  • Esa misma realidad también aplica a nuestro cuerpo físico: si Dios reina en nuestra alma, ¡nuestro cuerpo no puede estar gobernado por el pecado! (v.12a)
  • Sabemos quién reina en nosotros viendo a quién obedecemos. Si Dios realmente reina en nosotros, ¡no obedezcamos los malos deseos del pecado! (v.12b)

    Pero, ¿realmente podemos evitarlo? ¿No somos víctimas del pecado y sus malos deseos con que nos asedia?

  • Aunque en un sentido muy real somos víctimas del pecado y sus consecuencias, no perdamos de vista que tenemos un rol activo: ¡Dios nos llama a impedir que el pecado reine (v.12a) y a elegir a quién le ofrecemos nuestro cuerpo (v.13)!
  • Por tanto, vistámonos de coraje y neguémonos a ofrecer nuestro cuerpo para llevar a cabo la iniquidad que el pecado propone, sus malos deseos (v.13a).
  • Además, vistámonos de honor y activamente entreguémonos completamente a Dios, como quienes pueden relacionarse con Él (v.13b), y pongamos a su disposición nuestro cuerpo para hacer visible su justicia, sus buenos deseos (v.13c).

— Asegúrate no solo de protegerte contra los malos deseos del pecado, sino también de prepararte para servir los buenos deseos de Dios. La posibilidad de un punto medio, en el que no hacer ni mal ni bien, dejó de existir en el momento en que tú empezaste a existir.

¿Puedo realmente tomar esta decisión? ¿Puedo, realmente, optar por no pecar? ¿Puedo elegir servir a Dios?

— ¡Sí! Si estás en Cristo, el pecado no tiene cómo obligarte a obedecer sus malos deseos (v.14a).

¿Cómo puedo estar seguro de esto?

— El pecado no tiene poder, sino que toma poder de la ley moral de Dios (cf. Romanos 7:7-11).
— Cuando moriste con Cristo, dejaste de estar bajo el poder de la ley (v.14b): ya no vives bajo un sistema que te paga en base a tus méritos y en el que tu motivación a hacer lo bueno es, puramente, cumplir con lo que te toca.
— En cambio, al morir con Cristo, empezaste a vivir bajo la gracia (v.14b), recibiendo bendiciones de Dios independientemente de tus méritos, simplemente porque Dios te amó tanto que quiso dártelas.

Preguntas de introspección:

¿Cuál es la realidad de tu vida para Dios? ¿Es, realmente, Dios el Dueño y Señor de tu vida? ¿Permites que la realidad interna de tu conversión fluya hacia afuera y tenga efecto en las decisiones, palabras y acciones con las que manejas tu cuerpo? ¿Eres consciente del rol activo que juegas en este proceso? ¿Has buscado formas para evitar ofrecer tu cuerpo al pecado (cambiar hábitos, estilo de vida, compañeros…)? ¿Has buscado formas para activamente ofrecer tu cuerpo a Dios? ¿Has meditado en los efectos que tiene tu relación con Dios sobre tu relación con el pecado? ¿Por qué obedeces a Dios, por mandamiento solamente o porque estás en una relación con Él y le amas? ¿Eres consciente de que Él te ama en gracia, aunque falles, incluso si no lo mereces?

Historia sugerida: Analogía del árbol bueno y el árbol malo (Mateo 7:13-23).

Romanos 4.2

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4.2 UNA NUEVA IDENTIDAD… PARA SIEMPRE

Texto: Romanos 6:8-11

Idea central: Cuando pensemos en nosotros, veámonos igual que como vemos a Jesús: sin relación con el pecado y en relación imperecedera con Dios.

Lecciones particulares: 

— Si estamos en Cristo, hemos muerto con Él (vv.3-7). Si morimos con Él, también es cierto que viviremos con Él (v.8).

¿Por qué querría uno vivir con Él? ¿Cuál es la ventaja de vivir con Él?

— Como Él resucitó de entre los muertos (v.9a), la muerte ya no tiene poder sobre Él (v.9c). En otras palabras, ¡Él no volverá a morir! (v.9b).

¿Cómo podemos estar seguros de esto? ¿Cómo sé que, efectivamente, la muerte no tiene poder sobre Él?

— La muerte solamente tiene poder sobre una persona como debido al pecado (Romanos 5:12).
— Cuando Jesús murió, su muerte significó el fin absoluto de su relación con el pecado (v.10a; cf. Hb. 9:28).
— Más aún, su vida, la cual Él no puede perder (ya que no puede morir), significa que Él tiene una relación con Dios (v.10b) que es imposible que pierda.

Del mismo modo, entonces, como fuimos unidos a Él en su muerte (vv.3-7)…

— Dejemos de vernos a nosotros mismos como si fuéramos la misma persona que antes: así como, cuando pensamos en Jesús, pensamos que Él siempre tiene la fuerza para decir “¡No!” al pecado y para vivir de una forma que agrade a Dios, ¡así también pensemos de nosotros! (v.11). ¡Cambiemos la forma en que nos vemos a nosotros mismos!

Preguntas de introspección:

¿Apreciamos el efecto que tiene el pecado sobre nuestras vidas – que la mera relación con él es suficiente para matar? ¿Nos vemos a nosotros mismos de esta manera? ¿Estamos conscientes de que, si estamos en Cristo, los pecados en nuestra vida (odios, iras, malediencias, orgullo, egoísmo, lujurias, desenfreno…) no tienen forma de obligarnos a cometerlos? ¿Estamos conscientes de que, en Cristo, tenemos libertad para caminar en Coram Deo – frente al rostro de Dios, en sus caminos? ¿Estamos conscientes de que nuestra relación con el pecado y con Dios es, en esencia, la misma que Jesús tiene? ¿Cómo nos vemos frente al pecado, como víctimas derrotadas o como guerreros victoriosos? ¿Cuál es nuestra actitud al enfrentarnos al mal, pesimista y temerosa, o creyente y valerosa?

Romanos Rom 4.1

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SECCION 4: UNA NUEVA VIDA, UN NUEVO CAMINO

4.1 JUNTOS EN MUERTE, JUNTOS EN VIDA

Texto: Romanos 6:1-7

Idea central: Si estoy en Cristo, la persona que yo era antes murió y he recibido una nueva vida. Por tanto, es imposible que continúe viviendo de la misma manera que antes.

Lecciones particulares:

[Nota: El énfasis no es obtener perfección, sino el hecho de que tenemos nueva vida y, por tanto, la (nueva) capacidad y responsabilidad de decir “No” al pecado y “Sí” a la voluntad de Dios. El tema de las caídas es tocado más adelante (Romanos 7)].

  • —  Cuando Jesús murió, todos los que creen y están en Él murieron con Él (v.3): nosotros fuimos real y efectivamente crucificados con Él (v.6a), destruyendo nuestra esencia de pecado (v.6b; cf. 2 Corintios 5:17).
  • —  Como consecuencia, las leyes espirituales que, desde Adán, nos esclavizaban al pecado ya no aplican a nosotros (vv.6c,7).
  • —  Más aún, morimos de un lado, para despertar en otro: somos unidos a Jesús en su resurrección, así como le fuimos unidos en su muerte (v.5). Por tanto, podemos vivir una vida nueva (v.4c), en un “mundo diferente”, regidos por leyes espirituales diferentes, en gloria (v.4; cf. Romanos 8:30), sin relación al pecado (cf. Hebreos 9:28).
  • —  Entonces, si estoy en Cristo, ¡es imposible que yo continúe viviendo en pecado, sujeto a las mismas antiguas leyes! (v.2). O estoy en Cristo, o vivo en pecado, pero ambas cosas son incompatibles porque estar en Cristo, en su esencia, conlleva nuestra muerte al pecado.
  • —  En consecuencia, si tomo la gracia de Dios –su perdón, su carácter amoroso– como excusa para vivir como me dé la gana, en pecado, para mí mismo, la realidad, aunque trágica, es simple: yo no estoy en Cristo (vv.1,2).

Preguntas de introspección:

¿Comprendes (y te asombras de) lo profundo del cambio que ha sucedido en ti si estás en Cristo? ¿Entiendes la realidad de que la persona que eras antes está muerta? ¿Entiendes la realidad de que quien eres ahora es alguien totalmente diferente, sin esclavitud al pecado? ¿Te esfuerzas en vivir, realmente; en cumplir tu nuevo propósito para el que has sido resucitado? ¿Estás, realmente, en Cristo?

Historia sugerida: Analogía del fantasma y su interacción con el mundo físico (cf. Eclesiastés 9:6).

Romanos 3.9

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JAQUE MATE INESPERADO

Texto: Romanos 5:18-21

Idea central: Dios restauró nuestro honor, nos justificó, cuando nuestras transgresiones fueron más evidentes, por la obediencia de Otro, y así mostró la abundancia de su gracia, la cual fundamentó en su justicia.

Lecciones particulares:

— Todos, incluso antes de pecar por primera vez, ya hemos perdido nuestro honor delante de Dios: somos hijos de una ascendencia que falló y fue condenada, maldita (vv.18a,19a).

— De manera similar, nuestro honor no es restaurado por lo que hagamos, sino por la obediencia de Otro (vv.18b,19b).

—  Dios no nos dio mandamientos para que intentáramos recobrar nuestro honor (para que nos justificáramos) por nuestra cuenta, sino para que fuera evidente lo corrupto (cf. Ro. 3:5-8; 7:13) y numeroso (cf. Ro. 7:8) de nuestra maldad (v.20a).

—  En esto, sin embargo, Él no buscaba una oportunidad para sobreabundar en castigo, sino para voluntariamente hacer aún mayor su gracia en presencia de todavía más transgresión (v.20b).

—  Dios prefirió responder con mayor gracia en lugar de mayor castigo para que reinara la gracia y no el pecado (v.21). Responder con mayor castigo (i.e. muerte) no sería el reinado de la justicia de Dios, sino el del pecado, pues solo éste obtendría el fin que deseaba.

—  La gracia de Dios no obró en contra o a pesar de su justicia, sino de la mano con ella. De hecho, por medio de Jesús, se hizo justicia; y por medio de esta justicia es que pudo existir la gracia (v.21). Precisamente lo que el pecado buscaba usar contra nosotros –la justicia divina– fue el arma que Dios usó para restaurarnos.

Preguntas de introspección: 

¿Eres consciente de tu estado natural frente a Dios (deshonrado, mancillado, maldito)? ¿Es valiosa para ti la hazaña de tu Campeón? ¿Te esfuerzas en comparar tus acciones con la ley de Dios, con el fin de comprender mejor tu propia maldad? ¿Le das el lugar apropiado a los mandamientos de Dios, sabiendo que Él nunca tuvo intenciones de que los usaras para redimirte? ¿Has detenido tu corazón para apreciar, adorar y bendecir el carácter y amor de Dios, quien no se regocija en castigarte, incluso cuando te lo mereces? ¿Te has detenido a apreciar la inmensa sabiduría de Dios, quien utilizó su justicia como medio para hacer abundar su gracia para contigo? ¿Cuál es tu respuesta frente a esta obra de Dios –amor, agradecimiento, asombro, adoración, indiferencia?

Historia sugerida: 

  • Adaptación al contexto de la audiencia de la parábola del fariseo y del publicano (Lucas 18:9-14), acompañada de la interrogante: “¿Para qué Dios puso tantas cosas por hacer si a fin de cuentas uno no se salva por hacerlas?”.

Romanos 3.8

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¿DE DÓNDE VIENE TODO ESTE PROBLEMA?

Texto: Romanos 5:12-14

Idea central: Cuando Adán rompió la ley de Dios introdujo la maldición de la muerte. Esta maldición es evidencia de culpabilidad, incluso en aquellos que rompen la ley de Dios sin saberlo, lo cual testifica de la importancia intrínseca de la ley de Dios.

Lecciones particulares:

— La existencia de muerte en el mundo es consecuencia del pecado de un hombre, Adán (v.12a).

— Asimismo, todos los hombres mueren porque todos pecan y son culpables (v.12b).

Nota: La frase “La muerte se extendió a todos los hombres porque todos pecaron” también puede interpretarse como sugiriendo que todos pecaron en Adán (haciendo referencia a la culpa original, heredada; cf. v.19). La interpretación que prefiero sugiere que la causa de la muerte no es (sola y principalmente) la culpa heredada de Adán, sino más bien la culpa en la que cada quien incurre por su propio pecado (cf. v.14); entiendo que es congruente con el hecho de que Jesús fue plenamente humano (descendiente de Adán) y, sin embargo, indigno de muerte.

— Dios no reveló su ley inmediatamente, así que no era posible señalar culpables (v.13b).
— Sin embargo, esto no significa que el pecado no existía antes de la revelación de la ley (v.13a). ¡Lo malo sigue siendo malo aunque la ley no se conozca! El mal es una realidad objetiva.

— La evidencia de que había pecado es que la muerte reinó aunque no hubiera ley revelada (v.14a).

— Aunque no es lo mismo pecar contra el conocimiento (como Adán) que pecar en ignorancia, sigue habiendo culpabilidad (v.14b). La voluntad de Dios es una realidad objetiva, se conozca o no: si uno rompe un envase, sea voluntaria o involuntariamente, ¡de todos modos está roto!

Nota: Así como Dios es “Yo soy”, así “La Ley es”. Él no necesita ningún calificativo para tener valor: Él es la definición del valor. Su Ley no necesita calificativos: ella es la realidad. “El SEÑOR está en su santo templo: calle delante de El toda la tierra” (Habacuc 2:20).

— Adán, al tener conocimiento de la ley de Dios, es figura del que habría de venir (v.14c).

Nota: Aunque más adelante Pablo indica que la condición humana es consecuencia o de la vida de Adán o de la de Jesús (vv.15-17), en sus roles como representantes (v.18), es mi humilde opinión personal que la frase “el cual es figura del que habría de venir” hace referencia a la idea que se ha desarrollado previamente sobre los tipos de transgresión.

Preguntas de introspección: ¿Cuál es tu reacción frente a la realidad e importancia de la ley/voluntad de Dios? ¿Te enorgulleces y criticas a Dios por ser “injusto” y castigar incluso al que rompe la ley en ignorancia? ¿Te humillas y reconoces la abismal diferencia que hay entre Dios y sus derechos, y tú, y los tuyos? ¿Aprecias el carácter objetivo, definitorio, de la voluntad de Dios? ¿Te das cuenta que su valor es independiente de tu conocimiento y, ni se mencione, de tu opinión? ¿Has revalorado tu culpabilidad delante de Dios, considerando que eres culpable por todo mandamiento que rompas, lo conozcas o no (estima, por un momento, el porcentaje de la ley de Dios que desconoces)? ¿Te das cuenta por qué, realmente, nunca podrías haberte salvado? ¿Te has acercado a Dios en arrepentimiento, confiando en su promesa de perdón en Jesús?

Historia sugerida: Comparar las diferencias en el efecto de patear un vaso con agua voluntaria e involuntariamente, para ilustrar lo objetivo de la ruptura de la ley de Dios. Dirigir la discusión hacia la auto-evaluación.